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Las mesas malditas.

Imagina que pensases que las mesas son malditas. Porque cuando eras pequeño, alguien te contó algo terrible a cerca de ellas. Fue un suceso que aún hoy, lo sigues recordando. Y durante toda tu vida, lo has ido justificando, a través de nuevas experiencias. Quien te contó la historia de las mesas malditas, fue una persona muy importante para ti, al que creías por encima de todo. Era tal tu confianza en él o ella, que no podías permitirte no tener Fe en su palabra. Así que compraste su historia, sin tan si quiera cuestionarla. 

Te hizo creer entonces, que las mesas eran objetos malignos que traían mala suerte. Asimismo, te advirtió que si hacías uso de ellas, te podías tú también contagiar de su maldad. Así que adaptaste toda tu vida, para no tener que hacer contacto con las temidas mesas malditas. Además, te diste cuenta, que el mundo estaba loco, porque estaba lleno de mesas por todas partes. Te encontrabas seguro y a salvo, en muy pocos sitios, ya que casi todos los lugares, tenían mesas malditas que te arrebataban la tranquilidad y atraían tu mala suerte.

Debido a esta creencia, tu vida no fue nada fácil. En tu niñez, tus padres tuvieron que deshacerse de todas las mesas de la casa, con todo lo que esto implicaba. Tampoco querías ir al colegio, ya que este estaba rodeado de mesas y pupitres. Así que cada día, luchabas con todas tus fuerzas, contra tus padres, para no tener que acudir al colegio. Algunos días, te salías con la tuya y conseguías convencerles de que te dejaran en casa. Pero no siempre era así, y cada vez que tenías que enfrentarte al cole y a las mesas malditas, no podías soportarlo. 

Si no conseguías convencer a tus padres, y finalmente tenías que ir al colegio en contra de tu voluntad, acababas todas las horas lectivas en el patio, al aire libre. Ya que era el único sitio en el que no había mesas o pupitres. Tu tutor y profesores ya estaban cansados de esta actitud tan atípica, y no tuvieron más remedio, que comunicárselo a tus padres,. Lo que causó que te cayera una gran reprimenda en casa. Te cambiaron tantas veces de colegio, que un buen día, se quedaron sin opciones, y tuvieron que optar por la educación a domicilio. 

Cuando tus padres y tus hermanos tenían alguna onomástica que celebrar, ya sabían que no podían contar contigo, si la celebración era fuera de casa. Puesto que era tal tu fobia a las mesas malditas, que preferías quedarte refugiado en tu habitación, por lo que pudiera pasar.

Conforme te hacías mayor, esa creencia se hizo cada vez más fuerte. Y con tan sólo ver una mesa en el televisor, en alguna revista, o a través de internet, provocaba que tu día se llenase de mala suerte.

Todos tus estudios, después del colegio, los llevaste a cabo, de manera telemática. Tus relaciones eran bastante limitadas, debido a que interactuabas con muy poca gente. Porque la gente seguía  adorando a las mesas, y tú las seguías viendo tremendamente malignas. Según tú, las mesas malditas eran las culpables de casi todos los males en el mundo, sólo que la gente, aún no se había dado cuenta de ello. Además que éstas, también tenían el poder de engañar y sugestionar a todo aquél que entrara en contacto con ellas, así que mejor, no acercarse a nadie que tuviera alguna relación con las mesas malditas.

También te costó bastante encontrar trabajo, ya que muchos de los empleos para los que te habías preparado, requerían que te sentases frente a una mesa, para desempeñar tu labor. Cosa a la que no estabas, en absoluto, dispuesto.

En realidad, tu vida se tornó muy complicada, debido a esta creencia inconsciente. La gente no solía comprender el porqué, de tu terca fobia a las mesas, y esto provocó que en más de una ocasión te tacharan de loco. Pero tú seguías creyendo firmemente en el poder maligno de las mesas malditas y los señalabas a ellos, como locos e inconscientes. 

¿Te parece loca e inconsciente esta creencia, o son los que no se la creen, los locos e inconscientes?

¿Quién hace loco a quién, la creencia al loco, o el loco a la creencia?

Quizás creas que a ti, nadie te podría convencer de que las mesas son malditas, y que jamás podrías adoptar una creencia tan absurda como esta, capaz de limitar tanto tu vida. Pero muchas veces, las creencias que adoptamos como verdades universales, no son tan evidentes, como para percatarnos de que están obstaculizando nuestra vida. Ya que existen creencias que ni si quiera sabemos que conviven entre nosotros, porque un buen día decidimos comprarlas, sin darnos cuenta.

