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La mejor vitamina para recuperar tu Autoestima.

La mejor vitamina para recuperar tu autoestima, está en tu memoria. El mejor analgésico, consiste en redirigir tu atención. Recordar quién eras con autoestima, mientras te reconoces con todos los recursos y virtudes con los que te identificabas en tu pasado, puede ayudarte a reconciliarte contigo. Enfocarte en lo que ya tienes y con lo que cuentas, es el mejor calmante, para paliar el dolor, por no quererte lo suficiente.

La autoestima es la estima o el aprecio que tienes hacia tu propia persona.

¿Te quieres?

¿Cuánto te quieres?

¿Lo suficiente como para soportar que los demás no te quieran, o lo justo, para no soportar que los demás tampoco te quieran?

El amor hacia uno mismo es un referente imprescindible que determina el cómo te relacionas con tu entorno. Si tu autoestima es lo suficientemente alta, poco te importará lo que tu entorno piense a cerca de ti. En cambio si sufres de baja autoestima, las críticas y los juicios que recibas de ese entorno, no los recibirás favorablemente, además que influirán negativamente en tu propia persona. Es decir, que dependiendo de cómo interpretes, lo que tu entorno tenga que decir de ti, esto decretará, si te quieres lo suficiente o no.

Asimismo, es evidente, que el cómo te relacionas con los demás, tiene mucho que ver, con el cómo te relacionas, tú, contigo. Los pensamientos que tengas a cerca de tu propia persona o lo que pienses a cerca de tus aptitudes, determinarán también, la clase de relación que mantienes con el resto.

¿Si tuvieras que definirte en breves palabras, qué dirías de ti?

Antes de contestar, recuerda que la mejor vitamina para recuperar tu autoestima está en tu memoria. Así que repasa tranquilamente tu vida y con ella tus experiencias más representativas. No te centres sólo en lo que sientes hoy, porque no siempre, te has sentido como te sientes hoy.

Por tanto, piensa primero en tu entorno físico, esto es, tu cuerpo y tu persona el general, para más tarde pensar en cuáles son las cualidades o aptitudes que te hacen tan especial.

Puedes hacer dos listas, cuanto más largas mejor. Una para definirte como persona, tanto en lo externo, como en lo interno y la otra para definir tus aptitudes más representativas.

¿Qué prima en ambas listas?

¿Lo bueno o lo malo?

¿Crees que están centradas en tus defectos o en tus virtudes?

¿En tus talentos o en tus carencias?

Así pues, puede que haya un compendio de ambas, o lo que es lo mismo, que haya tanto defectos, como virtudes, o tanto talentos como carencias. Pero si en ambas listas priman los defectos, o tus carencias, cuanto antes empieces a trabajar en tu autoestima, mejor que mejor.

Cuando tienes alta autoestima, referida a tu persona:

– Aprecias tu cuerpo.
– Te gustan tus cualidades.
– No necesitas compararte con los demás.
– Aceptas tu originalidad.
– Te consideras querido por tu entorno.
– Haces observaciones positivas a cerca de tu propia persona.
– Aceptas las críticas de los demás y aprendes de ellas.
– Te consuelas a ti mismo cuando es necesario.
– Rechazas las falsas identificaciones que otros te atribuyen.
– Te mantienes firme y seguro de ti mismo.
– Asumes tus emociones, permitiéndote expresarlas.
– Sabes tomar decisiones.

Si no cumples todos los requisitos de la lista anterior, tampoco pasa nada. Muchas veces, lo único que hay que hacer, antes de lamentarse y flagelarse por no dar la talla, es hacerse las preguntas adecuadas:

¿Qué es lo que más aprecias de tu cuerpo?
¿Cuáles son las cualidades que te hacen sentirte orgulloso?
¿Qué es lo que más te gusta de tu originalidad?
¿Quién te quiere más de tu entorno?
¿Qué es lo más positivo que tienes que decirte?
¿Con qué crítica o con qué juicio recibido, has aprendido más?
¿Si tuvieras que consolar o aliviar a alguien que estuviera en tu misma situación, que le dirías?
¿En qué te sientes seguro y en qué tienes confianza?
¿Qué emociones o sentimientos no te importa expresar?
¿Cuál ha sido la decisión que más te ha costado tomar y que más te ha reportado?

Es casi imposible hacerlo todo mal, o no quererse en absoluto. Hay muchas cosas que haces bien, por las cuales puedes quererte con locura por ello. Recuerda que no tienes que ser perfecto, si no completo y feliz. Tu atención lo es todo, y si sólo te centras en lo que haces mal, seguirás haciéndolo mal. En cambio si te centras en lo que haces bien y en que puedes hacerlo mejor, sólo podrás mejorar.

Por otro lado, existe otra clase de autoestima, la referida a tus propias aptitudes. Y cuando tienes alta autoestima, en cuanto a tus aptitudes se refiere:

– Confías en tu capacidad y habilidades.
– Adoptas una visión positiva de tus proyectos.
– Perseveras a pesar de los obstáculos y de los fracasos.
– Confías en tu éxito.
– Asumes riesgos.
– Recuerdas logros o triunfos pasados.
– Aceptas felicitaciones o cumplidos ajenos.
– Te estimulan las nuevas experiencias.
– Confías en estar a la altura de las circunstancias.
– Pides ayuda cuando la necesitas y esperas recibirla.
– Te marcas desafíos o te desafías.
– Te sientes animado, después de tus éxitos.

Como apuntaba antes, tras la lista anterior, quizás no te sientas identificado ahora, con todas las características de esta nueva lista referida a tus aptitudes. Para ello, te facilitaré ciertas preguntas para ayudarte a cambiar tu perspectiva.

¿Cuál de todas tus capacidades, son en las que más confías?
¿En qué has sido tremendamente perseverante y eso te ha llevado al éxito?
¿Cuál es tu visión más positiva a cerca de lo que tienes entre manos?
¿En qué has arriesgado, que ha excedido tus expectativas?
¿De qué logro o triunfo te sientes más orgulloso?
¿Cuál ha sido la felicitación o el cumplido que más te ha llegado, de todos los recibidos?
¿Cuándo fue la última vez que te entregaste a una nueva experiencia y esta te sorprendió gratamente?
¿Cuántas veces te has demostrado ya, que sí que estabas a la altura de las circunstancias?
¿Cuando pides ayuda, y te permites que los demás te ayuden, a quién más ayudas?
¿Cuál fue tu último desafío que llegó a buen puerto?
¿El éxito que más orgulloso y animado te ha hecho sentir, cuál ha sido?

