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La Belleza es Verdad y la Verdad es Belleza.

«La Verdad es Belleza y la Belleza es Verdad» (John Keats)

¿Cuál es tu verdad?

¿Qué es para ti real, y bello?

Todo aquello que experimentas, para más tarde traducirlo en emoción o sentimiento, es para ti real y por lo tanto, tu verdad. Lo mismo sucede con lo que es bello. Lo que es hermoso para ti, así lo sientes, lo sabes, y es entonces, cuando lo reconoces como tú verdad real. Así es como la verdad es belleza, y la belleza es verdad.

Precisamente lo que tienen en común, tanto la belleza como la verdad, es ese sentimiento de certeza. Cuando contemplas un hermoso paisaje, por ejemplo, en ese momento de abstracción con la naturaleza, no te planteas si es bonito o feo, simplemente lo disfrutas, porque sabes y sientes su belleza, su verdad. Lo mismo sucede, cuando tienes la evidencia de algo. Cuando estás plenamente convencido y así lo sientes, nadie, ni nada, puede contradecir esa verdad.

Tus sensaciones de realización, también son bellas verdades. Ya que cuando te sientes realizado, lo sabes. Algo dentro de ti, te advierte de ello, haciéndote sentirlo. Y es que en el momento, en el que desaparece esa sensación, deja de ser verdad para ti. El amor que sientes hacia un ser querido, también sabes que es verdadero y hermoso, porque el corazón, palpita al ritmo de tus sentimientos. O tus inspiraciones e ideas trasnochadas, las percibes con total realidad y belleza, porque las sientes en lo más profundo de tu ser.

La evidencia está entonces, en lo que eres capaz de sentir, tanto en lo Bello, como en la Verdad. Si lo sientes, es real y bello, en cambio si no lo sientes, no lo podrás percibir, ni como bello, ni como real.

«Aunque viajemos por todo el mundo, para encontrar la belleza, debemos llevarla con nosotros para encontrarla» (Ralph Waldo Emerson)

A pesar de que todo tenga una parte de Belleza, no todo el mundo es capaz de percibirla. Como ya anunciaba Emerson, para apreciarla, es necesario llevarla contigo, o percibirla en ti primero. Para después, poder sentirla en todo lo demás. 

Si todo tiene una parte de belleza, también de verdad. Para que la verdad sea completa, o una realidad universal, necesitas sumar también el resto de verdades incompletas o individuales. Esto es, las realidades de todos los demás, a la tuya propia. Esa es la única manera, de encontrar la verdad verdadera, la de todos, la más bella. Esto sí que es realmente hermoso, que para construir la realidad real, todos tengamos que colaborar, para completar el sentido real, de la verdad universal.

¿Puede ser una mentira bella?

Volveré a repetirme, para decir, que si todo esconde parte de belleza también de verdad. Y es que precisamente cuando nos referimos a la belleza de una mentira, nos estamos refiriendo e esa parte de verdad oculta. En la verdad de la mentira, se esconde también su belleza.

«El sol también es verde». Aparentemente, esta es una falsa afirmación. Aunque no lo es tanto para el poeta. Quién continúa el verso de la siguiente manera: «como los campos iluminados, que comparten su tonalidad amarilla.» Convirtiendo así, la solo aparente mentira, ahora en realidad. ¿Cómo?. Sintiendo la poesía. El pintor o quién trabaja con el color, tampoco entiende la afirmación de que el sol es verde, como una mentira. Puesto que el color amarillo, surge de la mezcla de otros colores, entre ellos, el verde. 

Hace no mucho que leí en algún artículo científico, que el sol, a pesar de lo que quieran traducir nuestros ojos, no es tan amarillo o tan naranja, como parece. En realidad su color real está mucho más cerca del verde o del azul. Ya que estos colores son bastante más energéticos que el propio amarillo o naranja.

¿Qué es para ti más auténtico, lo que sientes, lo que lees, lo que te cuentan?

¿Dónde encuentras tu verdad personal, en lo que aprendes o en lo que sientes?

Recuerda que tu verdad, no tiene porqué coincidir con la de los demás. Si fuera así, dejaría de ser única. Dejarías de ser único. Y para completar la verdad de todos, la universal, son necesarios todos los diferentes tipos de verdad. Incluso se hacen imprescindibles las excepciones, que confirmen las reglas de la realidad. No es sólo tu verdad o mi verdad, es la suma de todas las demás realidades, la que nos convierten en algo verdaderamente hermoso: en la verdad más bella. 

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Distancia para Ver Mejor y Hacerlo Mejor.

¿Cuánto hace que no tomas distancia para ver mejor?

