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Tu niño interior te pide: ¡No seas cruel!.

Tu niño interior te pide: ¡No seas Cruel!. La crueldad que ejerces sobre ti mismo y el masoquismo que proyectas hacia los demás, no te permiten obtener esa libertad, que tan importante es para ti.

En la entrada anterior exploraba la herida del ABANDONO y su disfraz del DEPENDIENTE.

Tu niño interior te susurra: ¡No te apegues!.

¿Has tenido tiempo para para revisar tu historia y analizar si tienes algún síntoma, que se corresponda con las heridas exploradas?

¿Qué disfraces guardas en tu armario?

Quizá, ninguna de las heridas ya exploradas: ni la de RECHAZO, ni la de ABANDONO, se corresponden con tus comportamientos o con tu malestar interior.

¿Has reconocido, a lo mejor, a alguien de tu entorno, que utilice el disfraz del ESCAPISTA o del DEPENDIENTE?

El auto-conocimiento es imprescindible para tu transformación. Si no te conoces, o no sabes lo que sucede dentro de ti, es muy difícil que puedas cambiar lo que no anda del todo bien. Puedes percibir que haya algo que te cause malestar. Pero si en vez de indagar en ello, lo escondes con algún disfraz, para evitarte sufrir, lo único que vas a conseguir es ser otra persona, manteniendo tu dolor. Como el darse cuenta es el primer paso para el cambio, el dolor es la brújula que te indica, que vas por buen camino.

Hoy exploraré la herida de la HUMILLACIÓN, cuyo disfraz es el del CRUEL o del MASOQUISTA.

Como en tu infancia te sentiste humillado, esto es, despreciado, ofendido y degradado. En tu presente, para evitar que los demás sigan cometiendo tales vejaciones contigo, las cometes tú contigo. Eres CRUEL y despreciable contigo mismo. Te olvidas de tus necesidades para atender a las de los demás. Ya que no crees que tus necesidades tengan importancia. Tu prioridad, son los demás, no tú. Y cargas peso en tus hombros, que no te pertenece. Es un peso que te hunde, y que te quita libertad. Por eso tu niño interior te pide: ¡No seas Cruel!

De todas las heridas, es la que más VERGÜENZA, sufre entre sus yagas. Te avergüenzas de tu cuerpo, de tu ser, de tu comportamiento. Por eso te desatiendes, para atender a los demás. Tapas tu vergüenza con el disfraz del CRUEL o el MASOQUISTA. Te ríes de ti, despreciándote desaforadamente.

Es una herida que surge durante el primero y tercer año de vida. Causada por una carencia de libertad debido al control extremo de un progenitor. Lo que te hizo sentirte humillado. Y aunque la libertad es fundamental para ti, no la priorizas, ya que te llenas de responsabilidades ajenas, que te hacen olvidarte de ti mismo.

Como sucede con todas las heridas, nadie quiso humillarte o despreciarte durante tu infancia. Lo que hicieron contigo, es lo que supieron hacer. No tenían más recursos adquiridos para hacerlo mejor. Tú ansiabas más libertad, pero quién te cuidó, confundía el control con el amor, y eso fue lo que te entregó. Su amor confundido. No podía entregarte libertad, porque para él, tu libertad, no era amor.

La herida de la HUMILLACIÓN se suele dar con la madre, o en su defecto, con el progenitor que se encargue de la educación y del desarrollo físico del niño. Como también suele suceder con todas o casi todas las heridas, si revisas tu historia familiar, es muy probable, que tu mamá también sufriera de HUMILLACIÓN por parte de su madre, o tu abuela.

Las características más representativas de la personalidad y del carácter, de las personas que sufren de la herida de la HUMILLACIÓN, son las siguientes:

– Sufren de tal grado de vergüenza que se avergüenzan de sí mismos y de los otros. Y temen avergonzar a los demás.

– No les gustan las prisas.

– Aunque conozcan sus necesidades, las ignoran. Prefieren atender las necesidades de los demás.

– Llevan una gran carga emocional sobre su espalda. Se responsabilizan de lo que no les pertenece.

– Intentan controlar a los demás, para evitar su vergüenza.

– Se desprecian a si mismos. Consideran que son crueles y desagradables.

– Siempre se las ingenian para no ser libres. Ya que para ellos ser libres, significa ser ilimitados. Así que se auto-limitan.

– Si carecen de límites, temen desbordarse.

– Desempeñan el papel de madres.

– Son hipersensibles.

– Se castigan, creyendo que así, castigarán a otros.

– Desean ser dignos y merecedores.

– Viven en el desagrado continuo.

– Se compensan y descompensan comiendo.

– Les gusta mediar y conciliar entre conflictos.

– Utilizan la risa y el humor, para ocultar el dolor que sienten.

– Necesitan sentirse útiles.

– Les encanta contar sus historias.

Como con todas las heridas, es muy posible que poseas ciertas correspondencias con estos comportamientos. No tienes porqué identificarte con todos ellos. Para sufrir la herida de la HUMILLACIÓN, con que se correspondan más de la mitad de estas características, puede ser suficiente.

Recuerda que tu niño interior te pide: ¡No seas Cruel!

Y como a tu mente, le encanta mentirte o despistarte, porque hay veces que no está preparada para ver ciertas cosas. Quizás tengas que fijarte mejor en tu cuerpo, para determinar si sufres de esta herida.

El CUERPO de las personas que sufren de la herida de la HUMILLACIÓN es grueso, rollizo y con talle corto. El cuello también es grueso y abombado. Normalmente padecen tensión tanto en el cuello, como en la garganta, mandíbula y pelvis. Suelen tener la cara redonda y los ojos grandes y abiertos, en los que muestran su inocencia, como los ojos de un niño.

Se decantan por una ALIMENTACIÓN rica en grasas. Ya que se compensan y descompensan, comiendo. Les encanta el chocolate y suelen ingerir, muchas porciones pequeñas. Sienten vergüenza de comprar golosinas, y se castigan por ello, comiéndoselas. Pueden sufrir de bulimia.

