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¿Construyes muros o abres puertas?

¿Construyes muros o abres puertas?

La puerta antes de ser una puerta, fue muro. Que alguien derribó para construir una puerta.

El muro te hace sentir pequeño, la puerta, inmenso.
La puerta escribe, el muro borra.
El muro te oculta. La puerta destapa. 
La puerta te lleva a descubrir nuevos lugares, el muro te mantiene en el mismo lugar.

El muro te encierra, la puerta te expande.
La puerta alimenta, el muro te mata de hambre. 
El muro no te deja ver. La puerta, te abre los ojos.
La puerta se abre, el muro te cierra. 

El muro te incapacita. La puerta, te lo permite.
La puerta es el sueño del muro. El muro, la pesadilla de la puerta.
Mientras el muro sueña, la puerta crea. 
El muro te mantiene estático, la puerta propicia que te muevas.

La puerta te enseña lo nuevo. El muro te esconde en lo viejo.
El muro aunque esté cerca, te mantiene lejos. La puerta aunque esté lejos, te mantiene cerca.
La puerta es llegar, el muro, quedarse.
El muro se calla, la puerta te habla.

La puerta te conduce, el muro te para. 
El muro te axfisia. Con la puerta abierta, respiras.
El muro separa, la puerta une.
La puerta te acerca a la luz, el muro te la quita.

El muro es rígido y compacto. La puerta, libre.
El muro es apego. La puerta te salva.
El muro es miedo. La puerta, vida.
Cuando derribas el muro del miedo, la puerta de la vida se abre.

¿A qué esperas para traspasarla y vivir? 

¿Y tú, construyes muros o abres puertas? 

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No construyas los efectos antes que la causa.

No construyas los efectos antes que la causa. Desvincúlate de los efectos de tus acciones, si no quieres que tus pensamientos contaminen el resultado. 

«Una causa futura aún no tiene efectos.»
(Un Curso de Milagros)

Porque si te empeñas en pensar cuál será el resultado de tus acciones, aún sin haberlas llevado a cabo, te distraerás de la causa. Enfocar sólo hacia el resultado, no te permitirá sacar todo tu potencial en la acción que tienes entre manos. Ya que tu foco está en otro sitio, en el efecto de tus acciones. Desatender la causa, por adelantarse al resultado, puede llevarte incluso a renunciar a ella. Si los pensamientos que empleas para predecir las consecuencias, son positivos, puede que te animes a emprender acción, en cambio, si no lo son, desestimarás la causa, sin tan si quiera haberlo intentado.

No construyas los efectos antes que la causa, ni desperdicies energía antes de tiempo. La energía que gastas en pensar cómo será el resultado de tus acciones, la deberías redirigir en planear meticulosamente esas acciones.

«La persona que persigue dos conejos, no atrapará ninguno.»
(Confucio)

Imagina que eres tú, esa persona que persigue a dos conejos. Uno de los conejos representará a la acción que quieres emprender para conseguir algo. El segundo conejo, representará al resultado de tu acción. O dicho de otra forma, al efecto de tu causa. 

Para no contradecir a Confucio y a su sabio consejo. 

¿A qué conejo crees que deberías perseguir primero?

Piensa que tu atención sólo la podrás dirigir hacia uno de los dos conejos. A no ser que no quieras atrapar ninguno. Si prestas atención sólo a los resultados, desatenderás a la acción y si prestas atención sólo a la acción,

¿Desatenderás a los resultados?

Cuando emprendes cualquier acción importante en tu vida, es evidente que tienes una intención clara, de porqué y el para qué lo haces. En cierto modo, la intención habla entre líneas de los resultados. Y es que una cosa es hablar entre líneas y otra muy distinta, es desatender la acción que te puede llevar a conseguir esos resultados. Porque desatender es no atender y si no atiendes al medio que te ayuda a conseguir el fin, el fin no se dejará atrapar así como así. 

Vuelvo al ejemplo de los conejos de Confucio. Si el medio que empleas para atrapar a uno de los dos conejos, o a uno de esos dos fines, fuese una zanahoria. 

¿Crees que una zanahoria en mal estado, sería lo suficientemente atractiva para atrapar a ese conejo?

