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Cuando renuncias al ataque comienzas a creer.

Cuando renuncias al ataque, comienzas a creer en ti. Si constantemente atacas o te sientes atacado, es porque te percibes como alguien vulnerable, y esto es precisamente, lo que te impide creer en ti. Si tu nivel de confianza en ti mismo, fuese el correcto, ningún ataque te calaría, ni tampoco tendrías la necesidad de atacar a nadie. En el momento en el que acoges la invulnerabilidad, como tu nuevo estado del Ser, nada ni nadie, podrá arremeter contra ti. 

¿Eres de los que atacan o de los que se sienten atacado?

¿Interpretas ambos papeles?

«En pleno invierno, finalmente aprendí que dentro de mi, había un verano invencible.»
(Albert Camus)

Asimismo, que renuncies al ataque, no quiere decir que rechaces tu vulnerabilidad. Ya que reconocer tus propias debilidades, es el primer paso para desatar tu fortaleza. Para cambiar cómo te sientes, debes aceptarlo primero, si no, te resultaría imposible. No somos seres perfectos, ni aspiramos a serlo. Lo que pretendemos ser, es simplemente felices con lo que somos.

Cuando embistes contra alguien, aunque te pueda parecer de otra forma, sólo estás reconociendo que te sientes inferior a él. El ataque, no tendría lugar, si no te sintieras atacado. O lo que es lo mismo, si no te sintieras inferior, o desprovisto de argumentos que reafirmen tu confianza. Si creyeras en ti, ningún ataque, te dañaría lo más mínimo, porque ya sabes que el que te ataca, es porque en realidad, se siente más vulnerable que tú. 

«Cuando la verdad sea demasiado débil, como para defenderse, tendrá que pasar al ataque.» 
(Bertolt Brecht)

La verdad sincera nunca es demasiado débil, como para defenderla. Sólo se vuelve vulnerable, cuando no se cree en ella plenamente. La debilidad se la da, el que habla de ella, sin creer en ella.

«Sin duda es mucho más fácil atacar, que defenderse.»
(Yukio Mishima)

Desconozco si es más fácil atacar que defenderse, lo que sí reconozco, es que es mucho más rápido. Además que conlleva mucho menos esfuerzo y los resultados, suelen ser bastante peores, que los de una buena defensa.

La vida no es una guerra. Es tan sólo una aventura en la que no tienes porque luchar, si no quieres. Todos los territorios están ya conquistados. Lo único que te queda por conquistar, eres tú mismo. Defenderte sin atacar es tu mejor defensa. No necesitas agredir a nadie si confías en ti al cien por cien. Porque tu mejor argumento, siempre eres tú. Y sólo cuando renuncias al ataque, comienzas a creer en ti.

«Fácil saber quién no tiene la razón, el que ataca en compensación.»
(Victor Hugo)

Y es que a pesar de creer que no tienes la razón, los demás tampoco tienen porqué saberlo. No les enseñes tus cartas antes de tiempo. Así que no ataques, ya que en el ataque se esconde tu vulnerabilidad y con ella, tu imposibilidad de creer en ti. Por lo tanto, no te queda otra, mas que renunciar al ataque, si lo que quieres, es empezar a creer en ti. 

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Todo es música y todo hace música.

La música está en todo y en todo hay música. Hasta el silencio dispone de su propio sonido. Así mismo, el ruido también tiene una melodía. El viento silva, el fuego chispea y la gota cala al son de la gravedad.

La música es ese lenguaje universal, que sin necesidad de entenderlo, todos sentimos. No hace falta tener conocimientos a cerca de ella para poder disfrutarla. El arte del buen sonido, se siente fuera de la mente. Para escucharla, no se piensa y cuando se piensa, se deja de escuchar.

«La música es un mundo dentro de sí mismo. Es un lenguaje que todos entendemos.»
(Stevie Wonder)

Todo tiene un sonido o emite un sonido característico. Por tanto, tú también eres música. Porque cantas las palabras y bailas lo que sientes. Con ciertas canciones despiertas, con otras en cambio, te adormeces. No puedes mostrarte indiferente. La música siempre provoca una reacción en ti. Tienes un ritmo. Emites a un volumen particular. Eliges una frecuencia determinada. Haces temblar a los demás con tu propia vibración, mientras que tú tiemblas con la de otros. Ya que todo es música y todo hace música.

Así es que el concierto de la vida nunca termina. Retumba por todas partes. Las orquestas y los grupos representan diferentes piezas musicales. Aunque a pesar de parecer melodías independientes, todas son partes de la misma melodía. La melodía de la vida. Juntos la componemos, y separados sólo la oímos a lo lejos.

Imagina que fueses un instrumento musical.

¿Cuál serías?

Cada uno de nosotros, somos los diferentes instrumentos de la más grande de las orquestas. La que se encarga de representar la melodía más importante de todas. Cada uno toca y colabora con su parte. A veces hacemos ruido. Otras veces, inventamos sonidos. E incluso también aportamos, con el más sepulcral de nuestros silencios.

