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El Todo es distinto de la suma de las partes.

El todo es distinto de la suma de las partes. Ya que empleando las mismas piezas de un todo, puedes construir, más de un todo diferente. El todo no es sólo la suma. Es también el orden, el lugar, el momento, la disposición, la sinergia, el contexto. El todo algunas veces suma, otras resta o multiplica, incluso puede llegar a dividirse, o realizar varias operaciones a la vez. El todo más que hablar de sus piezas, habla de su conjugación. De cómo combinan unas con otras, de como chocan entre sí, de la manera que tienen de repelerse y atraerse, de cómo destruyen y se construyen. 

La forma que es el todo, adquiere valor, mientras que el contenido, que son las piezas, se desvaloriza. El todo aunque contiene, no es sólo lo que tiene. Las piezas sujetan al todo, pero este no sólo se sujeta a través de sus piezas. Si un todo prescinde de una parte, puede alterar al conjunto, o quizás, no. De la misma manera que si añade alguna parte nueva, puede cambiar la totalidad, o mantenerla como está.
 
Imagina un conjunto de piezas Lego. Primero, me gustaría que las imaginases desordenadas y esparcidas por ahí. A pesar del desorden y del sin-sentido de su disposición, esto formará el primer todo independiente. A continuación, con esas mismas piezas, formas una nueva construcción, una casa de colores, por ejemplo. Esas mismas partes, que en principio parecían desordenadas, han formado un nuevo todo, también independiente. Y ya por último, vuelves a coger las mismas piezas, para construir otra cosa, un cofre del tesoro, por ejemplo. De esta manera, podías estar hasta el infinito. Porque el todo es distinto de la suma de las partes. Estos ejemplos, demuestran que empleando las mismas partes de un todo, se puede construir más de un todo diferente.

¿No sucede esto mismo, contigo?

Tú también eres un conjunto de piezas. Y según como ordenes esas partes, puedes construir una cosa u otra. Tus partes son como las piezas Lego, por tanto, la manera que tienes de unirlas todas, determinará tu conjunto final. Esto es de suma importancia, ya que tú decides el orden y la distribución de las piezas. También tendrás que tener muy en cuenta, el lugar y el momento en el que las colocas o des-colocas, y esto puede ser crucial para el sentido de tu totalidad. Y es que tu todo, también se comporta como el todo que es distinto de la suma de las partes.

Muchas veces te desordenas sin darte cuenta. Dejando tus pedazos esparcidos por ahí. Es como si de repente, tu todo se quebrara, permitiéndote así, hacer contacto con tus diferentes piezas. Esta es una gran oportunidad para reencontrarse. Romperse es de los mejores momentos, para volver a empezar y reconstruirse. Cuando tu todo se rompe, un amplio abanico de posibilidades, se abre.

Puedes volver a colocar las mismas piezas, exactamente igual, a como estaban pegadas. Y aunque esto te parezca que te traerá más de lo mismo, no tiene porqué ser así. Ya que en realidad, tú no eres el mismo. Al romperte, ya cambiaste. Antes de recoger tus pedazos, ni si quiera sabías de qué estabas compuesto. Ahora tienes una nueva perspectiva de tu todo y de ti.  Asimismo, también puedes ir probando y cambiar, el orden, el lugar, el momento, la distribución de algunas, o de todas tus piezas. Jugar con los mismos pedazos de manera diferente, para así crear nuevas jugadas. O incluso, cambiar de juego, para construir con lo viejo, algo nuevo.

Después de recoger tus pedazos, 

¿Qué todo construirías?

¿Una casa de colores, dónde poder habitar en paz? 