Cómo aprendiste a caminar, a hablar, a leer, o a dibujar, de la misma manera, también aprendiste todas esas creencias que gobiernan tu vida. Y lo que estás viviendo hoy, es el resultado de muchos años de práctica y repetición. Lo has repetido tanto, que lo has convertido en automático. Todo lo bueno y lo menos bueno. Lo que te facilita la vida y lo que te limita dentro de ella.

Y es que la mayor parte de las veces, hay que desafiar a eso que llevamos creyendo desde siempre, para preguntarnos si es esa la auténtica realidad, o sólo una creencia más y muy limitante.

El protagonista de la historia, no se cuestionó en ningún momento su creencia de las mesas malditas, a pesar de que nadie de su entorno lo entendiera. Era su verdad y su realidad, y en base a ella, se comportaba. Sin darse cuenta, que sacrificó su libertad personal, para vivir según el punto de vista de otro. Se traicionó a si mismo, y se limitó durante toda su vida, por creerse algo que alguien le contó y que en su momento le convenció.

¿En qué te sacrificas tú?

¿En qué te has traicionado? 

Es cierto, que quizás esta creencia, pueda parecer tremendamente exagerada y poco creíble, para muchos. Pero cuando tenemos la necesidad de creer en algo, porque no creemos lo suficiente en nosotros mismo, somos capaces de comprar lo que sea.

Durante nuestra niñez, somos muy vulnerables a este hecho. Aprendemos del mundo, creyéndonos las historias que nos cuentan los adultos. Ya que estos son los que conocen el mundo. Sin embargo, cualquier día puede ser un buen día, para revisar viejas creencias y mejorarlas. Y fíjate que digo revisar y mejorar, y no eliminar y cambiar. Ya que si hiciste tuya, alguna creencia limitante, es porque te aportaba algo o te beneficiaba en algo. Por esa razón, no es necesario destruirla del todo. Lo que sí sería bueno, es quedarte con lo que te guste de ella, para desechar lo que no.

Cuestiónate todo aquello que no te deja ser tú. Todo aquello que te limita y te bloquea hoy. Aprende a dudar, para reaprender lo que te queda por asimilar. ¡DUDA!, replantéate lo que siempre has creído, para que aprendas a creer, quién puedes llegar a ser. 

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La película de tu vida.

La película de tu vida, no te cuenta toda la verdad al completo. Porque la mayor parte de las películas que montas en tu cabeza, no te dejan ver esa realidad. Las editas en base a una interpretación filtrada. A través de las opiniones y de los juicios que haces de lo que te pasa, en función a las creencias que hayas decidido comprar y que al final, son las que le dan sentido a tu realidad.

Aunque seas el protagonista de tu vida y de tu película personal, también formas parte del reparto en las películas de los demás, por eso nunca es la misma película la tuya y la del resto. Porque cada uno crea y monta su propia película, independientemente de quiénes sean los personajes que la interpretan. Cada film habla de una historia diferente, aunque sea la misma trama la que se acontece. Y es el significado de esa trama, la que hace, que para ti y para mí, no sea la misma película.

Imagina que entras en un Multicine con un montón de salas abiertas. En cada una de esas salas, se está proyectando una película diferente. Con tanta variedad y tantas opciones, no sabes cuál ver primero. Aunque tras dejarte llevar por tu intuición, decides entrar en la sala número uno. 

Al introducirte en la sala, tienes la sensación de que ya has visto esa película, o que por lo menos, te resulta tremendamente familiar. Conforme pasan las imágenes, te das cuenta, de que es la película de tu vida, la que se está emitiendo. Tú eres el protagonista. El resto de los actores secundarios, son todas aquellas personas que te acompañan en tu día a día. Son tu madre, tu padre, tus amigos, tus vecinos y conocidos, los compañeros de trabajo, tu enamorada o enamorado, tus hijos…

Miras a tu alrededor y te percatas, que no hay nadie más en sala, salvo una persona que permanece sentada y muy atenta, a lo que está sucediendo, en primera fila. Decides colocarte detrás de ella. Sientes intriga de quién pueda ser. Y te da mucha curiosidad conocer a ese espectador que parece estar disfrutando con la película de tu vida.
Tras fijarte bien en su pelo, en su silueta, en sus movimientos, e incluso en su risa, descubres que eres tú mismo el que está viendo esa película. No das crédito a lo que está pasando, incluso llegas a pensar que puedes estar soñando. Tras pellizcarte unas cuantas veces, renuncias a que pueda ser un sueño y sigues observando la película con suma atención.