«El que escucha música siente que su soledad, de repente, se puebla.»
(Robert Browing)

Imagina ahora, que la Vida quiere sacarte a bailar.

¿Escuchas la canción?

Piensa en ella. Puedes cerrar los ojos para sentirla bien. Respira su melodía. Disfruta pausadamente de sus notas. Siente como te envuelve su sonido. Vuelve a respirarla. Su ritmo ya está dentro de ti, fundiéndose con tu propio ritmo. Juntos creáis una armoniosa composición. Un concierto único, con la vibración perfecta.

De repente, la frecuencia crece y tu corazón comienza a latir al ritmo de la música. Ahora te sientes más vivo que nunca. Tu cuerpo no puede contenerse, así es que comienza a danzar. Tus pies son los primeros en dar en dar el primer paso. La siguiente en bailar es tu cabeza, que se contonea como si quisiera desprenderse de tu propio cuerpo. Mientras tanto, tú sonríes.

Ahora son tus brazos y tus manos, los que se mueven marcando las bases de la canción. Poco a poco, el resto de tu cuerpo se va contagiando. Hasta que absolutamente, todas tus partes, consiguen vibrar al unísono. Sintiendo así, como la música te acaricia el alma.

Entonces, trasciendes de tu cuerpo. Convirtiéndote en la canción. Desconoces si tú eres la melodía, o si la melodía eres tú. Ya no eres cuerpo, ni mente, ni si quiera materia. Eres espacio vacío y el silencio que rellena ese espacio. Eres energía que vibra. Energía que sientes y que se siente. Eres la voluntad transformada en sonido. Sintiéndote poderoso, amado y en equilibrio.

Eres la Intención haciendo de las suyas. Construyendo propósitos ajenos a ti, aunque emanen de ti. La Fuente de las pequeñas partículas. El Átomo. Eres quién danza por la vida al ritmo de su canción. Eres tú, y también soy Yo.

¿Bailamos?

«Si hay música en tu alma, se escuchará en todo el universo.»
(Lao Tse)

Porque tú también eres música.

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Tu interpretación sobre el contenido.

Tu interpretación sobre el contenido, no está en la forma, si no en su significado en sí. Las formas, son las representaciones de los contenidos. Estas no son reales, en cambio los contenidos, sí que lo son.

Lo que creen ver tus ojos, no tiene importancia. El significado que le das a lo que ves, es lo que es importante. Aquello que crees oír en el exterior, ni si quiera se escucha dentro de ti. Lo que oyes dentro de ti, se escucha en todas partes. Lo que perciben tus sentidos, no es lo que tú sientes. Porque lo que tú sientes, no está en tus sentidos.

Imagina que alguien de tu entorno, te obsequia con un gran cuadro. Quien te lo regala, hace bastante hincapié, en que al verlo en el escaparate de una tienda de antigüedades, pensó inmediatamente en ti. Te explica, que el lienzo y su dibujo hablan de ti y de tu relación con el mundo. Algo que te desconcierta un poco, ya que no entiendes del todo, a qué se refiere. Aún así, te sientes muy agradecido con el detalle de tu amigo.

Al llegar a casa, le haces hueco enseguida, en una de las paredes de tu salón. Mientras lo contemplas, te percatas que te sientes más atraído por el marco del cuadro, que por el contenido del lienzo. Llaman tu atención, los delicados detalles del marco, así como su color dorado. Te parece un elección exquisita, ya que para tu gusto refinado, la forma del marco, combina a la perfección, con el contenido del lienzo. 

«La belleza es el acuerdo entre el contenido y la forma.»
(Henrik Ibsen)

Pasados unos días, recibes la llamada de tu amigo, quién se interesa, por tu interpretación sobre el dibujo del cuadro. Le confiesas que en realidad, no has reparado, apenas en el contenido, ya que sigues embelesado con la forma del marco.

Tu amigo queda sorprendido ante tu respuesta. Explicándote, brevemente y sin mucha insistencia, que si te lo regaló, no fue precisamente por el marco, que adornaba el lienzo. Si no por los detalles del cuadro y la historia que parecía contar. Que fue eso, lo que le recordaba a ti. De hecho el marco y su forma, ni siquiera lo eligió él, si no el encargado de la tienda de antigüedades. 

Asimismo, después de mantener una interesante conversación con tu amigo, ajena al cuadro, comenta que la semana que viene, te volverá a llamar, para comprobar si ya ha cambiado en algo, tu interpretación del contenido del cuadro, o si por el contrario, lo sigues percibiendo de la misma manera. 

Aún sin entender del todo a tu amigo. Su recurrente interés por tu interpretación sobre el contenido del dibujo, te hace reparar en él detenidamente. Para contemplar al detalle, lo que en apariencia, no había conseguido llamar tu atención. Al detenerte en su contenido, y no en la forma del marco, comienzas a apreciar ciertos fragmentos que comienzan a interesarte de una manera muy especial.

