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No puedes no creer en lo que ves.

Como no puedes no creer en lo que ves, tampoco puedes creer en lo que no ves. Es decir, que si tus ojos no alcanzan a verlo, tus oídos a escucharlo, o alguno de tus otros sentidos a sentirlo, no te lo podrás creer.

¿O sí?

Disponemos de cinco sentidos principales, con los que procesamos la información que nos rodea. Esta información está compuesta por estímulos tanto externos, como internos. Los cuales nos permiten percibir la realidad. En este proceso de recepción de información, son tus sentidos los que filtran lo que ves, escuchas, hueles, saboreas o sientes.

Tu razón y tus capacidades cognitivas, no participan en este proceso. Estas intervendrán sólo en la interpretación de lo recogido por tus sentidos. Por tanto, lo sensorial no colabora de manera activa con tu razón y con tu lógica para recoger la información. Porque cada uno, tiene una labor específica de la que hacerse cargo.

Así que podríamos decir, que el proceso de percepción de tu realidad, es como si fuera una carrera de relevos. Tus sentidos son los primeros en salir y los que recogen el testigo(la información), para más tarde ofrecérselo a tu razón, que será quién se encargue de darle forma a esa información. Dicho de otra manera, son tus sentidos los que informan a tu razón de lo que han visto, oído, olido, degustado o sentido. Y más tarde será tu razón la que interprete esa información.

¿Se puede interpretar lo que no se capta o recoge?

A pesar del fabuloso trabajo que lleva a cabo, tu sistema sensorial, tu atención es bastante limitada. Y es que no puedes atender a todos los estímulos que te rodean. Tu atención elige qué atender, por eso filtra los estímulos y decide qué información aportar a tu razón. Así pues, todo aquello que tu atención decide no atender, no puede ser interpretado, tampoco, por tu razón. Y toda esa información desatendida y no procesada, se te escapa.
Por eso, como no puedes no creer en lo que ves, tampoco puedes creer en lo que no ves.

¿Tiene alguna preferencia tu atención, a la hora de atender?

Tu atención siempre se apoya en tus creencias. Lo que no se corresponda con ellas, será desatendido y no lo podrás procesar. Por ejemplo, si crees que eres una persona con poca suerte. Atenderás sólo a aquello que le de la razón a lo que crees, y no se contradiga con tu creencia de mala fortuna. Desatendiendo todo lo demás. Esto lo puedes extrapolar a cualquier experiencia de tu vida. Atiendes sólo a lo que crees. Observas lo que crees que existe, y crees que existe, porque quieres que así sea. Lo que no crees, no podrá ser atendido por tus sentidos, ni tampoco procesado por tu razón.

Despréndete de tus creencias, antes de atender. Desvincula tu atención de lo que crees, si quieres aprender cosas nuevas. Permite que tus sentidos, sean libres de percibir.

Como no puedes no creer en lo que ves, tampoco puedes creer en lo que no ves.

¿Y entonces qué se te escapa?

Te pierdes y se te escapa, todo aquello en lo que no crees, y por lo tanto no ves.

Así es que atiende mejor, sin creer en lo que sueles creer. Porque si eres de los que sólo creen en la oscuridad, tus sentidos no podrán enseñarte la luz.

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Dale la bienvenida a tus emociones.

Dale la bienvenida a tus emociones. Agradece el poder sentirlas. Mientras la vida siente, la muerte no. Porque depositar tu energía en las emociones que quieres sentir y no en las que no quieres, ni que te ronden, no significa, que las rechaces, cuando sí que te rondan. Mirar para otro lado, porque lo que ves delante de ti, te desagrada, no quiere decir, que lo que no te gusta mirar desaparezca. Simplemente no lo ves, porque no quieres reparar en ello. Sin embargo, eso que no te gusta sentir, espera impaciente a que lo vuelvas a mirar, para así poder ser reparado.