Como ya sabes lo que te va a contar esa película, ya que es tu propia vida, la que se está proyectando. Piensas que quizás, sería bueno cambiar de sala, para comprobar que más películas se están emitiendo. Así que sales de la sala número uno y te introduces en la sala número dos.

Antes de atender a lo que se está proyectando en la pantalla principal, extiendes tu mirada, por la sala número dos. También está casi vacía, excepto por un espectador que está absorto en la película. En esta ocasión, decides sentarte a su lado. El espectador ni siquiera se inmuta, te fijas en él y te das cuenta de que es tu madre, esa espectadora que observa ensimismada lo que está pasando por la pantalla. Incluso llegas a hablarla, pero esta no te responde, así que empiezas a observar la nueva película. 

En esta ocasión, tú ya no eres el protagonista. Ya que la historia que se está proyectando es la de tu madre. Apareces en la trama, como personaje o actor secundario. Esta historia, aunque te sigue resultando familiar, no se corresponde del todo, con lo creías de ella. Hay escenas que ni si quiera pensaste que se podían haber producido, y otras conocidas para ti, no parecen tener el mismo significado que cuando tú las viviste, en primera persona. 

Al ver esta película, te das cuenta, de todo lo que ha sentido, siente o sintió tu madre. También compruebas la idea que tiene tu madre de ti, y que no coindice con la tuya. A través de ella, entiendes lo que realmente piensa y no lo que tú pensabas que pensaba. Sientes que te va a explotar la cabeza. No comprendes muy bien, lo que está sucediendo, así que decides salir de la sala número dos, para explorar el resto de salas.

En vez de adentrarte en la sala número tres, prefieres saltarte el orden establecido y apuestas por la número seis. Vuelves a verificar la audiencia de la sala, para observar que sólo hay una persona, sentada en la parte de atrás. A la que reconoces inmediatamente, es tu enamorado o enamorada. Le hablas, mientras sujetas su mano, pero no te hace ni caso. Te sientes invisible. Pero como te sucedió lo mismo, en sala número dos, cuando te intentaste comunicar con tu madre, decides atender a la película.

Una vez más, descubres que lo que se está proyectando en la sala seis, a pesar de que pensabas que conocías su historia, no tiene nada que ver con lo que tú pensabas de ella. Porque su película es muy diferente a tu película. En este film, y como personaje secundario, entiendes muchas cosas, que no habrías podido entender desde tu propia película. 

Como ya has perdido la noción del tiempo y pese a que te sientes algo confundido, aunque más despierto. Exploras el resto de las salas que te quedan por explorar, que son muchas, para terminar sacando la misma conclusión de todas ellas. 

La película de tu vida, no es la misma película que ve tu hermano, o tu vecino, si quiera tu hijo. Son películas completamente diferentes, ya que no todos entendemos la realidad de la misma manera. Y aunque compartamos tramas, secuencias o escenas, lo que observamos en ellas, lo que aprendemos y lo que pensamos y sentimos, es bien distinto, por eso parecen también, diferentes las películas.

Te comparto esta reflexión, extraída del libro «El Quinto Acuerdo», para que a partir de ahora, tengas en consideración, todas las películas de los demás. Para que no te encierres en tu propia sala, y para que te permitas explorar el resto de salas y de películas. Ya que a través de ellas, podrás entender mucho mejor, la realidad de tu vecino, para así compararla con la tuya. Ambas realidades tienen mucho que contar. Los planos y los enfoques pueden parecer distintos, pero todos contienen la misma verdad, la misma historia, la tuya y la de los demás, la auténtica realidad.

La película de tu vida, es sólo una realidad relativa y está incompleta. La completas cuando añades secuelas de los diferentes personajes. Cuando dejas de atender a tu película y aprendes con la de los demás. No te abstraigas en tu propia película, explora el resto de salas, porque en ellas se encuentran las historias que te faltan, para darle el sentido real, a la película de tu vida.

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Toda desventaja tiene su ventaja equivalente.

Toda desventaja tiene su ventaja equivalente. Enfócate en la nueva puerta, y no en la que se acaba de cerrar.

Hay veces, que se vuelve complicado darle un sentido optimista a la existencia. Porque la vida también abofetea en determinadas situaciones, hacíendonos tropezar. Algunos días, nos vapulea a su antojo, acompañándonos hacia el filo del abismo. Desde allí, y sin respiración, podemos saltar al vacío, esperar mientras observamos, o retroceder con cuidado. Y en realidad, no tiene importancia, lo que decidamos hacer o el camino que elijamos para llegar, a dónde tenemos que llegar. Porque de alguna manera u otra, siempre llegamos. Más tarde o más temprano, agotados o fortalecidos, triunfantes o alicaídos.

