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La mejor vitamina para recuperar tu Autoestima.

La mejor vitamina para recuperar tu autoestima, está en tu memoria. El mejor analgésico, consiste en redirigir tu atención. Recordar quién eras con autoestima, mientras te reconoces con todos los recursos y virtudes con los que te identificabas en tu pasado, puede ayudarte a reconciliarte contigo. Enfocarte en lo que ya tienes y con lo que cuentas, es el mejor calmante, para paliar el dolor, por no quererte lo suficiente.

La autoestima es la estima o el aprecio que tienes hacia tu propia persona.

¿Te quieres?

¿Cuánto te quieres?

¿Lo suficiente como para soportar que los demás no te quieran, o lo justo, para no soportar que los demás tampoco te quieran?

El amor hacia uno mismo es un referente imprescindible que determina el cómo te relacionas con tu entorno. Si tu autoestima es lo suficientemente alta, poco te importará lo que tu entorno piense a cerca de ti. En cambio si sufres de baja autoestima, las críticas y los juicios que recibas de ese entorno, no los recibirás favorablemente, además que influirán negativamente en tu propia persona. Es decir, que dependiendo de cómo interpretes, lo que tu entorno tenga que decir de ti, esto decretará, si te quieres lo suficiente o no.

Asimismo, es evidente, que el cómo te relacionas con los demás, tiene mucho que ver, con el cómo te relacionas, tú, contigo. Los pensamientos que tengas a cerca de tu propia persona o lo que pienses a cerca de tus aptitudes, determinarán también, la clase de relación que mantienes con el resto.

¿Si tuvieras que definirte en breves palabras, qué dirías de ti?

Antes de contestar, recuerda que la mejor vitamina para recuperar tu autoestima está en tu memoria. Así que repasa tranquilamente tu vida y con ella tus experiencias más representativas. No te centres sólo en lo que sientes hoy, porque no siempre, te has sentido como te sientes hoy.

Por tanto, piensa primero en tu entorno físico, esto es, tu cuerpo y tu persona el general, para más tarde pensar en cuáles son las cualidades o aptitudes que te hacen tan especial.

Puedes hacer dos listas, cuanto más largas mejor. Una para definirte como persona, tanto en lo externo, como en lo interno y la otra para definir tus aptitudes más representativas.

¿Qué prima en ambas listas?

¿Lo bueno o lo malo?

¿Crees que están centradas en tus defectos o en tus virtudes?

¿En tus talentos o en tus carencias?

Así pues, puede que haya un compendio de ambas, o lo que es lo mismo, que haya tanto defectos, como virtudes, o tanto talentos como carencias. Pero si en ambas listas priman los defectos, o tus carencias, cuanto antes empieces a trabajar en tu autoestima, mejor que mejor.

Cuando tienes alta autoestima, referida a tu persona:

– Aprecias tu cuerpo.
– Te gustan tus cualidades.
– No necesitas compararte con los demás.
– Aceptas tu originalidad.
– Te consideras querido por tu entorno.
– Haces observaciones positivas a cerca de tu propia persona.
– Aceptas las críticas de los demás y aprendes de ellas.
– Te consuelas a ti mismo cuando es necesario.
– Rechazas las falsas identificaciones que otros te atribuyen.
– Te mantienes firme y seguro de ti mismo.
– Asumes tus emociones, permitiéndote expresarlas.
– Sabes tomar decisiones.

Si no cumples todos los requisitos de la lista anterior, tampoco pasa nada. Muchas veces, lo único que hay que hacer, antes de lamentarse y flagelarse por no dar la talla, es hacerse las preguntas adecuadas:

¿Qué es lo que más aprecias de tu cuerpo?
¿Cuáles son las cualidades que te hacen sentirte orgulloso?
¿Qué es lo que más te gusta de tu originalidad?
¿Quién te quiere más de tu entorno?
¿Qué es lo más positivo que tienes que decirte?
¿Con qué crítica o con qué juicio recibido, has aprendido más?
¿Si tuvieras que consolar o aliviar a alguien que estuviera en tu misma situación, que le dirías?
¿En qué te sientes seguro y en qué tienes confianza?
¿Qué emociones o sentimientos no te importa expresar?
¿Cuál ha sido la decisión que más te ha costado tomar y que más te ha reportado?