Cuando uno de tus jarrones preferidos, por ejemplo, cae al suelo,

¿Qué haces, lo dejas de mirar a expensas de que se repare solo?

¿Porque si no lo atiendes desaparece el daño?

Quizás, lo mejor que puedes hacer, sea hacerte responsable, juntar los trocitos y pegarlos pacientemente. Esa es la única manera de reparar los daños. También puedes deshacerte del jarrón y tirarlo a la basura, aunque así te quedarás sin jarrón preferido.

¿Y no sucede lo mismo con tus emociones?

¿No hay veces que tienes que recoger tus trocitos, para así repararte?

«El ser humano es una casa de huéspedes.
Cada mañana, llega alguien nuevo.
Una alegría, una depresión, una mezquindad.
Alguna conciencia momentánea llega como un visitante inesperado.
¡Dale la bienvenida!.
Aunque sea una multitud de penas,qué barren toda tu casa,
y la despojan de todo mueble.
Aún así trata con honores a todo huésped.
Puede que te esté preparando para un nuevo deleite.
El pensamiento oscuro, la vergüenza, la malicia.
Recíbelos en la puerta riendo e invítalos a entrar.
Agradece la llegada de todos, porque cada uno te ha sido enviado,
como guía desde el más allá.»

(La Casa de Huéspedes – Rumi)

Dale la bienvenida a tus emociones. Todas las que te rondan, tienen una gran lección que enseñarte. Ninguna las sientes en vano. Todo lo que sientes, tienes que sentirlo. Ya que si no lo sintieras, no pasaría nada. Cuando la emoción es desagradable, te guía hacia la salida, y cuando esta es placentera, ni te acuerdas de las desagradables. Lo que sientes te acompaña durante todo el día e ignorar a tu acompañante, no parece que sea demasiado cortés. Además que como apuntaba antes, aunque decidas ignorar tus emociones, estas no desaparecen, si no que se hacen más grandes y tú, más pequeño.

Te cuento porqué. La energía que desgastas en luchar contra lo que no quieres sentir, te hace atender o depositar esa energía, en eso que precisamente no quieres sentir. Le das de comer al enemigo. En vez de colaborar con tus emociones, luchas contra ellas, o lo que es lo mismo, contra ti. Rechazando lo que sientes. Y es que eso que sientes, también eres tú. Asimismo, finalizada la guerra, habrá un vencedor y un vencido y si te vences a ti,
 
¿Quién habrá ganado?

¿Y perdido? 

No luches contra ti mismo o contra tus emociones. Aprende de lo que sientes. De hecho, no te abandonarán hasta que no te hayan enseñado lo que te tengan que enseñar. Dale la bienvenida a tus emociones, si no quieres «vencerte» a ti mismo. La derrota es no aceptar, y la lucha contra ti mismo, tu propia derrota. 

En una ocasión, activistas en contra de la Guerra de Vietnam, le preguntaron a la Madre Teresa:

¿Se unirá a nosotros en contra de la Guerra de Vietnam?

Su respuesta fue:

En contra de la Guerra de Vietnam, no me uniré, aunque si organizáis una marcha por la paz, sí que asistiré.
 
No luches por la guerra, si por la paz. Luchar contra la guerra(contra a ti), es participar en otra guerra, en la que el vencido, sólo puedes ser tú. En cambio si luchas por la paz, habrás vencido en tu guerra. 

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Empieza ya y se realizará el trabajo.

«Pierde el tiempo hoy, y mañana será igual y pasado aún peor. Cada indecisión conlleva a sus propios retrasos, y los días se pierden, lamentando el tiempo perdido. ¿Estás decidido?, pues no dejes escapar el presente, la audacia es genialidad, poder y magia en si misma. Basta con que te comprometas y la mente se enardecerá, empieza ya y se realizará el trabajo.»

