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Tus valores rigen tu Vida.

¿Qué es lo que más valoras en los diferentes contextos de tu vida?

¿Qué criterios rigen esos contextos?

¿Qué valoras de tu pareja, familia, amigos, trabajo?

O dicho de otra forma,

¿Cuáles son tus valores?

Sigo haciendo hincapié en la necesidad de conocerse, para poder dar lo mejor de nosotros mismos. Para mejorar algo, hay que conocer lo que funciona y lo que no. Y aunque muchas veces tengamos más en cuenta lo que no nos funciona o lo que nos falta. No podemos olvidar, con lo que ya contamos y lo que verdaderamente es importante para nosotros.

Los valores son los principios que rigen tu vida. Los criterios que para ti, son importantes en los diferentes aspectos de esta. Lo que la da forma y además te moviliza. Ejemplos de valores pueden ser: Amor, tranquilidad, conformismo, reconocimiento, compromiso, dinero, independencia, honestidad, unidad…Se puede dar el caso, que dependiendo del contexto concreto(familiar, laboral, amoroso…), unos valores tomen más importancia que otros o incluso, puede ser que no coincidan.

Si analizas aquellas situaciones que más incomodidad te causan, encontrarás que por lo menos, uno de tus valores principales, ha sido quebrantado y si no del todo, se encuentra en peligro.

A la hora de tomar decisiones, es relevante tenerlos en cuenta, si después no quieres sentirte desencantado. Si tomas estas decisiones a la ligera, sin confrontar sus efectos, con tus valores más representativos, correrás el riesgo, de tener la sensación de que no tomaste la decisión acertada. Ir en contra de lo que verdaderamente te importa o te mueve, te aleja de tu bienestar. Si no quieres equivocarte al hacer una elección, debes tenerlos muy en cuenta.

Y si tú tienes valores también los demás, que nada tienen que ver, o sí, con los tuyos. Probablemente la gente de tu entorno más íntimo, compartirá valores. Sin embargo, si hubiese alguien próximo, que choque frontalmente contigo, sería interesante, comparar valores o percibir cuáles de los tuyos, se sienten amenazados.

Te animo a que cojas papel y lápiz y comiences a elaborar tu lista de valores. Tenla a mano en todo momento, si no quieres ir en contra de ti mismo. También te puede ser muy útil a la hora de tomar decisiones importantes. Renunciar a tus principios, es renunciar a lo que más te importa, es renunciar a ti.

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Encuentra tu Pasión y apasiónate.

¿Cuál es la tuya?

Me gusta repasar la etimología; proviene del latín “patior” que significa sufrir o acción de padecer. El término ha evolucionado, adquiriendo diferentes acepciones. En sus orígenes, portaba connotaciones negativas en su significado, ya que era entendido como una perturbación en el estado de ánimo. Hoy en cambio, ya goza de otro prestigio, identificando la pasión, con un estado anímico envidiable, que muchos consideran su motivación para vivir.

Leí por ahí (Te atreves a soñar. Matti Hemmi), Que tu pasión es como si fuera tu luna particular, que anhelas coger, y tus sueños, los trocitos de luna. Me pareció una metáfora muy acertada, por eso he querido compartirla. La pasión está estrechamente relacionada con la imaginación y esta con su capacidad para soñar. ¿Y es que cómo vamos a conseguir eso que anhelamos, si no lo imaginamos/soñamos primero?.

La pasión que quiero explorar, es ese sentimiento fortísimo hacia alguna actividad, persona, idea u objeto, que engloba sensaciones de entusiasmo o deseo intenso.

¿Con que disfrutas plenamente, obviando el paso del tiempo?

¿Qué actividades te aportan mejores sensaciones?

¿Qué no piensas dejar de hacer nunca, por tanta satisfacción que te aporta?

En ciertas ocasiones se tiende a confundir la pasión en sí, con el propósito de vida o con la manera de ganarse. Sin embargo aunque pueden estar relacionados, no tienen por qué ir de la mano. Hay quiénes se sentirán plenamente realizados, encontrando su pasión y pudiendo disfrutarla sin convertirla en su trabajo. Y otros, en cambio, preferirán dedicarse plenamente a ella, convirtiéndola en su forma de vida. Lo que hagas con tu pasión, será decisión tuya. Aunque lo que no admite discusión, es la satisfacción que te dará, el haberla encontrado.

¿Y qué pasa si no encuentras tu pasión?

¿Estarás condenado entonces, a deambular por la vida sin propósito claro?