Es casi imposible hacerlo todo mal, o no quererse en absoluto. Hay muchas cosas que haces bien, por las cuales puedes quererte con locura por ello. Recuerda que no tienes que ser perfecto, si no completo y feliz. Tu atención lo es todo, y si sólo te centras en lo que haces mal, seguirás haciéndolo mal. En cambio si te centras en lo que haces bien y en que puedes hacerlo mejor, sólo podrás mejorar.

Por otro lado, existe otra clase de autoestima, la referida a tus propias aptitudes. Y cuando tienes alta autoestima, en cuanto a tus aptitudes se refiere:

– Confías en tu capacidad y habilidades.
– Adoptas una visión positiva de tus proyectos.
– Perseveras a pesar de los obstáculos y de los fracasos.
– Confías en tu éxito.
– Asumes riesgos.
– Recuerdas logros o triunfos pasados.
– Aceptas felicitaciones o cumplidos ajenos.
– Te estimulan las nuevas experiencias.
– Confías en estar a la altura de las circunstancias.
– Pides ayuda cuando la necesitas y esperas recibirla.
– Te marcas desafíos o te desafías.
– Te sientes animado, después de tus éxitos.

Como apuntaba antes, tras la lista anterior, quizás no te sientas identificado ahora, con todas las características de esta nueva lista referida a tus aptitudes. Para ello, te facilitaré ciertas preguntas para ayudarte a cambiar tu perspectiva.

¿Cuál de todas tus capacidades, son en las que más confías?
¿En qué has sido tremendamente perseverante y eso te ha llevado al éxito?
¿Cuál es tu visión más positiva a cerca de lo que tienes entre manos?
¿En qué has arriesgado, que ha excedido tus expectativas?
¿De qué logro o triunfo te sientes más orgulloso?
¿Cuál ha sido la felicitación o el cumplido que más te ha llegado, de todos los recibidos?
¿Cuándo fue la última vez que te entregaste a una nueva experiencia y esta te sorprendió gratamente?
¿Cuántas veces te has demostrado ya, que sí que estabas a la altura de las circunstancias?
¿Cuando pides ayuda, y te permites que los demás te ayuden, a quién más ayudas?
¿Cuál fue tu último desafío que llegó a buen puerto?
¿El éxito que más orgulloso y animado te ha hecho sentir, cuál ha sido?

La memoria, muchas veces, te juega malas pasadas. Y es que la memoria, siempre está influenciada por tu atención o por lo que decidas atender. Enfocarte en lo que no tienes, o en lo que te falta, no te facilitará conseguirlo. Por el contrario, si atiendes a lo que ya has conseguido y cómo lo has hecho, esto te puede dar ideas, de cómo alcanzar tus nuevas metas y propósitos. Enfócate en lo que ya tienes, y en qué te hizo lograrlo. Porque esos recursos, son las aptitudes con las que ya cuentas, y las que de verdad, hablan de ti. Por consiguiente, la mejor vitamina para recuperar tu autoestima está en tu memoria. Como el mejor analgésico consiste en redirigir tu atención.

¿Cuántas veces en tu niñez, te planteaste si te querías lo suficiente o no?

¿Cuántas veces desconfiaste de tus capacidades?

¿Si lo hubieses hecho, habrías llegado hasta donde has llegado hoy?

¿Crees que si un niño renunciase a caminar, por su primera caída, aprendería a caminar?

Fueron muchas las caídas, antes de que pudieras perfeccionar el arte de caminar. Pero lo recuerdes o no, en aquel entonces, no dudabas de ti, ni de tus capacidades. Sabías y confiabas que podías hacerlo. Tampoco le dabas importancia a tu físico, ni te comparabas con los demás niños. Sentías tus emociones y las expresadas al momento. Vivías en el aquí y en el ahora, sin preguntarte qué pasó antes, ni qué pasará después. Te amabas por encima de todo. Y lucías espléndido y lleno de vida.

¿Y hoy, qué ha cambiado?

¿En qué has cambiado?

Recuerda quién fuiste, y enfócate en quién quieres ser. Ama al niño que fuiste y recuerda lo que quería ser.