(Johann Wolfgang von Goethe)

El Ahora es el único tiempo que te permite convertirte en acción. De poco te sirve pensar en el mañana para realizar eso que tienes que hacer. Entre otras cosas, desconoces si habrá un mañana, y además, el pensar queda bastante lejos de la acción, hasta que te conviertes en ella. El pensar de más, te hace hacer menos, y no te permite actuar. Y sólo actuando, podrás transformar tus ideas en hechos reales. 

«Empieza ya y se realizará el trabajo». No hace falta que pienses en la meta o en la consecución de tu labor, lo único que tienes que hacer, es empezar con la tarea. No desaproveches nunca el tiempo presente, ya que no existe otro tiempo. Y mañana siempre será tarde. Aprovecha la oportunidad de hoy, ya es la única que tienes. Si decides malgastar el ahora, con pensamientos repetidos, es muy probable que mañana, vuelvas a repetirte, para finalmente acabar lamentándote, por todos esos días, que decidiste dejar escapar.

Pensar en que tienes que acabar algo, no te ayudará a acabarlo. En cambio, pensar en empezar y ponerte a ello, te facilitará mucho más las cosas. Y casi sin darte cuenta, el trabajo, ya estará acabado. El rechazo al compromiso es lo que provoca que tu mente se bloquee, resistiéndose a empezar. Sin embargo superada esta traba, el trabajo, sale solo. Nunca elijas la excusa, sí la oportunidad. La vida está llena de ellas. Oportunidades que siempre encontrarás en el Ahora, ni más tarde, ni mañana, sólo en el momento presente, que ya es una extraordinaria oportunidad en sí misma.

Piensa en esa última vez, en la que te sentiste totalmente inspirado. 

¿Estabas pensando en cómo hacer algo, o ya lo estabas haciendo?

La mejor inspiración, aunque pueda surgir de un pensamiento, se manifiesta siempre en la acción. Ya que la inspiración es acción, propiamente dicha. Es la proyección de tus mejores acciones. Así que para conectar con ese «Genio Audaz» y para poder hacer magia, como apuntaba Goethe, no te queda otra, mas que empezar.

Tu tendencia a procrastinar, hace que te pierdas los mejores momentos. No demores el Ahora, por inciertos tiempos futuros. No pierdas tu tiempo, piérdete en el tiempo, no hay mejor forma de aprovecharlo. Si quieres llenarte de audacia o de inspiración, tendrás que comprometerte con la tarea, y comenzarla. Te sorprenderás de lo que eres capaz, cuando empiezas algo con total determinación.

Puede que para soltar esos pensamientos, te ayude, plasmarlos en un papel. En tu cabeza no pintan nada, así que es mejor sacarlos de ahí. Desde el papel, podrás observarlos desde la distancia, obteniendo así, nuevas perspectivas que te empujen a comenzar. Así mismo, ese papel, puede ser el compromiso que necesita tu mente, para ponerte a ello. 

Deja que el genio (tú), despliegue su magia. Este sólo aparece cuando empiezas, hasta entonces, entiende que no es necesario, ya que no habita entre pensamientos, sí entre acciones. Aléjate, pues de las excusas, porque no tienes que convencer a nadie, mas que a ti.

¿Preparado, genio, para que tu magia, se convierta en tu poder más audaz?

Empieza ya, y se realizará el trabajo.
 

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La paz es la consecuencia de tu confianza.

La paz es la consecuencia de tu confianza. Porque cuando confías plenamente en ti y en las circunstancias, la paz te encuentra. Cuando estás seguro del resultado, puedes permitirte renunciar a la ansiedad. Tu seguridad atrae a tu certidumbre y esta, a tu tranquilidad. 

La paciencia también juega un papel fundamental en el proceso. Ya que el secreto de ser paciente, está en la certeza del resultado. Si piensas que todo saldrá bien, a pesar de lo que tarde en llegar, no te costará esperar por los frutos recogidos. Pues sabes que la cosecha será enriquecedora. En cambio si confías poco en el resultado y la incertidumbre, te acecha, tu impaciencia se incrementará y con ella tu intranquilidad. Si le abres la puerta a la angustia, tu paz se te escapará, por esa misma puerta.