La memoria, muchas veces, te juega malas pasadas. Y es que la memoria, siempre está influenciada por tu atención o por lo que decidas atender. Enfocarte en lo que no tienes, o en lo que te falta, no te facilitará conseguirlo. Por el contrario, si atiendes a lo que ya has conseguido y cómo lo has hecho, esto te puede dar ideas, de cómo alcanzar tus nuevas metas y propósitos. Enfócate en lo que ya tienes, y en qué te hizo lograrlo. Porque esos recursos, son las aptitudes con las que ya cuentas, y las que de verdad, hablan de ti. Por consiguiente, la mejor vitamina para recuperar tu autoestima está en tu memoria. Como el mejor analgésico consiste en redirigir tu atención.

¿Cuántas veces en tu niñez, te planteaste si te querías lo suficiente o no?

¿Cuántas veces desconfiaste de tus capacidades?

¿Si lo hubieses hecho, habrías llegado hasta donde has llegado hoy?

¿Crees que si un niño renunciase a caminar, por su primera caída, aprendería a caminar?

Fueron muchas las caídas, antes de que pudieras perfeccionar el arte de caminar. Pero lo recuerdes o no, en aquel entonces, no dudabas de ti, ni de tus capacidades. Sabías y confiabas que podías hacerlo. Tampoco le dabas importancia a tu físico, ni te comparabas con los demás niños. Sentías tus emociones y las expresadas al momento. Vivías en el aquí y en el ahora, sin preguntarte qué pasó antes, ni qué pasará después. Te amabas por encima de todo. Y lucías espléndido y lleno de vida.

¿Y hoy, qué ha cambiado?

¿En qué has cambiado?

Recuerda quién fuiste, y enfócate en quién quieres ser. Ama al niño que fuiste y recuerda lo que quería ser.

Ámate para amar y recuerda para sanar. Porque la mejor vitamina para recuperar tu Autoestima, siempre eres tú.

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Lo que buscas fuera ya está dentro.

Lo que buscas fuera, ya está dentro. Dentro de ti. Contigo. Esperando pacientemente a que repares en ello. Mirándote de reojo, mientras tú, desvías la mirada.

Fuimos construidos con los sentidos vueltos hacia fuera. Por eso miramos, oímos y sentimos el exterior. Aunque lo importante no está ahí fuera, si no dentro. Lo de fuera nos despista, haciéndonos creer que lo que necesitamos procede de lo externo, cuando en realidad, ya lo portamos dentro. Porque lo que buscas fuera, ya está dentro. 

«Aquel día en que abrió el loto, mi pensamiento andaba vagabundo, y no supe que florecía. Mi canasto estaba vacío y no vi la flor.
Sólo de vez en cuando, no sé qué tristeza caía sobre mi; y me levantaba sobresaltado de mi sueño y olía un rastro dulce de una extraña fragancia, que erraba en el viento del sur.
Su vaga ternura traspasaba de dolor nostálgico mi corazón. Me parecía que era el aliento vehemente del verano que anhelaba completarse. ¡Yo no sabía entonces que el loto estaba tan cerca de mi, que era mío, que su dulzura perfecta, había florecido en el fondo de mi propio corazón.»
(Rabindranath Tagore) 

Buscar en lo externo, sólo te refugia del dolor. Asimismo te hace perder el tiempo porque buscar fuera, es buscar en la ilusión. Aunque creas que es lo externo, lo que puede proporcionarte eso que necesitas. Muy dentro de ti, sabes que estás equivocado. Sin embargo, nunca cesas de buscar. Porque eso ha sido lo que has aprendido a hacer. Nada te llena, pero sigues enfocando tu mirada hacia el mismo sitio, sin percatarte que tú eres el mejor sitio y el mejor lugar. Buscas en la gente, en tus vicios, en tus experiencias vacías, buscas encontrar, sin saber si quiera, qué es lo que tienes que encontrar. Y aquel que busca, sin saber lo que tiene que encontrar, no encuentra nada.

Quizás sueñes con el éxito, con el dinero, con cosas materiales. Esto tan sólo te despistará de tu propósito real. Te mantendrá entretenido, durante breves momentos y acabados estos, tendrás que volver a buscar. Lo que buscas fuera, ya está dentro. Sólo que sigues mirando hacia fuera. Dentro de ti, lo material, no tiene importancia, te sobra, en realidad, porque ya estás completo, siendo quién eres.

La palabra éxito, proviene del latín «exitus», que significa salida. Salida hacia dentro. No hacia fuera. Fuera no encontrarás la salida. Sólo encontrarás formas y apariencias, no contenidos. Fuera tampoco no te encontrarás a ti. Encontrarás tus reflejos y proyecciones, pero el reflejo real, tú, no se encuentra fuera, si no dentro.

Mientras el ruido de fuera te aturde, el silencio de dentro, te calma. Cuando la luz de fuera deslumbra, la luz de dentro ilumina. Y cuando lo que sientes fuera, te daña, lo de dentro es una caricia para el alma. Lo de dentro eres tú, lo de fuera, tus ilusiones. Ilusiones que no hablan de ti, mas sólo lo aparentan. Y es que es lo que hacen las ilusiones, aparentar algo que no son. Aparentar partes de ti y tú eres mucho más que las apariencias de las diferentes partes. Eres el conjunto de todas esas partes que no aparentan, si no son.

Tú ya tienes las respuestas, sólo que no te escuchas. En ti también están las visiones, sólo que no las ves. Y por supuesto que también dispones del significado, sólo que no lo sientes. No percibes lo que eres, porque sólo percibes, lo que aparentas ser.

«No corras, vete despacio, que dónde tienes que llegar es a ti mismo.»
(Juan Ramón Jiménez)

Vas corriendo a todas partes, no descansas en ti. Tienes prisa de encontrar, aunque desconoces dónde buscar. Cuando te acercas a ti, te distrae lo de fuera, volviéndote a perder. No te apures, sólo cuando llegues a casa, lo sabrás.

«Todos tomamos los límites de nuestra visión, como los límites de nuestro mundo.»
(Arthur Schopenhauer) 

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No puedes elegir lo que te duele.

No puedes elegir lo que te duele, en cambio sí puedes decidir, si seguir sufriendo por lo mismo, o no.

El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.
(Siddhartha Gautuma)

Y es que el dolor no es opcional, aunque el sufrimiento, sí que lo es. Porque el dolor es real, en cambio el sufrimiento, tú lo creas. Resistirte al dolor o a lo que te duele, es precisamente, lo que crea tu sufrimiento. De esta manera, el dolor duele, en el cuerpo, ya sea físico o emocional, mientras que el sufrimiento se sufre en la mente. Por eso no puedes elegir lo que te duele, en cambio sí que puedes decidir, si seguir sufriendo por lo mismo, o no.