Las diferentes partes de su contenido, empiezan a mostrarte una nueva perspectiva del mismo, que captan al completo todo tu interés, dejándote ensimismado. No puedes dejar de observarlo y cuanto más lo miras, más detalles descubres, al respecto. El regalo se convirtió en toda una revelación para ti y lo que consiguió manifestar, cambió por completo tu perspectiva y por ende, tu vida.

Ahora imagina, que ese cuadro y su contenido, representa en su dibujo, el significado de la vida.

Como protagonista de la historia, tardaste en fijarte en él, ya que te dejaste llevar por la forma del marco, no por su dibujo. El dibujo del lienzo siempre estuvo ahí, frente a tus ojos. Sin embargo, la forma del marco, o lo superficial de la vida, entorpeció, tu visión. Prestaste atención sólo a la forma de las cosas, obviando su significado real. Anteponiendo la forma, al contenido. Desatendiendo el contenido, para perderte entre las formas de lo aparente. Y lo aparente, cegó tu visión. 

¿Ciega lo aparente tu visión?

¿Entiendes el significado real de las cosas, su contenido, o por el contrario, te dejas sólo llevar por la forma?

La vida no es forma, si no contenido. A pesar de sus múltiples formas y representaciones, el contenido siempre es el mismo. La forma no da sentido al contenido de nada. Es el contenido, el que le aporta a la forma, su significado real. Si sólo atiendes a las formas, te perderás el significado de estas. Se te escapará el propósito real de la vida. Las formas las perciben tus sentidos. El significado, tu alma, que no necesita de filtros, que despisten su visión. El alma no filtra para ver. Ni repara, para entender. Porque el alma es el filtro.

Mientras tus sentidos crean la forma, el contenido, se lo das tú. 

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No escondas quién eres bajo lo que aparentas.

No escondas quién eres, bajo lo que aparentas ser. Porque entre lo que aparentas y lo que quieres ser, estás tú. Tu verdadero yo. El que se debate entre si aparentar, ser mejor persona, o seguir siendo el mismo, tanto a solas, como en grupo.

¿Cuántos «yo» escondes, y cuál es el real?

¿Con cuál te sientes como en casa?

¿A quién se lo muestras?

Si tuvieses que hacer una lista con las cualidades que mejor te definen, seguro que la completas, tanto con tus mejores características, como con las singularidades menos buenas de ti. De todos esos rasgos elegidos para definirte, dispondrás de algunos que te gustaría transformar, sin embargo tendrás otros muchos, que te enorgullecen, y por tanto no querrás cambiar. Te invito a que confecciones las listas. Ya que para mejorar lo que eres, tendrás que conocer primero, quién crees que eres.

La primera de las listas, la tendrás que completar con lo que aparentas ser. Es decir con la fachada o máscara que muestras al exterior. La identidad que proyectas hacia tu entorno. Lo que quieres que vean y digan de ti. Tu «Yo» ideal para el mundo.

¿La tienes?

En contraposición, la segunda lista estará compuesta por tus rasgos personales y más íntimos. Precisamente esos que continuamente, escondes a tu entorno. En ella anotarás cómo te sientes, quién eres en realidad, cómo eres por dentro y Tu «Yo» ideal para ti, que no para el mundo.

Ahora me gustaría que comparases ambas listas.

¿Qué has descubierto?

Si ahora te preguntase, que entre tanta característica,

¿Quién te gustaría ser?

¿Cuál sería tu elección?

Es probable que selecciones los rasgos que mejor te hacen sentir, de ambas listas. Y que la nueva lista esté compuesta tanto por cualidades de la primera lista, como de la segunda. También puede pasar, que no quieras prescindir de tu máscara social y prefieras, seguir ocultando tu ser, entre apariencias.

¿Qué dicen tus listas de ti?

¿Qué dices tú, de tus listas?

«Somos engañados por la apariencia de la verdad.»
(Horacio)

Decidas lo que decidas ser, ten en cuenta, que eres tú, quién convives contigo, todo el tiempo. Como cuando estás a solas, no ocultas nada, tampoco tienes porqué ocultarlo cuando estás rodeado de gente. Mentirse a sí mismo y a los demás, promueve demasiada incomodidad y muy pocas satisfacciones. No escondas quién eres, bajo lo que aparentas ser. Lo que aparentas, no es tu yo real. Es una ilusión vana, de alguien que no eres. De ese alguien que crees, que te gustaría ser, aunque si no lo eres, o no has hecho nada aún por ser, es que en realidad, ni si quiera, lo quieres aspirar.

Revisa las listas, las veces que haga falta. Confecciona a partir de ellas, tu «yo» ideal para ti, que no para el mundo. El mundo no pinta nada en tu ser. Las máscaras pesan y no permiten respirar bien. No prives al mundo de tu ser, tan sólo por creer que no eres lo suficientemente bueno para el mundo. Si todos fuésemos apariencia,

¿Qué sería del mundo?

¿Y qué es el mundo?

«Ser honesto del todo consigo mismo es el mejor esfuerzo que un ser humano puede realizar.»
(Sigmund Freud)

Ser honesto con uno mismo, es el mejor esfuerzo que un ser humano puede realizar, ya no sólo por uno mismo, si no por el mundo en si. Si quieres honestidad para el mundo, empieza por ti. No puedes recibir lo que tú no das. Da honestidad y las apariencias, desaparecerán. Da apariencias y lo que desaparecerá, será la honesta realidad.