Imagina que has plantado en tu jardín, ciertas semillas. Han pasado ya algunas semanas desde la siembra y por mucho que te asomas al terreno, no consigues ver ningún indicio de que las semillas han germinado correctamente, y de que empiezan a crecer. Impaciente, decides entonces, escarbar en la tierra y comprobar que todo va bien. Pero la intranquilidad de tu impaciencia, te hace dañar las raíces, que poco a poco estaban ya enraizando. Tu impaciencia ha detenido el proceso y desconoces si los daños ocasionados, permitirán que tus plantas crezcan debidamente.

La paz es el la consecuencia de tu confianza, y es que si interrumpes el proceso, o intentas acelerar el ritmo de las circunstancias, puedes chafar los resultados. Ya no sólo en tu jardín, si no en tu vida en general. Interferir en los procesos por tu impaciencia supone el fracaso de tu confianza. Y si no confías, tampoco podrás sentirte en paz, contigo mismo. 

«La confianza como el arte, nunca proviene de tener todas las respuestas, si no de estar abierto a todas las preguntas.»
(Earl Grey Stevens)

Es poco probable saber con exactitud la respuesta de algo antes de que ese algo suceda. Si crees conocer la respuesta y esta no se corresponde con tus expectativas, te decepcionará. Y si se corresponde, tampoco, podrá sorprenderte. Así que lo mejor que puedes hacer, es desvincularte del resultado y estar abierto a todas las respuestas. Dicho de otra forma, observar pacientemente cómo se desarrollan los hechos, con confianza.

«La fuerza es confiada por naturaleza. No existe un signo más patente de debilidad que desconfiar instintivamente de todo y de todos.»
(Arturo Graf)

La desconfianza además de hablar a cerca de tu debilidad, sobre las circunstancias, habla de tu incapacidad de poder manejar esas situaciones, que no dependen sólo de ti. No confiar en ti, es no creer en ti y si no eres capaz de creer en ti y en tu capacidad, te vuelves incapaz.

Por tanto se fiel a ti mismo, y confía en ti. No te boicotes a ti y a tus circunstancias. Porque no existe mayor acto de lealtad, que tener Fe en uno mismo. Puedes ser leal a tus ideas y a tus principios, pero si no eres leal contigo y con tu confianza, de poco te valdrán esos principios. Confía en ti primero, y después en tus principios, eso es ser leal contigo. Ya que no puedes pretender no ser leal contigo y esperar a que tus circunstancias, sí lo sean. Tendrás que demostrarle primero a esas circunstancias que pueden confiar en ti, como lo haces tú.

¿Eres leal contigo, confiando en ti?

¿Dónde encuentras la paz, si no es a través de tu confianza?

«Si no tienes confianza siempre encontrarás una forma para no ganar.»
(Carl Lewis)

Gana la partida a tu desconfianza. Confía en ti, si quieres que la paz te encuentre. Y recuerda siempre que la paz es la consecuencia de tu confianza.

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Tu sufrimiento está en tu interpretación.

La causa de tu sufrimiento está en tu interpretación. La causa de tu sufrimiento, o de cualquier malestar, o sensación desagradable que perturbe tu estado, en un momento determinado. La manera que tienes de analizar, comprender y gestionar las cosas, determina tu realidad. Tus experiencias están influenciadas por cómo interpretas, esas experiencias. 

«Cuando mi sufrimiento se incrementó, pronto me di cuenta, de que había dos maneras con las que podía responder a la situación: reaccionar con amargura o transformar el sufrimiento en una fuerza creativa. Elegí esta última.» 
(Martin Luther King) 

¿Qué haces con lo que te pasa?