Nada, nunca es tan dramático. El drama es sólo un ingrediente, que tú decides añadir o no.

¿Qué pasa, si en vez de buscar tu pasión en la vida, le pones pasión a las cosas que haces?

Puedes reencontrarte con ella, poniéndola en práctica, en todas las cosas que hagas. Pon pasión en tu casa y en tus relaciones con la familia. Endulza tu trabajo con pasión. Utilízala hasta en las actividades que más te desagraden. La atraerás de tanta repetición. Dejas tu huella en todo lo que haces, que mejor que esa huella, sea tu mejor versión. Si te entregas que sea del todo y no a medias, no te reserves para después, porque desconoces, si habrá un después.

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Despliega Tus superpoderes.

Imagina que eres un superhéroe. Tu superpoder consistiría en convertir en realidad, todo tipo de pensamientos. Lo que pensases se consumaría tarde o temprano, a través de situaciones, personas u objetos, que te serían de gran utilidad para tu misión en el mundo.

¿Te resulta familiar, la historia?

¿Entiendes que ese superpoder, esconde en sí, todos los poderes?

¿Somos superhéroes ignorantes de serlo?

Las creencias que tienes a cerca de ti mismo, definen tu camino y por ende, tu vida. Convicciones que vas adquiriendo a lo largo de los años, basadas en tus experiencias de vida, controlan por así decirlo, tus decisiones, ya que fijas en ellas, tu punto de referencia. Si lo crees primero, lograrás verlo después. En todo este tiempo, tendrás tanto creencias que te facilitarán las cosas, acercándote al éxito y también creencias limitantes que te impedirán conseguirlo. Lo interesante de todo esto es que se pueden cambiar y con ellas, los programas mentales que ya no te son útiles. Aunque para poder cambiarlas hay que identificarlas primero.

El efecto placebo y nocebo(su opuesto)han demostrado el poder del cerebro cuando cree o no, firmemente en algo. Es capaz por si solo, con sólo creer, de generar analgésicos propios, mucho más potentes, que los que te puede recetar tu médico. El cerebro sabe lo qué necesitas y cómo aliviarte, sólo hay que convencerle de que crees en él o en su defecto, en algo. Curioso que sea la creencia quién controle a la máquina.

Durante demasiado tiempo se ha tenido la creencia generalizada de que la vida, está controlada por los genes. Poco a poco se fue reconociendo que no sólo los genes, si no el entorno, también influyen en lo biológico. Asumir ahora que los pensamientos y las creencias también afectan a lo biológico, no es fácil de concebir.

Primero nos cuentan una cosa que muchos compramos, porque había evidencias científicas que lo demostraban. Más tarde apareció un nuevo factor, el entorno y nos volvieron a convencer, con los consiguientes estudios y demostraciones. Y en la actualidad ya hay nuevos estudios y evidencias científicas que afirman, que también las creencias y los pensamientos que las rondan, tienen el poder de modificar lo biológico. Bruce H. Lipton, en Biología de la creencia o Biología de la transformación lo explica con un lenguaje claro, numerosas explicaciones y ejemplos actuales.

¡Qué manera de cambiar de creencias!

Esto es una prueba de que se pueden cambiar, que necesitamos algo que nos convenza o que nos la confirme y eche por tierra la vieja creencia, para adaptar la nueva, pero se puede.

Parafraseando a Henry Ford, Tanto si crees que puedes, como si no, tienes razón. El poder de tus creencias es el que te acerca o aleja del éxito. Elige cuidadosamente en lo que sí quieres creer.

Podemos aceptar o rechazar que las creencias tengan tanto poder. Cada uno elige la creencia que más encaje con su sistema de convicciones. Somos dueños de creer en lo que queramos creer.

Y es que reconocer que tenemos tanto poder y que en nuestras manos está cambiar. Entraña tremenda responsabilidad. Igual preferimos seguir creyendo que somos incapaces y que no tenemos tales superpoderes. Pensemos lo que pensemos, tendremos razón.

¿Y tú, qué crees?.

Cayapa en La Pastora

¿A qué Juegas?

¿Cuándo fue la última vez que jugaste como un niño?

¿Recuerdas cómo lo hacías?

¿Para qué crees que empiezas a jugar desde pequeño?

¿Será un ensayo para nuestra vida adulta?

¿No es la vida, un juego, tu juego?