«No vemos las cosas como son. Las vemos como nosotros somos.»
(Anaïs Nin)

Si aparentas ser, percibirás sólo el mundo de las apariencias. Si eres real, percibirás el mundo real.

Por eso no escondas quién eres, bajo lo que aparentas ser, o te perderás la realidad.

¿Y tú, qué percibes?

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Tu memoria influye en tu pensamiento.

¿Crees que tu memoria, influye en tu pensamiento?

¿Cómo se accionaría tu pensamiento, sin tu memoria?

¿De qué manera pensarías?

Imaginar cómo es tu pensamiento, sin la memoria, puede resultarte complicado. Entre otras cosas, porque tiendes a recurrir a ella, a la generadora de recuerdos, para intentar imaginarlo. Este puede ser el indicativo más evidente, para afirmar, que la memoria sí que influye en tu pensamiento. O dicho de otra forma, sin la memoria, tus pensamientos no tendrían lugar, o por lo menos, no de la manera en la que piensas actualmente. Para comparar, para argumentar, para decidir, para cantar, para sentir algo de tu pasado…necesitas a tu memoria. Sin ella te sería imposible. La memoria, por consiguiente, es la que hace posible, que tus pensamientos y la asociación de esos pensamientos, tengan sentido, o no.

El estado normal de la mente y, por ende, de tus pensamientos, es el Caos. Sin un propósito, en el mundo exterior, en el que enfocar tu atención, tus pensamientos deambulan ansiosos, esperando a que repares en ellos. Estos pensamientos suelen estar desordenados, y si te dejas llevar por ellos, es muy probable, que te desordenes tú. Es fácil concentrarte y abstraerte de tus pensamientos, cuando existen estímulos exteriores, que requieren de tu vigilancia. Estos estímulos, pueden ser: leer, cantar, bailar, observar un cuadro, hacer un crucigrama, ver una película, o cualquier actividad que se te ocurra, que te permita mantenerte enfocado en ella. Pero,

¿Qué pasa cuando no logras concentrarte en nada, y los pensamientos toman el control de tu mente?

¿Tiene tu memoria algo que ver?

«Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad, quizá, no merezcamos existir.» (José Saramago)

Tu memoria influye en tu pensamiento, porque tú memoria es la que genera el recuerdo, y por tanto, tiene mucho que ver, con lo que estás pensando. Y es que hay recuerdos o pensamientos tremendamente recurrentes, que no cesan de inquietar tu mente. Pensamientos repetidos, que vuelves a elegir mañana y al día siguiente, para volver a pensarlos. No añades nada nuevo a ese recuerdo, simplemente lo reproduces exactamente igual, y de la misma manera que ayer, o que hace un rato. Y si reincides todos los días en lo mismo, lo vuelves costumbre y tú te conviertes en ella, es decir, en eso que piensas.

Aunque te pueda parecer inviable, por tener la sensación que no existen huecos conscientes, entre eso que piensas y tú. Siempre los hay, sin embargo, no los atiendes tanto, como a tu costumbre. La mente se toma pausas cada 90 minutos, entrando en trance. Ese es el hueco, el momento del trance. Y cuando detectes el hueco, es el momento de cambiar el pensamiento. Cámbialo por lo que sí quieres pensar. O redirige tu atención hacia otra cosa o pensamiento, pero no te vuelvas a repetir. Porque ya sabes lo que conseguirás si así lo haces, lo mismo de todos los días.

Las mejores cosas de la vida, no son las cosas. Es lo que haces con ellas. Es el uso que les das, más la forma que tienes de interpretarlas. Sin olvidar, el valor que también, les otorgas. Y es que hay muchos tipos de cosas. Las experiencias, por ejemplo, así lo son. Y las vivencias más satisfactorias, surgen y se construyen, siempre dentro de la mente. Así que emplea tu imaginación o creatividad para crear algo diferente y que te satisfaga.

«La memoria es el perfume del alma.» (George Sand)

Esta frase me conmovió bastante cuando la leí, por primera vez. Sin embargo si tu memoria juega en tu contra, para boicotear, precisamente a tu Alma, mientras te arrebata la calma. Creo que el perfume, no viene precisamente de tu Alma, si no de otro sitio. Como de los restos de tu pasado, por ejemplo. Y es que las ruinas de tu pasado, son tus angustias de hoy. De los restos o de las ruinas, nada nuevo podrás construir. Y si así lo haces, tendrá el aroma de esos restos. No eres el mismo que ayer, ni serás el mismo que mañana. No quieras oler de la misma manera. Permítete cambiar de perfume. No uses fragancias que ya no van contigo, ni con la Calma de tu Alma.

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Lo que piensas se convierte en tu experiencia.