Las cosas suceden, de ti depende cómo las interpretes, y por tanto, qué decides hacer con ellas. Así mismo, el análisis que utilices para interpretar lo acontecido, determinará, lo que sucederá después. La habilidad en dar respuestas acordes con lo que quieres que pase, es tu responsabilidad. Nunca te resignes, si tus primeros resultados no se adaptan a lo que realmente quieres, porque siempre podrás cambiarlos. 

«La última de las libertades humanas, es elegir nuestra propia actitud ante cualquier circunstancia.» 
(Viktor Frankl) 

Puedes optar por sentirte víctima de tus circunstancias o por el contrario, convertirte en beneficiario de tu propia realidad. Si decides ir de la mano del victimismo, este te martirizará, dejándote sin opciones, para crear algo positivo. En cambio si eliges convertirte en beneficiario de tu realidad, te rodearás  sólo, de constructivas posibilidades, que te ayudarán a eliminar tu sufrimiento. Por eso la causa de tu sufrimiento está en tu interpretación. El papel que decidas interpretar en tu realidad, es el que determinará esa realidad. Los actores son los que le dan sentido a las obras. Ya que sin actor, no hay obra.

Imagina que la vida fuese una gran obra de teatro. 

¿Qué papel te gustaría interpretar? 

¿Y qué papel sueles interpretar en tu vida real? 

Para trasformar cualquier desenlace desagradable, sólo tienes que reescribir el guión, o cambiar los personajes que aparecen en la obra. Si vuelves a escribir lo que sucede, los personajes actuarán de forma diferente. Y si cambias a los personajes, lo que sucede, parecerá diferente. Hay veces que la vida real, no te permite, cambiar los acontecimientos, sin embargo, lo que siempre puedes cambiar, es la interpretación de esos acontecimientos. Así la obra será diferente. 

¿Qué prefieres, el género de ficción, una buena comedia, o una tragedia griega?
 
El género de la obra lo decides tú. Porque la causa de tu sufrimiento está en tu interpretación. Como director, puedes elegir qué y cómo representar lo que sucede. Colaborar con unos personajes u otros, y hasta decidir el atrezzo más apropiado para decorar tus ambientes. 

«No hay papeles pequeños, solo actores pequeños.» 
(Milan Kundera)
 
Permite que tu interpretación de los hechos, te ayude a construir el desenlace que quieres para tu obra, y no el que temes. Elige el género que más te convenza, y no el más limitante para tus expectativas. Crea con conocimiento de causa, con objeto, de atraer los efectos deseados. No permitas que tu interpretación boicotee tus planes. Boicotea tú, a tu mala interpretación. 

«Las circunstancias y situaciones dan color a la vida, pero nuestra mente, es la que decide cuál va a ser ese color.» 
(John Homer Miller) 

 

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Tu incredulidad no es falta de Fe.

Tu Incredulidad no es falta de Fe, es que has puesto tu Fe en otro sitio. No se puede no creer en nada en absoluto. Tus creencias son las lentes con las que ves la realidad, y que no creas en algo en concreto, no quiere decir que no creas, en otra cosa.

«Tus creencias no están hechas de realidades, es tu realidad, la que está hecha de creencias.»
(Richar Bandler)

Por ejemplo, que no creas en ti, no es falta de Fe, si no más bien, falta de Fe, en ti. Ya que puede que no confíes en ti, sin embargo,

¿En qué sí crees, que te impide confiar en ti?

¿Dónde has depositado tu creencia, si no es en ti?

Las convicciones que tienes a cerca de la vida y de ti mismo, las has ido construyendo, casi sin darte cuenta. Algunas han sido impuestas por la sociedad o la cultura en la que vives, otras influidas por la educación y las demás, las has comprado tú, en base a tus experiencias de vida.
Y como no se puede no creer en nada, hay que creer en algo. Por tanto, lo que decides creer, anula a todo lo demás, que no se corresponda con esa creencia. Porque no se puede creer en opuestos. Esto es, si por ejemplo, no confías en ti, no puedes a la misma vez, creer en ti. O crees, o no crees. Y si no crees en ti, hay algo en lo que sí crees, que es lo que precisamente, no te permite creer en ti mismo. Por eso tu Incredulidad no es falta de Fe, si no falta de Fe, en ti.