¿Y para hacerlo mejor?

Aunque pueda parecer contradictorio, alejarse o tomar distancia de la rutina diaria para ver mejor, incluso para hacerlo mejor, es imprescindible, si queremos ser más eficientes y productivos. Las personas más eficaces poseen un gran sentido del equilibrio y de la armonía en sus vidas. Están tan familiarizadas con sus propios ritmos vitales, que saben cuándo deben retirarse a tiempo, o tomar distancia, para así descansar su mente, de las interferencias de su vida diaria.

En este proceso de tomar distancia, comienzas a verlo todo con una nueva perspectiva. Y es que para eso te alejas, para ver mejor. De cerca y absorto en la tarea, se te pueden escapar infinidad de detalles, que sólo los lograrás percibir desde la distancia y el desapego. 

Que te mantengas pegado a las cosas, no significa que seas mejor o más eficaz. Si no por el contrario, significa que existe alguna razón, que te impide soltarte de ellas. Quizás simplemente temes perder, parte de lo que crees que es tu soporte o bastón. Sin embargo, sería interesante que intentaras, por una vez, caminar por ti solo, sin ese apoyo. Porque cuando descubras, que eres tú, tu mejor apoyo, ya no volverás a necesitar ese bastón.

Sólo si conseguimos ver mejor, desde la distancia y de una manera más clara y armónica. Podremos lograr que nuestras acciones, también sean más eficaces. Así mismo, si mejoramos nuestros comportamientos, también mejorarán nuestros resultados. La rutina también puede nublar tu mente. Y de vez en cuando es totalmente recomendable, descargarla. Disipar cualquier nube que te impida ver el sol.

El equilibrio siempre lo encontrarás, ni muy cerca, ni muy lejos. Es decir, que si estás pegado a las cosas, esto puede ser, a tu trabajo, a tu familia, a tu pareja, a tus amigos o incluso, a tus bienes materiales. No encontrarás ese equilibrio. Tampoco lo encontrarás si te alejas del todo, para no volver, ya que puedes quedarte sin nada. En el punto medio está la virtud, como afirmaba Aristóteles. Y es que tu punto medio, no tiene porque ser el mio. Cada uno posee su propia referencia de equilibrio. Es ahí, donde encuentra la Armonía el Universo. Todos no cabemos en un mismo punto, somos muchos. Por eso cada uno, tiene el suyo propio.

«Aléjate de vez en cuando, relájate un poco, porque cuando regreses a tu trabajo, tu juicio, será más certero. Puesto que si siempre trabajas, perderás el discernimiento.
Aléjate porque el trabajo parecerá menos. En un instante, tu perspectiva será mayor, y la falta de armonía y de proporción, será mejor percibida».

(Leonardo da Vinci)

Cuando miras durante mucho tiempo a un mismo punto. Te costará diferenciar entre el punto y tú. En cambio, si lo dejas de mirar, para volver a mirarlo, tiempo después y desde la distancia. Te parecerá mucho más pequeño, la segunda vez que lo mires. ¡Haz la prueba!. 

La distancia además de darte una mejor y más clara perspectiva, propiciará que eso, de lo que te alejas, parezca mucho más pequeño y menos costoso, para poder gestionarlo. Si sientes que ya no eres capaz de juzgar con el suficiente equilibrio o armonía, ha llegado el momento, de alejarse de la situación.

¿Tomas distancia, entonces, para ver mejor y hacerlo mejor? 

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Busca hacer las cosas bien y no deprisa.

«No desees que las cosas se hagan deprisa.
No te fijes en las pequeñas ventajas.
Desear que las cosas se hagan deprisa, 
impide que se hagan bien.
Fijarse en las pequeñas ventajas,
impide realizar grandes empresas».

(Confucio)

Corren tiempos en los que la paciencia parece escasear. Ya lo decía Confucio. Que estamos demasiado acostumbrados en atender a las recompensas inmediatas, o pequeñas ventajas. Sin entender, que esto no nos permitirá hacer las cosas bien. Y por lo tanto, tampoco nos permitirá realizar cosas mayores, que nos proporcionen, mejores resultados. 

¿Se puede acelerar el proceso de curación de una herida?

¿De qué manera?

Por muchos cuidados que le dediques a esa herida. El tiempo estimado del proceso, no lo eliges tú, si no la herida y sus propias circunstancias. Puedes echarte Betadine diez veces al día, si quieres. Pero el exceso de yodo, también tiene sus consecuencias, y tampoco hará que tu herida mejore antes. La duración de los procesos, no se debe manipular y cuando esto sucede, los resultados nunca son los esperados.

