Cuestiona también tus dudas.

Cuestiona también tus dudas si no quieres que sean ellas, las que te cuestionen a ti. La verdad no necesita de tu atención, en cambio tus dudas sí. Y si atiendes a tus dudas, desatendiendo la verdad, te perderás en la realidad. 

«Las dudas son nuestros traidores.»(Shakespeare)

Parafraseando a Shakespeare, si las dudas son nuestros traidores, ¡destierra a los judas!. No contestes sus preguntas. Ignora lo que te cuestionan, porque cuanto más los atiendas, más querrán saber, y más cosas te cuestionarán. Si alimentas las dudas, estas se harán más grandes que tu verdad. Mientras que tú verdad, si es desatendida, se morirá de hambre. Alimenta la parte que quieres que florezca, no la que te traiciona. Porque si abogas por la traición, disculpas la deslealtad y si defiendes la deslealtad, no podrás ser fiel a ti mismo. Así que cuestiona también tus dudas. Tus dudas hacia ti mismo, y hacia los demás, que al fin y al cabo, no dejan de ser tuyas también esas dudas. 

¿Existen las dudas mientras sueñas?

¿Te cuestionas en tus sueños, por ejemplo, si puedes volar?

En los sueños careces de limitaciones. Todo es posible en ellos. Ya que no te cuestionas nada. Ni si quiera te lo llegas a plantear. Y cuando quieres hacer algo, lo haces. Como por ejemplo, volar. Alzas el vuelo sin poner en duda si sabrás hacerlo, simplemente, lo haces. En cambio durante la vigilia, sí que te lo planteas. A través de este planteamiento, aparecen tus primeras dudas. Al cuestionarte si podrás hacer, o no lo que quieres, dejas de permitírtelo, y es entonces cuando no lo haces. Es tu parte consciente la que duda, tu mente. La que porta todo el conocimiento que has ido adquiriendo a lo largo de los años. No tu inconsciente, que es el que crea y sueña. Por eso no aparecen las dudas en tus sueños.

No quiero decir con esto, que debas hacer las cosas a la loco y sin analizar la situación, primero. Sin embargo si analizas la situación, a fondo, es para renunciar a tus vacilaciones. Ya que si después del análisis, sientes más dudas que al principio, es porque ese análisis, no lo has confeccionado tú, si no tus dudas. 

¿Eres capaz de distinguir entre lo que sabes y lo que crees?

Aunque te puedan comunicar un saber o un conocimiento, en realidad, no te lo pueden llegar transmitir o transferir, del todo, hasta que no lo integres en tu experiencia. Necesitas experimentarlo por ti mismo, para poder convertirlo en tu verdad. Cuando esto sucede, cuando lo experimentas en ti y ya pasa a formar parte de tu verdad, desaparecen las dudas.

Por ejemplo, una vez que hayas aprendido a nadar, nadie podrá demostrarte que es imposible hacerlo. Por eso, experimentarlo por ti mismo, es la única forma de integrar ese conocimiento. Quizás antes de probar la natación, tuvieras la creencia, de que era imposible flotar. Pero una vez, superada esa creencia, te diste cuenta de que estabas equivocado, en el preciso momento, en el que te dejaste llevar por la experiencia.

«De nuestros miedos, nacen nuestros corajes, y en nuestras dudas, viven nuestras certezas.»
(Eduardo Galiano)

Las creencias siempre van acompañadas de dudas, que son las que te limitan y las que traicionan, engañándote. En cambio los conocimientos te dan poder, para convertir la verdad, en tu experiencia. Y una vez, convertidas tus dudas en verdad, o tus creencias en conocimiento, te percatas, que como las creencias son transitorias, el saber es eterno.

Cuestiona también tus dudas, para acceder a la verdad. Porque hasta que no la experimentes por tu mismo, no podrás sustituir tus creencias por el conocimiento eterno. No te dejes limitar por tus dudas, limítate a dudar de ellas. Libérate de las dudas cómo lo hacen tus sueños. Así que sueña más y duda menos. 

«Me liberé de mis dudas, recordando que hay una razón válida, para todo lo que sucede.» (Wayne Dyer)

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