En cuanto a las ENFERMEDADES que pueden padecer son:

– Las irritaciones cutáneas.

– Enfermedades respiratorias, como asma.

– Anginas o laringitis.

– Problemas en la espalda. Principalmente en la parte alta, debido al peso que suelen soportar.

– Disfunciones hepáticas.

– Trastornos en la tiroides.

– Hipoglucemia o diabetes.

– Problemas del corazón.

Debajo de ese disfraz de CRUEL o MASOQUISTA, se esconde una persona:

– Audaz y aventurera.

– Capaz de desenvolverse en diferentes espacios.

– Conocedora de sus responsabilidades.

– Sensible a las necesidades de los demás.

– Un gran mediador y conciliador.

– Jovial y divertido. Sabe cómo hacer sentir cómodos a los demás.

– De naturaleza generosa y altruista.

– Reconoce sus talentos y dignidad. Orgulloso de sí.

¿Qué te ha parecido?

¿Te has reconocido en algo?

¿Y a ciertas personas de tu entorno?

Tu niño interior te pide: ¡No seas cruel, ni masoquista!. Quítate ya ese disfraz. No te escondas ni te ocultes. Lo mejor de ti, está debajo de todas esas capas con las que te cubres. Que no te asuste sentirte libre y liberado. Porque es en realidad, la sensación que anhelas. Llevas demasiado tiempo cargando con cosas que no te pertenecen. Despréndete de ellas y emprende ya tu vuelo de regreso a casa.

Ya sólo nos quedan explorar, dos de las cinco heridas. El próximo día explicaré la herida de la TRAICIÓN, que quién la sufre, emplea el disfraz del CONTROLADOR.

No te la puedes perder.

Te dejo el enlace del vídeo:

https://www.youtube.com/watch?v=uKzuv_GN1zc&t=4s

 

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No existe medicina que cure tu incredulidad.

No existe medicina que cure tu incredulidad. Y es que si no crees en la cura, ninguna medicina, te podrá salvar. La Fe y tu Confianza es lo que te cura y deshace tu escepticismo. Porque no puedes creer y no creer, al mismo tiempo. O crees, o no crees, así es que si crees, te curas, y si no crees, te enfermas. 

Hace ya mucho tiempo, en un recóndito lugar del extenso mundo, vivía un escéptico campesino, que todos los días aclamaba lluvia al cielo. Llevaba soportando muchos meses de sequía prolongada y sus humildes huertas y plantaciones, comenzaban a resentirse. Desesperado y tras la insistencia de su esposa, decidió ausentarse durante unos días del campo y de su hogar, para pedir consejo, cerca de la ciudad. 

A la cuidad se había trasladado un Maestro errante, que otorgaba consejo, a aquellos que se lo pidieran. El campesino tardó varios días en llegar a la ciudad y algunos más, en encontrar al Maestro. Cuando se encontraron el campesino inquieto, comenzó con su consulta. 

– Maestro, necesito consejo. Como ya sabrá, la situación en el campo es bastante difícil. La sequía prolongada, no riega los campos y el agua de los pozos se agota por momentos. ¿Qué me aconseja que haga?.

– Aunque no lo creas, la situación es mucho menos complicada de lo que te parece. ¿Cuánto hace que no rezas con Fe?.

– ¿Rezar con Fe?. Demasiado tiempo, como para acordarme. Reclamo al cielo agua, todos los días. Sin embargo, el cielo parece no escucharme.

– El cielo siempre escucha. Aunque si lo que escucha, no se lo cree, no atiende a las súplicas. Dices que le reclamas al cielo, agua todos los días. ¿Y crees que te la concederá, o simplemente rezas porque te encuentras desesperado?.

– La experiencia me dice, que no parece que el cielo quiera ayudarme. Así que le reclamo al cielo, porque es lo único que me queda.

– Dentro de poco más de una semana, abandonaré esta ciudad para dirigirme a tierras más lejanas. ¿Qué te parece si antes de mi partida y dentro de siete días, nos volvemos a encontrar aquí?. Lo único que tendrás que hacer hasta entonces, es pedir agua o lluvia con Fe. Rezarle al cielo con toda tu Fe.

– Está bien. Rezaré al cielo con Fe y nos veremos aquí dentro de siete días. Gracias Maestro.

Tras la despedida el campesino se fue algo desconsolado. El consejo del Maestro, no le trajo la tranquilidad que estaba buscando. Aún así, rezó todos los días al cielo.

Cuando volvieron a encontrarse, después de los siete días, el Maestro le preguntó al campesino, si la lluvia o el agua, ya había caído sobre sus campos. A lo que el campesino negó con la cabeza, con gesto de resignación.

– ¿Rezaste con Fe?

– Todos los días Maestro, dos veces al día. Cuando salía el sol y cuando se mostraba la luna. Pero el cielo me volvió a negar mi petición.

– ¿Cuántos días llevaste el paraguas contigo, después de rezar?

– ¿Cómo?. No entiendo su pregunta.

– Porque hoy tampoco llevas el paraguas contigo. ¿Sabes por qué sé que no rezaste con Fe?. Porque si esperabas lluvia, debías haber sacado tu paraguas. Eso es rezar con Fe. Tener la certeza y la evidencia, de que caerá la lluvia.

Y es que no existe medicina que cure tu incredulidad. Si no rezas con Fe, es como si no rezaras. Da igual las veces que pidas algo, si no crees que te será concedido. Rezar o pedir sin Fe, es no tener confianza. No tener la certeza, de que todo saldrá bien. Y si compras la evidencia, de que todo no irá bien, tendrás razón. La misma razón, que si piensas y confías en que todo saldrá a pedir de boca. Lo que crees, te da la razón. Tu razón, está en lo que crees.