«Un optimista ve la oportunidad en toda calamidad; un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad.» (Winston Churchill)

El viaje hacia uno mismo no es fácil, ni siempre agradecido. El agradecimiento se da, cuando consigues encontrarte entre tus luces y tus sombras. Habrá días, en los que los claros, te deslumbren y encandilen. En otros momentos , será tu oscuridad la que te ciegue, y no porque no te deje ver, si no porque cuando resplandece su luz, no distingues bien, entre lo que está, y ya se fue. Porque toda desventaja tiene su ventaja equivalente y cuando una puerta se cierra, automáticamente se abre otra, y es por esa nueva puerta, por la que debes transitar.

Todas las experiencias que vives, tanto las buenas, como las menos buenas, tienes que vivirlas, ya que si no lo hicieras, no podrías llegar a ti. Todo lo que te sucede, te conviene, y todo lo que te conviene, te termina sucediendo. Puedes aceptarlo de buen grado, rechazarlo, o luchar contra ello. Si luchas, te agotas, si lo rechazas, te rechazas, y sólo cuando lo aceptas y cedes a vivir la experiencia, tal cual se presenta, avanzas. Renuncia a vivir únicamente lo que quieres que te pase, y ríndete a lo que te pasa. Casi todo tu sufrimiento proviene de tus resistencias y desaparece cuando te entregas a la experiencia.

Imagínate que fueses un salmón a punto de desovar. Sabes que el camino que te queda por recorrer es arduo complicado. Además que debes abandonar la vastedad del mar, para volver al río que te vio nacer. Sin embargo, a pesar de que ya esté sonando la alarma de tu reloj biológico, sientes que has perdido gran parte de tu confianza, mientras te convences que no vas a ser capaz de iniciar el viaje de regreso a casa. Te resistes a embarcar y te entretienes por el camino.

Un buen día y mientras nadas despistado, sin rumbo aparente, te encuentras atrapado por una voraz tormenta. Esta te golpea con violencia y no encuentras refugio en el que poder acomodarte. La tempestad dura varios días y sientes en tu cuerpo sus efectos secundarios. Has perdido gran parte de tus escamas y tienes algunas cicatrices en tu cola.

Cuando llega la calma, observas a tu alrededor, pero no consigues encontrar a ningún salmón conocido, con el que compartir tu angustiosa experiencia. Sospechas que es muy probable, que todos los de tu misma especie, se hayan embarcado ya en su gran viaje. Lo que te hace recapacitar. A pesar de tus heridas,  ¡Has superado la tormenta!. Demostrándote así, que puedes hacerte cargo. Ahora te sientes muy capaz y lleno de confianza. Entendiendo que era el rechazo a no querer avanzar, lo que alimentaba esa desconfianza.

«Toda desventaja tiene su ventaja equivalente, si te tomas el trabajo de encontrarla.» (W. Clement Stone)

Así fue como el salmón aprovechó, la ventaja en la desventaja de la tormenta, y habiendo aprendido la lección, se rindió al ciclo de los acontecimientos, comenzando con su viaje de regreso.

¿Y tú, trabajas en encontrar la ventaja, en la desventaja?

Cuando pierdes la confianza en ti, en la vida, o en los demás, se vuelve costoso recuperarla. Aunque la vida siempre te ofrece nuevas oportunidades de poder hacerlo. Quizás tengas que pasar por alguna voraz tormenta, para entender que eres muy capaz de hacerte cargo. Y es que a pesar de las duras tempestades a las que tengas que enfrentarte, siempre puedes aprovechar la calma de después, para encontrar la ventaja en la desventaja, y retomar tu camino de vuelta a casa.

«Es la ley de la vida, que cada vez que se nos cierra una puerta, se nos abre otra. Lo malo es que con frecuencia, miramos con demasiado ahínco hacia el pasado, y añoramos la puerta cerrada, con tanto afán, que no vemos la que se acaba de abrir.» (Albert Schzweitszer)

Toda desventaja tiene su ventaja equivalente, ya que las ventajas, surgen de las desventajas. Como las oportunidades nacen de las crisis, y las puertas abiertas, emergen de otras que se cierran. No te cierres a lo nuevo, ni mires con ahínco hacia el pasado. Ábrete a lo que está por llegar, y a las ventajas de tu nuevo futuro.

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Qué harías si fueses.

¿Qué harías si fueses alguien que no eres?
¿Qué harías si fueses alguien?
¿Qué harías si fueses?
¿Qué harías?