Puede pasar, que tras recoger todos tus pedazos. No sepas por dónde empezar a construir. Y es que no tienes porque saberlo. Tampoco tienes que hacer nada, si no quieres. Con tan sólo contemplar lo roto, ya estás construyendo. Y esto, aunque parezca sencillo, no lo es. Contemplarse roto, duele, pero no aceptar tu dolor, duele más. Negar lo que te hace daño, es rechazar, y rechazar, no es amar, ni amarte. Tómate tu tiempo. Ama también lo que te lastima, lo que te rompe. Abraza tu vulnerabilidad, ella también necesita de tu cariño. Porque si el todo es distinto de la suma de las partes, debes abrazar tanto al todo al completo, como a cada una de sus partes por separado.

El que es capaz de admitir sus debilidades, mientras se ve reflejado en ellas, no es el débil, si no el fuerte. Se requiere de una gran fortaleza interior, para poder hacerlo. El débil siempre mira hacia otro lado, mientras que el fuerte, siempre sabe hacia donde tiene que mirar. A pesar, de que no le guste todo lo que contempla, y es que es ahí, donde reside su mayor fortaleza. 

No te apresures por ordenar. Encuentra primero el orden entre tu desorden. Lo que te rompió, habla más de ti, que todo eso que te esforzabas por mantener pegado. Lo que hizo que te quebraras, es lo que debes guardar en tu cofre del tesoro. Porque fueron precisamente tus partes rotas, las que hicieron que te volvieras a encontrar.

El todo es distinto de la suma de las partes. El todo eres tú y tus partes, lo que dan consistencia a ese todo. Y es que eres mucho más que la suma de tus pedazos. Tus pedazos definen tan sólo una parte de ti, la otra parte no depende de ellos, si no de cómo tú, te encuentras con ellos.

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Renuncia a tus renuncias si no quieres fracasar.

Renuncia a tus renuncias, si no quieres fracasar. Porque tus renuncias lo único que te aseguran es el no fallar. Sin embargo, si no haces nada, para no equivocarte,

¿Qué consigues?

¿No cometer errores?

El error está en no hacer nada, para no cometer errores. Ya que si no haces nada, no te equivocarás, pero tampoco te permitirá acertar. Si no arriesgas, no pierdes, pero tampoco ganas. Te mantienes igual, dentro de tu confort, sin tener que renunciar a nada.

¿Y qué es lo que quieres?

¿Mantenerte igual o cambiar para mejorar?

Cuando tienes que decidirte entre más de una opción, debes elegir entre el riesgo o la renuncia. El riesgo implica no esperar nada, para recibir lo inesperado. Y la renuncia, descartar aquello que no te convence. También tienes la opción de no elegir nada, para no fallar o equivocarte. Es decir renunciar a todo y mantenerte igual. Ese es el auténtico fracaso, renunciar, por miedo a fallar. Si no haces nada, no pierdes nada, aunque tampoco puedes ganar nada, ya que el que no arriesga, no gana. Además que si decides renunciar y echarte para atrás, tampoco podrás demostrarte de lo que eres capaz.

¿Qué prefieres sumar en tu vida?

¿Renuncias o fracasos?

El fracaso en realidad, no es más que una interpretación, basada en tus expectativas, que le atribuyes a un acontecimiento en concreto. Y aunque no sea fácil reconocerlo, se aprende mucho más de los fracasos, que de lo que conseguimos a la primera. Cuando consigues algo sin apenas esfuerzo, no te lo vuelves a plantear. No sabes cómo pasó, pero pasó. En cambio cuando logras alcanzar algo, a través de tu esfuerzo, y no al primer intento, aprendes tanto de tus aciertos, como de tus errores. En realidad, la corrección de tus errores, es lo que te hace acertar. Así que renuncia a tus renuncias, si no quieres fracasar.

Asimismo, el miedo al fracaso, está estrechamente relacionado con tus expectativas o con lo que esperas de la situación, aunque también, con lo que pueda suceder después.

¿Y si no le temes al fracaso, aunque sí al éxito?

¿Temes acertar, más que fallar?

El acertar y el conseguir eso quieres, puede implicar un cambio en tu vida, que quizá, no estés dispuesto a asumir o simplemente, desconoces, si estarás preparado para aceptar. Eso también puede darte mucho miedo. Abandonar lo viejo conocido, para enfrentarte a lo nuevo desconocido. Y es que despedirse del confort de la costumbre, no siempre es fácil.