El juego es algo que está presente en todas las especies. Es una herramienta enriquecedora para nuestro cerebro e imprescindible para la formación de nuevas conexiones neuronales. Jugamos incluso entre especies. ¿No juegas con tu querida mascota?. También en la naturaleza se acontecen espontáneas relaciones entre diferentes especies, basadas en el juego. Jugamos para aprender, mientras nos desarrollamos intelectualmente. Jugamos para adaptarnos al entorno, adquiriendo habilidades muy valiosas que facilitarán nuestras relaciones sociales. Es una actividad placentera que nos ayuda a crear vínculos sociales, haciéndonos más inteligentes, empáticos y amables.

El niño juega todo el rato, es su forma de conocer el mundo. Juega a solas con amigos de plástico o avatares y en grupo con amigos de carne y hueso. Mientras disfruta del momento y desarrolla su creatividad, aprende a compartir, negociar y a resolver conflictos. Existen estudios que indican que no jugar lo suficiente o la privación de tal actividad, puede afectar al desarrollo físico, cognitivo, emocional y social en los niños. Sin el juego, pueden darse ciertos trastornos en el aprendizaje, carencias emocionales y falta de habilidades sociales. También puntualizan que las actividades al aire libre y con cierta implicación física, favorecen a todo el sistema nervioso a equilibrar, a través de procesos químicos, el estado anímico de los más pequeños. Los beneficios del juego son indiscutibles, lo que quizás sí se pueda discutir es:

¿Por qué dejamos de jugar en la edad adulta?

¿Cuándo dimos por zanjado el juego?

Maduramos y nos hicimos más serios. Sólo jugamos muy de vez en cuando, sin recordar sus beneficios. Algunas veces ni si quiera jugamos para aprender y compartir, si no para ganar, obviando el proceso y la finalidad de este. Quizás, en la edad adulta confundamos su significado y su valor. O tal vez, pensemos que los adultos no juegan, que eso es cosa, sólo de niños y que cuando así lo hacen, no comparten, precisamente las intenciones de los más pequeños. El niño sólo conoce un tipo de juego. El que facilita y no limita. El que te enseña mientras te expande, ampliando tu realidad. El que divierte a todas las partes. Ese que cuando lo piensas, hace que esboces una sonrisa y te llena de entusiasmo.

Tu niño interior nunca te abandona, se mantiene esperando a que vuelvas a jugar con él, como lo hacías antes. Las responsabilidades y la falta de tiempo no pueden ser las excusas que elijas para ignorarlo. Tu nostalgia, es la suya y lo único que te pide es que vuelvas a jugar.

¿Jugamos?

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Saca a pasear a tu Esencia.

Imagina que pierdes la memoria y eres incapaz de recordar nada en absoluto.

¿Qué sería lo primero que te gustaría recordar?

¿Quién eres?

¿Todo lo que sabes?

¿En todo lo que crees?

¿A quién amas?

¿Quién te ama?

¿Qué pasó para que perdieses tu memoria?

¿Qué sería?

¿Qué necesitarías recordar para volver a ser?

¿O quizás no necesitarías recordar nada, porque prefieres crear nuevos recuerdos?

¿Podrías funcionar sin tu memoria?

¿Cómo le afecta a tu yo actual, esa memoria?

Tendemos a aferrarnos a lo material, como también a nuestros recuerdos. Tememos dejar de ser, sin ellos. Sin embargo para seguir siendo no se necesita la memoria anterior. De hecho, si la perdiésemos, quizás fuera la mejor manera de reconocer nuestra propia esencia. Lo profundo de nuestro ser, sin que se sienta contaminado por ningún conocimiento, creencia o recuerdo antiguo. Tendríamos la oportunidad de empezar de nuevo y crear lo que quisiéramos.

¿Crees que si no consiguieras recordar nada, no podrías ser como eres hoy?

¿Quieres ser como eres hoy?

¿Qué temes del olvido?

Deshacernos de todo lo que conocemos, sabemos y creemos no parece ser, a voz de pronto, la posibilidad más acertada para empezar a ser, apelando a nuestra esencia. Sin embargo, no hay otro camino. Tu ser no es el que ha ido adoptando toda ese aprendizaje basado en convicciones y estados emocionales. Tu esencia es lo que se mantiene imperturbable, a pesar de todo lo que ya sabes y crees. Es lo más puro de ti. No necesita saber y acepta su desconocimiento. Tampoco necesita creer en nada más que en sí mismo porque con eso le es suficiente. Tu esencia es la que te espera y observa curiosa, mientras tú te enredas en creencias y aprendizajes utópicos.

¿Eres capaz de reconocer tu esencia?