Ámate para amar y recuerda para sanar. Porque la mejor vitamina para recuperar tu Autoestima, siempre eres tú.

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Lo que buscas fuera ya está dentro.

Lo que buscas fuera, ya está dentro. Dentro de ti. Contigo. Esperando pacientemente a que repares en ello. Mirándote de reojo, mientras tú, desvías la mirada.

Fuimos construidos con los sentidos vueltos hacia fuera. Por eso miramos, oímos y sentimos el exterior. Aunque lo importante no está ahí fuera, si no dentro. Lo de fuera nos despista, haciéndonos creer que lo que necesitamos procede de lo externo, cuando en realidad, ya lo portamos dentro. Porque lo que buscas fuera, ya está dentro. 

«Aquel día en que abrió el loto, mi pensamiento andaba vagabundo, y no supe que florecía. Mi canasto estaba vacío y no vi la flor.
Sólo de vez en cuando, no sé qué tristeza caía sobre mi; y me levantaba sobresaltado de mi sueño y olía un rastro dulce de una extraña fragancia, que erraba en el viento del sur.
Su vaga ternura traspasaba de dolor nostálgico mi corazón. Me parecía que era el aliento vehemente del verano que anhelaba completarse. ¡Yo no sabía entonces que el loto estaba tan cerca de mi, que era mío, que su dulzura perfecta, había florecido en el fondo de mi propio corazón.»
(Rabindranath Tagore) 

Buscar en lo externo, sólo te refugia del dolor. Asimismo te hace perder el tiempo porque buscar fuera, es buscar en la ilusión. Aunque creas que es lo externo, lo que puede proporcionarte eso que necesitas. Muy dentro de ti, sabes que estás equivocado. Sin embargo, nunca cesas de buscar. Porque eso ha sido lo que has aprendido a hacer. Nada te llena, pero sigues enfocando tu mirada hacia el mismo sitio, sin percatarte que tú eres el mejor sitio y el mejor lugar. Buscas en la gente, en tus vicios, en tus experiencias vacías, buscas encontrar, sin saber si quiera, qué es lo que tienes que encontrar. Y aquel que busca, sin saber lo que tiene que encontrar, no encuentra nada.

Quizás sueñes con el éxito, con el dinero, con cosas materiales. Esto tan sólo te despistará de tu propósito real. Te mantendrá entretenido, durante breves momentos y acabados estos, tendrás que volver a buscar. Lo que buscas fuera, ya está dentro. Sólo que sigues mirando hacia fuera. Dentro de ti, lo material, no tiene importancia, te sobra, en realidad, porque ya estás completo, siendo quién eres.

La palabra éxito, proviene del latín «exitus», que significa salida. Salida hacia dentro. No hacia fuera. Fuera no encontrarás la salida. Sólo encontrarás formas y apariencias, no contenidos. Fuera tampoco no te encontrarás a ti. Encontrarás tus reflejos y proyecciones, pero el reflejo real, tú, no se encuentra fuera, si no dentro.

Mientras el ruido de fuera te aturde, el silencio de dentro, te calma. Cuando la luz de fuera deslumbra, la luz de dentro ilumina. Y cuando lo que sientes fuera, te daña, lo de dentro es una caricia para el alma. Lo de dentro eres tú, lo de fuera, tus ilusiones. Ilusiones que no hablan de ti, mas sólo lo aparentan. Y es que es lo que hacen las ilusiones, aparentar algo que no son. Aparentar partes de ti y tú eres mucho más que las apariencias de las diferentes partes. Eres el conjunto de todas esas partes que no aparentan, si no son.

Tú ya tienes las respuestas, sólo que no te escuchas. En ti también están las visiones, sólo que no las ves. Y por supuesto que también dispones del significado, sólo que no lo sientes. No percibes lo que eres, porque sólo percibes, lo que aparentas ser.

«No corras, vete despacio, que dónde tienes que llegar es a ti mismo.»
(Juan Ramón Jiménez)

Vas corriendo a todas partes, no descansas en ti. Tienes prisa de encontrar, aunque desconoces dónde buscar. Cuando te acercas a ti, te distrae lo de fuera, volviéndote a perder. No te apures, sólo cuando llegues a casa, lo sabrás.