Sólo cuando cambies tu necesidad de que las cosas, vayan más rápido de los que son, permitirás que los resultados sean mejor de lo que esperas. Para ello solo tienes que cambiar esa necesidad, por aceptar la realidad, tal y como es. Sin intentar acelerar el propio curso se las circunstancias. Esto parece sencillo, aunque en la práctica, hay veces, que no lo es tanto. 

Piensa en la situación que estamos viviendo todos actualmente. En el «eterno confinamiento». Si intentásemos acelerar el proceso, no estaríamos permitiendo que las cosas se hicieran bien. Todos estamos deseando poder volver a la normalidad, por diferentes motivos. Aunque si todos comenzamos a salir a la calle, correríamos el riesgo, de que el virus, se volviera a descontrolar. Y es que aunque nos pese, todavía no está lo suficientemente controlado. Convirtiéndose nuestro remedio, nuevamente en enfermedad.

Tu impaciencia hace crecer tu miedo, tu estrés, tu desánimo, y por si esto fuera poco, te llena frustración. Y cuando algo se llena, puede explotar, así que cuidado. Examina tu propia vida y contempla detenidamente, cuántas veces esperas esas señales de recompensa inmediata, para ti y para los demás. Intenta contemplar las cosas desde otra perspectiva. Acepta que el tiempo que duren los procesos, no depende de ti o de tus ganas. Amplía tu visión de los hechos y busca siempre, hacer las cosas bien y no deprisa. 

Una frase de Un Curso de Milagros dice así:

«La paciencia Infinita produce resultados Inmediatos».

A simple vista, esta frase, puede resultar algo paradójica. Porque siempre que hablamos de paciencia, solemos referirnos, a esperar más tiempo, del que nos gustaría. Pero no hay mayor placer que la recompensa inmediata de la paciencia, que no es otra, que aceptar las cosas, tal y como son. La aceptación es la mayor ventaja. Tu mayor recompensa, porque te aporta una paz infinita, que ningún otro premio te puede dar. Ese es tu mayor premio, tu Paz interior.

Intentar ir en cabeza, al inicio de un juego, puede suponer, una gran desventaja. Si te colocas el primero, nada más empezar, no podrás contemplar qué sucede detrás de ti. Tampoco podrás analizar cómo lo están haciendo, el resto de oponentes. En cambio, los que van detrás de ti, sí que podrán hacerlo. Facilitando que puedan adelantarte sin problema, ya que poseen mucha más información que tú. No te apresures en ser el primero, todos llegan, cuando tienen que llegar.

Se paciente contigo y con los demás. De la misma manera que tendrás que ser paciente con tus éxitos y tus fracasos. No aspires sólo a las pequeñas ventajas, si quieres hacer grandes cosas. Aspira a encontrar tu paciencia infinita, para crear grandes empresas. Siembra, no para recoger mañana, si no para que lo recojan, los que aún no están aquí. Esto te facilitará recoger enormes y tangibles resultados. Mucho más certeros que los pequeños y efímeros resultados, de las ventajas inmediatas.

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Revisa el zapato, antes de echarte a caminar.

¿Sueles revisar el zapato, antes de echarte a caminar?

Llevaba meses con una fuerte molestia en la planta del pie izquierdo. Cuando llegaba a casa y se descalzaba, se le pasaba. Sin embargo cuando volvía a ponerse los zapatos para ir a trabajar, comenzaba de nuevo, la desagradable sensación.  

Amaba su trabajo. Se esforzó mucho para alcanzar su puesto de moderada responsabilidad. Aunque reconocía que en estos últimos meses, no podía disfrutar como antes. El dolor en el pie ya se hacía insoportable y le robaba gran parte de su atención. 

Si estuvieras en el lugar del protagonista de la historia, 

¿Tú qué harías?

¿Comprobar el estado de la planta del pie?

¿Revisar con detalle el zapato?
 
¿Comprar otros zapatos? 

En este caso concreto, el protagonista de la historia, decidió no hacer nada y esperar a que se le pasase. Seis meses se mantuvo esperando.

Hasta que una tarde, inspirado por una mancha de sangre en su calcetín, se forzó a mirar debajo y descubrir qué era aquello que le hacía tanto daño. Al despojarse del calcetín y detenerse en la planta del pie izquierdo, en seguida se percató, de la desagradable herida que se había formado. 

Después de pasar por el botiquín y hacerse las curas pertinentes, entendió que debía revisar el zapato. Con sumo detenimiento, comprobó cada una de sus partes. Y cuando se disponía a examinar la suela, al darle la vuelta al zapato, una pequeña piedra se precipitó sobre la alfombra.