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Tic Tac, marca tu reloj.

¿Qué pasaría si el reloj no marcase las horas?

¿Serías capaz de desprenderte de la percepción del tiempo que tienes ahora?

¿Crees que existe algo más que el Ahora?

Intentar percibirse sin el tiempo que siempre hemos aceptado como nuestro transcurrir, parece a priori, una tarea compleja. Es probable que cause cierta desorientación al principio, ya que siempre ha sido la única referencia, sin embargo eso no quiere decir que no haya mejores puntos de partida.

¿Quién crea esa percepción del tiempo?

Tu mente es la que crea esa percepción. El tiempo y la mente son inseparables. El tiempo tal y como lo interpretamos, sin una mente a la que acompañar, no tendría sentido. Necesita una mente para crear la ilusión. Es un truco de magia de tu propia mente. Te hace creer que existe una pasado, un presente y un futuro, cuando realmente sólo existe, el Ahora. Tu pasado también se creó en un Ahora, como tu futuro que se escribirá desde un presente. El Ahora es lo único real. No ha habido ningún otro momento que no fuera Ahora, ni lo habrá.

Cuando decidimos pasear por esa ilusión, nos identificamos con nuestra mente y convertimos al tiempo en nuestra realidad. Atrapándonos en nuestro propio tiempo. Vivimos recordando y anticipando. O dicho de otra forma, dejamos de vivir para existir sólo en nuestra ilusión.

¿Qué pasa cuándo disfrutas con una actividad concreta, cómo es esa percepción del tiempo?

¿Te da la sensación qué el tiempo pasa más rápido que de costumbre?

¿Y cuándo no estás del todo agusto con lo que estás haciendo?

¿Pasa más lento?

¿Todo eso es real o también es un invento de tu mente?

La mente siempre necesita alguna referencia con la que hacerte sentir algo. En este caso emplea las emociones para volver a distorsionar tu percepción del tiempo. Si las emociones o sentimientos que padeces en una situación particular son positivos, tu tiempo pasará volando. En cambio si dónde estás y lo que sientes no te motiva del todo, tu tiempo irá de lo más lento.

¿Qué ganas la mente con todo esto, distorsionando tu realidad?

La intención de tu mente aunque así pudiera parecer, no es desorientarte o distorsionar tu realidad. La mente mira por ella, no por ti. No sé siente cómoda sin el tiempo y su percepción, es lo que conoce y lo que da sentido a eso que cree conocer. Necesita de esa percepción si quiere seguir siendo mente. Necesita al tiempo para existir. Pero tú eres mucho más que esa percepción. Y eres mucho más que lo que tu propia mente te hace creer. Sin ti, no tendría dónde habitar, sin ti no sería nada.

Nada de lo que aconteció en tu pasado, puede condicionar que vivas en el Ahora. El pasado sólo representa lo que fuiste, no lo que eres actualmente. Y si todo esto no te impide seguir estando aquí.

¿Para qué sigues allí?

La resolución de problemas no llega a través del tiempo o atrapándote en él. La solución aparece en el Ahora y en el momento presente. La creación de ese problema quizás provenga de otra referencia, según tu línea del tiempo. Sal de la ilusión y regresa al único tiempo real. Observa desde ahí, mientras escribes sólo desde el presente.

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¿De qué está compuesta tu Realidad?

¿Cómo es tu realidad?, ¿De qué está compuesta?, ¿Te gusta lo que ves?.

Durante mucho tiempo hemos afirmado que la realidad que percibimos, es la que es, porque así la captan nuestros sentidos sensoriales. No sería coherente entonces que estos nos engañasen y no se percatasen correctamente de lo que hay ahí fuera. La realidad que vemos, escuchamos, olemos, degustamos y sentimos tiene que ser la única.

En cambio, los físicos cuánticos argumentan otra cosa bien distinta. Entienden la realidad como espacio vacío y no como materia. Como una longitud de onda que existe y se convierte en materia sólo cuando es «observada» por un observador. Si esa energía fuese obviada, no existiría, no como materia. Cada observador elige o no, transformarla y hacerla real. Cada observador es creador de su única y particular realidad. La realidad depende del observador.

¿Qué realidad te convence más, la realidad de los sentidos o la de los físicos cuánticos?.

El primer argumento describe la realidad que desde siempre hemos conocido porque así la hemos estudiado a través de la biología y la física tradicional. El segundo argumento aún con la incertidumbre que se presenta, aunque con mucha curiosidad, nos otorga un gran poder, en esto de crear nuestra propia realidad.