¿Crees que una acción mal planificada, sería un buen medio para alcanzar un buen resultado?

Todo a su debido tiempo. No te adelantes al resultado, sin haber planificado debidamente la causa. No construyas los efectos antes que la causa. Porque eso te puede llevar hacia otros resultados, bien distintos a los esperados. Si sólo te preocupas por el cebo del conejo que representa a los resultados y dejas que el otro conejo se quede sin comer, habrás cambiado sin querer, la intención principal de la causa. Y convirtiendo el efecto en causa, también cambiarás el resultado.

«No se puede desatar un nudo, sin saber cómo está hecho.»
(Aristóteles)

Si no planificas antes de desatar(causa) y sólo te obcecas en quitar el nudo(efecto). Aunque consigas deshacer el nudo, es muy probable que se vuelva a anudar.

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Para que tu cuerpo disfrute.

El disfrute o el disfrutar, se produce en la mente del que disfruta. Sin embargo, se siente también en el cuerpo. Por lo tanto, para que tu cuerpo disfrute, tu mente también tiene que disfrutar. Ambos se retroalimentan. Son partes necesarias e imprescindibles para que el proceso del disfrute, sea completo. Una mente cansada, se refleja en un cuerpo cansado. De la misma manera, que un cuerpo activado, reactiva la mente.

La actividad física contribuye favorablemente, a mejorar la calidad de la experiencia, y por ende, lo que percibes de ella. No obstante, no es la propia tarea la que provoca el disfrute. Si no cómo llevas a cabo esa actividad y el para qué, lo haces. De poco sirve, que practiques ejercicio, porque está de moda, o porque crees que es saludable, si no te apetece hacerlo, lo más mínimo. Ya que tu mente tardará más pronto que tarde, en desanimarte, a continuar con la obligación. Tu cerebro necesita una razón de peso, que te mueva y te motive. Y malgastar energía, porque si, no es una buena razón. Por eso para que tu cuerpo disfrute, tu mente también tiene que disfrutar. 

El orden de los factores, en muchos casos, sí que altera el producto. Así es que, en este ámbito concreto, en el del disfrutar, no podía ser de otra forma. Hay que puntualizar que para que el cuerpo sienta bienestar, debe encontrarse en consonancia con la mente. Si tu cerebro no está en calma, tampoco tranquilizará, a los músculos, ni a los órganos de tu cuerpo. Te privará entonces, de disfrutar. 

Tus pensamientos, motivaciones y sentimientos, también deberán fluir en armonía, con tus movimientos. Es cierto, que a través de la acción, tu mente podrá distraerse y disfrutar momentáneamente de la tarea. Pero en cuanto tu cuerpo deje de moverse. Tu mente, volverá a los orígenes de su intranquilidad. Te causará hastío de inmediato. Por ello, tendrás que educar y ordenar antes la mente, si no quieres que ambos, cuerpo y mente, se desorden.

Existen muchos tipos de actividades que puedes llevar a cabo, para que no atrofiar tu cuerpo. Ni tu cuerpo, ni tu mente, porque como antes comentaba, es la mente quién mueve al cuerpo. Es decir que si una parte de tu cuerpo se atrofia, también lo hará esa parte de tu mente, que lo mueve. Por eso es tan importante, que tu cerebro y tus músculos, trabajen en equipo y se muevan en la misma dirección. Porque los dos, deben disfrutar juntos. 

«No puedes disfrutar de la vida si no alimentas tu cuerpo.»
(Tracey Gold)

No puedes disfrutar de la vida si no alimentas tu cuerpo, y tu mente a la vez. Si sólo cultivas una parte di ti, la otra se morirá de hambre, y tú entrarás en desequilibrio. El alimento no sólo repercute en el cuerpo, también la mente necesita de él para sobrevivir. Si te alimentas mal, tu mente se resentirá tanto como tu cuerpo. Como si mejoras tu alimentación, no sólo te lo agradecerá tu cuerpo, también tu mente. En todos los aspectos de tu vida, no puedes priorizar sólo una parte en detrimento de otra. Existen muchos tipos de alimentos. Los que nutren tu cuerpo, y los que «te llenan» en favor de tu evolución personal. Ambos son igual de importantes para tu vida. Si des-atiendes cualquier parte de un todo(tú), el todo al completo(tú), lo sentirá.