¿Te sientes identificado con el campesino?

¿Cuántas veces has deseado algo, pensando que no lo conseguirías?

¿Y cuántas veces tuviste la certeza de que sí, y así fue como lo conseguiste?

No debes confundir tu Fe con tus creencias. Las creencias es creer que algo es cierto. Tener la convicción de que lo que crees, es verdad.  La Fe en cambio, es algo mucho más profundo. Es tener la absoluta confianza, en aquello que esperas, o en aquello que sabes con total evidencia, que es o será. 

La Fe no sólo habla de religiones o rituales. Existen muchos actos de Fe en tu vida cotidiana. Cuando abres el grifo de la cocina, lo abres con Fe, o con la certeza de que saldrá agua por él. Cuando encargas algo en una tienda, esperas a que llegue con confianza, teniendo la evidencia, de que te avisarán para poder entregártelo.

De esta misma manera, puedes pedir todo aquello que desees. Y con que lo pidas sólo una vez, será suficiente. Aunque tendrás que tener confianza plena en el resultado. Es decir, que si pides lluvia como el campesino, no te puedes dejar olvidado el paraguas. 

Y para recuperar tu Fe, lo primero que tienes que hacer, es recuperar la confianza en ti mismo, en tu poder interior. El pensamiento está estrechamente relacionado con tus actos de Fe. Deberás alimentar tus pensamientos con las semillas adecuadas. Porque tus ideas son las semillas de tu pensamiento, y tú pensamiento, es el que hace florecer o marchitar tu jardín.

Vuelve a desarrollar tu Fe. Porque con ella naciste. Era el equipaje con el que cargabas. Confiabas en la vida y en ti. Hasta que un buen día dejaste de hacerlo. Sin embargo la Fe, ni muere, ni se mata. Siempre se mantiene a la espera, a que vuelvas a reparar en ella, a reparar en ti.

No existe medicina que cure tu incredulidad, porque tu Fe, es la medicina.

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Tu niño interior te susurra: ¡No te apegues!.

Tu niño interior te susurra: ¡No te apegues!.

En la entrada anterior, exploramos la herida del RECHAZO:

Tu niño interior te grita: ¡No huyas!.

En la que señalamos, cuál era su disfraz más característico, el del ESCAPISTA. No sé si te reconocerías con esa herida y si has tenido tiempo para analizar las situaciones y comportamientos, en los que te has sentido rechazado y huyendo de la realidad.

El «darte cuenta» o el reconocerte con la herida, o con el disfraz, es el primer paso, hacia tu transformación. Algo que no es aceptado, no se puede cambiar. Ya que ni si quiera lo aceptas como algo tuyo. Dando por hecho, que no está, o que no es real. Y lo que no está, o lo que no es real, no existe, por lo tanto, si no existe, tampoco su cambio existirá.

La segunda herida, que vamos a explorar; es la herida del ABANDONO. Cuyo disfraz, es el del APEGADO o el del DEPENDIENTE.

Es una herida que suele surgir entre el primero y tercer año de vida. Se manifiesta cuando existe una carencia de afecto, o muestras del tipo de afecto deseado.

Como en tu niñez te sentiste abandonado, y no quieres volver a  pasar por ello, evitas por todos los medios, cualquier situación que te lo recuerde. Sin darte cuenta, que muchas veces, te creas tal dependencia con la gente de tu entorno, que eres tú mismo, quién propicia que te abandonen. Haces todo lo posible por estar rodeado de gente. No te gusta estar a solas, ya que esto, te recuerda tus peores temores: el ABANDONO y la soledad.

Como comenté con la herida del RECHAZO, nadie quiso abandonarte. Sólo que tú te sentiste abandonado. Quizá te cueste diferenciar entre la herida del RECHAZO y la del ABANDONO. Para sentirte abandonado, no es necesario que te rechacen. La muerte o la partida de un progenitor, no es un rechazo, es una pérdida.  Mientras que el rechazo es sentirse rehusado o desestimado por parte del progenitor.

El ABANDONO te hace sentirte desamparado y desatendido. Te sientes sólo, sin nadie que cuide de ti. Por eso enseguida echas mano del disfraz del DEPENDIENTE, para sustituir al progenitor que no te atiende, por otra persona que sí lo haga, y así evitar sentirte abandonado.

Esta herida se da con el progenitor del sexo contrario. Y como sucedía con la herida del RECHAZO, es muy posible que si revisas tu historia familiar, ese progenitor haya vivido la misma historia que tú, y que haya sido también abandonado, por su propio progenitor.

Nadie quiso abandonarte intencionadamente. Sólo que tú, así lo interpretaste. Te sentiste así, porque necesitabas un afecto diferente al que recibiste. Pero tu progenitor, no supo dártelo. Lo que te dio, es el afecto que él conocía y supo dar. Te dio, lo que a él o ella, le dieron. Ya que todo lo demás, era desconocido para él, o para ella.

Voy a enumerar las características de la PERSONALIDAD o del CARÁCTER, de las personas que sufren la herida del ABANDONO:

– Se creen víctimas de las circunstancias.

– Tienen la necesidad de presencia y de hacerse notar a toda costa. Les gusta llamar la atención.

– Buscan el apoyo constante. Muchas veces son incapaces de decidir por sí mismos.

– Piden consejos, sin seguirlos, necesariamente.

– Tienen dificultad para aceptar un «no» como respuesta.

– Predisposición por la tristeza y el llanto fácil.

– Aunque no les gusta causar lástima, la causan inconscientemente, para recibir la atención y el apoyo que necesitan.

– Son bastante inestables en cuanto a sus emociones. Un día están alegres y al otro tristes.

– Se retraen físicamente de los demás.

– Son muy mentales, más que sentimentales.

– Pesimistas y negativos en pensamiento, sobre todo consigo mismos.

– Les encanta tener espectadores y que se fijen en ellos.