«Todos tomamos los límites de nuestra visión, como los límites de nuestro mundo.»
(Arthur Schopenhauer) 

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No puedes elegir lo que te duele.

No puedes elegir lo que te duele, en cambio sí puedes decidir, si seguir sufriendo por lo mismo, o no.

El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.
(Siddhartha Gautuma)

Y es que el dolor no es opcional, aunque el sufrimiento, sí que lo es. Porque el dolor es real, en cambio el sufrimiento, tú lo creas. Resistirte al dolor o a lo que te duele, es precisamente, lo que crea tu sufrimiento. De esta manera, el dolor duele, en el cuerpo, ya sea físico o emocional, mientras que el sufrimiento se sufre en la mente. Por eso no puedes elegir lo que te duele, en cambio sí que puedes decidir, si seguir sufriendo por lo mismo, o no.

Desde bien pequeñitos, se nos ha enseñado a evitar el dolor o resistirse a él. Cuando esto es imposible. Porque el dolor llega cuando tiene que llegar y sólo se marcha, cuando ya ha cumplido con su misión. 

Existen muchas maneras de resistirse al dolor. Pongo algunos ejemplos:

– NEGACIÓN, o el no reconocer lo que nos duele.
– JUZGARSE A SI MISMO. Ya que nos duele algo, que no nos debería doler.
– EVITACIÓN/COMPENSACIÓN. Como algo nos hace daño, encontramos placer en otro sitio.
– MEDICARSE o AUTO-MEDICARSE. Buscamos el remedio en el exterior para acabar con el sufrimiento.
– QUEJA. Que nos brinda cierto desahogo automático. Aunque si se prolonga en el tiempo, nos puede convertir en víctimas.
– ANÁLISIS. Intentamos encontrar la razón o el motivo, de ese dolor. Justificando así que nos duela.
– INCULPACIÓN. Culpando a otros, a las circunstancias, o incluso a nosotros mismos, de que nos duela algo.

¿Cuál es tu manera de evitar el dolor?

¿Se encuentra entre alguna de las opciones anteriores?

¿Empleas más de una manera?

Recuerda que no puedes elegir lo que te duele. La resistencia crea persistencia, mientras que la aceptación, transformación. Si te resistes al dolor, fomentas que te siga doliendo. En cambio si lo aceptas, propiciarás su transformación. Y es que te seguirá doliendo, pero no sufrirás por ello. Cuando te duele algo, pero niegas tu dolor, eso no hace que lo que te duela desaparezca. Sólo lo tapas, lo que te generará más sufrimiento, ante tu negación.

Te propongo dos métodos para enfrentarte a tu dolor, para que así no degenere en sufrimiento.

Primero, me gustaría que contestases a estas breves preguntas con un Sí o un No. La finalidad de contestar a estas preguntas, no es otra, más que tomes consciencia de lo que quieres. Además de hacerte entender, si ya estás preparado para librarte o liberarte de tu dolor o no.

1. ¿Hay algo que puedo cambiar de esta situación dolorosa?

2. Puedo cambiar…Argumenta la respuesta. 

3. ¿Estoy dispuesto a hacer el cambio?

4. ¿Acepto el cambio y lo que supone?

5. ¿Elijo conscientemente abandonar esta situación?

6. ¿Estoy dispuesto a abandonarla?

7. ¿Supondría esto, una mejora en mi vida?

Porque aunque te pueda parecer desconcertante, no siempre estamos preparados, o simplemente no queremos, abandonar alguna situación dolorosa de nuestras vidas. El apego que creamos también hacia el dolor, nos lo impide. Creamos un vínculo invisible que nos une a lo que nos hace daño. Y cortar ese vínculo, nos hace pensar, algunas veces, que nos puede provocar aún más daño. Es decir, que si cortamos con el dolor, podemos sufrir más, que si continuamos con él. Esto puede parecer a priori, no tener mucho sentido. Porque, 

¿Cómo vamos a preferir seguir sintiendo dolor, que liberarnos de él?

Pues entre otras cosas, hay veces que llevamos tanto tiempo, conviviendo con el dolor, que no sabemos si lo que hay detrás de él, nos puede causar placer o más dolor. No logramos imaginarnos cómo sería nuestra vida sin él, sin nuestro dolor. Por eso nos aferramos a lo que conocemos. Y es que para el dolor también existe una zona de confort. Por eso, para cortar lazos con el dolor,  hay que estar preparados para cruzar esa zona y entregarnos a lo desconocido. 