Desde bien pequeñitos, se nos ha enseñado a evitar el dolor o resistirse a él. Cuando esto es imposible. Porque el dolor llega cuando tiene que llegar y sólo se marcha, cuando ya ha cumplido con su misión. 

Existen muchas maneras de resistirse al dolor. Pongo algunos ejemplos:

– NEGACIÓN, o el no reconocer lo que nos duele.
– JUZGARSE A SI MISMO. Ya que nos duele algo, que no nos debería doler.
– EVITACIÓN/COMPENSACIÓN. Como algo nos hace daño, encontramos placer en otro sitio.
– MEDICARSE o AUTO-MEDICARSE. Buscamos el remedio en el exterior para acabar con el sufrimiento.
– QUEJA. Que nos brinda cierto desahogo automático. Aunque si se prolonga en el tiempo, nos puede convertir en víctimas.
– ANÁLISIS. Intentamos encontrar la razón o el motivo, de ese dolor. Justificando así que nos duela.
– INCULPACIÓN. Culpando a otros, a las circunstancias, o incluso a nosotros mismos, de que nos duela algo.

¿Cuál es tu manera de evitar el dolor?

¿Se encuentra entre alguna de las opciones anteriores?

¿Empleas más de una manera?

Recuerda que no puedes elegir lo que te duele. La resistencia crea persistencia, mientras que la aceptación, transformación. Si te resistes al dolor, fomentas que te siga doliendo. En cambio si lo aceptas, propiciarás su transformación. Y es que te seguirá doliendo, pero no sufrirás por ello. Cuando te duele algo, pero niegas tu dolor, eso no hace que lo que te duela desaparezca. Sólo lo tapas, lo que te generará más sufrimiento, ante tu negación.

Te propongo dos métodos para enfrentarte a tu dolor, para que así no degenere en sufrimiento.

Primero, me gustaría que contestases a estas breves preguntas con un Sí o un No. La finalidad de contestar a estas preguntas, no es otra, más que tomes consciencia de lo que quieres. Además de hacerte entender, si ya estás preparado para librarte o liberarte de tu dolor o no.

1. ¿Hay algo que puedo cambiar de esta situación dolorosa?

2. Puedo cambiar…Argumenta la respuesta. 

3. ¿Estoy dispuesto a hacer el cambio?

4. ¿Acepto el cambio y lo que supone?

5. ¿Elijo conscientemente abandonar esta situación?

6. ¿Estoy dispuesto a abandonarla?

7. ¿Supondría esto, una mejora en mi vida?

Porque aunque te pueda parecer desconcertante, no siempre estamos preparados, o simplemente no queremos, abandonar alguna situación dolorosa de nuestras vidas. El apego que creamos también hacia el dolor, nos lo impide. Creamos un vínculo invisible que nos une a lo que nos hace daño. Y cortar ese vínculo, nos hace pensar, algunas veces, que nos puede provocar aún más daño. Es decir, que si cortamos con el dolor, podemos sufrir más, que si continuamos con él. Esto puede parecer a priori, no tener mucho sentido. Porque, 

¿Cómo vamos a preferir seguir sintiendo dolor, que liberarnos de él?

Pues entre otras cosas, hay veces que llevamos tanto tiempo, conviviendo con el dolor, que no sabemos si lo que hay detrás de él, nos puede causar placer o más dolor. No logramos imaginarnos cómo sería nuestra vida sin él, sin nuestro dolor. Por eso nos aferramos a lo que conocemos. Y es que para el dolor también existe una zona de confort. Por eso, para cortar lazos con el dolor,  hay que estar preparados para cruzar esa zona y entregarnos a lo desconocido. 

El otro método que te propongo, para deshacerte del dolor, es el de hacerte responsable para que honres tu vida y conectes contigo, a través de tu dolor.

¿Cómo se logra?

– RECONOCIENDO lo que te duele, disgusta o molesta. Y argumentando cómo te sientes.

Por ejemplo: «Me duele que hablen así», «Me molesta cuando me gritan», «Me disgustan los gritos». Y por tanto «Me siento…», O eso «Me hace sentir…»

– LOCALIZANDO la parte de tu cuerpo, en la que sientes eso que te hace sentir dolido, molesto o disgustado. Señálala, mientras te permites sentirla.

– INTENSIFICA o amplifica eso que sientes y cómo te hace sentir. Llorando, gritando, pataleando, rompiendo cosas, saltando, bailando…

– Y por último, RESPIRA. 

Es muy probable, que mientras vas cumpliendo con cada uno de los pasos del proceso, se activen en tu memoria, recuerdos, frases, personas, experiencias. Acéptalos y agradece que hayan aparecido. Porque es tu historia la que te está hablando. Todos esos recuerdos son tus patrones antiguos, los programas y creencias que te han estado limitando durante todo este tiempo. Y que ahora, a través de ellos, tu dolor, va tomando otro significado. Ahora ya puedes liberarte, si quieres y estás preparado.

De ti depende y como no puedes elegir lo que te duele, sí que puedes decidir si seguir sufriendo.

La pregunta ahora es: 

¿Estás preparado? 

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La Naturaleza ni se esfuerza ni se resiste.

La naturaleza ni se esfuerza, ni se resiste, simplemente ES.

¿A qué te resistes?

¿En qué te esfuerzas?

El Sol no se esfuerza en salir todos los días, simplemente sale.
El viento no se resiste a soplar, simplemente sopla.
El agua no se esfuerza en mojar, simplemente lo hace.
La flor no se resiste a abrirse, simplemente se abre.

¿Te esfuerzas en resistirte?

¿Te resistes con esfuerzo?

Acepta eso a lo que te resistes. Deja que pase. Así no tendrás que poner tanto esmero, en esforzarte.

La resistencia crea persistencia. Mientras que la aceptación, transformación. O lo que es lo mismo, a eso «a lo que te resistes, persiste», hasta que dejes de luchar contra ello. La aceptación de las circunstancias te traerá una nueva perspectiva, con la que podrás construir algo nuevo. Si persistes en la lucha, o si continúas resistiéndote a lo que sucede, y por tanto ES, no podrás SER, más de lo que estás siendo, resistiéndote. El esfuerzo que te supone resistirte, te priva del cambio, como también te priva de la paz y de la tranquilidad. Y es que no se puede luchar en calma.