¿Crees que el protagonista de la historia, se podía haber ahorrado bastante sufrimiento, si hubiese reaccionado antes? 

¿Y tú, reaccionas inmediatamente a lo que te pasa, incomoda o molesta, o esperas a que se te pase? 

¿Sueles revisar, a menudo, tu zapato, antes de echarte a caminar, para comprobar que no tenga piedras? 

Si esperas a que las cosas se solucionen por sí solas, probablemente la resolución de los hechos, no te convenza en absoluto. Si no participas activamente en la solución, sentirás que no te pertenece, esa solución que se presenta.
Y es que las piedras en el zapato pueden ocasionar graves heridas. El tiempo que tardes en sacarlas del zapato, será proporcional a tu sufrimiento. Cuanto más esperes para sacarlas de ahí, la herida se hará mayor y el dolor también se intensificará. 

Existen muchos tipos de piedras, como diferentes tipos de heridas. Pero lo que todas tienen en común, es que son muy molestas. Las piedras se forman de pequeños granitos de arena, que van creciendo, por no ser atendidos o porque se juntan con nuevos granitos. Esos granitos son las cosas que no te atreves a decir, o a hacer, por miedo a no ser aceptado. Esos comportamientos erráticos, que no cesas de repetir, aunque pocas veces te reporten buenos resultados. Esos pensamientos que perturban y manipulan tu estado de ánimo, impidiéndote avanzar. Sentimientos desagradables hacia alguien o algo que rechazas, porque no los quieres aceptar.

Si sientes que algo no va bien, es porque no va bien. No mires hacia otro lado. Sabes que ha llegado la hora de ponerte manos a la obra. No esperes a que los pequeños granitos de arena, formen piedras mayores en tu zapato. Sacude el zapato cuanto antes para evitar males mayores. 

¿Ya revisaste los zapatos? 

Vivir la Vida

Aprende a Vivir la Vida. No luchas contra ella.

El empleo de la expresión, «Vivir la Vida», tal vez, pueda resultar algo redundante, a bote pronto. Ya que la Vida, se vive, es obvio. Aunque tal es su extensión, que dentro de la Vida, también se pueden experimentar, un sin fin de cosas. Hay quién prefiere, vivir en las penas, en el miedo, en la frustración, en el odio, en la lucha… Lugares, nada óptimos, que nos hacen olvidar para qué, estamos aquí. Y es que a pesar de que nos empeñemos en vivir otras cosas, lo único que deberíamos Vivir, es la Vida.

¿Cuándo fue la última vez que recuerdas haber estado «Viviendo la Vida?

Entendiendo, como tal, disfrutar del momento presente. Sin interferencias externas o internas, capaces de arruinar la plenitud de ese instante. Porque eso es «Vivir la Vida». No poder atender más que al Ahora. Concentrarte sólo en Vivir. Perder la conciencia de ti mismo. Ser lo que estás haciendo y no, quién crees ser. Esas situaciones en las que tus preocupaciones, desaparecen. Se esfuman con tu percepción del tiempo. Dónde los pensamientos pierden importancia, mientras se escapan junto con tus miedos e inquietudes. Cuando te olvidas, que estás viviendo.

¿Cuál fue el primer recuerdo que pasó por tu cabeza?

Existen diversas actividades, capaces de transportarte a la intensidad de ese estado tan placentero. Tal vez, seas de los que prefieren leer un buen libro para acercarte a él. Mientras sus palabras te conducen hacia mundos desconocidos y te descubren el encanto de sus personajes. Quizás prefieras las reuniones sociales o entre amigos. O puede que escojas la danza, el canto, pintar un cuadro, escribir poesía… No es relevante la tarea en cuestión, si no lo que te trasmite. En quién te convierte.

¿Te gustan los juegos?

Cualquier labor, que sea capaz de transformar, la manera que tienes de percibir la realidad, puede hacerte disfrutar. Convirtiendo de inmediato y sin apenas esfuerzo, esa sensación de hastío, en descubrimiento. Te expande más allá de tu propio Ser. Trasladándote hacia nuevos lugares de tu existencia. Te funde con el Todo. Dejas de Ser tú, para Ser, lo que estás viviendo.

Antes te cuestionaba si te gustaban los juegos, por una sencilla razón. Porque la Vida, no es más que un juego, que espera impaciente a que muevas ficha. El origen etimológico del verbo competir, viene del latín, «competere», que significa, «ir al encuentro de una cosa», «buscar juntos», «encontrarse con», «coincidir»…Es curioso que el término se haya transformado tanto. Lo que se entiende hoy por competición, nada tiene que ver con sus raíces latinas. Ha degenerado para convertirse en otra cosa bien distinta. Acercándose más al combate o a la contienda, que al propio encuentro.