«Cuánto disfrutas de tu vida, es más importante que cuánto tienes en tu vida.»
(Dr TPChia)

Vivir momentos de calidad, y no sólo muchos momentos. Los momentos de calidad con una mente cansada o con un cuerpo cansado, ya no son de calidad. Disfrutar a medias, te impide construir tus mejores experiencias. Fomenta tu equilibrio. Y para eso, tendrás que encontrar la armonía entre tu cuerpo y tu mente. Porque para que tu cuerpo disfrute, tu mente también tiene que disfrutar. 

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Cuestiona también tus dudas.

Cuestiona también tus dudas si no quieres que sean ellas, las que te cuestionen a ti. La verdad no necesita de tu atención, en cambio tus dudas sí. Y si atiendes a tus dudas, desatendiendo la verdad, te perderás en la realidad. 

«Las dudas son nuestros traidores.»(Shakespeare)

Parafraseando a Shakespeare, si las dudas son nuestros traidores, ¡destierra a los judas!. No contestes sus preguntas. Ignora lo que te cuestionan, porque cuanto más los atiendas, más querrán saber, y más cosas te cuestionarán. Si alimentas las dudas, estas se harán más grandes que tu verdad. Mientras que tú verdad, si es desatendida, se morirá de hambre. Alimenta la parte que quieres que florezca, no la que te traiciona. Porque si abogas por la traición, disculpas la deslealtad y si defiendes la deslealtad, no podrás ser fiel a ti mismo. Así que cuestiona también tus dudas. Tus dudas hacia ti mismo, y hacia los demás, que al fin y al cabo, no dejan de ser tuyas también esas dudas. 

¿Existen las dudas mientras sueñas?

¿Te cuestionas en tus sueños, por ejemplo, si puedes volar?

En los sueños careces de limitaciones. Todo es posible en ellos. Ya que no te cuestionas nada. Ni si quiera te lo llegas a plantear. Y cuando quieres hacer algo, lo haces. Como por ejemplo, volar. Alzas el vuelo sin poner en duda si sabrás hacerlo, simplemente, lo haces. En cambio durante la vigilia, sí que te lo planteas. A través de este planteamiento, aparecen tus primeras dudas. Al cuestionarte si podrás hacer, o no lo que quieres, dejas de permitírtelo, y es entonces cuando no lo haces. Es tu parte consciente la que duda, tu mente. La que porta todo el conocimiento que has ido adquiriendo a lo largo de los años. No tu inconsciente, que es el que crea y sueña. Por eso no aparecen las dudas en tus sueños.

No quiero decir con esto, que debas hacer las cosas a la loco y sin analizar la situación, primero. Sin embargo si analizas la situación, a fondo, es para renunciar a tus vacilaciones. Ya que si después del análisis, sientes más dudas que al principio, es porque ese análisis, no lo has confeccionado tú, si no tus dudas. 

¿Eres capaz de distinguir entre lo que sabes y lo que crees?

Aunque te puedan comunicar un saber o un conocimiento, en realidad, no te lo pueden llegar transmitir o transferir, del todo, hasta que no lo integres en tu experiencia. Necesitas experimentarlo por ti mismo, para poder convertirlo en tu verdad. Cuando esto sucede, cuando lo experimentas en ti y ya pasa a formar parte de tu verdad, desaparecen las dudas.

Por ejemplo, una vez que hayas aprendido a nadar, nadie podrá demostrarte que es imposible hacerlo. Por eso, experimentarlo por ti mismo, es la única forma de integrar ese conocimiento. Quizás antes de probar la natación, tuvieras la creencia, de que era imposible flotar. Pero una vez, superada esa creencia, te diste cuenta de que estabas equivocado, en el preciso momento, en el que te dejaste llevar por la experiencia.

«De nuestros miedos, nacen nuestros corajes, y en nuestras dudas, viven nuestras certezas.»
(Eduardo Galiano)

Las creencias siempre van acompañadas de dudas, que son las que te limitan y las que traicionan, engañándote. En cambio los conocimientos te dan poder, para convertir la verdad, en tu experiencia. Y una vez, convertidas tus dudas en verdad, o tus creencias en conocimiento, te percatas, que como las creencias son transitorias, el saber es eterno.