Esfuérzate en no resistirte. En hacer menos, para conseguir más. La resistencia te roba demasiada energía. Energía que podrías emplear en otra cosa, a tu favor, y no en tu contra. Mientras luchas o te peleas con las cosas, o con la gente, no puedes hacer nada más. Porque depositas toda tu atención y toda tu intención, en la contienda, en la lucha contra lo que ES. Y por mucho que te esfuerces en batallar, si tiene que SER, será. Cuánto menos te resistes, más consigues. Cuánto más haces por resistirte, más esfuerzo inviertes, pero menos consigues. Y así no salen las cuentas. Despréndete ya de las armas y sujeta firmemente la bandera blanca. Ríndete, deja de luchar.

«Un ser integral, conoce sin viajar, ve sin mirar y realiza sin hacer.»(Lao-Tse)

Imagina que te sientes molesto a causa de una persona o de una situación concreta.

¿Qué haces al respecto?

¿Luchar contra la persona, o contra la situación?

Porque echarle la culpa a esa persona o a esa situación, también es luchar. Recuerda que las personas hacen cosas, no te hacen cosas. Como las situaciones suceden, no te suceden. Por tanto, esa molestia que sientes, no es en contra ni de esa persona, ni de esa situación, si no es en contra de lo que tú sientes al respecto. Lo que piensas o lo que sientes, es lo que te hace estar molesto. Eres tú quién lo has creado, no las personas o las circunstancias.

Nadie tiene la culpa de lo que sientes, ni de lo que piensas. Tú eres el único responsable. Porque eres tú, el que elige esos pensamientos o esos sentimientos. Y sólo cuando aceptes esto, es decir tu responsabilidad, podrás empezar a transformarlos.

Recuerda que la naturaleza ni se esfuerza, ni se resiste. Y tú también formas parte de esa naturaleza. Entonces,

¿Para qué te resistes?

Imagina que la naturaleza de repente un día, decide no aceptar el color del Sol o del Cielo. Se resiste a sus colores y se esfuerza por cambiarlos. Pero por más que se empeña, no lo consigue. Y como está tan involucrada en su labor de cambiar los colores, olvida el resto de sus quehaceres. Provocando así, un gran caos en el entorno natural.

Esto es sólo un supuesto utópico. Pero,

¿No es lo mismo que te sucede a ti, cuando no aceptas lo que ES y entras en lucha contra ello?

¿Que creas el caos en tu entorno?

Recuerda que la naturaleza, ni se es fuerza si se resiste. Simplemente ES.

¿Cómo puedes aplicar esto en tu día a día?

1. ACEPTA a las PERSONAS y a las SITUACIONES, tal y como son. Porque así, es como tienen que ser. Abandona el control que tiendes a ejercer contra las personas y contra las circunstancias.

Piensa que la naturaleza, lo acepta todo y a todos. Nos abraza con su manto natural. Y no intenta controlarnos, ni cambiarnos. Porque sabe que no debe esforzarse para SER, ni para que seamos.

2. ASUME tu RESPONSABILIDAD. Tanto en lo que piensas como en lo que sientes. Porque eres tú quién elige tus pensamientos y tus sentimientos. Y en toda decisión siempre hay un principio de oportunidad. Sólo tienes que ser creativo y crear la oportunidad, para hacer que cualquier situación, te sea favorable.

La naturaleza es responsable de sí misma. Sabe que es su responsabilidad que todo fluya, sin resistirse.

3. ABANDONA tu actitud DEFENSIVA. No tienes que defenderte, porque mientras te defiendes no puedes hacer otra cosa, como SER, por ejemplo.

¿Cuándo sueles defenderte?

La defensa suele darse, o bien porque te sientes atacado, o porque intentas justificar algo, de lo cual, no estás muy seguro. Es la manera que tienes de protegerte. Cómo temes, te proteges. Y si te proteges, no eres.

La naturaleza no se protege. Porque no teme. Bueno sí, lo único que teme, es a no SER o dejar de SER. Así es que ES.

«La inteligencia de la naturaleza, funciona con toda facilidad. Con despreocupación, con armonía y con amor.
Y cuando aprovechamos las fuerzas de la armonía, de la alegría y del amor, creamos éxito y buena fortuna con gran facilidad.»
(Deepak Chopra)

La naturaleza lo hace fácil, porque ni se esfuerza en ir en contra de la armonía de las cosas, ni se resiste a la fuerza del amor y de la alegría. Se rinde al equilibrio de lo que sucede. Acepta el cambio y nunca lucha. Ya que sabe que el cambio es lo único que la mantiene viva y en armonía.

Por tanto, como la naturaleza ni se esfuerza, ni se resiste, simplemente ES. Y como tú también formas parte de esa naturaleza, cuando dejes de resistirte y de esforzarte, simplemente serás.

Pincha aquí para ver el video.

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Buscamos hacer cualquier otra cosa.

Hay veces que buscamos hacer cualquier otra cosa, antes que VIVIR. Cuando VIVIR, es lo único que debemos hacer.

¿Qué es lo que te hace estar vivo?

¿En qué momento eres plenamente consciente de que estás viviendo?

¿Qué te lo recuerda?

Y es que hay veces, que buscamos hacer cualquier otra cosa, antes que SENTIR. Cuando SENTIR es lo único que podemos hacer, para darnos cuenta, de lo vivos que estamos.

VIVIR es SENTIR. Sentir es vivir la emoción y el sentimiento. Emocionarse con lo que vives. Seguir viviendo mientras sientes lo que te toca sentir. La vida es vida, porque se siente. Si no se sintiera, no sería vida, si no muerte. Porque la muerte no la siente el que muere, la siente el que contempla, al que dejó de sentir.

No puedes vivir sin sentir. Ya que no te percatarías de que sigues vivo. Siempre estás sintiendo algo. No sabes no sentir, como no sabes no vivir. Aunque haya veces que preferirías no sentir eso que sientes, sin darte cuenta, que preferir eso, es renunciar a la vida, mientras te alejas de ella.

Es entonces, cuando decides entretenerte con el mal vivir y el mal sentir. Por ejemplo, cuando sientes algo desagradable. Un sentimiento, lo suficientemente sutil como para no percibirlo a simple vista, aunque te desgarre por dentro.

La tristeza o la soledad pueden ser buenos ejemplos. Imagina que dentro de ti, te sientes triste y solo. Sin embargo, no lo reconoces a fuera, te lo guardas para ti. Lo escondes y ocultas, ya que entre otras cosas, lo relacionas con tu debilidad. Como no te gusta mostrarte débil frente a los demás, rechazas esa tristeza y esa soledad. Además, estás acostumbrado a ocultar, reprimir o distorsionar lo que es desagradable para ti, así que lo compensas, entonces, con otra cosa, para que te haga sentir diferente. Y así poder olvidar, o eso te crees tú, esa tristeza o esa soledad.