«Angustiado, el discípulo acudió al maestro, y le preguntó:

– ¿Cómo puedo liberarme?

A lo que el maestro le contestó:

– ¿Y quién te ata?».

(Proverbio hindú)

A lo que te atas, te esclavizas. Y si te mantienes atado a tu costumbre, o a tu zona de confort, se te escaparán el resto de zonas inexploradas. No siempre lo malo conocido, es mejor que lo bueno por que conocer. Permítete explorar lo nuevo, para por lo menos decidir, con conocimiento de causa. No te ates a tu rutina, no renuncies por miedo. Para ganar al miedo, tienes que perder el miedo. Porque si el miedo gana, tú pierdes.

Renuncia a tus renuncias, si no quieres fracasar. No hay mayor fracaso que no hacer algo, por miedo a fallar. El acierto no se consigue no haciendo nada. Y siempre hay algo que puedes hacer para no fallar. Demuéstrate de lo que eres capaz, pero no renuncies antes de tiempo, te sorprenderás.

Lo intentaste y fracasaste. No importa, vuelve a intentarlo. Fracasa de nuevo, fracasa mejor.
(Samuel Beckett)

Fracasa hasta que aciertes.

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Invierte en lo que te hace bien.

Invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace gastar el dinero. Aunque existen muchos tipos de inversiones, todas ellas tienen algo en común. Y es que a pesar de que se agoten algunos de nuestros recursos, para realizarlas a priori, el objetivo final, de una óptima inversión, siempre es obtener algún tipo beneficio.

Por ejemplo, puedes invertir en valores de bolsa o apostar por algún fondo de inversión. Para evitar riesgos y no perder todo lo que inviertes, antes deberás realizar un estudio exhaustivo de cuáles son los valores más seguros, teniendo muy en cuenta, las sensibles fluctuaciones del mercado. Si prefieres no arriesgarte tanto, quizás, seas de los que te decantes por asegurar tu futuro, depositando parte de tus ahorros, en un plan de pensiones o similar. También puedes invertir tu dinero en los juegos de azar o en las apuestas. Otra forma de invertir, es emprenderse en un nuevo negocio. Incluso, puedes invertir en ladrillo y adquirir inmuebles para más tarde sacar partido de ellos.

Todos los ejemplos, anteriormente descritos, hablan de beneficios económicos. De las ganancias financieras que te reportan ciertos tipos de inversiones. Y es que se puede invertir sólo para ganar dinero, fomentando así que crezca tu fortuna, pero,

¿Cuánto hace que no inviertes en ti, para crecer tú?

Aumentando tu capital, lo único que consigues es hacer que crezca tu patrimonio, pero no tú cómo persona. Quizá, cuando ganas algo de dinero extra, te sientas en lo más alto y muy orgulloso de tu logro, pero si te fijas bien, eres el mismo que antes, aunque con más dinero.

Para crecer como persona tendrás que volver a invertir parte de lo ganado, en otra serie de actividades o servicios, que te reporten otro tipo de beneficios. Beneficios internos y que perduren en el tiempo. Porque lo material y lo externo, como viene, se va. El dinero como se gana, también se puede perder, y normalmente, cuesta mucho menos gastarlo, que ganarlo. En cambio, todo lo que se produce a nivel interno, si se integra de la manera correcta, no tiene porqué abandonarte nunca, y esto puede que no aumente tus riquezas, pero sí que te enriquecerá mucho más.

No quiero decir con esto, que el dinero no sea necesario, porque sí que lo es. La vida cuesta dinero, pero priorizar la necesidad de ganar dinero, en detrimento a sacrificar otras necesidades, puede también costarte la vida. Enfocarse sólo en el éxito material, no te hará una persona exitosa. Te hará más rico, pero no más feliz. Y es que tu felicidad no depende de lo tienes, si no de quién eres y de lo que haces con eso que tienes, ya sea mucho o poco. Por eso, invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace gastar el dinero.