¿Qué necesitas para creer en ti, completamente?

¿Qué tienes que demostrarte a ti mismo, para así confiar?

Hay veces en las que tendemos a depositar nuestra confianza, en circunstancias externas a nosotros. La suerte, la incertidumbre, el miedo. Muchas veces confiamos más, en estos supuestos o interpretaciones de la realidad, que en nosotros mismos. Por este motivo, no te permites creer en ti. Si te subes al tren del miedo o de la incertidumbre, no podrás coger, a la misma vez, el tren de la confianza en ti mismo. Tendrás que elegir, uno u otro. Ambos trenes tienen distintos recorridos y te llevarán a lugares diferentes. De ti depende en qué tren, prefieres montarte.

Lo interesante de todo esto, es que existen muchas paradas y estaciones. Y que hayas elegido el tren equivocado, o la creencia equivocada, no significa que tengas que permanecer en ese tren, hasta finalizar su recorrido. Puedes bajarte del vagón, o cambiar de creencia, siempre que quieras, y coger otro tren. Cambiando así de viaje y de destino. Muchas veces, hasta que no recorres algunos kilómetros en el tren equivocado, no te percatas, que ese no era el viaje que querías hacer.

«Nunca moriría por mis creencias porque podría estar equivocado.»
(Bertrand Russell)

La vida es un viaje, en tren, en avión, en coche, caminando. Durante su transcurso, te encontrarás con un sin fin de caminos que podrás recorrer, y con diferentes destinos que podrás alcanzar. Todos los transportes te podrán llevar al mismo sitio, aunque no todos ellos, te enseñarán lo mismo. Puede ser que caminando, el recorrido se haga más largo que en avión. Aunque desde el avión no podrás acercarte y conocer muchas cosas. Asimismo, hay destinos, en los que sólo podrás llegar en avión.

Desconozco qué es eso que quieres conseguir o construir. Sin embargo la creencia que elijas para lograrlo, determinará tu resultado y el tiempo que emplees en conseguirlo. Las creencias limitantes, o las que te impiden creer en ti, no propiciarán que tu viaje sea apacible y tranquilo, si no todo lo contrario. Sólo las creencias constructivas te facilitarán las cosas. Permitiéndote así, disfrutar del viaje.

«No te creas todo lo que piensas.»
(Byron Katie)

Así que piensa muy bien, en eso en lo que quieres creer. No te conformes con creencias obsoletas o de tu pasado. Cambia de tren siempre que quieras. Adapta tus creencias y nunca te adaptes a creencias manidas. Se tú, quién marque el camino, para que no sean tus creencias, las que te frenen por el camino.

Porque tú Incredulidad no es falta de Fe, si no que has puesto tu Fe en otra cosa.

«Una creencia no es simplemente una idea que la mente posee, es una idea que posee a la mente.»
(Robert Bolt)

¿Y a ti, te poseen tu creencias o eres tú quien las posees?

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Intentas avanzar pisando el freno.

¿Qué pasa cuando intentas avanzar, pisando el freno?

¿Que el coche se para?

¿Y cuando intentas acelerar con el freno de mano puesto?

Tanto si intentas avanzar, pisando el freno, como si aceleras con el freno de mano puesto, el coche se parará, impidiéndote avanzar hacia dónde quieres ir. No puedes acelerar y frenar al mismo tiempo, y si así lo haces, corres el riesgo de estropear el motor. Por lo tanto, debes decidir qué quieres hacer primero, antes de determinar hacia dónde ir, o en dónde parar. 