Son muchas las conductas que pueden despistarte, haciéndote creer que si las practicas, puedes dejar de sentir eso que tanto te lastima. Comportamientos compensatorios que en vez de equilibrarte, te desequilibran cada vez más. Normalmente, este tipo de conductas, se basan en buscar una nueva recompensa, que te cause un placer inmediato. Ya que desde la inmediatez, parece que dejas de sentir eso que no te gusta. Sin embargo no lo dejas de sentir, simplemente lo sustituyes por otra cosa. Y eso que no quieres sentir, no te abandona, espera impaciente, detrás de la recompensa, para ver si así, te atiendas después.

Existen muchos tipos de comportamiento compensatorios que actúan a través de una recompensa inmediata. Trastornos alimenticios, el consumo de drogas o alcohol, el consumismo desmedido, encontrar el placer a través del juego o del sexo. Cuando una conducta se convierte en exceso, es que existe una carencia que la provoca. Y por compensar dicha carencia, te excedes en otra cosa, normalmente que te causa placer.

¿Y no sería mejor que en vez de compensar tu carencia, la atendieses, para así evitar tus excesos?

A pesar de todos tu esfuerzos por disimular y hacerte creer que no pasa nada, sí que pasa. Porque no has cambiado nada, sólo has añadido cosas. Has recurrido a otra nueva fuente de placer para sentir otra cosa y no lo de siempre. Pero lo de siempre, sigue intacto. Mientras que el motivo principal, de eso que te causa tristeza o soledad, sigue pasando desapercibido.

Y es que hay veces que buscamos hacer cualquier otra cosa, antes que estar vivo. Intentamos apagar lo que sentimos, como si eso surtiera efecto. No nos damos cuenta que eso que sentimos es lo que nos hace vivir. Es cierto que todo lo que sentimos no es placentero, pero también es cierto que tampoco podemos estar disfrutando todo el tiempo.
Si tu vida fuese un placer continuo.

¿Cómo reconocerías el placer?

¿Cómo aprenderías del dolor?

El origen etimológico de las palabras siempre me ha inspirado y me da pistas de cómo hacer un buen uso de ellas. Y es que SENTIR, proviene de oír, de hecho en algunos idiomas, como por ejemplo, el italiano, «sentiré», sigue significando lo mismo, oír.

Sentir, es oír lo de dentro. Escuchar lo que sientes. Escucharte. Sentirte. Aceptarte. Amarte. Porque SENTIR es VIVIR. VIVIR es sentirte y escuchar lo que cuentan tus emociones. Tienen mucho que decir a cerca de ti. No las tapes, escúchalas y aprende de ellas. Vive como ellas. Las emociones se sienten, como la vida se vive. No necesitas hacer nada más, sólo VIVIR y SENTIR. Vive mientras sientes y siente mientras vivas.

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El Todo es distinto de la suma de las partes.

El todo es distinto de la suma de las partes. Ya que empleando las mismas piezas de un todo, puedes construir, más de un todo diferente. El todo no es sólo la suma. Es también el orden, el lugar, el momento, la disposición, la sinergia, el contexto. El todo algunas veces suma, otras resta o multiplica, incluso puede llegar a dividirse, o realizar varias operaciones a la vez. El todo más que hablar de sus piezas, habla de su conjugación. De cómo combinan unas con otras, de como chocan entre sí, de la manera que tienen de repelerse y atraerse, de cómo destruyen y se construyen. 

La forma que es el todo, adquiere valor, mientras que el contenido, que son las piezas, se desvaloriza. El todo aunque contiene, no es sólo lo que tiene. Las piezas sujetan al todo, pero este no sólo se sujeta a través de sus piezas. Si un todo prescinde de una parte, puede alterar al conjunto, o quizás, no. De la misma manera que si añade alguna parte nueva, puede cambiar la totalidad, o mantenerla como está.
 
Imagina un conjunto de piezas Lego. Primero, me gustaría que las imaginases desordenadas y esparcidas por ahí. A pesar del desorden y del sin-sentido de su disposición, esto formará el primer todo independiente. A continuación, con esas mismas piezas, formas una nueva construcción, una casa de colores, por ejemplo. Esas mismas partes, que en principio parecían desordenadas, han formado un nuevo todo, también independiente. Y ya por último, vuelves a coger las mismas piezas, para construir otra cosa, un cofre del tesoro, por ejemplo. De esta manera, podías estar hasta el infinito. Porque el todo es distinto de la suma de las partes. Estos ejemplos, demuestran que empleando las mismas partes de un todo, se puede construir más de un todo diferente.

¿No sucede esto mismo, contigo?

Tú también eres un conjunto de piezas. Y según como ordenes esas partes, puedes construir una cosa u otra. Tus partes son como las piezas Lego, por tanto, la manera que tienes de unirlas todas, determinará tu conjunto final. Esto es de suma importancia, ya que tú decides el orden y la distribución de las piezas. También tendrás que tener muy en cuenta, el lugar y el momento en el que las colocas o des-colocas, y esto puede ser crucial para el sentido de tu totalidad. Y es que tu todo, también se comporta como el todo que es distinto de la suma de las partes.

Muchas veces te desordenas sin darte cuenta. Dejando tus pedazos esparcidos por ahí. Es como si de repente, tu todo se quebrara, permitiéndote así, hacer contacto con tus diferentes piezas. Esta es una gran oportunidad para reencontrarse. Romperse es de los mejores momentos, para volver a empezar y reconstruirse. Cuando tu todo se rompe, un amplio abanico de posibilidades, se abre.

Puedes volver a colocar las mismas piezas, exactamente igual, a como estaban pegadas. Y aunque esto te parezca que te traerá más de lo mismo, no tiene porqué ser así. Ya que en realidad, tú no eres el mismo. Al romperte, ya cambiaste. Antes de recoger tus pedazos, ni si quiera sabías de qué estabas compuesto. Ahora tienes una nueva perspectiva de tu todo y de ti.  Asimismo, también puedes ir probando y cambiar, el orden, el lugar, el momento, la distribución de algunas, o de todas tus piezas. Jugar con los mismos pedazos de manera diferente, para así crear nuevas jugadas. O incluso, cambiar de juego, para construir con lo viejo, algo nuevo.

Después de recoger tus pedazos, 

¿Qué todo construirías?

¿Una casa de colores, dónde poder habitar en paz? 