– Buscan la independencia, aunque se apeguen a las personas y a las cosas.

– Les encanta hablar y que les escuchen.

– Les suele gustar también interpretar el papel de «Salvador» o de «Cuidador», para crear más dependencia. Evitando así que les abandonen.

– Se vuelven perezosos si no encuentran la motivación adecuada.

– Preguntan mucho.

– Cuántas más personas tengan a su alrededor, mejor se sienten.

Desconozco, si te has sentido identificado con algunas o con muchas de estas características. No tienes porqué haberte sentido identificado con todas, si has reaccionado por lo menos a la mitad, puede que ya hayas tenido suficiente, para aceptar tu herida de ABANDONO. Recuerda que tu niño interior te susurra: ¡No te apegues!. No a la gente o a las cosas, porque lo que quiere, es que dependas sólo de ti.

Y como tu mente y tu parte consciente, puede mentirte, ya que suele rechazar, lo que no quiere ver.

¿Qué crees que dirá tu cuerpo?

Estás son algunas de las cualidades físicas que portan los CUERPOS, que han sufrido la herida de ABANDONO:

– CUERPO largo y delgado. Sin tono muscular. Piernas débiles y espalda encorvada hacia delante. Los brazos en apariencia pueden parecer más largos de lo normal, con relación al resto del cuerpo. Algunas partes de este, pueden estar más caídas de lo normal y sufrir flacidez.

En cuanto a su ALIMENTACIÓN:

– Tienen buen apetito. Prefieren lo blando, a lo duro. Comen despacio. Y pueden tener predisposición hacia la bulimia.

Las ENFERMEDADES que suelen somatizar en su cuerpo son:

– Suelen sufrir de miopía aguda. Tienen dificultades para ver el futuro próximo, porque se llenan de angustia.

– Pueden padecer de dolores de espalda, a la altura de las lumbares.

– Les acechan los dolores de cabeza, ante tantos pensamientos, nada halagüeños.

– Pueden caer en depresión, debido a la tristeza extrema.

Y bajo ese disfraz de DEPENDIENTE, lo que oculta y lo que verdaderamente es, la persona que sufre la herida de ABANDONO:

– Sabe lo que desea. Es tenaz y perseverante.

– No vacila cuando tiene la determinación de conseguir algo.

– Tiene el don del comediante. Capta fácilmente la atención de los demás.

– Tiene un gozo natural, es jovial y refleja su alegría de vivir.

– Es capaz de ayudar a otros. Ya que es muy empático y comprensivo.

– A menudo, posee dotes artísticos.

Y como comentaba en la entrada anterior, es probable, que tu cuerpo manifieste una cosa y que tu mente, piense otra. Esto es debido a que puede que no sólo sufras de una sola herida, si no de varias. No te apresures a etiquetarte hasta que no descubras, cuáles son el resto de heridas.

El próximo día, hablaré de la herida de la HUMILLACIÓN. Que suele emplear el disfraz del CRUEL, desde donde se oculta.

No te lo pierdas.

Y aprovecha estos días, para repasar tu historia.

Con lo que ya sabes,

¿Qué comportamientos crees que te hacen ser una persona «huidiza» o «dependiente»?

Y no menos importante,

¿Qué crees que refleja tu cuerpo, si lo comparas con las características físicas del RECHAZO y del ABANDONO?

Porque cuanto antes te aceptes, antes podrás cambiar. No niegues lo que eres y quítate ya ese disfraz.

Tu niño interior te susurra: ¡No te apegues!. Porque tú ya eres, sin necesitar de nadie que te complete. El amor más completo que puedas recibir, es el que tú te das a ti mismo. Si tienes que depender de alguien, que sea de ti. Apégate a ti para ser feliz.

Aporto vídeo:

https://www.youtube.com/watch?v=Ya-hoNXfasI&t=24s

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Cuando condenas te vuelves prisionero.

Quizás no lo habías pensado antes, pero cuando juzgas o condenas, te vuelves prisionero, mientras que si perdonas, te liberas. Y es que cuando perdonas, se abre la puerta de tu prisión, automáticamente, permitiéndote ser libre de nuevo. De ti depende, traspasar esa puerta, o seguir siendo preso. 

La condena o el juicio, te hace crear un vínculo invisible, con aquello que no aceptas o rechazas. Este vínculo se vuelve más estrecho, cuanto más lo rechazas. En cambio, si en vez de rechazarlo, lo aceptaras, esto es, lo perdonaras, ni tus juicios, ni tus condenas, tendrían sentido alguno. Y es que cuando no perdonas algo, te ves obligado a juzgarlo, ya que tienes la necesidad de justificar, lo que aún no has perdonado.

Si castigas, y condenas, ni aceptas ni apruebas. Y es que el castigar no te permite soltar, ni olvidar. El hecho de poner tu atención, sobre la pena o sobre el castigo, y no sobre el perdón o sobre la aceptación, no facilitará ni tu olvido, ni tu Paz. Sin darte cuenta, que el no perdonar, te mantiene unido, a eso que juzgas y condenas. Por eso cuando condenas, te vuelves prisionero, porque te aferras fuertemente a los barrotes de la prisión. Y si sigues sujetando esos barrotes. 

¿Con que mano vas a abrir la puerta de esa prisión? 

El no permitirte perdonar, produce una herida en ti. Si quieres sanar la herida, para propiciar que se cierre, debes perdonar la situación que te hiere. Y el aceptar, es la mejor medicina para curar y cerrar esa herida. El rechazo te conecta a eso que rechazas. No te permite olvidarlo, ya que aún tienes algo pendiente con ello. Lo que rechazas te reconcome, agotando tu energía. Te ahoga, entre justificaciones. Te enrabieta, alejándote de la Paz y del Amor. Lo contrario a la Paz es tu rechazo y lo contrario al Amor, es el miedo al perdón.