La ignorancia es muy atrevida y quizás la mía lo sea, pero no puedo negar mi inquietante atracción hacia lo cuántico. Comprendo mucho menos de lo que leo, aunque no deja de ser fascinante. Reconozco que todavía sólo percibo materia y poco de espacio vacío. Pero también me permito dudar de mis ojos, de mis oídos, de lo que huelo, de lo que se sabe, de lo que toco y de lo que siento. Me permito dudar porque me apetece más crear.

¿Y a ti, que te apetece crear?

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¿Qué sueles Pedir?

No podemos no comunicarnos pero, ¿qué tal se nos da comunicar?.

¿Lo comunicamos todo o sólo lo que entendemos que es relevante?

¿Trasmitimos nuestras peticiones o esperamos a que sean los demás, los que predigan nuestros deseos?

Comunicar nuestras necesidades facilita que sean cubiertas. Mantenerlas en secreto no sirve de nada. Debemos trasmitir lo que queremos y así estaremos más cerca de recibirlo. Es cierto que no todo nuestro entorno, pese a que respete nuestras demandas, nos ayudará a conseguirlas. Si todo fuera tan fácil, rozaría lo aburrido. Nuestras peticiones pueden entrar en conflicto con las necesidades de otro. Sin embargo si esto no pasa, nos sorprendería conocer la cantidad de personas que estarían dispuestas, a por lo menos, facilitarnos las cosas y no a obstaculizarlas.

Es cierto que el ser humano está totalmente capacitado para detectar los requerimientos de los demás. Pero, ¿Si no satisfacemos primero los nuestros, cómo podremos satisfacer los del resto?. También hay personas que para satisfacer sus necesidades sólo tienen que cubrir las de su entorno. Como he hablado en diferentes entradas, los mapas pueden ser muy variados. Aunque en cuanto a la comunicación bastante escuetos.

¿Por qué nos cuesta tanto comunicar nuestras necesidades?

¿Qué tememos perder?

Somos seres sociales y estamos interconectados. Lo que uno proyecta se manifiesta en el otro. Si tú te sientes bien, es bastante probable que yo también lo esté. Todo es contagioso, así es lo social. Resulta curioso que portando esta herramienta tan poderosa, como es el lenguaje, no la aprovechemos en beneficio a nuestro bienestar que indirectamente también será el de todos.

¿Y tú, qué pides?

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La Intención Positiva de lo que haces.

Uno de los principios de la PNL, Programación Neurolingüistica, es la curiosa intención positiva.

¿Pero a qué se refiere?

¿Quiere decir esto que todos nuestros comportamientos, emociones, fobias, hábitos… esconden una intención positiva?

¡Exactamente!. Si no fuera así, no los repetirías. Se repite lo que funciona, lo que en algún momento nos ha sido de utilidad.

¿Hasta los comportamientos más desagradables e indeseables?, ¿Los amorales y los que incumplen leyes?. Todos ellos.

Actuamos siempre de la mejor forma que conocemos y con los recursos que tenemos a mano en ese momento. Y que desconozcamos las intenciones positivas de los demás, no significa que no estén. Esto sólo nos demuestra que nunca sabremos lo suficiente.

Somos un milagro, seres completos con plenas facultades. Si analizamos bien nuestras acciones, por ejemplo un patrón de conducta que repitamos con cierta frecuencia y que queramos cambiar. Debemos preguntarnos, qué nos aporta ese comportamiento, que seguimos insistiendo en repetir. El para qué lo hacemos.

¿Qué nos reporta esa conducta?

¿Quién nos hace ser esa conducta?

Encontraremos motivos ignorados que pasan desapercibidos y se resisten al cambio. A nuestra transformación.

Hay muchas y diferentes maneras, diría que infinitas posibilidades, para conseguir cubrir las necesidades de esas intenciones positivas. Sólo hay que explorarlas y elegir la que mejor nos convenga.

Por ejemplo, imagina que deseas acabar con tu hábito de fumar. Antes de enfrascarte en el problema y pensar en el POR QUÉ quieres dejarlo. Piensa antes de qué te sirve ese comportamiento.

¿Qué consigues cuándo fumas?, ¿Qué te proporciona?. Cuando lo tengas, piensa ahora qué otras actividades, hábitos o comportamientos te hacen conseguir lo mismo que ahora te reporta tu hábito obsoleto. Hay muchas maneras de atender a las necesidades de tu cuerpo y no todas tienen que ser insanas.

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Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

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