Puede pasar, que tras recoger todos tus pedazos. No sepas por dónde empezar a construir. Y es que no tienes porque saberlo. Tampoco tienes que hacer nada, si no quieres. Con tan sólo contemplar lo roto, ya estás construyendo. Y esto, aunque parezca sencillo, no lo es. Contemplarse roto, duele, pero no aceptar tu dolor, duele más. Negar lo que te hace daño, es rechazar, y rechazar, no es amar, ni amarte. Tómate tu tiempo. Ama también lo que te lastima, lo que te rompe. Abraza tu vulnerabilidad, ella también necesita de tu cariño. Porque si el todo es distinto de la suma de las partes, debes abrazar tanto al todo al completo, como a cada una de sus partes por separado.

El que es capaz de admitir sus debilidades, mientras se ve reflejado en ellas, no es el débil, si no el fuerte. Se requiere de una gran fortaleza interior, para poder hacerlo. El débil siempre mira hacia otro lado, mientras que el fuerte, siempre sabe hacia donde tiene que mirar. A pesar, de que no le guste todo lo que contempla, y es que es ahí, donde reside su mayor fortaleza. 

No te apresures por ordenar. Encuentra primero el orden entre tu desorden. Lo que te rompió, habla más de ti, que todo eso que te esforzabas por mantener pegado. Lo que hizo que te quebraras, es lo que debes guardar en tu cofre del tesoro. Porque fueron precisamente tus partes rotas, las que hicieron que te volvieras a encontrar.

El todo es distinto de la suma de las partes. El todo eres tú y tus partes, lo que dan consistencia a ese todo. Y es que eres mucho más que la suma de tus pedazos. Tus pedazos definen tan sólo una parte de ti, la otra parte no depende de ellos, si no de cómo tú, te encuentras con ellos.

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Renuncia a tus renuncias si no quieres fracasar.

Renuncia a tus renuncias, si no quieres fracasar. Porque tus renuncias lo único que te aseguran es el no fallar. Sin embargo, si no haces nada, para no equivocarte,

¿Qué consigues?

¿No cometer errores?

El error está en no hacer nada, para no cometer errores. Ya que si no haces nada, no te equivocarás, pero tampoco te permitirá acertar. Si no arriesgas, no pierdes, pero tampoco ganas. Te mantienes igual, dentro de tu confort, sin tener que renunciar a nada.

¿Y qué es lo que quieres?

¿Mantenerte igual o cambiar para mejorar?

Cuando tienes que decidirte entre más de una opción, debes elegir entre el riesgo o la renuncia. El riesgo implica no esperar nada, para recibir lo inesperado. Y la renuncia, descartar aquello que no te convence. También tienes la opción de no elegir nada, para no fallar o equivocarte. Es decir renunciar a todo y mantenerte igual. Ese es el auténtico fracaso, renunciar, por miedo a fallar. Si no haces nada, no pierdes nada, aunque tampoco puedes ganar nada, ya que el que no arriesga, no gana. Además que si decides renunciar y echarte para atrás, tampoco podrás demostrarte de lo que eres capaz.

¿Qué prefieres sumar en tu vida?

¿Renuncias o fracasos?

El fracaso en realidad, no es más que una interpretación, basada en tus expectativas, que le atribuyes a un acontecimiento en concreto. Y aunque no sea fácil reconocerlo, se aprende mucho más de los fracasos, que de lo que conseguimos a la primera. Cuando consigues algo sin apenas esfuerzo, no te lo vuelves a plantear. No sabes cómo pasó, pero pasó. En cambio cuando logras alcanzar algo, a través de tu esfuerzo, y no al primer intento, aprendes tanto de tus aciertos, como de tus errores. En realidad, la corrección de tus errores, es lo que te hace acertar. Así que renuncia a tus renuncias, si no quieres fracasar.

Asimismo, el miedo al fracaso, está estrechamente relacionado con tus expectativas o con lo que esperas de la situación, aunque también, con lo que pueda suceder después.

¿Y si no le temes al fracaso, aunque sí al éxito?

¿Temes acertar, más que fallar?

El acertar y el conseguir eso quieres, puede implicar un cambio en tu vida, que quizá, no estés dispuesto a asumir o simplemente, desconoces, si estarás preparado para aceptar. Eso también puede darte mucho miedo. Abandonar lo viejo conocido, para enfrentarte a lo nuevo desconocido. Y es que despedirse del confort de la costumbre, no siempre es fácil.

«Angustiado, el discípulo acudió al maestro, y le preguntó:

– ¿Cómo puedo liberarme?

A lo que el maestro le contestó:

– ¿Y quién te ata?».

(Proverbio hindú)

A lo que te atas, te esclavizas. Y si te mantienes atado a tu costumbre, o a tu zona de confort, se te escaparán el resto de zonas inexploradas. No siempre lo malo conocido, es mejor que lo bueno por que conocer. Permítete explorar lo nuevo, para por lo menos decidir, con conocimiento de causa. No te ates a tu rutina, no renuncies por miedo. Para ganar al miedo, tienes que perder el miedo. Porque si el miedo gana, tú pierdes.

Renuncia a tus renuncias, si no quieres fracasar. No hay mayor fracaso que no hacer algo, por miedo a fallar. El acierto no se consigue no haciendo nada. Y siempre hay algo que puedes hacer para no fallar. Demuéstrate de lo que eres capaz, pero no renuncies antes de tiempo, te sorprenderás.

Lo intentaste y fracasaste. No importa, vuelve a intentarlo. Fracasa de nuevo, fracasa mejor.
(Samuel Beckett)

Fracasa hasta que aciertes.

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Invierte en lo que te hace bien.

Invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace gastar el dinero. Aunque existen muchos tipos de inversiones, todas ellas tienen algo en común. Y es que a pesar de que se agoten algunos de nuestros recursos, para realizarlas a priori, el objetivo final, de una óptima inversión, siempre es obtener algún tipo beneficio.

Por ejemplo, puedes invertir en valores de bolsa o apostar por algún fondo de inversión. Para evitar riesgos y no perder todo lo que inviertes, antes deberás realizar un estudio exhaustivo de cuáles son los valores más seguros, teniendo muy en cuenta, las sensibles fluctuaciones del mercado. Si prefieres no arriesgarte tanto, quizás, seas de los que te decantes por asegurar tu futuro, depositando parte de tus ahorros, en un plan de pensiones o similar. También puedes invertir tu dinero en los juegos de azar o en las apuestas. Otra forma de invertir, es emprenderse en un nuevo negocio. Incluso, puedes invertir en ladrillo y adquirir inmuebles para más tarde sacar partido de ellos.