El otro método que te propongo, para deshacerte del dolor, es el de hacerte responsable para que honres tu vida y conectes contigo, a través de tu dolor.

¿Cómo se logra?

– RECONOCIENDO lo que te duele, disgusta o molesta. Y argumentando cómo te sientes.

Por ejemplo: «Me duele que hablen así», «Me molesta cuando me gritan», «Me disgustan los gritos». Y por tanto «Me siento…», O eso «Me hace sentir…»

– LOCALIZANDO la parte de tu cuerpo, en la que sientes eso que te hace sentir dolido, molesto o disgustado. Señálala, mientras te permites sentirla.

– INTENSIFICA o amplifica eso que sientes y cómo te hace sentir. Llorando, gritando, pataleando, rompiendo cosas, saltando, bailando…

– Y por último, RESPIRA. 

Es muy probable, que mientras vas cumpliendo con cada uno de los pasos del proceso, se activen en tu memoria, recuerdos, frases, personas, experiencias. Acéptalos y agradece que hayan aparecido. Porque es tu historia la que te está hablando. Todos esos recuerdos son tus patrones antiguos, los programas y creencias que te han estado limitando durante todo este tiempo. Y que ahora, a través de ellos, tu dolor, va tomando otro significado. Ahora ya puedes liberarte, si quieres y estás preparado.

De ti depende y como no puedes elegir lo que te duele, sí que puedes decidir si seguir sufriendo.

La pregunta ahora es: 

¿Estás preparado? 

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La Naturaleza ni se esfuerza ni se resiste.

La naturaleza ni se esfuerza, ni se resiste, simplemente ES.

¿A qué te resistes?

¿En qué te esfuerzas?

El Sol no se esfuerza en salir todos los días, simplemente sale.
El viento no se resiste a soplar, simplemente sopla.
El agua no se esfuerza en mojar, simplemente lo hace.
La flor no se resiste a abrirse, simplemente se abre.

¿Te esfuerzas en resistirte?

¿Te resistes con esfuerzo?

Acepta eso a lo que te resistes. Deja que pase. Así no tendrás que poner tanto esmero, en esforzarte.

La resistencia crea persistencia. Mientras que la aceptación, transformación. O lo que es lo mismo, a eso «a lo que te resistes, persiste», hasta que dejes de luchar contra ello. La aceptación de las circunstancias te traerá una nueva perspectiva, con la que podrás construir algo nuevo. Si persistes en la lucha, o si continúas resistiéndote a lo que sucede, y por tanto ES, no podrás SER, más de lo que estás siendo, resistiéndote. El esfuerzo que te supone resistirte, te priva del cambio, como también te priva de la paz y de la tranquilidad. Y es que no se puede luchar en calma.

Esfuérzate en no resistirte. En hacer menos, para conseguir más. La resistencia te roba demasiada energía. Energía que podrías emplear en otra cosa, a tu favor, y no en tu contra. Mientras luchas o te peleas con las cosas, o con la gente, no puedes hacer nada más. Porque depositas toda tu atención y toda tu intención, en la contienda, en la lucha contra lo que ES. Y por mucho que te esfuerces en batallar, si tiene que SER, será. Cuánto menos te resistes, más consigues. Cuánto más haces por resistirte, más esfuerzo inviertes, pero menos consigues. Y así no salen las cuentas. Despréndete ya de las armas y sujeta firmemente la bandera blanca. Ríndete, deja de luchar.

«Un ser integral, conoce sin viajar, ve sin mirar y realiza sin hacer.»(Lao-Tse)

Imagina que te sientes molesto a causa de una persona o de una situación concreta.

¿Qué haces al respecto?

¿Luchar contra la persona, o contra la situación?

Porque echarle la culpa a esa persona o a esa situación, también es luchar. Recuerda que las personas hacen cosas, no te hacen cosas. Como las situaciones suceden, no te suceden. Por tanto, esa molestia que sientes, no es en contra ni de esa persona, ni de esa situación, si no es en contra de lo que tú sientes al respecto. Lo que piensas o lo que sientes, es lo que te hace estar molesto. Eres tú quién lo has creado, no las personas o las circunstancias.

