Tu cuerpo vive en el presente.

Tu cuerpo vive en el presente, ¿Y tu mente?. El poder de la mente es infinito y tremendamente rápido. Es capaz de retroceder en el tiempo, como adelantarse a él. En cuestión de segundos, podemos recordar alguna experiencia pasada, como imaginar nuevos acontecimientos futuros. Sin embargo, no tenemos en cuenta, que cuando nos dejamos llevar por los pensamientos, sin controlarlos, abandonamos el cuerpo, para vivir en otro sitio, que no es el presente. Aislando a la mente del cuerpo y al cuerpo de la mente, con todo lo que esto supone.

Vivir en el pasado, nos suele traer nostalgia o tristeza, si lo que recordamos, nos hace añorar tiempos mejores. Cuando el único tiempo que existe, es el presente, y por lo tanto, es el mejor tiempo. Porque esos momentos pasados, también formaron parte, una vez, de un presente, pero que ya pasó. Asimismo, si seleccionamos experiencias desagradables de nuestro pasado para recordarlas, es muy probable, que nos azote la culpa, ya que nos sentiremos culpables, por una situación que ya no es de este tiempo. El cuerpo sigue aquí, en el presente, pero tu mente viajó hacia otro momento distinto. O lo que es lo mismo, tú sigues aquí, pero tu mente no.

Cuando esto sucede,

¿Quién vive en tu presente?

Sólo tu cuerpo, esperando pacientemente a que regreses a él. Por eso tu cuerpo vive en el presente, pero tu mente, no siempre lo acompaña.

También podemos elegir vivir en el futuro. Mientras imaginamos situaciones futuras. Si las situaciones imaginadas son agradables, nos pueden ayudar a co-crear o a visualizar lo que queremos que nos pase. En cambio, si lo que imaginamos al adelantarnos en el tiempo, no es de nuestro agrado, estaremos haciendo un llamamiento inconsciente a la ansiedad, ya que nos anticipamos, al preocuparnos por algo, que aún no ha tenido lugar. Esta ansiedad anticipada, es creada por tu mente, y también puede ser tremendamente rápida a la hora de manifestarse en tu cuerpo. Tu cuerpo, que vive en el presente, pero ataviado por la calidad de tus pensamientos, se contamina entonces, con lo que estás pensando.

Tanto si decides vivir en el pasado, como en el futuro, abandonas el cuerpo y por ende, el presente, para rendirte al control de tu mente. Y como controlas tu cuerpo, a la hora de decidir que movimientos hacer, también puedes controlar tu mente, para decidir conscientemente, qué pensamientos pensar.

Imagina que estás sentado en tu sofá y te entran ganas de ir al baño. Piensas en levantarte, pero no puedes hacerlo. Tu cuerpo está paralizado y no te responde. Sientes que tu mente rige bien, pero aún así, no es capaz de ordenarle a tu cuerpo que se ponga en pie.

¿Qué harías?

¿Qué pasaría por tu mente si esto te sucediera?

Probablemente lo primero que sentirías sería un profundo desconcierto y mucha confusión. Pensarías que tu cuerpo te ha abandonado, o que ya no te hace caso, porque no sigue tus órdenes. Te frustrarías, te asustarías, te desesperarías.

¿Y qué crees que le pasa a tu cuerpo, cuando te enfrascas en tu mente y no encuentras la manera de regresar a él, al momento presente?

¿Que también se frustra, se asusta o se desespera?

Mientras tu mente piensa, tu cuerpo lo siente. Y cuando abandonas tu cuerpo para rendirte a los pensamientos de tu mente, tu cuerpo también lo siente, se resiente. Siente el abandono, en tu pérdida de control. Manifiesta y expresa lo que piensas, en forma de emociones, sentimientos o sensaciones. Y sentirse abandonado por tu mente, no parece que sea una buena sensación.

Si tu cuerpo vive en el presente, no puedes dejar que tu mente deambule en otro tiempo. Abandonar al cuerpo, significa, abandonar el momento presente. Y aunque tu mente no esté aquí, si no allí, tu cuerpo seguirá estando aquí. Este no puede habitar en otro sitio. Desconectarte del cuerpo, es desconectarte del único tiempo que existe. Deja que tu cuerpo y tu mente, se encuentren. Aislados, no pueden operar de manera óptima. Ambos tienen necesidades que cumplir y si los separas, no podrán cubrir esas necesidades, que al fin y al cabo, no dejan de ser tus propias necesidades.

No puedes aquietar a tu mente con más mente. Aunque sí con el cuerpo. Regresa a casa, a tu casa. Vuelve al cuerpo, al tiempo presente.

Tu cuerpo vive en el presente,

¿Y tú?

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