¿O quizás, no?

Siempre digo, que como el inconsciente, sabe idiomas, también sabe de etimología. A pesar de que se haya intentado tergiversar su significado real, este siempre prevalece sobre el superficial. El juego es de esas actividades, que desde la más tierna infancia, hasta los últimos días de nuestra de vejez, gusta a todo el mundo.

Hay juegos de todo tipo. Los que necesitan tablero, los que no. Los compuestos por piezas, como los puzzles o rompecabezas. Los que se sirven de una baraja o varias. Los juegos de palabras. Los mentales. Los juegos de azar. Las adivinanzas o acertijos. Los juegos o «competiciones» deportivas. Los de estrategia. Los juegos eróticos o entre sábanas…los videojuegos. Infinitos tipos de juego, para infinitos tipo de vida. Y es que sea cuál sea la vida que lleves, o el tipo de juego que prefieras, el jugar, siempre busca, una única finalidad. La de hacerte disfrutar. Y si la Vida es un juego,

¿Como es que no la disfrutas?

Como comprenderás, entre tantas opciones, es más fácil hacerlo que no hacerlo. Así que te invito a que «Vivas la Vida», jugando. Disfrutando de cada minuto. Dejando que tu imaginación y tu creatividad tomen el control. Es la única forma de que tú, lo sueltes. Olvídate de competir con nadie. Los adversarios, sólo existen en tu cabeza, no en la Vida real. La Vida está llena de gente que se encuentra y que busca junta. Que coincide, mientras se pierde. Que canta y que baila. Llena de gente que se Ama. Juega con la Vida, no luches contra ella. Ama.

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No le temes a las cosas. Temes lo que piensas.

¿Qué es lo que más temes, en este momento?

¿A una «corona vírica», convertida en «enfermedad epidémica»?

¿Y es ella la que te da miedo, o lo que piensas de ella?

Las cosas por sí solas, no son las que causan tu miedo, tu angustia, tu frustración o tu descontento. Son los pensamientos que decides emplear, los que dan forma a ese malestar. Todo lo que te sucede, depende de la interpretación que haces de lo que te pasa. Como percibes lo de fuera, te percibes por dentro. Si atiendes a la destrucción de fuera, ya sabes, como te vas a sentir en tu interior. Esta experiencia, la estamos viviendo todos, y es que no todos, la vivimos de la misma manera.

¿Tú cómo la estás viviendo?

¿Y en qué estás pensando?

Me atrevo a decir, que habrá días, en los que ni te apetece hacer el esfuerzo, para mejorar la experiencia. Y es que no tienes que hacer nada, si no quieres. Sin embargo es importante que entiendas, que cuando las circunstancias exteriores no se pueden cambiar, es hora de cambiar lo de dentro. Tu interior depende sólo de ti, como tu transformación. Y es que nadie puede hacerte cambiar, si tú no quieres hacerlo. Asimismo, si nadie puede, tampoco nada, de lo que esté fuera. A no ser, que le cedas tu poder, a los acontecimientos, que de ti no dependen.

¿Por qué te empeñas en controlar antes lo de fuera, que lo dentro?

¿Sabes que es así, como te descontrolas?

Aunque no te lo parezca, el origen o la raíz del descontento, siempre es interna. Independientemente de lo que suceda fuera. Si estás feliz contigo, en cualquier espacio, hasta en el más nefasto, encontrarás tu propia dicha. Sin embargo, si sigues cargando con tu infelicidad, está te acompañará fielmente, hacia dónde decidas dirigirte. El júbilo o la plenitud, también son fieles compañeros, aunque si no los atiendes, tampoco ellos a ti. Presta atención a lo que te hace feliz. Disfruta de ti, contigo. Son los mejores momentos. No esperes a que sean los demás, lo que te regalen esos momentos. Los demás son responsables de sí mismos, no de ti.

¿Aceptas tu responsabilidad?

Tu armonía, no la vas a encontrar nunca fuera, porque su origen está en tu interior. Si tú estás en paz, las guerras de fuera, no te podrán lastimar lo más mínimo. En cambio si no lo estás, no cesarás de batallar contigo y con los demás, en las más absurdas contiendas. Hasta que no te reconcilies contiguo, seguirás viendo villanos, dónde no los hay. Tu peor enemigo, no es el que está fuera, si no dentro de ti.