«El perdón cae como lluvia suave desde cielo a la tierra. Es dos veces bendito; bendice al que lo da y al que lo recibe.»
(William Shakespeare)

Acepta pues, el perdón, como una nueva posibilidad. El perdón o la aceptación tanto hacia los demás, como hacia las circunstancias, o incluso, hacia ti mismo. Perdona o perdónate. Acepta o acéptate. Tu lucha contra el rechazo, no puede traerte Paz o serenidad. Ya que la lucha o el batallar, siempre invoca una nueva guerra. Y si lo que quieres es Paz, trae tú la Paz, no la guerra.

«Los débiles no pueden perdonar. El perdón es el atributo de los fuertes.»
(Mahatma Gandhi) 

Se valiente y perdona. Haz que tu fortaleza, hable por si misma. Tu fuerza, te dará la Paz. Y es que perdonar o aceptar, no es ceder tu poder. Te otorga el poder de decidir, lo que quieres que te duela o no. Es elegir lo que quieres que te pese, o por el contrario, liberarte de lo que te pesa. Es escoger, lo que no deseas que te afecte. Quién mejor que tú, para hacerte responsable de tu dolor. Así que elige, qué prefieres, si tu intranquilidad o tu libertad. 

Y recuerda, que si cuando condenas, te vuelves prisionero, cuando perdonas, te liberas. En el perdón se encuentra tu libertad. Mientras que en tu rechazo, o en tu negación, tu condena.

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Tu niño interior te grita: ¡No huyas!.

Tu niño interior te grita: ¡No huyas!.

Voy a comenzar a compartir contigo, una serie de entradas que creo que te pueden ayudar muy mucho, en tu proceso de auto-conocimiento. En ellas exploraré una serie de heridas, que surgieron en tu infancia y que es muy posible, que aún hoy, algunas de ellas, sigan abiertas. Semanalmente colgaré una entrega y diseñaré un vídeo que compartiré en mi canal de Youtube, para acompañarte en tu proceso:

https://www.youtube.com/watch?v=9vVzEyqs1J4&t=14s

Espero que sean de tu agrado y que te ayuden tanto, como a mí lo hicieron. Mañana colgaré el primer vídeo, con relación a las heridas, en mi canal. Si te apetece, puedes subscribirte y así Youtube te irá avisando, conforme vaya subiendo más.

¡Así que empezamos!.

Imagina que tienes una herida abierta, que se ha vuelto invisible. Sólo tú la ves y la sientes. Tu entorno no es consciente de ella, aunque como se ha vuelto invisible, sí que pueden tocarla y hacerte daño, sin querer. Porque los demás no saben dónde está tu herida, sólo tú lo sabes. Cuando la tocan, sin ser esa su intención, tú les culpas por tu dolor. Sin embargo, lo que te duele, no es que toquen tu herida invisible, si no que te recuerden, que aún tienes una herida abierta y sin curar.

Esta herida o heridas, suelen venir de muy lejos, de tu más tierna infancia. Algunas de ellas, de tanto obviarlas, te ha podido parecer que ya han desaparecido. Sin embargo, siguen en ti, esperando a que te ocupes de ellas. Esperando a que las sanes, con tu medicina de adulto. Cuando eras niño, no disponías de todos los recursos que tienes hoy, por eso es hoy y ahora, el momento perfecto, para ponerte manos a la obra.

«No puedes reparar aquello, que no sabes que está roto.» Quizás tengas la sensación, que no tienes partes rotas, o lastimadas. Incluso, puede ser que no sea una sensación, si no tu verdad. Si fuera así, te felicito por ello. Aunque mi sensación, es que si estás leyendo esto, es porque algunas de tus partes, te han traído aquí, para que las sanes cuanto antes.

¿Cómo recuerdas tu infancia?

¿Qué recuerdas de ella?

Porque las heridas a las que me refiero, provienen de tu infancia. Es tu niño interior el que sigue herido. Él no sabe cómo sanar tus heridas. En cambio, tu parte adulta, es el médico o enfermero perfecto, para curar, lo que durante tanto tiempo, ha sido causante de tu dolor y de tu enfermedad.

Y como tu herida, o heridas, siguen abiertas. Has de saber, que durante todo este tiempo, has empleado todo tipo de vendajes y remiendos para ocultarlas. Y así la herida o las heridas, no respiran bien. Las has tapado con diferentes disfraces, que has tenido que elegir, para esconder tu dolor. Y esos disfraces, te han hecho interpretar diferentes papeles, privándote de ser tú. Cada vez que interpretabas un papel, más te comprometías con el disfraz, y menos con el que estaba debajo de ese disfraz, tú mismo. Te acostumbraste a interpretar. Incluso, muchas noches, te ibas a la cama con ese disfraz. No lo abandonadas ni para soñar.

Así que es posible, que antes de reconocerte con la herida, te identifiques primero, con el disfraz, o con el papel que has tenido que interpretar para tapar esa herida o heridas. Sea lo que sea con lo que te identifiques, no lo rechaces, acéptalo para aceptarte. Acéptalo para abandonar ese disfraz y dejar de interpretar algo que no eres.

Hoy voy a hablar de la primera herida, y del primer disfraz. Donde tu niño interior, te grita: ¡No huyas!.

La primera herida es la del RECHAZO. Y el primer disfraz, es el del «ESCAPISTA». Es la herida que antes se manifiesta, durante el primer año de vida.

Como en tu infancia te sentiste rechazado, huyes o escapas de las situaciones, para evitar, que se vuelva a producir otro rechazo. Otras veces, serás tú, quién inconscientemente, provocará nuevas situaciones, para volver a revivir ese rechazo y así poder huir o escapar de ellas. Y es que hasta que no sanes tu herida del rechazo, no vas a dejar de sentirte rechazado, y tener la necesidad de huir o escapar.