Nadie tiene la culpa de lo que sientes, ni de lo que piensas. Tú eres el único responsable. Porque eres tú, el que elige esos pensamientos o esos sentimientos. Y sólo cuando aceptes esto, es decir tu responsabilidad, podrás empezar a transformarlos.

Recuerda que la naturaleza ni se esfuerza, ni se resiste. Y tú también formas parte de esa naturaleza. Entonces,

¿Para qué te resistes?

Imagina que la naturaleza de repente un día, decide no aceptar el color del Sol o del Cielo. Se resiste a sus colores y se esfuerza por cambiarlos. Pero por más que se empeña, no lo consigue. Y como está tan involucrada en su labor de cambiar los colores, olvida el resto de sus quehaceres. Provocando así, un gran caos en el entorno natural.

Esto es sólo un supuesto utópico. Pero,

¿No es lo mismo que te sucede a ti, cuando no aceptas lo que ES y entras en lucha contra ello?

¿Que creas el caos en tu entorno?

Recuerda que la naturaleza, ni se es fuerza si se resiste. Simplemente ES.

¿Cómo puedes aplicar esto en tu día a día?

1. ACEPTA a las PERSONAS y a las SITUACIONES, tal y como son. Porque así, es como tienen que ser. Abandona el control que tiendes a ejercer contra las personas y contra las circunstancias.

Piensa que la naturaleza, lo acepta todo y a todos. Nos abraza con su manto natural. Y no intenta controlarnos, ni cambiarnos. Porque sabe que no debe esforzarse para SER, ni para que seamos.

2. ASUME tu RESPONSABILIDAD. Tanto en lo que piensas como en lo que sientes. Porque eres tú quién elige tus pensamientos y tus sentimientos. Y en toda decisión siempre hay un principio de oportunidad. Sólo tienes que ser creativo y crear la oportunidad, para hacer que cualquier situación, te sea favorable.

La naturaleza es responsable de sí misma. Sabe que es su responsabilidad que todo fluya, sin resistirse.

3. ABANDONA tu actitud DEFENSIVA. No tienes que defenderte, porque mientras te defiendes no puedes hacer otra cosa, como SER, por ejemplo.

¿Cuándo sueles defenderte?

La defensa suele darse, o bien porque te sientes atacado, o porque intentas justificar algo, de lo cual, no estás muy seguro. Es la manera que tienes de protegerte. Cómo temes, te proteges. Y si te proteges, no eres.

La naturaleza no se protege. Porque no teme. Bueno sí, lo único que teme, es a no SER o dejar de SER. Así es que ES.

«La inteligencia de la naturaleza, funciona con toda facilidad. Con despreocupación, con armonía y con amor.
Y cuando aprovechamos las fuerzas de la armonía, de la alegría y del amor, creamos éxito y buena fortuna con gran facilidad.»
(Deepak Chopra)

La naturaleza lo hace fácil, porque ni se esfuerza en ir en contra de la armonía de las cosas, ni se resiste a la fuerza del amor y de la alegría. Se rinde al equilibrio de lo que sucede. Acepta el cambio y nunca lucha. Ya que sabe que el cambio es lo único que la mantiene viva y en armonía.

Por tanto, como la naturaleza ni se esfuerza, ni se resiste, simplemente ES. Y como tú también formas parte de esa naturaleza, cuando dejes de resistirte y de esforzarte, simplemente serás.

Pincha aquí para ver el video.

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Buscamos hacer cualquier otra cosa.

Hay veces que buscamos hacer cualquier otra cosa, antes que VIVIR. Cuando VIVIR, es lo único que debemos hacer.

¿Qué es lo que te hace estar vivo?

¿En qué momento eres plenamente consciente de que estás viviendo?

¿Qué te lo recuerda?

Y es que hay veces, que buscamos hacer cualquier otra cosa, antes que SENTIR. Cuando SENTIR es lo único que podemos hacer, para darnos cuenta, de lo vivos que estamos.