Cuestiona también tus dudas, para acceder a la verdad. Porque hasta que no la experimentes por tu mismo, no podrás sustituir tus creencias por el conocimiento eterno. No te dejes limitar por tus dudas, limítate a dudar de ellas. Libérate de las dudas cómo lo hacen tus sueños. Así que sueña más y duda menos. 

«Me liberé de mis dudas, recordando que hay una razón válida, para todo lo que sucede.» (Wayne Dyer)

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El entusiasmo no te abandona mientras sueñas.

El entusiasmo no te abandona mientras sueñas. Si te acuestas entusiasmado, asimismo te levantarás.

Te sientes imparable. 
Lleno de dicha y muy poderoso. 
Nada ni nadie puede perturbar tu estado entusiasmado. 
Eres tú el contagio y el que contagia, mientras te vuelves inmune, a toda enfermedad. 
El júbilo causa tu risa, y esta, la de todos los demás. 
Abrazas lo que te encuentras, y te abrazan cuando te encuentran.
Irradias luz. 
Todo te parece bien. 
Admiras todo y todos te admiran a ti. 
Lo imposible, es tan sólo una palabra sin significado, en tu diccionario. 
Amas la vida con fervor. 
Tu pasión te empuja vehementemente. 
Estás en paz. Descansas en ella. 

¿Reconoces ese sentimiento?

La exaltación de tu estado de ánimo, producida cuando te sientes cautivado por algo. Esa admiración que te llena y te alimenta, sin ocupar tu estómago en absoluto, mas sí tu Alma. 

¿Reconoces la satisfacción de tu entusiasmo?

«La capacidad de entusiasmo es signo de salud espiritual.»
(Gregorio Marañón)

«El éxito consiste en ir de fracaso en fracaso, sin perder el entusiasmo.»
(Winston Churchill)

«Prefiero los errores del entusiasmo a la indiferencia de la sabiduría.»
(Anatole France)

La etimología siempre ha sido una de mis grandes pasiones. Quizá sea, porque creo que en los orígenes, se encuentra la verdad, esperando a ser conquistada, y eso me «entusiasma» tremendamente. La palabra entusiasmo viene del griego, «enthusiasmus», que significa tener un Dios dentro de si. Una definición con significado «Divino». 

¿Quién no te abandona mientras sueñas, el entusiamo, o lo «Divino»?

Y es que desde el entusiamo, cualquier «creación» es posible. Independientemente de los resultados. Ya que estos pasan a segundo plano. Es el sentimiento el que lo inunda todo. Los efectos o las consecuencias, no tienen importancia, porque lo relevante es la emoción, con la que llevas a cabo esas causas. Lo que consigues a través del entusiasmo, siempre te entusiasma. 

¿Qué tiene de especial este sentimiento «Divino»?

Los sentimientos no suelen caminar solos y en este caso, lo acompañan por un lado, la sorpresa y por otro, la curiosidad. Formando juntos, un gran equipo. Tanto la sorpresa, como la curiosidad, no esperan nada. Aunque en realidad, lo esperen todo, por no permitirse esperar. Abrazan lo que sea que tenga que venir, como regalo «caído del cielo». 

Otra cosa que tienen en común tanto la sorpresa, como la curiosidad, es que están libres de juicios. No juzgan, ni etiquetan las cosas como buenas o malas. Simplemente las aceptan sin más. Esto es lo que hace, que formen el equipo perfecto, para caminar de la mano del entusiasmo. Los juicios sentencian, como cualquier opinión cargada de creencias. Limitan, y no te permiten ver más allá de tus propias convicciones. En cambio el entusiasmo, acoge todas las opiniones, mientras se deleita con ellas. Arranca las etiquetas, disfrutando así, de la magia de las infinitas posibilidades.

¿Dirías que Hoy estás cerca, o lejos de sentirte entusiasmado?

¿Y si empleas tu cuerpo como instrumento?