Imagina que abren una nueva tienda en tu vecindario. Ofreciendo algo totalmente innovador. Porque no venden ropa, ni alimentos. Tampoco venden muebles, ni electrónica, ni accesorios o complementos. Lo que venden son pensamientos. Pensamientos potenciadores que tú mismo puedes adquirir para ti, o para regalar. Los servicios de este nuevo establecimiento son bastante similares a los servicios que ofrecen otros establecimientos. Se permiten las devoluciones y ofrecen una garantía de dos años. En el caso de que en esos dos años, el pensamiento, se estropee o no funcione de la manera esperada, podrás llamar a los técnicos especialistas en pensamientos, para reparar lo que no ande bien.

¿Entrarías en ese establecimiento?

¿Comprarías en él?

¿Qué demandarías primero?

Y quizás te parezca algo rocambolesco o de ciencia ficción que pueda existir una tienda de estas características, pero si lo piensas bien, ya existen, este tipo de establecimientos.

¿Qué es una librería, si no un acumulador de nuevos pensamientos, contenidos en sus diferentes libros?

¿Qué hacen los profesionales, que trabajan en el campo del bienestar, físico, emocional, mental o espiritual?

No hay excusas para que demores más el invertir en ti. Invertir en ti, para que crezca tu bienestar y no tu cartera. De hecho es muy probable que si creces por dentro y sanas eso que tienes que sanar, te será mucho más fácil hacer crecer también tus ingresos. Porque cuando tú te estancas, todo se estanca. Mientras que si tú fluyes, todo fluye también, a través de ti.

Así que invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace perder dinero.

¿En qué inviertes que te hace ganar?

¿En qué inviertes que te hace perder?

Repito: invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace gastar el dinero. No te pierdas sólo en tus ganancias económicas. Gana en tu propia evolución y todo lo demás, crecerá contigo.

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Cambia de dieta.

Cambia de dieta. Aliméntate tú y no dejes que tus emociones se alimenten de ti.

No me cansaré de repetir, que todos los cambios que intentes establecer en tu vida, han de ser de dentro a fuera. Por tanto, si cambias lo de fuera, manteniendo intacto lo de dentro, ese cambio que esperas, estará incompleto. Es muy probable además, que regreses al estado de partida, ya que cambiar la forma, sin alterar el contenido, no puede transformar el todo al completo.

Piensa en un edificio en ruinas. Su fachada principal está dañada, y lo de dentro, se cae a pedazos, aunque no se aprecie desde fuera. Observas desde abajo, como un equipo de albañiles trabaja todos los días, en reformar el inmueble. Tras meses de duro trabajo, la fachada ha mejorado mucho. No parece el mismo edificio. Así que tu curiosidad te lleva a concertar una cita con la inmobiliaria, para visitar el interior. Ya que quizás, alguno de sus pisos, pueda encajar con lo que andas buscando.

Nada más entrar en el edificio, compruebas que ese exterior que tanto te gustó reformado, no se corresponde en absoluto, con el interior. Y es que su interior sigue en ruinas. Los operarios de la obra no han modificado nada de él, ya que sólo tenían órdenes de centrarse en la fachada del edificio. Te decepciona lo que ves. Y es que por mucho que te guste la fachada, su interior, no te agrada lo más mínimo.

¿Te interesarías por el precio?

¿Cuántas veces has intentado cambiar la dieta, con la intención, de cambiar el aspecto físico de tu cuerpo?

¿Mejora esto, tu estado interno?

¿Lo de fuera tiene el poder de mejorar lo de dentro, o es lo dentro, el que tiene el poder de mejorar lo de fuera?