Todos los ejemplos, anteriormente descritos, hablan de beneficios económicos. De las ganancias financieras que te reportan ciertos tipos de inversiones. Y es que se puede invertir sólo para ganar dinero, fomentando así que crezca tu fortuna, pero,

¿Cuánto hace que no inviertes en ti, para crecer tú?

Aumentando tu capital, lo único que consigues es hacer que crezca tu patrimonio, pero no tú cómo persona. Quizá, cuando ganas algo de dinero extra, te sientas en lo más alto y muy orgulloso de tu logro, pero si te fijas bien, eres el mismo que antes, aunque con más dinero.

Para crecer como persona tendrás que volver a invertir parte de lo ganado, en otra serie de actividades o servicios, que te reporten otro tipo de beneficios. Beneficios internos y que perduren en el tiempo. Porque lo material y lo externo, como viene, se va. El dinero como se gana, también se puede perder, y normalmente, cuesta mucho menos gastarlo, que ganarlo. En cambio, todo lo que se produce a nivel interno, si se integra de la manera correcta, no tiene porqué abandonarte nunca, y esto puede que no aumente tus riquezas, pero sí que te enriquecerá mucho más.

No quiero decir con esto, que el dinero no sea necesario, porque sí que lo es. La vida cuesta dinero, pero priorizar la necesidad de ganar dinero, en detrimento a sacrificar otras necesidades, puede también costarte la vida. Enfocarse sólo en el éxito material, no te hará una persona exitosa. Te hará más rico, pero no más feliz. Y es que tu felicidad no depende de lo tienes, si no de quién eres y de lo que haces con eso que tienes, ya sea mucho o poco. Por eso, invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace gastar el dinero.

Imagina que abren una nueva tienda en tu vecindario. Ofreciendo algo totalmente innovador. Porque no venden ropa, ni alimentos. Tampoco venden muebles, ni electrónica, ni accesorios o complementos. Lo que venden son pensamientos. Pensamientos potenciadores que tú mismo puedes adquirir para ti, o para regalar. Los servicios de este nuevo establecimiento son bastante similares a los servicios que ofrecen otros establecimientos. Se permiten las devoluciones y ofrecen una garantía de dos años. En el caso de que en esos dos años, el pensamiento, se estropee o no funcione de la manera esperada, podrás llamar a los técnicos especialistas en pensamientos, para reparar lo que no ande bien.

¿Entrarías en ese establecimiento?

¿Comprarías en él?

¿Qué demandarías primero?

Y quizás te parezca algo rocambolesco o de ciencia ficción que pueda existir una tienda de estas características, pero si lo piensas bien, ya existen, este tipo de establecimientos.

¿Qué es una librería, si no un acumulador de nuevos pensamientos, contenidos en sus diferentes libros?

¿Qué hacen los profesionales, que trabajan en el campo del bienestar, físico, emocional, mental o espiritual?

No hay excusas para que demores más el invertir en ti. Invertir en ti, para que crezca tu bienestar y no tu cartera. De hecho es muy probable que si creces por dentro y sanas eso que tienes que sanar, te será mucho más fácil hacer crecer también tus ingresos. Porque cuando tú te estancas, todo se estanca. Mientras que si tú fluyes, todo fluye también, a través de ti.

Así que invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace perder dinero.

¿En qué inviertes que te hace ganar?

¿En qué inviertes que te hace perder?

Repito: invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace gastar el dinero. No te pierdas sólo en tus ganancias económicas. Gana en tu propia evolución y todo lo demás, crecerá contigo.

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Cambia de dieta.

Cambia de dieta. Aliméntate tú y no dejes que tus emociones se alimenten de ti.

No me cansaré de repetir, que todos los cambios que intentes establecer en tu vida, han de ser de dentro a fuera. Por tanto, si cambias lo de fuera, manteniendo intacto lo de dentro, ese cambio que esperas, estará incompleto. Es muy probable además, que regreses al estado de partida, ya que cambiar la forma, sin alterar el contenido, no puede transformar el todo al completo.

Piensa en un edificio en ruinas. Su fachada principal está dañada, y lo de dentro, se cae a pedazos, aunque no se aprecie desde fuera. Observas desde abajo, como un equipo de albañiles trabaja todos los días, en reformar el inmueble. Tras meses de duro trabajo, la fachada ha mejorado mucho. No parece el mismo edificio. Así que tu curiosidad te lleva a concertar una cita con la inmobiliaria, para visitar el interior. Ya que quizás, alguno de sus pisos, pueda encajar con lo que andas buscando.

Nada más entrar en el edificio, compruebas que ese exterior que tanto te gustó reformado, no se corresponde en absoluto, con el interior. Y es que su interior sigue en ruinas. Los operarios de la obra no han modificado nada de él, ya que sólo tenían órdenes de centrarse en la fachada del edificio. Te decepciona lo que ves. Y es que por mucho que te guste la fachada, su interior, no te agrada lo más mínimo.

¿Te interesarías por el precio?

¿Cuántas veces has intentado cambiar la dieta, con la intención, de cambiar el aspecto físico de tu cuerpo?

¿Mejora esto, tu estado interno?

¿Lo de fuera tiene el poder de mejorar lo de dentro, o es lo dentro, el que tiene el poder de mejorar lo de fuera?

Tu cuerpo, sería la fachada de ese edificio y tu interior, su interior en ruinas. Si sólo te preocupas por tu fachada, obviando lo de dentro, tu transformación se quedará a medias. Es cierto que tu apariencia también habla de ti y que debes cuidarla, pero si no mejoras también lo de dentro, lo de fuera, se quedará tan sólo en eso, en una apariencia vacía y sin contenido.

¿Tú dónde vives, fuera o dentro del edificio?

Si tuvieras que elegir,

¿Qué preferirías reformar el interior del edificio o su fachada?

Y para reformar lo de dentro, puedes empezar por cambiar de dieta. Y no me refiero sólo a lo que comes, si no con lo que te alimentas. No sólo te nutres a través de los alimentos. Disfrutar de una experiencia agradable, por ejemplo, te nutre de muchas maneras. Seleccionar los pensamientos adecuados, te ayuda a alimentar eso que quieres construir y por tanto, sentir. Ser creativo y menos analítico, te proporciona uno de los mejores nutrientes, que ningún super alimento puede darte. Relacionarte con las personas adecuadas, puede cambiar tu vida. Así que te animo a cambiar de dieta.

Te propongo:

1. Ponte a dieta de pensamientos limitantes. Siembra en tu jardín de las ideas, las semillas adecuadas. De este modo, las cosechas que recojas, serán tu mejor alimento.