Pese a tus malos ratos, en relación con lo que percibes de fuera. Seguro que también disfrutas de momentos de más claridad, aunque sean breves. No puedes olvidar, que hay infinidad de colores con los que pintar tus días. No tienes porqué elegir siempre la misma escala de grises. Combina los colores. Cambia de luz. Ilumina tu experiencia con otros pensamientos, más coloridos y acordes con lo que quieras sentir, en ese momento. O deja tu lienzo en blanco. En el blanco, se esconden todas las tonalidades. Aprende a controlar primero lo de dentro, y ya verás como lo de fuera se va ordenando solo.

¿Has probado a cambiar de actitud, a cambiar tu foco?

¿O prefieres seguir alimentando eso, que tanto daño te hace?

Existen dos estrategias para mejorar tu experiencia de lo que está pasando, y así ganar en calidad de vida. La primera de ellas, consiste en adaptar tu exterior, para que se corresponda con tus metas. Es decir, hacer pequeños cambios en tu entorno, que te hagan sentirte mejor. Imagina, por ejemplo, que quieres ganar seguridad, ya que te sientes inseguro en tu ambiente próximo. Para ello puedes optar por cambiar la cerradura de tu puerta principal, colocar rejas en las ventanas de tu casa, cambiar de barrio, o incluso, si todo esto no te convence, puedes hasta conseguir un arma de fuego para preservar esa seguridad, que crees que te falta.

¿Qué te parecen estás opciones?

¿Favorecerían a tu seguridad física, o por el contrario, sólo te recordarían tu incapacidad, para sentirte más protegido en tu entorno?

Puede que no temas por tu seguridad física, aunque sí, por tu seguridad económica. Imagina ahora, que como al Rey Midas, los Dioses, se ponen en contacto contigo, y te comunican que les apetece concederte un deseo. Tú como el Rey, les pides que te gustaría ser el hombre o la mujer, más rica del mundo, para no tener que preocuparte más, por ese tipo de seguridad. Y que para ello, tu deseo consistiría, en que todo lo que tocases, se convirtiera en oro puro.

¿Recuerdas cuál fue el desenlace de este Rey, tan ambicioso y tan poco perspicaz?

Que murió siendo el hombre más rico del mundo, pero sin nada que poder llevarse a la boca para comer, ni beber. También murió solo, sin gente a su alrededor, porque tocara, lo que tocara, todo se convertía en oro puro.

¿Te gustaría este tipo de desenlace para ti?

El hecho de buscar tu Seguridad, en lo de fuera, puede que refuerce, algo tu seguridad interna. Pero nunca conseguirá mejorarla del todo. Si no trabajas directamente en ella, siempre habrá algo nuevo que modificar en el exterior. Da igual si ansías, la fama, el dinero, el éxito, el poder, la belleza…todo esto lo único que te proporcionará será pequeñas recompensas. Y las recompensas son efímeras y muy superficiales. Estas no te harán alcanzar la felicidad, sólo te proporcionarán placer vano y fútil.

¿Crees que las recompensas pueden atraer tu felicidad?

¿O que tu Felicidad es la recompensa, que más te compensa?

Ya que cambiar lo externo, no transforma por completo tu interior. Creo que ya te puedes ir imaginando, cuál es la segunda estrategia. No es otra cosa, más que cambiar la calidad de tu experiencia. Esto es, cambiar lo que piensas de ella. Modificar tus pensamientos, para que estos se adapten a lo de fuera. Así podrás trabajar en equipo junto con tus pensamientos y alcanzar definitivamente, lo que de veras, quieres conseguir; que no es otra cosa, más que tu propia felicidad.

«Cuando la situación es buena, disfrútala. Cuando la situación es mala, transfórmala. Cuando la situación no puede ser transformada, transfórmate». (Viktor Frankl).

«Nosotros siempre estamos luchando por vivir, pero nunca vivimos». (Raph Waldo Emerson)

¿Contra quién luchas, cuando te resistes?

¿Contra la Vida?

¿Y quién gana a la Vida, si no la vives?

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Tus Luces y tus Sombras.

¿El cielo siempre está despejado, o hay días, en los que se llena de nubes?

El Cielo es infinito, como tú. Porque lo que es arriba, también abajo. Y entre su vasta extensión, algunos días, se cubre de nubes. Existen diferentes tipos de nubes. Las hay ligeras, espesas, con formas…cada una de ellas, le aporta al Cielo y a la Tierra, algo diferente y necesario. 

¿Qué sería de la Tierra sin nubes negras, que provocaran la lluvia?

¿Que se secaría, la Tierra?

¿Qué sería de todos los Seres Vivos de la Tierra, si no tuviesen Sombras, sobre las que poder descansar?

