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Tú ya eres, sin contar con lo que tienes.

¿Cómo valoras a las personas que más admiras?

¿Por sus victorias o por lo que son?

¿Y a ti cómo te valoras, por lo que tienes o por quién eres?

Existe cierta tendencia a definir o valorar a las personas según sus logros. Sólo sumamos sus victorias o sus éxitos. Todo lo demás lo pasamos por alto y es que es precisamente, todo lo demás, lo que les hace cosechar esos éxitos.

Desde bien pequeñitos se nos educa para hacernos creer, que nuestro mayor valor como ser humano, sólo se encuentra en lo que hemos conseguido y ahora poseemos, y no en lo que somos. Sin embargo, se les olvidó recordarnos que también somos, quién hace posible que sucedan esas victorias. El logro sólo es la meta, el reconocimiento a nuestro esfuerzo. El camino que recorremos para alcanzarla, es lo que verdaderamente nos define y nos da el Valor.

Imagina a alguien que consigue una meta, soñada por ti, sin apenas esfuerzo y porque conoce a ciertas personas influyentes, que parecen haberle echado una mano.

¿Qué valor le darías a su logro?

Ahora en cambio, imagina a otra persona que sin ayuda de nadie, consigue la misma meta, por su trabajo constante y su esfuerzo.

¿A quién de los dos, le otorgarías más Valor?

¿Eres lo que logras, o quién lo logras?

¿Tus éxitos te definen al completo, o sólo definen el momento en el que estás?,

¿Y qué haces cuando el logro deja de serlo?

¿Dejar de Ser?

Independientemente de lo que tengas o hayas conseguido, eres mucho más de lo que tus pertenencias o victorias valgan. Eres quien las hace posible. También eres el que prueba y no acierta a veces. El que se sorprende de su fortaleza. El que entre lloros y pataletas, se levanta cada vez más rápido. Eres mucho más que tus logros. Tú no eres tus logros o lo que tienes. Eres el mago que los crea. Si sólo le das valor a tus logros o a lo que tienes, cuando no lo logres o no tengas nada,

¿Cuál sería tu valor?

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Qué pereza, la pereza.

¿En qué área de tu vida, dirías que te vuelves perezoso?

¿Eres perezoso o te vistes con el disfraz de la pereza, para evitar el inicio de tus acciones?

Antes de etiquetarte o etiquetar a nadie de perezoso. Debes entender que la pereza no es un estado del Ser, si no una elección de tu mente. Ni si quiera tu cuerpo está implicado en esa decisión. Sin embargo se contagia de tus pensamientos y adquiere la postura física, acorde con tu otra postura, la mental. Si tu mente está cansada, pronto el cuerpo reaccionará con cansancio. En cambio, si tu mente está desbordada de entusiasmo, tu cuerpo en seguida, se llenará de esa energía, sintiéndose imparable. El pensamiento también tiene un ritmo y una vibración específica, según lo que ronde por tu cabeza.

Piensa en esa actividad que te causa tanta pereza.

¿Qué pensamientos son los que te casan?

¿Cuándo piensas en hacerlo?

¿O cuándo piensas en todo el camino que te queda por recorrer?

Un dato curioso a la par que revelador, es el aportado por la Psicóloga Gestalt, Bliuma Zeigarnik, en el que explica: que el cerebro cuando inicia una actividad, tiende a sentir ansiedad, hasta que logra completar el proceso. Este descubrimiento, podría explicar muchas de las razones por las que tendemos a demorar la acción. El cerebro prefiere entonces inmovilizarte, a través de la pereza, hasta que encuentres un momento más idóneo y menos ansioso. Sin embargo no tienes porqué caer en su trampa.

¿Teme tu cerebro ser presa de la ansiedad y por eso retrasa el inicio?

¿Y esto no hace que se genere en ti, otro tipo de ansiedad?

La pereza, como actitud boicoteadora, suele emplear ciertas artimañas que te distraen y entorpecen tu buen hacer. Una de ellas es la búsqueda de la certeza. La mente siempre busca una razón o un porqué, que justifique lo que está pensando. Busca la correspondencia, con lo que está pensando. La demostración de que esos pensamientos, no son una pérdida de tiempo. Y te hace encontrar esa coincidencia. Utiliza a tu memoria selectiva para ello. Resalta sólo algunas experiencias y reinventa las demás, para convencerte. Y lo logra, porque la realidad, siempre depende del observador, y de lo que está buscando. Si buscas la certeza en tu pereza, la alimentas. Dándote la razón. Impidiéndote a ti mismo, vislumbrar la salida más cercana.

¿Dónde buscas la satisfacción, cuándo sientes pereza?

¿En el placer o en la recompensa inmediata?

No ignoramos sólo cuando no sabemos. Si no cuando damos la espalda a eso que sabemos, pero preferimos ignorar. El rechazo o la negación también es otra de las muchas formas que adopta la pereza, frente a la acción. La aceptación es fundamental para poder transformar algo. Si no lo (te)reconoces, tampoco (te)reconocerás (en)esa transformación.