2. Acepta tus emociones y no las engullas sin más. Un buen masticado, siempre favorece la digestión.

3. Llénate de Vida y no con comida. La comida indigesta, mientras que disfrutar de la Vida, te da la Vida.

Estos son tan sólo algunos ejemplos, por los que puedes comenzar, para cambiar de dieta.

Aunque las dietas son muy personales. Puedes también analizar,

¿Con qué sobrealimentas tu vida y con qué la malnutres?

Obviamente, cuando te digo: «Cambia de dieta», no estoy hablando exclusivamente de alimentos. Porque no sólo nos nutrimos a partir de ellos. Me refiero a que intentes identificar cuáles son los excesos más recurrentes en tu vida y cuáles las carencias. Ya que encontrar el equilibrio entre tus defectos y tus excesos, también te puede ayudar a cambiar de dieta. Así es que,

¿En qué te excedes en tu vida?

¿Y en qué te contienes?

Haz balance. Y cuando lo tengas claro, igual debes empezar a reducir eso con lo que te excedes y aumentar las raciones de eso que te contienes o reprimes.

No te obsesiones con tu cuerpo, ya que este sólo expresa la respuesta a cómo te sientes. Siéntate contigo, y escucha eso que sientes. Porque si te nutres bien por dentro, no tendrás que sobrealimentarte, ni malnutrirte con lo de fuera. Para alimentarte bien, no tienes que cambiar todos los alimentos de tu dieta. Sólo aquellos que tragas por costumbre o por vacío. Así que cambia de dieta, para no tener que cambiar toda tu dieta.

Continente y Contenido

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Todos los polos tienen algo en común.

Todos los polos tienen algo en común, su centro.

El conjunto de tu ser, está formado por un incontable número de partes. Muchas de esas partes, puede parecerte que se contradicen unas con otras, por no encontrar la congruencia entre ellas. Sin embargo, todas ellas, te completan. Una por una, cumple un cometido individual, a la vez que unidas, trabajan por la totalidad de tu conjunto. Tú eres la coincidencia mayor entre todas esas partes, porque tú eres el conjunto al completo. Por tanto, si todas esas partes, coinciden en ti, a pesar de parecerte, antagonistas, a veces,

¿Qué querrán de ti?

Pues aunque no te lo parezca a simple vista, la intención de todas ellas, es el mismo, tu bienestar. Lo que pasa, es que todas esas partes individuales creen tener la razón por sí solas, sin contar con las demás. En vez de cooperar unas con otras, luchan entre ellas, con el único objetivo de llamar tu atención, para que te decidas por una parte, discriminado al resto. Cada una de ellas cree saber qué es lo mejor para ti, lo que ignora es que todas las demás, también te aportan algo. Y es que no se conocen, no las has presentado, y para que trabajen en equipo, vas a tener que hacerlo.

¿Cuál será tu objetivo entre tantas partes?

Repito que tú eres la coincidencia mayor entre todas ellas. Así que como coincidencia, no casual, eres tú quién debes ponerlas de acuerdo. ¡Preséntalas!. Todas ellas quieren tu bienestar, aunque los caminos que te ofrecen caminar para alcanzarlo, parezcan completamente diferentes. Y si te parecen diferentes, es porque aún, no has conseguido vislumbrar, ese camino principal, en el que todas tus partes se encuentran. Sólo percibes los senderos que te marcan las diferentes partes, no el camino principal que forman los senderos. Y es que todos los polos tienen algo en común, su centro.

Una encrucijada, por ejemplo, es un cruce de senderos. Todos esos senderos, te pueden parecer caminos diferentes, pero no lo son, sólo son partes del mismo camino, de tu camino. Es indiferente que optes caminar por el sendero de la izquierda o el de la derecha, porque ambos senderos, te terminarán llevando hacia el mismo sitio, tu sitio. Es cierto que algunos son más cortos y otros más angostos, incluso algunos se presentan con terribles pendientes, mientras que otros te hacen rodar en picado. Y es que sea como sea el sendero que decidas transitar, siempre te enseñará algo, acercándote, pasito a pasito al camino principal.

Imagina que una de tus partes te invita a tomar un sendero, en cambio otra te intenta frenar, anclando tus pies en el suelo. Por un lado quieres avanzar, pero con los pies pegados al piso, no puedes dar el primer paso.

¿Te ha pasado esto alguna vez?

Que quieres avanzar pero no puedes, o no sabes por dónde caminar, ya que algunas de tus partes no se ponen de acuerdo.

¿Qué haces cuando esto sucede?

Puede que te parezca, que siempre hay una parte que tira más de ti, la que tiene el poder. Aunque en realidad, eres tú el que le cedes ese poder. No es la parte la que te empuja a caminar o la que te ancla al suelo, si no tú, el que se pega al piso, o el que acelera. Tus diferentes partes no tienen el control de tu cuerpo, tienen el control sólo de una parte de tu mente. La decisión final, de atender a una parte o a la otra, siempre es tuya. Y como en todo, lo que decidas alimentar, siempre crece de tamaño y por tanto, gana.

En cambio, si presentas a tus partes, haciéndoles entender, que es mejor trabajar en equipo, que de manera individual, todo te será mucho más fácil. Porque todos los polos tienes algo en común, su centro.
Por ejemplo, esa parte que te ancla al suelo, impidiéndole caminar.

¿Qué crees que te aporta, o qué cometido crees que tiene?

¿Y la que te empuja a hacerlo, qué crees que quiere?

Busca las coincidencias en tus contradicciones. Tú eres la primer coincidencia. Ahora sólo tienes que encontrar todas las demás.

¿Qué es lo mejor de cada parte?

¿Podrías quedarte sólo con lo mejor de cada parte, sin que se contradigan?

El poder de los opuestos, nos enseña, que lo que parece estar a años luz de distancia, en realidad, está mucho más próximo de lo que parece. Porque aunque los entendamos como contrarios, su objetivo siempre es el mismo. Sin embargo, lo único que les diferencia, es que creen cosas diferentes. Ambos ansían alcanzar el mismo camino, lo que piensan en senderos distintos por los que transitar. No se dan cuenta, que ya están en el mismo camino, y que sólo si caminan juntos, pueden construir un nuevo sendero que les acerque al principal. No se dan cuenta, hasta que tú de das cuenta, y te pones a caminar.

Todos los polos tienen algo en común, su centro. Y todos tus polos lo que tienen en común, eres tú. Tú eres el centro de tus extremos. Y el centro no es contrario, si no un igual, que los contiene a todos.

Obstinación y firmeza. ¿Opuestos o complementarios?

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Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

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