Lo primero que has de comprender, es que nadie te rechazó. Tú lo interpretaste así. Cada cual, actúa siempre de la mejor forma que sabe, y con los recursos, que tiene a mano en ese momento. Lo que pasó, no lo hicieron para hacerte daño o para rechazarte. Lo hicieron como supieron hacerlo, o simplemente revivieron, su propia historia. Porque tu progenitor o progenitora, tampoco ha sanado su herida. Y hasta que no lo haga, seguirá repitiendo como tú, las mismas cosas, e interpretando con los mismos disfraces.

Normalmente, este rechazo se da con el progenitor, del mismo sexo. Con el progenitor, o con el que haya sido tu progenitor, en ese momento. Si indagases un poquito en tu historia familiar, es muy posible, que a este progenitor, también le sucediese lo mismo que a ti. Esto es, que también sufriese de rechazo por su progenitor o progenitora del mismo sexo, es decir, por tu abuelo o tu abuela. Las historias se repiten una y otra vez, hasta que alguien se encarga de sanarlas. Y quizá esto, te ayude a comprender mejor, porqué tu mamá o papá, tu tutor o tutora, actuaron cómo lo hicieron.

Voy a enumerar algunas características de la PERSONALIDAD o del CARÁCTER de las personas que padecen la herida del Rechazo:

– Suelen tener bastantes dificultades para dejar salir a su niño interior. Lo rechazan. Se avergüenzan de él.

– Se sienten incomprendidos, «rechazados» y por evitar esto, se dan a la fuga, en cuanto sospechan, que podrían hacerles daño.

– No suelen percibirse como seres completos, por no sentirse aceptados. Siempre les falta algo, sin darse cuenta, de que es su propia aceptación.

– Suelen tener facilidad para disociarse del mundo que les rodea. Cuanto menos asociados se mantengan, menos les duele y menos sentirán ese rechazo.

– Tienden a aislarse. Les gusta la soledad. A solas, no pueden ser rechazados por los demás, mas que por ellos mismos.

– Les encantaría poder hacerse invisibles. Pues les encanta pasar desapercibidos y no llamar la atención.

– Poco habladores.

– De pocos amigos.

– Se creen con menos valor, de lo que son. No creen que merezcan ser escuchados. No suelen compartir sus opiniones, a no ser que se las demanden.

– Pasan del odio al amor, con bastante facilidad.

– Son extremadamente perfeccionistas. No se pasan ni una. Piensan que si son perfectos, no serán rechazados. Y huyen de la imperfección.

-Suelen ser bastante intelectuales. Nunca se cansan de aprender y cultivarse. El aprendizaje es su alimento más preciado.

-Se suelen desapegar de lo material. No encuentran en valor en los bienes materiales.

– El mayor temor del ESCAPISTA es el PÁNICO. Desde donde se bloquea y se escapa en cuanto puede.

Desconozco si te habrás sentido identificado con alguna de estas descripciones. Desde luego, tampoco tienes que reaccionar a todas ellas. Mientras tengas más de la mitad, puede ser suficiente.

Por eso tu niño interior te grita ¡No huyas!, para que te des permiso a ser tú mismo.

Y como la mente, o tu parte consciente puede engañarte, porque suele rechazar, lo que no quiere ver, y prefiere seguir disfrazándote. Tu cuerpo ni puede, ni sabe engañarte. Las características físicas de las personas que han sufrido rechazo son las siguientes:

– CUERPOS delgados, estrechos, fragmentados. En ocasiones pueden parecer infantiles. Hombros echados hacia delante y brazos pegados al cuerpo. Algunas partes del cuerpo, pueden parecer poco evolucionas, sin estar formadas del todo. Pueden encorvarse y contraerse. Los ojos suelen ser pequeños, ausentes y asustadizos, como si llevasen un antifaz.

También tiene sus propias preferencias en cuanto a su ALIMENTACIÓN.

Para huir, prefieren los alimentos azucarados. Toman pequeñas raciones. Y suelen perder el apetito a causa de sus fuertes emociones. Para disociar o escapar pueden consumir drogas o alcohol. Tienen predisposición a la anorexia.

Las ENFERMEDADES que suelen somatizar en su cuerpo, son los problemas cutáneos, dermatitis o alergias. No desean que les toquen y esta es su reacción.

– Pueden sufrir de vómitos y desmayos. El cuerpo rechaza, lo que no acepta. Y en el caso del desmayo, es el mejor método para huir, perder la consciencia.

– Las arritmias y las taquicardias también se les suelen manifestar. Ya que como antes mencioné, su mayor temor, es el pánico. Las arritmias y las taquicardias, les preparan para escapar.

Y bajo ese disfraz de ESCAPISTA, lo que oculta y lo que realmente es, la persona que sufre la herida del RECHAZO es:

– Un persona capaz de asumir y gestionar muchas responsabilidades, con una gran aptitud para trabajar duro.

– Son muy espabilados con grandes capacidades creativas, para inventar e imaginar.

– Particularmente son aptos para trabajar solos.

– Capaces de resolver situaciones de urgencia.

– Pueden vivir solos o en compañía, fácilmente adaptables a cualquier situación.

Por eso tu niño interior te grita: ¡No huyas!. Porque tienes mucho que compartir. Lo único que consigues huyendo o escapando, es privar al mundo de tus dones. Y tienes muchas cosas buenas que aportar. No permitas que gane tu herida. Sánala y empieza a vivir, de verdad.

Es posible que tu cuerpo muestre una cosa y que tu mente o tus heridas, sientan otra bien distinta. También es posible que no sólo portes una herida, si no más. No te apresures a etiquetarte, hasta que conozcas todas las heridas y todos los disfraces.

La próxima semana hablaré de la Herida del ABANDONO, cuyo disfraz es el del DEPENDIENTE o el del APEGADO.

No te lo puedes perder.

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Para Amar no se necesita comprender.

Para Amar no se necesita comprender. Porque Amar, es aceptar al otro, aunque no se le comprenda.