¿Que el Sol, los abrasaría?

Y es que a pesar de que el Sol se esconda, de vez en cuando, entre nubes negras, sale todos los días. Sigue iluminando tus mañanas y tus tardes. Dándote calor, de otra forma, desde la Sombra. Esas nubes oscuras, también favorecen, al florecer de la Tierra. El Cielo «llora», para que los campos crezcan y tú puedas recoger las cosechas. Sin «lágrimas» que rieguen la Tierra, no podrías recolectar nada. Tampoco tendrías Agua para saciar tu sed. Bebes y recoges frutos, gracias a esas nubes negras, que encapotan tu Cielo, y te permiten descansar desde la Sombra.

Y es que el Cielo, también llora, como tú. La diferencia entre ambos, es que él no esconde sus lágrimas. Las convierte en lluvia y riega la Tierra, para darte de comer y de beber. Asimismo, limpia y purifica el ambiente por el que transitas. 

El Agua es Vida y emana Vida, igual que tus lágrimas. Si las escondes o rechazas, incluso tú, te puedes marchitar. Las tierras áridas, no se pueden sembrar. No dan cosechas. La humedad del Agua es imprescindible, para que la recogida sea productiva.

Así es que llora, cuando tengas que llorar. Que no te mate la sed o el hambre. Límpiate y purifícate de vez en cuando. Aprende del Cielo. Sé el Cielo y no escondas tus nubes negras. Tus sombras son las únicas capaces de hacerte ver la Luz. La Luz no se puede apreciar, entre más luz, sólo se observa desde la Oscuridad. Tus Sombras también son necesarias, como esas nubes negras, que a veces esconden tu Sol. 

¿Como aceptas la Luz, aceptas también la Sombra?

¿Eres «prisionero» o «carcelero» de tu Yo Sombra?

¿Quizás, los dos?

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Si Nada es Seguro, Todo es Posible.

¿Qué sería de la Naturaleza sin transformación?

¿Podría resistir?

¿PODRÍAS resistir?

¿O prefieres «resistirte»?

El Mundo es cambio y su transformación, inminente. Uno de sus principios naturales. La ley que probablemente, más relevancia tenga sobre todas las demás. El resto de normas parten de esa primera ley.

Como ya apuntaba Heráclito, lo único que no cambia, es que todo cambia. Por lo tanto, lo que permanece, se trasmuta y lo que no, DESAPARECE. Resistirte al cambio te condena. Impidiendo tu evolución. Mantenerte igual, detiene tu camino, privándote de trascender. 

Imagina que quieres llegar hacia algún lugar. Para ello, sabes que tendrás que caminar ligero y constante. Sin embargo, a medio camino, decides hacer una parada. Ya que te encuentras cansado y abatido. Durante tu detención, te distraes y olvidas todos esos pasitos que te quedan por caminar. Cuando te quieres dar cuenta de tu bloqueo, vuelves a mirar al frente, y te percatas que el camino cambió tanto de forma, como de contenido. Convirtiéndose en un extraño para ti.

Sigues queriendo llegar a la meta, pero te asusta lo que ves, porque desconoces lo que ahora se te presenta. Sabes que alcanzar esa meta, significa todo para ti. Aunque la incertidumbre y el desconcierto, te mantienen pegado al suelo. 

Echas la vista atrás, y adviertes, que no es la primera vez que te pasa. Reconoces que no es tu primer «stop» en el camino. Entonces respiras, te deshaces de los zapatos adheridos al piso y continúas con tu camino. La sensación de andar descalzo, es nueva para ti, aunque te reconforta.

El zapato te impedía hacer contacto directo con el suelo. Te evitaba heridas, sin embargo, no podías aprender de esas heridas. No todas las superficies por las que pisas, son agradables al tacto de tus pies. Aunque sí necesarias para completar ese camino.

¿Caminas cargado de expectativas o descalzo y ligero?

Lo que esperas que pase, te pesa y te carga. Así que descárgate, para liberarte de eso que tanto te pesa. Las expectativas son tan solo, las probabilidades que has decidido introducir en tu mochila. Olvidándote de todas las demás. Y que las obvies, no significa que no sigan ahí, tan sólo que no las quieres atender, porque las rechazas.

No luches contra lo que no quieres que pase. Deja de resistirte. Deshazte de tus expectativas. Acoge y abraza lo que venga, sin esperar recoger NADA en concreto. Ya que esa es la única manera, de poder recoger, TODO lo demás.

¿Y tú, qué esperas? 

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Dar también es Crear.

¿Estás conforme con lo que recibes de los demás?