VIVIR es SENTIR. Sentir es vivir la emoción y el sentimiento. Emocionarse con lo que vives. Seguir viviendo mientras sientes lo que te toca sentir. La vida es vida, porque se siente. Si no se sintiera, no sería vida, si no muerte. Porque la muerte no la siente el que muere, la siente el que contempla, al que dejó de sentir.

No puedes vivir sin sentir. Ya que no te percatarías de que sigues vivo. Siempre estás sintiendo algo. No sabes no sentir, como no sabes no vivir. Aunque haya veces que preferirías no sentir eso que sientes, sin darte cuenta, que preferir eso, es renunciar a la vida, mientras te alejas de ella.

Es entonces, cuando decides entretenerte con el mal vivir y el mal sentir. Por ejemplo, cuando sientes algo desagradable. Un sentimiento, lo suficientemente sutil como para no percibirlo a simple vista, aunque te desgarre por dentro.

La tristeza o la soledad pueden ser buenos ejemplos. Imagina que dentro de ti, te sientes triste y solo. Sin embargo, no lo reconoces a fuera, te lo guardas para ti. Lo escondes y ocultas, ya que entre otras cosas, lo relacionas con tu debilidad. Como no te gusta mostrarte débil frente a los demás, rechazas esa tristeza y esa soledad. Además, estás acostumbrado a ocultar, reprimir o distorsionar lo que es desagradable para ti, así que lo compensas, entonces, con otra cosa, para que te haga sentir diferente. Y así poder olvidar, o eso te crees tú, esa tristeza o esa soledad.

Son muchas las conductas que pueden despistarte, haciéndote creer que si las practicas, puedes dejar de sentir eso que tanto te lastima. Comportamientos compensatorios que en vez de equilibrarte, te desequilibran cada vez más. Normalmente, este tipo de conductas, se basan en buscar una nueva recompensa, que te cause un placer inmediato. Ya que desde la inmediatez, parece que dejas de sentir eso que no te gusta. Sin embargo no lo dejas de sentir, simplemente lo sustituyes por otra cosa. Y eso que no quieres sentir, no te abandona, espera impaciente, detrás de la recompensa, para ver si así, te atiendas después.

Existen muchos tipos de comportamiento compensatorios que actúan a través de una recompensa inmediata. Trastornos alimenticios, el consumo de drogas o alcohol, el consumismo desmedido, encontrar el placer a través del juego o del sexo. Cuando una conducta se convierte en exceso, es que existe una carencia que la provoca. Y por compensar dicha carencia, te excedes en otra cosa, normalmente que te causa placer.

¿Y no sería mejor que en vez de compensar tu carencia, la atendieses, para así evitar tus excesos?

A pesar de todos tu esfuerzos por disimular y hacerte creer que no pasa nada, sí que pasa. Porque no has cambiado nada, sólo has añadido cosas. Has recurrido a otra nueva fuente de placer para sentir otra cosa y no lo de siempre. Pero lo de siempre, sigue intacto. Mientras que el motivo principal, de eso que te causa tristeza o soledad, sigue pasando desapercibido.

Y es que hay veces que buscamos hacer cualquier otra cosa, antes que estar vivo. Intentamos apagar lo que sentimos, como si eso surtiera efecto. No nos damos cuenta que eso que sentimos es lo que nos hace vivir. Es cierto que todo lo que sentimos no es placentero, pero también es cierto que tampoco podemos estar disfrutando todo el tiempo.
Si tu vida fuese un placer continuo.

¿Cómo reconocerías el placer?

¿Cómo aprenderías del dolor?

El origen etimológico de las palabras siempre me ha inspirado y me da pistas de cómo hacer un buen uso de ellas. Y es que SENTIR, proviene de oír, de hecho en algunos idiomas, como por ejemplo, el italiano, «sentiré», sigue significando lo mismo, oír.

Sentir, es oír lo de dentro. Escuchar lo que sientes. Escucharte. Sentirte. Aceptarte. Amarte. Porque SENTIR es VIVIR. VIVIR es sentirte y escuchar lo que cuentan tus emociones. Tienen mucho que decir a cerca de ti. No las tapes, escúchalas y aprende de ellas. Vive como ellas. Las emociones se sienten, como la vida se vive. No necesitas hacer nada más, sólo VIVIR y SENTIR. Vive mientras sientes y siente mientras vivas.

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