Tu cuerpo, sería la fachada de ese edificio y tu interior, su interior en ruinas. Si sólo te preocupas por tu fachada, obviando lo de dentro, tu transformación se quedará a medias. Es cierto que tu apariencia también habla de ti y que debes cuidarla, pero si no mejoras también lo de dentro, lo de fuera, se quedará tan sólo en eso, en una apariencia vacía y sin contenido.

¿Tú dónde vives, fuera o dentro del edificio?

Si tuvieras que elegir,

¿Qué preferirías reformar el interior del edificio o su fachada?

Y para reformar lo de dentro, puedes empezar por cambiar de dieta. Y no me refiero sólo a lo que comes, si no con lo que te alimentas. No sólo te nutres a través de los alimentos. Disfrutar de una experiencia agradable, por ejemplo, te nutre de muchas maneras. Seleccionar los pensamientos adecuados, te ayuda a alimentar eso que quieres construir y por tanto, sentir. Ser creativo y menos analítico, te proporciona uno de los mejores nutrientes, que ningún super alimento puede darte. Relacionarte con las personas adecuadas, puede cambiar tu vida. Así que te animo a cambiar de dieta.

Te propongo:

1. Ponte a dieta de pensamientos limitantes. Siembra en tu jardín de las ideas, las semillas adecuadas. De este modo, las cosechas que recojas, serán tu mejor alimento.

2. Acepta tus emociones y no las engullas sin más. Un buen masticado, siempre favorece la digestión.

3. Llénate de Vida y no con comida. La comida indigesta, mientras que disfrutar de la Vida, te da la Vida.

Estos son tan sólo algunos ejemplos, por los que puedes comenzar, para cambiar de dieta.

Aunque las dietas son muy personales. Puedes también analizar,

¿Con qué sobrealimentas tu vida y con qué la malnutres?

Obviamente, cuando te digo: «Cambia de dieta», no estoy hablando exclusivamente de alimentos. Porque no sólo nos nutrimos a partir de ellos. Me refiero a que intentes identificar cuáles son los excesos más recurrentes en tu vida y cuáles las carencias. Ya que encontrar el equilibrio entre tus defectos y tus excesos, también te puede ayudar a cambiar de dieta. Así es que,

¿En qué te excedes en tu vida?

¿Y en qué te contienes?

Haz balance. Y cuando lo tengas claro, igual debes empezar a reducir eso con lo que te excedes y aumentar las raciones de eso que te contienes o reprimes.

No te obsesiones con tu cuerpo, ya que este sólo expresa la respuesta a cómo te sientes. Siéntate contigo, y escucha eso que sientes. Porque si te nutres bien por dentro, no tendrás que sobrealimentarte, ni malnutrirte con lo de fuera. Para alimentarte bien, no tienes que cambiar todos los alimentos de tu dieta. Sólo aquellos que tragas por costumbre o por vacío. Así que cambia de dieta, para no tener que cambiar toda tu dieta.

Continente y Contenido

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Todos los polos tienen algo en común.

Todos los polos tienen algo en común, su centro.

El conjunto de tu ser, está formado por un incontable número de partes. Muchas de esas partes, puede parecerte que se contradicen unas con otras, por no encontrar la congruencia entre ellas. Sin embargo, todas ellas, te completan. Una por una, cumple un cometido individual, a la vez que unidas, trabajan por la totalidad de tu conjunto. Tú eres la coincidencia mayor entre todas esas partes, porque tú eres el conjunto al completo. Por tanto, si todas esas partes, coinciden en ti, a pesar de parecerte, antagonistas, a veces,

¿Qué querrán de ti?

Pues aunque no te lo parezca a simple vista, la intención de todas ellas, es el mismo, tu bienestar. Lo que pasa, es que todas esas partes individuales creen tener la razón por sí solas, sin contar con las demás. En vez de cooperar unas con otras, luchan entre ellas, con el único objetivo de llamar tu atención, para que te decidas por una parte, discriminado al resto. Cada una de ellas cree saber qué es lo mejor para ti, lo que ignora es que todas las demás, también te aportan algo. Y es que no se conocen, no las has presentado, y para que trabajen en equipo, vas a tener que hacerlo.