¿O por el contrario, piensas que te mereces mucho más?

¿Tal vez, menos?

El Universo es Equilibrio. Y la Armonía es necesaria para que todo funcione. 

Bert Hellinger, teólogo y espiritualista alemán, papá de las Constelaciones Familiares. Ya nos hablaba, de la importancia de Las Leyes Sistémicas o también conocidas, como Órdenes del Amor, en todas nuestras relaciones. 

Una de estas leyes, es la Ley del Equilibrio entre el Dar y el Recibir. Esta frase, creo que puede resumir a la perfección, uno de los principios fundamentales, para cualquiera de tus relaciones:
 
«Pide lo que necesites y no des más, de lo que puedas(quieras) dar».

Siempre he pensado que lo Verdadero es Simple. Y el contenido, como la intención de estas palabras, me parece muy claro, a la par que certero. Piensa en todas tus relaciones, tanto en las más cercanas, como en las que no lo son tanto. Me atrevo a decir, que si te decidieras a cuantificarlas, son muchas. Por ello, creo que es importantísimo que puedas encontrar el Equilibrio en todas ellas. 

¿Lo que Recibes de tu entorno, es proporcional a lo que les Das?

¿Y lo que le Das a tu pareja, padres, hijos, amigos, compañeros de trabajo, vecinos…es proporcional a lo que ellos te Dan?

Como antes apuntaba, son muchos los encuentros y aún más las relaciones, que establecemos de esos encuentros. Podríamos decir a grandes rasgos, que existen tres tipos de personas, si los clasificamos, según esta Ley del Equilibrio entre el Dar y el Recibir. En primer lugar, se encuentran los que prefieren Dar. En segundo lugar, los que sólo piensan en Recibir. Y por último, los que con gran acierto, ya encontraron el Equilibrio, o dicho de otra forma, que lo que Dan y Reciben, es proporcional a lo que Reciben y por tanto Dan. 

¿Con quién te identificas tú?

Si eres de los que Das más de la cuenta a los demás, ya sabes a quién se lo quitas, a ti mismo. Ahí ya rompiste el equilibrio natural. Además que no todos están dispuestos o necesitan Recibir, eso que tanto les quieres Dar. Puede que tus buenas intenciones, no sean bien Recibidas, creando además, malos entendidos. Así que tendrás que reaprender a Dar. 

Cuando se Da, se hace desde el corazón. Porque te sale y no porque te han dicho o contado que es mejor así. Tampoco debes Dar, porque quieras que te tengan en cuenta. Das porque quieres hacerlo y no porque debes hacerlo. No es oportuno Dar, pensando, que eso te puede hacer Recibir más. Nos obstante, si Das con la intención de Recibir, lo que Recibirás, no te gustará.

Tal vez seas de los que prefieras Recibir, y en base a lo que te aporten los demás, ya les Darás. Esta es de las peores técnicas en el arte del Dar y el Recibir. No puedes esperar a Recibir para Dar. Ya que el Recibir, es el efecto o la consecuencia del Dar y no la Causa. Si te saltas el primero de los pasos, Dar, convirtiéndolo en efecto y no en causa. El proceso no se invertirá y además, lo dejarás incompleto.

Y por último, si eres de los que Das, lo que quieres Dar, porque te sale del corazón y no porque creas que debes hacerlo, te felicito. Seguro que lo que Recibes, supera con creces tus expectativas. 

Sin embargo, para que todo esto funcione y se establezca el equilibrio, también debes tener en cuenta, que hay veces, que si no pides lo que necesitas, no lo Recibirás. Quizás creas que no te lo mereces, o que los demás deberían saber lo que necesitas. ¡Grave error!. Ya que los demás, muchas veces no saben ni lo que ellos necesitan, como para saber lo que necesitas tú. Así que hazte oír y pide. El pensar que tampoco te lo mereces, como para pedirlo. Ya te hace negártelo, porque eres tú, quién lo rechazas inconscientemente. El Creer es Crear y si crees que no te lo mereces, no lo podrás Crear.

¿Y por qué el Dar es Crear?

Entre otras cosas, porque cuando Das, estás creando lo que Recibirás. Además, el Dar conecta activamente a las personas entre sí. Creando un vínculo de pertenencia. Porque para Dar, se necesita a alguien más que lo Reciba. Y entonces, el que lo Recibe, comenzará a Dar. Un bucle hermoso de correspondencia y reciprocidad. Por eso el Dar, también es Crear. Porque Crea Bienestar y Felicidad, tanto al que Da, como al que Recibe. 

¿Encontraste tu Equilibrio entre el Dar y el Recibir?
 

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Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

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