¿Amas con el corazón o con la cabeza?

¿Intentas cambiar a las personas?

Intentar cambiar a las personas, es amar con la cabeza. No aceptar ni aprobar sus opiniones, no te permite amarlas del todo. Quizás pienses, que si opinaran como tú, te sería más fácil amarlas, o que las amarías más. De hecho, lo más probable es que si quieres que cambien, es porque entiendes, que si pensasen como tú, podrían ser más felices. Sin embargo como tu eliges tus pensamientos y tus creencias, los demás también eligen los suyos. Cada uno es libre en sus elecciones y decisiones. Nadie posee la verdad al completo, la verdad, siempre se completa, con la realidad de todos. 

El corazón no intenta cambiar a nadie, el corazón ama y acepta. En cambio la cabeza, como tiene la costumbre de andar pensando todo el día, y de comprender todo lo que ocurre a su alrededor. Hay veces que se despista y entre tanto pensamiento, le parece que sería mejor que todas las personas, pensasen lo mismo que ella. Y es que para Amar no se necesita comprender. Porque el acto de amar está libre de comprensión. 

Imagina, que como por arte de magia, consiguieras cambiar la opinión de todos aquellos, que no piensan como tú. Convirtiéndote en el mejor manipulador. Hacer esto, 

¿En qué repercutiría en tu vida?

¿Qué conseguirías con ello, además de salirte con la tuya?

¿Cambiaría mucho tu vida?

Cuando alguien decide tomar una decisión o dar una opinión, es porque cree que es la mejor decisión que puede tomar, o la mejor opinión que puede dar. Está convencido de ello. Es su verdad. Como cuando tú lo haces. 

¿Por qué entonces, intentas cambiar la manera de pensar de los demás?

¿Te gusta que los demás, lo hagan contigo?

Para Amar no se necesita comprender, porque si dejases de amar con lo cabeza y lo hicieras con el corazón, amarías a las personas tal y como son, sin necesidad de comprenderlas. Siempre podrás dar tu opinión y exponer tu verdad, si ellos quieren recibirla. Sin embargo, lo que no debes hacer, es forzar a las personas para que cambien de parecer, porque eso no es amarlas, si no intentar manipularlas.

En mi caso particular, he tenido que trabajarme muchas veces, esto de amar con el corazón y no con la cabeza. Y la mayor Maestra Zen que he podido tener, para integrarlo, ha sido «Coki», «mi linda gatita». Amo a todos lo animales, aunque a los gatos les tengo un cariño especial. Al principio, les tenía respeto, incluso algo de miedo. Ahora en cambio, y desde que aprendí a amarlos con el corazón y no con la cabeza, adoro todos sus comportamientos, hasta sus más astutos zarpazos.

Cuando Coki llegó a mi vida, para hacerme una mejor persona, no la aceptaba del todo. De hecho en muchas ocasiones, intenté cambiar muchos de sus comportamientos en vano y sin ningún acierto. Me frustraba, me enfadaba y en más de en una ocasión, pensé en renunciar a su compañía. Pero con el tiempo, su carismática personalidad, me hizo empezar a quererla con el corazón y no la cabeza. Ahora amo todos y cada uno de sus zarpazos trasnochados. Entendiendo que para ella, su espacio vital, es fundamental para su bienestar. Y si intento invadirlo sin pedirla permiso, sufriré probablemente, dolorosas consecuencias. Y es que para amar no se necesita comprender, lo que se necesita, es aceptar.

Ya sé que la gente no es como los gatos, aunque mucha gente, se parece más, de lo que cree. Lo que sí que tenemos en común con ellos, es la necesidad de preservar nuestro propio espacio vital. Y cuando nos lo invaden, sin avisar, es posible que también propiciemos algún que otro zarpazo.

Respeta el espacio de cada uno. Así como sus opiniones y sus creencias. Amar a la gente, es aceptar a la gente, independientemente de cómo piense. 

Seguro que has oído hablar de la Ley de Causa y Efecto o de Acción-Reacción. Una de las leyes más importantes en el Universo. Básicamente, sin ahondar demasiado en ella, lo que quiere decir, es que según esta Ley, «Recoges lo que siembras.» Y es que lo verdadero, siempre es simple. Aunque eso no quiere decir, que sea fácil llevarlo a cabo, quizás, porque estamos demasiado acostumbrados a complicar las cosas. 

¿Qué crees que recogerías si sembrases amor, con del corazón y no con la cabeza? 

Si quieres cambiar algunos de los efectos o de las reacciones que suceden en tu vida. Lo único que tienes que hacer, es cambiar las causas. Cambia lo que siembras, si quieres que la cosecha sea diferente. Porque si quieres recoger tomates, 

¿Para qué plantas zanahorias?
 
Si quieres recoger Amor,

¿Para qué plantas, eso que plantas?

Aprende a Amar con el corazón y recibirás amor de corazón. Porque para que te amen, no es necesario que te comprendan. Ya que amar(te) es aceptar(te), aunque no te comprendan(as). 

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Mientras el sufrimiento sea tolerable.

Mientras el sufrimiento sea tolerable, la mejora de la situación se demorará en el tiempo. Dicho de otra forma, hasta que no puedas soportarlo más, no cambiarás las cosas. Y es que si das tu consentimiento, para que te duela, te seguirá doliendo.

Tu aguante siempre es proporcional al sufrimiento que seas capaz de soportar. La tolerancia al dolor, tú la determinas. Ya que eres tú, quién decide cuándo es el momento oportuno, para alejarse de la situación conflictiva. Normalizar una circunstancia problemática o tóxica, es lo que te lleva, a permanecer en ella. Si no te duele demasiado, no eres capaz de encontrar una razón lo suficientemente convincente, como para apartarte del sufrimiento. Aunque, también puede suceder, que encuentres demasiadas excusas para quedarte, y no para abandonar.

¿Es tu incertidumbre, la que provoca tus excusas?