Aunque no puedas realizar las dos cosas a la vez. Frenar mientras avanzas, o avanzar mientras frenas. Esto no quiere decir, que sólo debas realizar una de las dos tareas. Ambas técnicas son necesarias para el correcto funcionamiento del vehículo. Y como no puedes estar frenando todo el rato, puesto que agotarás las pastillas de freno. Tampoco debes acelerar sin parar, porque te quedarás sin combustible y para repostar, hay que hacerlo con el vehículo parado. Por eso cada faena, tiene su cometido y que no se puedan realizar al mismo tiempo, no significa que ambas tareas, no se deban realizar.

Cuando un coche está parado durante mucho tiempo. A la hora de arrancarlo, no podrá arrancar. La batería se habrá descargado, imposibilitando así, encender el motor. Esto no sólo sucede con los coches. Cualquier aparato eléctrico o electrónico, se comporta de la misma manera. Ya que un uso excesivo o un escaso uso, puede acabar con la vida de cualquier dispositivo. 

¿No sucede lo mismo con tu mente, o incluso con tu cuerpo?

Si optas por disminuir tu actividad física, tu cuerpo se resentirá, ya que se irá atrofiando poco a poco. Lo mismo sucede con tu cerebro si reduces su actividad, se debilitará afectando así, a muchas de sus regiones. Mermando tu memoria, tu agilidad mental, e incluso, tu capacidad cognitiva. 

¿Y qué pasa cuando los sobre-estimulas? 

¿Que también se resienten? 

Cuando tu actividad mental es excesiva, el cerebro suele responderte con fuertes dolores de cabeza, con malestares emocionales, con desequilibrios en tus estados de ánimo, inclusive hay veces, que llega hasta a somatizar en tu propio cuerpo. Igualmente ocurre cuando hiper-estimulas tu cuerpo. El agotamiento físico se hace notar enseguida, provocando infinidad de dolencias corporales, producidas por ese exceso de actividad física, pudiendo, de la misma manera, afectar a tu mente.

Además del alimento, la energía es el combustible de tu mente y de tu cuerpo. Si te quedas desprovisto de ella, ninguno de los dos, podrán funcionar a pleno rendimiento. Por ello es muy importante que no te excedas, ni el frenado constante, ni en la aceleración prolongada. Parafraseando a Aristóteles, en el término medio está la virtud. 

Si quieres avanzar, avanza con calma y no a toda prisa. Recuerda que tendrás que parar a repostar, de vez en cuando. Ya que ni tú, ni tu coche, pueden acelerar con el depósito vacío. Tampoco frenes, mientras avanzas. Hazlo a diferentes tiempos, no al mismo tiempo. Deberás hacer varios «stops» en el camino. Y cuando tengas claro hacia dónde te quieres dirigir, no dejes que las dudas o la incertidumbre, se interpongan entre tú y tus sueños.

Suéltate del pasado, ya que lo que ocurrió en él, no importa ahora. Cada camino es diferente, como tú, que ya no eres el mismo que en el pasado. Querer avanzar, mientras te aferras al pasado, es como querer acelerar pisando el freno. 

Detente para analizar la situación y mirar el mapa. Avanza con el análisis hecho y con un nuevo plan de acción. Pero no intentes avanzar, pisando el freno, ni frenar bruscamente, mientras aceleras. Porque los derrapes pueden ser muy peligrosos y pueden sacarte del camino.

«A veces uno sabe que se va a estrellar, y acelera»
(Anónimo)

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Tus malas costumbres ya no hablan de ti.

Las malas costumbres, son las huellas de tu pasado. Caminos que una vez, te conducían hacia la libertad. Sin embargo hoy, sólo te conducen hacia ninguna parte. Aunque estás tan acostumbrado a ellos, que no sabes como soltarte. Sus cadenas, te impiden caminar y te anclan al suelo. Te mantienes encadenado a tus hábitos. Aún sabiendo que tus malas costumbres, ya no hablan de ti. 