Cada emoción o sentimiento, viene acompañado de una postura corporal concreta. Si no sientes químicamente el entusiasmo, haz que sea tu cuerpo el que le recuerde a tu mente, cómo es sentirte así. Esto es, convierte a tu cuerpo en el instrumento de tu entusiasmo. Haz como si estuvieras entusiasmado, imitando las mismas expresiones, movimientos y posturas corporales de cuando te sientes en ese estado. Así permitirás activar poco a poco los programas mentales de tu entusiasmo. La intensidad de la emoción será menor que cuando tu cerebro activa dichos programas por si mismo. Aunque en la repetición, está la clave. Repite, las veces que necesites, hasta encontrar el estado deseado. Activa tu cerebro, a través de tu cuerpo. Esto resulta igual de eficaz, para cualquier emoción o sentimiento que desees atraer. 

«El secreto de la genialidad es el de conservar el espíritu del niño hasta la vejez, lo cual quiere decir, nunca perder el entusiasmo.» 
(Aldous Huxley)

No te hagas el mayor antes de tiempo. El entusiasmo no te abandona mientras sueñas, tampoco mientras vives, si tú no quieres.

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¿Qué deseo duerme en tus sueños?

De entre todos tus deseos, ¿qué deseo duerme en tus sueños, plácidamente?.

Porque como ya te habrás dado cuenta no se puede no desear nada. De hecho, el rechazar los deseos, o el no querer desear nada, ya es desear algo. Así es que,

¿Qué deseas que te hace soñar despierto, o perder el sueño?

«Los sueños son los retoños de las realidades.»
(James Allen)

Todo lo que existe ha sido soñado, o imaginado primero. El reino de los sueños es mágico, dónde se crea la vida. En cada uno de nosotros existe una capacidad ilimitada para la creación. Asimismo estamos aquí, gracias a la creación. Fuimos creados y en respuesta de agradecimiento, no podemos dejar de crear. A través del pensamiento, creamos sentimientos, con nuestros sentimientos, damos forma a nuestra conducta, creando nuestras acciones. Somos seres creadores y nuestro don, es el crear, a veces hasta sin darnos cuenta. Es algo que no podemos evitar.

«El vasto océano, duerme en los sueños de una tortuga».

Imagina que tras romper el cascarón del huevo, un grupo de tortugas, comienza su viaje instintivo para alcanzar el mar. Durante el trayecto, una de las tortugas se despista por un momento, y pierde al grupo. La noche es fría y confusa. El miedo la invade y en vez de dejarse llevar por sus instintos, atiende al miedo de su soledad y decide esconderse bajo un pequeño matorral que hay en la playa.

El amanecer la sorprende y con él, los gritos de varios niños que juegan cerca del matorral. Sin poder resistirse, es capturada por uno de los niños. Este se la lleva a casa y decide adoptarla como mascota. A pesar del desconcierto inicial, la tortuga consigue adaptarse al nuevo entorno artificial y a todos los cuidados que recibe. Una parte de ella se siente tremendamente agradecida con su nueva familia humana. Sin embargo existe otra parte, mucho más instintiva que ansía poder alcanzar el mar y reunirse con su hermanas.

Y es que el vasto océano duerme en los sueños de esa tortuga. A pesar de lo confortable que es su nuevo entorno y de toda la atención que recibe, siente que le falta algo. Es feliz sólo a ratos y su carácter se vuelve más arisco. Muerde cada vez con más frecuencia y se intenta escapar siempre que puede.

¿Qué pasaría si te dijera que la historia de esa tortuga, es en realidad tu historia?

Puede ser que el vasto océano no duerma en tus sueños, sin embargo me apuesto lo que sea, que sí que existe un deseo que duerme en ellos. Un sueño a medias o sin terminar, que espera impaciente a despertarte del sueño y convertirse en realidad.

¿Qué deseo duerme en tus sueños?

No permitas que tu forma de vida y tu razón por la que vives, no caminen en la misma dirección. No sacrifiques tu razón, solo por la forma que conoces. Los deseos no correspondidos, crean sueños rotos, que se convierten en las peores pesadillas. Porque la carga de tu insatisfacción, crea un tremendo desequilibrio en la única vida que posees.

Esta falta de equilibrio entre tus sueños y tus hábitos, no sólo te afecta a ti, si no a todas las relaciones de tu vida. Hasta que no consigas alinear tus pensamientos con tus sueños o con tus deseos, estos no te dejarán en paz y no podrás encontrar la plena armonía.