¿Cuál será tu objetivo entre tantas partes?

Repito que tú eres la coincidencia mayor entre todas ellas. Así que como coincidencia, no casual, eres tú quién debes ponerlas de acuerdo. ¡Preséntalas!. Todas ellas quieren tu bienestar, aunque los caminos que te ofrecen caminar para alcanzarlo, parezcan completamente diferentes. Y si te parecen diferentes, es porque aún, no has conseguido vislumbrar, ese camino principal, en el que todas tus partes se encuentran. Sólo percibes los senderos que te marcan las diferentes partes, no el camino principal que forman los senderos. Y es que todos los polos tienen algo en común, su centro.

Una encrucijada, por ejemplo, es un cruce de senderos. Todos esos senderos, te pueden parecer caminos diferentes, pero no lo son, sólo son partes del mismo camino, de tu camino. Es indiferente que optes caminar por el sendero de la izquierda o el de la derecha, porque ambos senderos, te terminarán llevando hacia el mismo sitio, tu sitio. Es cierto que algunos son más cortos y otros más angostos, incluso algunos se presentan con terribles pendientes, mientras que otros te hacen rodar en picado. Y es que sea como sea el sendero que decidas transitar, siempre te enseñará algo, acercándote, pasito a pasito al camino principal.

Imagina que una de tus partes te invita a tomar un sendero, en cambio otra te intenta frenar, anclando tus pies en el suelo. Por un lado quieres avanzar, pero con los pies pegados al piso, no puedes dar el primer paso.

¿Te ha pasado esto alguna vez?

Que quieres avanzar pero no puedes, o no sabes por dónde caminar, ya que algunas de tus partes no se ponen de acuerdo.

¿Qué haces cuando esto sucede?

Puede que te parezca, que siempre hay una parte que tira más de ti, la que tiene el poder. Aunque en realidad, eres tú el que le cedes ese poder. No es la parte la que te empuja a caminar o la que te ancla al suelo, si no tú, el que se pega al piso, o el que acelera. Tus diferentes partes no tienen el control de tu cuerpo, tienen el control sólo de una parte de tu mente. La decisión final, de atender a una parte o a la otra, siempre es tuya. Y como en todo, lo que decidas alimentar, siempre crece de tamaño y por tanto, gana.

En cambio, si presentas a tus partes, haciéndoles entender, que es mejor trabajar en equipo, que de manera individual, todo te será mucho más fácil. Porque todos los polos tienes algo en común, su centro.
Por ejemplo, esa parte que te ancla al suelo, impidiéndole caminar.

¿Qué crees que te aporta, o qué cometido crees que tiene?

¿Y la que te empuja a hacerlo, qué crees que quiere?

Busca las coincidencias en tus contradicciones. Tú eres la primer coincidencia. Ahora sólo tienes que encontrar todas las demás.

¿Qué es lo mejor de cada parte?

¿Podrías quedarte sólo con lo mejor de cada parte, sin que se contradigan?

El poder de los opuestos, nos enseña, que lo que parece estar a años luz de distancia, en realidad, está mucho más próximo de lo que parece. Porque aunque los entendamos como contrarios, su objetivo siempre es el mismo. Sin embargo, lo único que les diferencia, es que creen cosas diferentes. Ambos ansían alcanzar el mismo camino, lo que piensan en senderos distintos por los que transitar. No se dan cuenta, que ya están en el mismo camino, y que sólo si caminan juntos, pueden construir un nuevo sendero que les acerque al principal. No se dan cuenta, hasta que tú de das cuenta, y te pones a caminar.

Todos los polos tienen algo en común, su centro. Y todos tus polos lo que tienen en común, eres tú. Tú eres el centro de tus extremos. Y el centro no es contrario, si no un igual, que los contiene a todos.

Obstinación y firmeza. ¿Opuestos o complementarios?

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Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

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