Imagina ahora que tienes que hacer un largo viaje. Al final de ese viaje, recibirás una gran recompensa, un premio que sabes que te será muy beneficioso y que sólo conseguirás alcanzar, si te embarcas en ese viaje. Desconoces lo que encontrarás entre tus pasos, sin embargo sabes que serán muchos pasos. Si piensas en todos esos pasos que deberás dar, para alcanzar tu recompensa, probablemente olvides el premio, incluso la razón principal del viaje. Porque estás obcecado en contar los pasos que te quedan por caminar. En cambio, si cada paso lo contemplases, como un único viaje. Contando los pasos ya andados y no los que te faltan por andar. El viaje de muchos pasos, se transformaría, en muchos viajes de menos pasos, y por ende en muchas más recompensas. Así multiplicas las recompensas y no restas con tu pereza.

Si te da ansiedad pensar en el largo proceso, trocea, el proceso. Conviértelo en muchos procesos. Divide tus metas, en submetas. Planifica y concrétalo en tu calendario. No caigas en la trampa de la pereza. No te vuelvas pasivo ante ella. Cuando emprendes la acción, ya no tiene sentido su manifestación. Desparece al permitirte hacer. La anulas, cuando no piensas en ella. Cuando te enfocas en lo que quieres conseguir. Refresca tu memoria,

¿Recuerdas el «para qué», quieres conseguir eso que te da pereza?

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Continente y Contenido

Imagina que haciendo la compra semanal, en tu supermercado habitual, adquieres un producto nuevo para ti, por el interés que te despierta su envoltorio. El paquete que lo conforma, ejerce una fuerte atracción hacia ti. Así que sin detenerte en el contenido, lo echas al carro de inmediato.

Cuando llegas a casa, sigues obnubilado por tu nueva adquisición. Te deshaces del contenido del paquete y empiezas a cocinar el envoltorio. Al servírtelo en tu plato, te percatas, que si esa va a ser tu cena, quizás te quedes con hambre. Sin embargo, es tan bonita.

¿Tiene sentido esto para ti?

¿Recuerdas alguna vez, en la que hayas priorizado la apariencia de alguien o algo, a su contenido?

¿Y contigo, a qué prestas más atención, a tu recipiente o a lo que contienes?

Tu cuerpo es el envoltorio de tu Ser. El que contiene lo mejor de ti. Es el recipiente que te sujeta. Ya sabes que hay que honrarlo y agradecerle que haga posible tu expresión, con su abrigo. No debes descuidarlo. Sin embargo, si sólo atiendes al paquete y descuidas lo de dentro, «pasarás mucha hambre». Además puedes acabar «intoxicado», los envoltorios no suelen ser aptos para el consumo humano.

Recuerda el ejemplo, con el que iniciaba este escrito. No tires a la basura el contenido, por muy bonito que sea el paquete. El envoltorio no te dará el placer o la satisfacción que necesitas. Tampoco saciará tu hambre, ni cubrirá tus necesidades básicas. Si compras el contenido, por la apariencia del paquete, puede que después, te lo encuentres vacío, o quizás las cosas que contenga, no te sirvan para nada.

¿Qué hace realmente valioso a un recipiente, su envoltorio o su contenido?

¿Y cuando el contenido es inmejorable, tiene importancia el recipiente?

Y es que el mundo de las apariencias, nunca es lo que parece.

 

Cambia de dieta.

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Se tú el Cambio

Imagínate que a partir de ahora mismo, alguien te otorga el superpoder, de cambiar a la gente, cuando no te guste algo de ella. Serías el único en el mundo que disfrutaría de tales poderes. Nadie más conocería tus dones y además podrías transformar a la gente, sin necesidad de tenerla cerca, porque tú superpoder, se despliegaría también en la distancia.

¿Te lo imaginas?

¿Qué crees que sucedería?

¿Usarías mucho ese superpoder?

¿Con quién lo probarías primero?

Seguro que más de una vez, has pensado que todo sería mucho más fácil, si pudieras cambiar la forma de actuar o de pensar de alguna persona de tu entorno próximo. Sin embargo, ese dominio, de poder transformar a los demás a nuestro antojo, es más propio de cualquier película de ficción, que de la vida real. 

Imagina ahora, que tras pasar largos años disfrutando de ese superpoder de cambiar a la gente. Debes entregar tu don, a otra persona. Cediendo tu poder, te expones a que alguien quiera cambiarte y lo haga. 

¿Te dejarías cambiar sin rechistar o te resistirías hasta el final?

¿Y los demás, no pueden pensar igual que tú?

El hecho de tener la necesidad de cambiar a los demás. No te deja opción a cambio. Si tuvieras ese superpoder y lo emplearas con frecuencia, tú no evolucionarías. Te mantendrías cómodamante en tu zona de confort. Cambiarías las perspectivas de los demás, para que coincidan con la tuya. No para aprender de todas las demás perspectivas, si no para que te den la razón. Y eso te aleja de tu evolución. Amplia el mapa y si pides cambio, se tú el cambio, no esperes que los demás te lo traigan. La transformación de los demás, no tiene porqué coincidir con la tuya. No esperes a que cambien los demás, para cambiar las cosas. Empieza tú, por ti. Cambia y ya verás como todo lo demás, también lo hace. Sólo cuando el cambio viene de dentro, se proyecta fuera. Ese es tu poder.

Y es que no necesitas de más Superpoderes para promover el cambio. Ya posees todo lo que necesitas para hacerlo. El cambio es lo único que no cambia y tú, estás a sólo un pensamiento de poder conseguirlo.

¿Lo cambias?

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Contacto

Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

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