Lo que piensas, se convierte en tu experiencia y por tanto en tu realidad. Tus pensamientos provienen de tu mente, en cambio tus sentimientos, no los sientes en tu cerebro, si no en el cuerpo. El cuerpo interpreta, lo que la mente imagina. Y es que el cerebro no distingue entre lo que es real o imaginario. Todo pensamiento que se reproduce en tu mente, para tu cerebro es auténtico. No necesita interactuar con ningún entorno físico para creerse lo que piensas. Con tan sólo pensarlo, es capaz de producir un cambio en lo que sientes.

¿Cuando piensas, sientes?

¿Y mientras sientes, piensas?

¿Quién dirige a quién, tu pensamiento o lo que sientes?

A simple vista, puede parecer que es el pensamiento el que toma el control de tus experiencias. Ya que todo pensamiento, provoca una reacción en ti, es decir un sentimiento. Sin embargo después de sentir, 

¿Vuelves a pensar?

¿O por el contrario, te quedas atrapado en esa emoción?

Cuando tus sentimientos se convierten en tu manera de pensar, o si eres incapaz de superar eso que sientes, o cómo te sientes, no habrá transformación en ti. Quedándote atrapado en la emoción. Si no «repiensas» o vuelves a pensar de manera diferente, eso que sientes, no podrás cambiarlo, ni cambiar. Es decir, que quién lo dirige todo, es tu emoción, que lo proyecta en tu cuerpo. El pensamiento o tu razón, es quién te puede ayudar a salir de ella y por ende, quién provoca tu transformación. Por eso lo que piensas, se convierte en tu experiencia, porque tu emoción, o lo que sientes, lo hace real.

Cuando refuerzas lo que sientes, a través del pensamiento, te conviertes en eso que sientes. Pudiendo entrar en un bucle agotador. No todo lo que piensas es acertado, como no todo lo que sientes es agradable. Y es que cambiar, es pensar más allá de lo que sientes. No dejarte llevar por tus emociones. Para eso está la razón. Si no existiera, con sentir tendrías suficiente, aunque no podrías evolucionar. Me repito, no todo lo que piensas o lo que sientes es acertado. Hay veces que crees sentir cosas, certeras sólo en apariencia. 

Imagina que te peleas con alguien a quién amas. Dejándote llevar por la emoción del momento, le dices cosas que no quieres decir. Estás tan enfrascado en tu emoción, que tus pensamientos no te acompañan. Habrá veces, en las que podrás revertir la situación, a través de tu perdón. Aunque también lo que puede pasar, es que tu perdón no sea bien recibido. Porque si esa persona actúa de la misma manera que tú, y se deja llevar por el dolor, esto es, por la emoción que siente, puede que la pierdas. Cuando actúas con la emoción equivocada, puedes hacer cosas, que no quieres hacer. Al no pensar antes de hablar, puedes cometer el peor de los errores, lastimar a un ser querido, que no tiene culpa ninguna, por como tú te sientes. No permitas que tu experiencia la domine una emoción equivocada, si no tu pensamiento coherente. 

Imagina ahora, que deseas algo con todas tus ganas. Puede ser algo material, o alguien físico. Crees sentirlo, porque así lo deseas. Aunque tu parte más racional, siente ciertas dudas, miedo o incluso, desconfianza, de poder conseguirlo. Es decir, que tampoco hay congruencia, entre eso que deseas, o crees sentir y lo que piensas.

¿Quién creó esa apariencia?

¿Un pensamiento, tu imaginación?

Desconfía de todo lo que piensas y por tanto, también de lo que sientes. Vuelve a pensarlo. Porque si lo que piensas se convierte en tu experiencia, tendrás que pensarlo muy bien y las veces que sean necesarias.
Utiliza tu razón como recurso, que para eso la tienes. Hay veces que tus fantasías pueden jugarte muy malas pasadas. Para encontrar la certeza de las cosas, no sólo puedes escuchar a lo que sientes. Porque tú razón puede no estar de acuerdo. Y si no trabajan en equipo, o no hay coherencia entre ellas, tampoco la habrá en ti, ni en tus acciones.

Tu verdad no requiere vigilancia, tus ilusiones sí. No confundas los deseos vanos, con la verdad. Y es que no todo lo que deseas, es tu verdad, o de verdad. Lo que es de verdad, la razón también lo sabe, o lo siente, no existen dudas en ella. Las dudas lo único que te indican, es que te lo tienes que volver a pensar.

«El hombre libre es el que no teme ir hasta el final de su pensamiento.»
(León Blum)

«No hay pensamientos peligrosos, el pensamiento es el peligroso.»
(Hannah Arendt)

«A menos pensamiento, pensamiento más tiránico y absorbente.»
(Miguel de Unamuno)

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No malgastes tu tiempo con el arrepentimiento.

No malgastes tu tiempo con el arrepentimiento. Malgastar el tiempo, es perder el tiempo. Como malgastar una oportunidad, es perder esa oportunidad. Es decir que todas las oportunidades que aprovechas, independientemente de tus resultados, no las pierdes, las aprovechas. Que los resultados no sean los esperados, no quiere decir que hayas perdido el tiempo, quizás, tan solo, debas revisar tus expectativas.