A pesar de necesitar ciertas rutinas, para enfocar nuestro día a día. Nada es permanente. Porque el cambio es lo único que no cambia. Todas las rutinas que aprendiste en tu niñez, ya no le sirven a tu yo adulto. 

¿O sí?

Acostumbrarte a las costumbres, no te permite crecer. Ya que si no cambias la costumbre, seguirás siendo el mismo que ayer. La rutina se puede volver cansina y aburrida. La novedad en cambio, sólo puede traerte cosas nuevas. No dejes que la incertidumbre, apague el entusiasmo de la sorpresa. Si quieres que tus malas costumbres, ya no hablen de ti, tendrás que colaborar, con la mejora de tu antiguo yo. 

En realidad, ya no eres el mismo que hace un rato, o el mismo que cuando empezaste con ese mal hábito, que tanto daño te hace. Así que lo que te reporta esa costumbre obsoleta, ya no te llena como el primer día que empezaste a practicarla. De hecho, si estás leyendo esto, es muy probable, que más llenarte, te desgaste. Porque ya ni siquiera te identificas con ella. Tu yo de hoy, quiere otra cosa para ti. Aunque quizás lo que aún no te hayas planteado, es qué quieres, para ti. 

«Nada necesita más reforma, que los hábitos de la gente.» 
(Mark Twain) 

Para deshacer o reprogramar una antigua rutina, hay que practicar o programar una nueva tarea.
 
Los malos hábitos, los hay de muchos tipos. Pueden ser costumbres tóxicas como fumar o beber en exceso, aunque también, cualquier práctica que no ceses de repetir, y que te cause malestar, puedes incluirla, dentro de tus malas costumbres. 

Imagina que quieres dejar de fumar.
 
¿Recuerdas por qué empezaste a hacerlo? 

Si empezaste a una edad temprana, quizá fuera, porque el hecho de fumar, te hacía parecer mayor. O a lo mejor, comenzaste como un juego, ya que en cierto modo, pensabas que el cigarro, te aportaba prestigio. Fuera por lo que fuera, por lo que empezaste en su día, seguro que ya hoy, no es una buena razón de peso. Si no más bien, un gran peso, carente de razón. Has tenido que cambiar el motivo, para poder seguir manteniendo el hábito. Lo que demuestra, que si lo vuelves a cambiar, también podrás deshacerte de él.

Las relaciones tóxicas, por ejemplo, también forman parte de los malos hábitos. Y es que al comienzo de dicha relación, lo que esta te aportaba, probablemente tenía sentido. Aunque poco a poco fue degenerando, hasta no aportarte nada. No esperes a recibir lo que te reportaba al principio. Como antes apuntaba, nada es temporal. Además tú ya no eres el mismo, por lo tanto, no necesitas lo mismo. 

Hay veces, que este tipo de insanas relaciones, se encuentran dentro de nuestra propia familia. Es difícil aceptar que un pariente, es tóxico para nuestro bienestar. También podemos aprender mucho de ellos, aunque si lo único que hacen es desgastar nuestra energía y perturbar nuestro estado de ánimo, lo que primero debemos aprender, es a estar sin ellos. 

Recuerda que tus malas costumbres, ya no hablan de ti. Sólo hablan de una parte de tu pasado. Y tú ya no eres tu pasado. No cambies de razón, para poder mantener el hábito. Si cambias  el motivo, que sea para deshacerte de él, no para repetirte. Localiza la llave y despréndete de las cadenas que te anclan al hábito. No permitas que sea tu pasado, quién reine en tu presente. Porque si tu yo real no opera en tu presente, tampoco podrá hacerlo en tu futuro. 

«Un cambio en los malos hábitos, conduce a un cambio de vida.» 
(Jenny Craig) 

Porque tus malas costumbres, ya no hablan de ti.

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