Mientras el sufrimiento sea tolerable, prefieres permanecer en lo conocido, que escapar hacia lo desconocido. Lo desconocido crea incertidumbre, sin embargo lo conocido, la certeza, de que nada podrá cambiar.

«Toda experiencia ha demostrado, que la humanidad está más dispuesta a sufrir, siempre que los males sean tolerables, que a mejorar la situación, aboliendo las formas a las que está acostumbrada»
(Declaración de Independencia del 4 de Julio de 1776)

¿Y si promueves tu propia declaración de independencia, y te desvinculas del dolor?

La zona de confort, a la que te has acostumbrado, como su propio nombre indica, es muy confortable. Aunque desconoces, la comodidad que te pueden aportar, nuevos entornos, prefieres permanecer ahí, ya que no sabes, si lo que te espera, será mejor.

«Más vale malo conocido, que bueno por conocer».

¿De verdad que prefieres lo malo a lo bueno, aunque tengas que hacer el esfuerzo de conocerlo?

¿Prefieres seguir sufriendo, a dejar de sufrir?

No toleres o normalices lo que no te hace bien. No esperes a que la situación cambie por si sola. Cambia tú, la situación. Eso es hacerte responsable. Recuperar las riendas de tu vida, es fundamental, si quieres alejarte del dolor. No permitas que sea otro quién las sujete. El ritmo y el rumbo lo marcas tú. Adaptarse a lo malo, nunca es una buena opción. Porque todo lo nuevo que te espera, es mejor que lo malo.

«Cuando un hombre no sabe hacia dónde navega, ningún viento es favorable.»
(Séneca)

No esperes a que te sople el viento, danza tú con el viento. En realidad, quién hace que un viento sea favorable, eres tú mismo. Porque si es propicio, aprovechas su brisa para avanzar más rápido, y si no lo es, te esperas, hasta que amaine. Nunca te dejes llevar por el viento, si no sabes hacia dónde va ese viento. Y mientras el sufrimiento sea tolerable, te dejarás arrastrar por él. No toleres lo que te hace daño y no sufras porque aún lo soportas. Aguanta sólo, lo que te hace bien.

«Ningún hombre es libre, si no es dueño de si mismo.»
(Epicteto)

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No flotes con tus sueños nada hacia ellos.

No flotes con tus sueños, nada hacia ellos. Flotar a la deriva, sin perseguir ninguna dirección, te puede llevar a cualquier sitio, y ese nuevo lugar desconocido, puede no ser tu sitio.

Piensa en un barquito de papel, que flota sin rumbo en el río. Tú lo depositas en una de las dos orillas, con la intención, de que llegue a la otra orilla.

¿Crees que sólo con tu deseo de llegue a la otra orilla, el barquito llegará a su destino, sin vacilar?

Si no haces nada por conseguir tus deseos, estos deseos se convertirán en sueños rotos. El deseo es el primer paso para conseguir tus objetivos, pero no es el único paso. Tendrás que poner de tu parte y trabajar en ellos, si no quieres que tus deseos, se queden, en eso, en meros deseos.

Continúo con el ejemplo del barquito de papel. Sigues queriendo que alcance la otra orilla. Sin embargo te das cuenta, de que la corriente del río, no lo va a permitir fácilmente, ya que precisamente tira de él, en dirección contraria. Por si eso fuera poco, el río esta lleno de rocas y de troncos, con los que el barquito, choca sin cesar, provocando fisuras en el papel, haciendo que este se moje más de la cuenta y termine hundiéndose.

Así que, «Tu gozo en un pozo». Aunque si lo piensas bien, además de desear que el barquito llegara a la otra orilla, no hiciste mucho más. Tan solo, lo depositaste en la orilla contraria, esperando a que él hiciera todo el trabajo. Te dedicaste a observar su travesía, sin contar con los posibles obstáculos que podía encontrarse por el camino. Y no les pusiste remedio, ya que terminó hundiéndose.

¿Qué podrías haber hecho, además de mirar, para ayudar al barquito, a cruzar a la otra orilla?

¿Quizás, mojarte?

Y es que si no te «mojas» y sólo te mantienes como espectador atento, lo único que vas a conseguir, es mantenerte seco. Aunque el barquito no conseguirá alcanzar su destino. Debes poner de tu parte, seguir creando tu deseo y hacer algo con lo que imaginas. Si sólo te dedicas a imaginar, te perderás entre pensamientos y tu barquito terminará hundiéndose.

Lo bueno de todo esto, es que tú no eres un barquito de papel. Y que él no sepa nadar, no significa que tú no puedas hacerlo. Imagina que eres tú, quién quiere cruzar de una orilla a otra.

¿Harías algo por alcanzar la otra orilla, o simplemente te dejarías llevar por la corriente del río?

No flotes con tus sueños, nada hacia ellos. Puedes empezar por flotar, para comprobar hacia donde se dirige la corriente, y si es favorable, dejarte llevar por ella. Sin embargo, si la corriente te arrastra hacia el lado contrario, tendrás que dejar de flotar, para comenzar a nadar. Eso es fluir, aprovechar las corrientes, si son favorables. Si no, tendrás que nadar a contracorriente, hasta que se vuelvan favorables. No esperar hasta que te favorezcan. Favorece tú a la corriente, pero no te dejes arrastrar por ella.

Tú decides, si eres de los que esperan flotando, como el barquito de papel. O por el contrario, nadas hacia tus metas, cuando flotar, ya no te sirve de nada. No flotes con tus sueños, nada hacia ellos. Aprovecha las corrientes que te sean favorables, para alcanzarlos más rápido. Sujétate en las rocas y en los troncos, cuando necesites descansar, pero no choques contra ellos. Recuerda que no eres un barquito de papel, y que tú sí que puedes elegir, hacia dónde te quieres dirigir. Toma pues, el timón de tu barco y comienza a navegar.

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Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

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