«Las únicas oportunidades malgastadas son las que no aprovechas.»

¿De qué sueles arrepentirte, de lo que haces o dices, o de lo que no haces, ni dices?

A bote pronto, puede parecerte que tu arrepentimiento, puede surgir tanto de las situaciones, que realizas con poco acierto, como de lo que no haces. Sin embargo, te plantearé algo:

¿Cómo puedes aprender de tus errores, si no los hubieses cometido?

Las mejores lecciones de tu vida, provienen de tus fallos. Y es que si no te hubieses equivocado, no habrías aprendido nada. Tus errores, sólo te demuestran, cómo no debes volver a hacerlo. Hay demasiadas opciones, como para resolver a la primera. Tu propósito es acertar. Si lo haces demasiado pronto, perderás gran parte de la lección y eso sí que es una gran pérdida de tiempo. Ya que si no lo aprendes bien, corres el riesgo de volver a cometer los mismos y repetidos errores.

El miedo, las dudas, o incluso esa incómoda sensación de ridículo, son los peores abonos para tus deseos. Sin darte cuenta, plantas semillas que finalmente germinarán, con el arrepentimiento de no haberlo hecho. Y ese arrepentimiento se convertirá más tarde, en frustración, o tal vez, en lástima o pena contigo mismo. Elige siempre el abono que alimente tu esperanza, y no tu desesperación. No malgastes tu tiempo con el arrepentimiento.

Imagínate en el futuro y casi al final de tu vida.

¿Cómo te gustaría sentirte, arrepentido de no haberlo hecho, o satisfecho contigo mismo y tus decisiones?

«Uno de los arrepentimientos más grandes de la vida, es convertirte en lo que otros quieran que te conviertas, en vez de ser tú mismo.»
(Shannon L. Alerta)

No permitas que las expectativas de los demás, se entrometan en las tuyas. Estás aquí para Ser feliz, no para hacer feliz. La gente que realmente te quiere, será feliz, con tu propia dicha, con lo que decidas hacer, si ese es tu propósito. Los demás no saben lo que más te conviene, aunque así lo piensen. En cambio tú sí que lo sientes. Y sólo si tú lo sientes, los demás terminarán también por sentirlo.

«De todas las palabras de los hombres, de la pluma o de la lengua, las más tristes, son estas: ¡Podría haber sido!.»
(John Greenleaf Whittier)

¿Te da miedo asumir el riesgo?

¿Y no te da más miedo arrepentirte, por no haberte atrevido a asumirlo?

Cuando te arrepientes por no haberte atrevido a hacer algo, ya es demasiado tarde, como para hacerlo. Así que es mucho mejor hacerlo con miedo, que no hacerlo nunca. Avanza por la vida, como si el fracaso no existiera. Porque en realidad, como el miedo, es sólo un juicio de tu mente. Ambos no existen como malas experiencias, son simplemente experiencias de la vida. Ni buenas, ni malas.

Se aprende mucho más de un fracaso, que de un éxito temprano. La vida es un riesgo en si misma. Si sales a la calle, puedes morir. Porque pueden pasarte cosas malas, como que te atropelle un coche, o contagiarte con el «corona». Pero si no sales a la calle,

¿Eres consciente de todo lo demás, que te estás perdiendo?

No pongas tu atención en el riesgo o en la pérdida. Enfoca tu energía siempre, en todo lo que puedes ganar. Ya que si no te arriesgas, ya lo habrás perdido. Donde depositas tu atención, pones tu energía. Tu energía es tu poder y tu fuerza.

¿Qué sentido tiene, sentirte débil y sin poder?

Piensa que no puedes fracasar, si tú no quieres. Tan solo puedes producir resultados. Así que no los juzgues antes de que sucedan.

¿Qué haces con esos resultados?

Ahí es dónde se esconde tu genio, en lo que haces con las cosas y no en las cosas en si. Aprende de los resultados para hacerlo mejor, la próxima vez. Así la próxima vez, estarás mucho más cerca del éxito, de lo que estabas al principio. No malgastes tu tiempo con el arrepentimiento. En vez de arrepentirte, gana en experiencia y aprovecha todas las opciones que se te presenten. Porque el arrepentimiento cuando se presenta, ya es demasiado tarde, como para arrepentirte.

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¿Prefieres marcar la diferencia?

¿Eres de los que siguen a la mayoría?

¿O por el contrario, prefieres marcar la diferencia?

«Dos caminos divergían en el bosque,
yo tomé el menos transitado.
Y eso hizo que todo fuera diferente».

(Robert Frost)

Esto es tan solo un extracto, de la última estrofa del poema, «El camino no elegido», de Robert Frost. Recomiendo leerlo al completo, ya que no tiene desperdicio. En la estrofa anterior, el autor se plantea a modo de duda, si debería volver a la bifurcación de ambos caminos, y tomar la senda que no eligió. Una gran reflexión, que creo que todos nos hemos cuestionado, en algún momento de nuestras vidas. Y es que en el momento de tomar cualquier decisión, hay que tener muy en cuenta, tanto el riesgo, como la renuncia. El riesgo, a que las circunstancias no se den como esperamos. Y la renuncia, porque sólo podemos elegir, una de las opciones, desestimando, todas las demás.