Puede ser que hasta llegues a morder como la tortuga de la historia. No porque quieras el conflicto en tu vida, si no porque dentro de ti, estás en conflicto. Pues lo que vives no se corresponde con lo que deseas o sueñas. Para eso deberás encontrar el equilibro entre tu energía creativa y tus pensamientos, para que coincidan con tus sueños. Ya que son esos pensamientos actuales, los que no se adaptan a tus deseos. Adapta tus pensamientos, pero no te adaptes a tus pensamientos. Crea en conjunto con tus deseos, para alcanzar tus sueños.

«Tienes que soñar, antes de que tus sueños se hagan realidad.»
(Abdul Kalam)

Y ante cualquier atisbo de frustración o insatisfacción en tu vida, nunca dejes de preguntar:

¿Qué deseo duerme en tus sueños?

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¿Crees en la gente o en sus creencias?

¿Crees en la gente o en sus creencias?

Creer en la gente, es creer en ella, independientemente de cuáles sean sus creencias. Aunque la mayor parte de las veces, tendemos a no creer en la persona, porque no nos identificamos con sus creencias. Dejamos de confiar, ya que sus convicciones no son las mismas que las nuestras. Sin olvidar que la persona, es mucho más, que eso en lo que cree. 

¿Qué te molesta más, que no le den la razón a tus creencias, o que no compartan tu misma perspectiva? 

A lo largo de los años, y tras muchos enfados, en vano, he aprendido una de mis mayores lecciones de vida. Que no es otra, mas que si te relacionas con gente que no tiene tu misma perspectiva, aprendes mucho más, que si sólo te relacionas con aquellos que comparten tu misma visión. Si sólo te relacionas con los que piensan y creen en las mismas cosas que tú, nada nuevo aprenderás de la vida. Porque tu visión en vez de ensancharse, mirará siempre hacia el mismo sitio, observando las mismas cosas. 

Sin embargo, para estar cómodo entre creencias contrarias a las tuyas, lo primero que hay que permitirse, es renunciar, a dos férreas necesidades. La primera de ellas es la «egoica» necesidad de que te den la razón; y la segunda, la susceptible necesidad de aprobación. Si eliminas de tu lista de requisitos, ambas necesidades, te puedo asegurar que comenzarás a disfrutar al cien por cien, de todas tus relaciones. Ya que si esperas a que todo el mundo apruebe tus creencias, por el motivo que sea, el control de tu vida, no lo llevas tú, si no tus creencias. Y es que tú además de creer, también Eres, por encima de todo. 

Adapta tus creencias, pero nunca te adaptes a ellas. 

«Si podéis amarme por lo que soy, seremos más felices.» 
(Ralph Waldo Emerson) 

Seguro que más de una vez te has enzarzado en más de una discusión, ocasionada por un conflicto de creencias. Con algún amigo, familiar, compañero de trabajo.

¿Recuerdas el último?
 
¿Qué pretendías conseguir? 

¿Hacerte entender, que te dieran la razón, que aprobaran tu opinión?
 
¿Y lo conseguiste? 

Desde el conflicto, no puedes solucionar o resolver el problema. Mientras te mantengas asociado y dentro de él, gastarás toda tu energía en el conflicto, sin embargo no lo resolverás, porque tu atención en realidad, no está enfocada en resolver el problema, si no en que el otro apruebe tu creencia. Sólo cuando te disocias de él y lo percibes desde fuera, y no como un problema, si no simplemente como lo que es, otra opinión. Podrás ampliar tu visión y con ella tu perspectiva de la situación. 

Las creencias de los demás no atacan a tus propias creencias. Aunque tú lo interpretes así. Simplemente te recuerdan que las infinitas posibilidades están por todos lados. De todas ellas, puedes aprender y descubrir algo, que ni si quiera te habías planteado. 

¿Crees en la gente o en sus creencias?

«No desprecies a nadie, hasta un átomo hace sombra.» 
(Publio Siro) 

Enfrascarse en el conflicto, sólo te traerá más conflicto. En cambio, aprender de las opiniones de los demás, enriquecerá tus experiencias y te traerá la paz. 