¿Qué te gustaría a ti, ofrecerle al mundo?

¿Lo de la mayoría, o algo diferente?

Todos tenemos algo que nos hace únicos. Así mismo, compartimos muchas cosas, también con la mayoría, sin embargo esta, no suele marcar la diferencia. La manada es necesaria para que todo funcione, para trabajar en equipo y unidos. Pero si no existieran personas únicas, que hicieran las cosas de manera diferente, el mundo, evolucionaría mucho más despacio. La presión del grupo nos puede a veces. Y es que el sentirse rechazado, no es nada agradable. La necesidad de aprobación, tira de nosotros siempre hacia la protección de la manada. «Porque como todo el mundo lo hace», no será tan malo. En cambio, si siempre eliges, esa protección, te privarás, sin apenas darte cuenta, de la libertad que da, poder tomar tus propias decisiones. Si prefieres marcar la diferencia, no dejes que te influya la opinión de la manada.

Tampoco estoy diciendo que siempre debas remar a contracorriente. Porque si haces esto, es muy posible que la corriente, te juegue muy malas pasadas. Sólo que pruebes de vez en cuando, a distanciarse, un poco de la manada, sin perderla de vista. Siempre podrás volver a ella, si te sientes sólo. Aunque lo que sí te recomiendo es que nunca te compares con ningún miembro del grupo. Ya que la comparación, no te deja espacio, para ser tú mismo. Y es que tienes muchas cosas que aportar al mundo. Es lo que te hace ser independiente. Puedes funcionar en grupo, pero también, individualmente.

Escucha tu corazón, cuando tengas que tomar una decisión. Los corazones de los demás, no palpitan a tu mismo ritmo. Y no seguir tu propio ritmo, puede hacer que enfermes. Puede que haya veces, en las que el arrepentimiento, te asalte en soledad, cuestionándote, si habrás elegido correctamente. No hay elecciones incorrectas. Sólo existen decisiones. Si no te gustan los resultados de esas decisiones, ya harás algo con ellas, cuando tengas que hacerlo. No te martirices antes de tiempo. Porque el único tiempo que importa, siempre es Ahora.

Que no te preocupe, lo que piense la mayoría. Porque tú eres mucho más que esa mayoría. Puedes salirte del redil y no pasa nada, como apuntaba antes, podrás volver siempre que quieras. Recuerda que las excepciones también son imprescindibles para explicar cualquier norma o regla. Deshazte de esa inútil necesidad de aprobación, ya que el único que tiene que aprobarse, eres tú mismo. Y si tú no te apruebas, tampoco lo harán los demás.

«Aquellos que están lo suficientemente locos, para creer que pueden cambiar el mundo, son quiénes lo cambian».
(Steve Jobs)

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Los mismos Seis Errores del Hombre.

No se a ti, pero a mí me resulta tremendamente sorprendente, que después de más de veinte siglos, el hombre, siga cometiendo los mismos seis errores, que en la época clásica. El mundo ha evolucionado en infinidad de aspectos.

¿Y nosotros, en relación al mundo?

A pesar de todos los logros acontecidos en la ingeniería, en el mundo de las comunicaciones, en el comercio, en la ciencia y demás disciplinas, parece que poco hemos avanzado, en relación a nuestro desarrollo personal. Seguimos priorizando y depositando en lo exterior, nuestros mejores avances. Sin embargo, en lo que se refiere a nuestro mundo interno, poco hemos cambiado, porque seguimos cometiendo los mismos seis errores del hombre.

Si analizamos más detalladamente, cada uno de esos errores, que ya definía Cicerón, como los «seis errores del hombre», pocos podrán negar, no sentirse reflejados, si no es en la mayoría, por lo menos, en alguno de ellos.

Vayamos uno a uno:

1. «La ilusión de que las ganancias personales, se consiguen aplastando a los demás».

Hacer de menos al prójimo, o subestimar a los demás, para parecer mejor que ellos, aún sigue estando a la orden del día. Y es que aquellos, que para hablar de sus capacidades, necesitan pisar o desprestigiar a sus oponentes, sin quererlo, ya están mostrando su miedo al fracaso y con él, sus peores cartas. Si confías en ti y en tu potencial, no necesitas aplastar a nadie, porque ya sabes que eres bueno. Así mismo, te alegrarás de que haya otros tan buenos o incluso mejor que tú, a los que poder modelar. Si desmereces, es porque crees, que no te lo mereces. Así que, en vez de juzgar a los demás, quizás debas trabajarte eso, que crees merecer y lo que no.

Existen dos maneras de construir el obelisco más alto del mundo. La primera, consiste en derribar el resto de obeliscos, para que sea el tuyo, el único que destaque. La segunda opción, es construir y trabajar en tu propio obelisco, dando siempre lo mejor de ti. Sin prisas, ni juicios,  tan sólo esperando a ver cómo avanza. Este ejemplo es extrapolable a la política, al trabajo, o a los negocios. Y por su puesto, también es muy útil, en tu vida privada y en cuando a tus relaciones se refiere.