Como antes apuntaba, las personas son mucho más que sus creencias. Que sus convicciones no se correspondan con las tuyas, no significa, que sus intenciones, sí lo hagan. Todos estamos aquí para ser felices y sentirnos en paz. 

Aunque te cueste creerlo, existen muchos más caminos que los que tú conoces, para alcanzar lo que todos anhelamos. Aceptar las creencias de los demás, al fin y al cabo, es permitir que avancen por el camino que ellos consideren. Aunque todos los caminos lleven a Roma, no todos quieren llegar a Roma, por el mismo camino. Asimismo, tampoco tienen porque hacerlo. No a todos nos gustan los mismos paisajes o las mismas temperaturas. Sin embargo lo que a todos nos gusta, es que nos acepten, por lo que somos y no por lo que creemos. 

¿Y tú, crees en la gente o en sus creencias? 

«Si juzgas a la gente, no tienes tiempo para amarla.» 
(Teresa de Calcuta) 

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Te tratan como tú te tratas.

Te tratan como tú te tratas. Actúan contigo como tú actúas contigo. Si tú te tratas bien, te tratarán bien. En cambio si te tratas mal, así te tratarán. Con tus actitudes, le enseñas a los demás cómo deben tratarte. Si operas desde la debilidad, los demás entenderán tu debilidad, como la mejor manera para relacionarse contigo. Aunque si operas de desde la fortaleza, se relacionarán con tu fortaleza.

Tus creencias determinan tus acciones y por ende, tus resultados. Si crees que eres débil o poco merecedor, es porque ya te has convencido de ello. Si colocas tus expectativas en tu incapacidad y en tu falta de merecimiento, no tendrás más remedio, que actuar en consonancia, es decir, como alguien débil, que no se lo merece. Todo lo que crees a cerca de ti mismo, te hace comportarte, en base a lo que crees. Por ejemplo, si crees que eres un tonto, actuarás como tal. Y los demás, también se lo creerán. Porque te tratan como tú te tratas. 

La fortaleza, no significa tener fuerza o hacerlo por la fuerza. Significa ser fuerte internamente, independientemente de tu fuerza física y de lo que suceda a tu alrededor. Si crees que eres fuerte, también creerás que eres valioso y eficiente. En cambio si crees que eres débil, te etiquetas automáticamente como víctima de la circunstancias, renunciando también a tu valía. Y es que no se puede ser fuerte y débil al mismo tiempo. La fortaleza anula la debilidad y tu debilidad, anula tu fortaleza. Una creencia anula a la otra. Por eso es tan importante la creencia con la que te identificas. 

La experiencia es siempre el mejor antídoto, para hacerte cambiar de opinión. Enfrentarte a tu creencia limitante con nuevas herramientas o recursos, es la única manera, de cambiar esa convicción destructiva, por otra más constructiva. Como nadie te enseñó a tener miedo, nadie podrá enseñarte a no tenerlo. Tú aprendiste la lección del miedo y te convenciste de ello. Así que tendrás que ser tú también, el que aprendas, a no tener miedo.

¿Cómo? 

Enfrentándote al miedo. Hasta que te demuestres y te vuelvas a convencer de que ya no lo tienes. 

«Me lo contaron y lo olvidé. Lo vi y lo entendí. Lo hice y lo aprendí.» 
(Confucio) 

Hasta que no te enfrentes a la experiencia y aprendas de ella por ti mismo, no habrá cambiado nada. Ya que la experiencia y lo que crees a cerca de ella, seguirá intacta, porque tú no la has cambiado. Te corresponde a ti, hacer el cambio. Nadie puede hacerlo, mas que tú. Por eso, hasta que no adoptes nuevas creencias y las practiques, no cambiará tu experiencia.

«El coraje cambia el aspecto de todo.»
(Ralph Waldo Emerson) 

Y será en ese momento, en el que cambies tu experiencia, a través de tus nuevas creencias, cuando comienzas a tratarte, como mereces. Provocando así, que también los demás, te traten como tú te tratas.

«No es porque las cosas sean difíciles, que no nos atrevemos. Mas bien las hacemos difíciles, cuando no nos atrevemos.»
(Séneca)

No busques la excusa, encuentra la oportunidad y cambia tus creencias, a través de tus experiencias. Porque siempre te tratan como tú te tratas. 