2. «La tendencia de preocuparse por las cosas que no se pueden cambiar o repetir».

O dicho de otra forma, la inutilidad de la preocupación. Que te preocupes, no hará que las cosas cambien. Ya que si no puedes cambiar los acontecimientos, o no tienes control sobre ellos, tu preocupación sólo te costará dolores de cabeza y muchos escapes de energía. Y en el caso de que tengas el control sobre la situación, y puedas cambiarla, ¡Hazlo!, pero deja de preocuparte. Tanto si posees o no, la capacidad para cambiar las cosas, la preocupación no te servirá de nada, así es que, de nada te sirve preocuparte.

3. «Insistir en que una cosa es imposible, porque no podemos conseguirla.»

«Nadie sabe lo suficiente, como para ser pesimista». (Anónimo).

Que tú no puedas concebir una idea, eso no quiere decir, que el resto, sí pueda hacerlo. Elimina la palabra imposible de tu diccionario. Esta sólo habla de tus creencias. No dejes que estas te controlen. Transforma tus ideas limitantes, en otras que construyan y no (te) destruyan.

Imagina que pudiésemos viajar al pasado, en tiempos de Cicerón. Es muy posible, que si les contamos a los hombre de aquél entonces, la verdad, desvelándoles que venimos de otro tiempo futuro, se reirían de nosotros, tachándonos de locos. Ya que serían incapaces de imaginarse, un mundo tan avanzado. Y que no seas capaz de imaginarlo o de visualizarlo, no quiere decir, que no sea posible. Hoy aún no podemos probar los viajes en el tiempo, pero tampoco lo podemos negar para un futuro próximo.

¿O sí?

4. «Preocuparse por las cosas insignificantes de nuestra vida».

Antes ya hablaba de la inutilidad de la preocupación. Pero es que además de ser inútil, hay veces que no tenemos nada en cuenta nuestras prioridades. O eso, o están cambiadas. Muchos siguen preocupándose, por ejemplo, por lo que hace, o deja de hacer el vecino.

¿Crees que esa es una prioridad para ti?

Si atiendes al vecino, dejas de atenderte a ti y lo que es importante para ti. Y es que nada, de lo que haga tu vecino, puede dañarte, si tú no le dejas. Ocúpate de ti y de tus cosas, que los vecinos también tienen cosas en las que ocupar su tiempo.

Esto es aplicable al vecino, como a cualquier otra cosa que no sea una prioridad en tu vida.

Cuando sientas que estás preocupándote en exceso, plantéate lo siguiente:

¿Qué puedo yo hacer al respecto?

Si puedes hacer algo, ponte manos a la obra, y si no, ya sabes lo que no tienes que hacer, preocuparte.

5. «Rechazar el desarrollo y el perfeccionando de la mente, y no adquirir el hábito de leer y de estudiar».

Parece que muchos aún siguen pensando que terminados los estudios obligatorios o formales, ya no necesitamos formarnos más. Porque ya cumplimos con nuestra parte.

La vida requiere una formación continua, porque está en continuo cambio. Y si ella avanza y se actualiza constantemente, tú no puedes ser menos y andar por ahí, desactualizado. La lectura y la formación, enriquece tu vida. No puedes dejar de aprender nunca, porque la vida evoluciona, contigo o sin ti. No dejes de formarte y de crecer. El mundo necesita de tu parte, así es que aporta la mejor versión de ti.

6. «Intentar obligar a los demás, a vivir como nosotros. »

Muchas veces, seguro que te has sentido víctima de quién intenta imponer su propio punto de vista.

¿Y tú, no actúas de verdugo, algunas veces, intentando también, imponer tus opiniones?

Una de las características de las personas más realizadas, es que no tienen la necesidad de controlar ni las ideas, ni la vida de los demás.

«Aprende a cultivar tu propio jardín.» (Voltaire a Cándido).

Concéntrate en tu propia vida y aprende a cultivar tu propio jardín. Porque los demás tendrán que hacer lo mismo con el suyo. Ningún jardín es idéntico entre si. Depende principalmente, de lo que se cultive dentro. No es lo mismo cultivar arroz, que cultivar rosas. Si intentas cultivar arroz, en un invernadero de rosas, probablemente, no tengas cosecha alguna, que recoger. Lo mismo sucede, si intentas cultivar rosas en unos arrozales. Porque se encharcarán sus raíces, para más tarde pudrirse, quedándote sin rosas.

Deja de inmiscuirte en la vida de los demás, porque como tú, los demás también tienen mucho que regar, podar y abonar. No juzgues a nadie porque te parezca que no lo está haciendo bien. Ocúpate siempre, en hacerlo bien, tú. No sigas cometiendo los mismos «seis errores del hombre».

¿Y tú, sigues cometiendo alguno de los seis errores del hombre, o has conseguido evolucionar con la vida?

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Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

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