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Cuando te comparas te niegas.

Cuando te comparas, te niegas, sin darte cuenta. Niegas tu carácter único, tu genialidad individual, tu especialidad y tus originales maneras. Rechazar tu singularidad, te convierte tan sólo, en un puesto del montón. Y tú eres mucho más que un simple puesto. Tu labor no admite parecidos, porque tu labor eres tú, y como tú, nadie puede hacer tu labor.

«Tenemos que compararnos con nosotros mismos.»
(Celia Antonino)

Casi toda nuestra trayectoria, en relación con nuestra educación, se ha servido del método de la comparación. En el colegio, en casa, con nuestros amigos, en el trabajo. Las evaluaciones y las calificaciones nos otorgan un asiento determinado que nos confronta con el resto de puestos. Siempre habrá alguien por encima y alguien por debajo, con el que poder competir por el sitio más alto. Por tanto, si entiendes la comparación como una competición con otros, en vez de contigo mismo. Cuando te comparas, te niegas.

«Las comparaciones son odiosas». Odiosas, porque implican hacer de menos, a una de las partes comparadas. Ya que si uno de los participantes en la comparación es mejor, el otro, tiene que ser peor. Sin embargo no hay mejores, ni peores. La única comparación válida, es la que haces contigo. Tu mejor versión no tiene comparación con nadie. Nadie puede ser tú mejor versión, más que tú.

Compararte no te conduce hacia tu auto-conocimiento. Porque cuando te comparas, te niegas. Y si te niegas, no te puedes aceptar. Compararte te conduce a conocer partes de los demás, no de ti. Buscar la aprobación en el exterior, no te ayudará a entenderte, ni a aceptar tu especialidad. Cuando te comparas, te empujas a ti mismo, a encajar en un sitio, que no tiene porqué ser tu lugar.

La libertad o tu libertad, está libre de comparaciones. Compararse con alguien, limita tus capacidades individuales. No permite desatar al genio que llevas dentro. No te permite ser tú. Y no hay nadie más parecido a ti, que tú mismo. Ahí se encuentra tu singularidad.

Comparto este poema de Ogden Nash, titulado, «A ellos me parezco»:

«Cuando pienso en los hombre de rico talento,
me siento complacido a mi introvertida manera,
cuando al hacer balance descubro,
cuánto tenemos en común, ellos y yo.

Como Burns tengo debilidad por la botella.
Como Shakespeare, se poco latín y menos griego.
Me muerdo las uñas como Aristóteles.
Como Thackeray soy un poco esnob.

Padezco la vanidad de Byron.
He heredado el resentimiento de Pope.
Como Petrarca me embobo por una sirena.
Como Milton, tiendo a estar abatido.

Mi lenguaje recuerda al de Chaucer.
Como Johnson, no deseo morir.
(también me bebo el café del plato)
Si Goldsmith parecía un loro, yo también.

Como Villon, tengo deudas a montones.
Como Swinburne, creo que necesito una enfermera.
Como jugador empedernido, superó a Christopher Marlowe.
Y sueño tanto como Coleridge, sólo que peor.

Al compararme con hombres de rico talento,
soy todo cuanto un hombre de talento debería ser,
me parezco a cada genio en sus vicios,
por detestables que estos sean,
sin embargo escribo muy parecido a mi.»

Y es que dependiendo del uso que hagamos de las comparaciones, estas se pueden volver mucho más odiosas. Este poema, creo que refleja esto perfectamente. Además de las magníficas y satíricas maneras del autor, para compararse con los hombres de talento, en sus vicios. Es decir, para compararse con lo peor que tienen los mencionados hombres de talento. El último de sus versos: «sin embargo escribo muy parecido a mi», nos enseña, a su genio. A su personalidad única, que le hace tan especial.

Ya que la comparación puede ser empleada, para cotejar o comparar lo mejor de cada uno, o lo peor. Para comparar con lo que ya cuentas, o con lo que te falta. Aunque no olvides que cuando te comparas, te niegas. A ti y a tu libertad. Y si no te permites ser libre, no te permites ser tú. Respeta tu genialidad individual.

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