Aunque a bote pronto, está lista de cuestiones, puedan parecer diferentes preguntas, son en realidad, la misma pregunta. O dicho de otra forma, puedes contestarlas, con una única respuesta. Sin embargo, vamos por partes. Empieza contestando a la primera. Sin pensarla demasiado, atiende a lo primero que haya pasado por tu cabeza.

¿Qué ha sido?

Debo matizar, que para tu inconsciente no existe el NO, la negación es sólo una invención de tu mente, para rechazar lo opuesto a lo que cree, o a lo que no acepta. Es decir, que aunque te haya preguntado que qué harías, si fueses alguien que no eres, lo que tu inconsciente interpretó, fue que qué harías, si fueses alguien que eres. No puedes no ser, como no puedes no vivir, si estás vivo. Tampoco no puedes no pensar, y más cuando te fuerzas a no hacerlo. Esto es, que sólo puedes ser, aunque algunas veces, te resistas a ello.

Te dejo aquí una entrada en la que explico, por qué tú inconsciente no registra el NO:

La manzana azul, tu atención.

Por tanto, sería interesante que no olvidases eso que contestaste, tras la primera pregunta. Ya que lo que hiciste fue decir, lo que te gustaría hacer, pero que no haces. Y no lo haces, porque te identificas sólo con una parte de tu ser. La manera que tenemos de auto-percibimos, implica aceptar lo que creemos que somos y desestimar lo que no. Sin embargo, lo que crees que no eres, algunas veces, dice mucho más de ti, que con lo que sólo te identificas.

Cambio la pregunta:

¿Qué harías si fueses un gato, o un perro, o alguien que ha perdido los brazos y las piernas?

En mi caso, si fuese un gato, intentaría ir de regazo en regazo, para intentar calmar, a través de mi ronroneo, todas las insatisfacciones de mis compañeros los humanos. También le dedicaría gran parte de mi día al juego y a la aventura. Exploraría nuevos territorios para expandir mi mente felina. Caminaría sobre tejados para sentirme más cerca del cielo. Escalaría los árboles más altos y cotillearía a mis vecinos, a través de sus ventanas. Me tendería al sol, mientras me acicalo y descansaría lo justo, preferiblemente acompañado.

Si fuese un perro, amaría a mi amo y compañero, por encima de todas las cosas. Jugaría con él, y lo acompañaría en sus peores momentos. También le protegería de todo lo que no le conviene. Ladraría para despistar sus pensamientos. Le llenaría de lengüetazos para calmar sus preocupaciones. Mordisquearía los bajos de sus pantalones para sacarle de cualquier embrollo indeseado. Saldría a pasear siempre que pudiese y haría alianza con los otros canes de mi barrio. Dormiría a ratos y sacrificaría mi propia felicidad, por la de mi amo.

Si pierdo mis brazos y mis piernas, aprendería a abrazar con la mirada y correría maratones con la mente. Estaría mucho más cerca de la gente que quiero. Daría charlas por todo el mundo, de cómo se puede vivir feliz, aún sin extremidades. Aprendería a pintar con la boca. Estudiaría dos o tres carreras. Entablaría conversación con todos, para colmarles con halagos. Me haría monologuista para regalar sonrisas. Adoptaría a un gato para poder imaginarme todo lo que haría si fuese como él. Y acogería a un perro, para que me sacase a pasear y me llenase de lengüetazos.

Estos son sólo algunos ejemplos de lo que puedes hacer, incluso sin ser tú. Sin embargo, aunque no te lo parezca, todo lo que harías, sin ser tú, también habla de ti. Porque lo piensas e imaginas tú. Y todo eso que te gustaría hacer, aún siendo otro animal u otra persona, es más tú, que el propio ser que tú crees que eres. En la imaginación siempre seremos libres. Ya que no hay límites para imaginar, porque puedes imaginar lo que quieras y lo que más te apetezca. Los límites siempre los crea tu mente.

Así que ahora me gustaría que contestases una última pregunta:

¿Qué harías si fueses un chiflado?(Un chiflado que respeta las reglas)

Coge lápiz y papel y anota cada cosa, que pase por tu cabeza, por muy chiflada que te parezca. Ya que cada una de esas cosas, es importante para ti. Es todo eso que no te permites hacer, por temor a que te tachen de chiflado. Cosas que reprimes por miedo a lo que te puedan decir, a lo que puedan pensar, o incluso, por miedo a hacerlas, y descubrir que te gustan más, de lo que haces habitualmente.

Y porque las escribas en un papel, tampoco quiere decir, que tengas que llevarlas a cabo. Ya que tú decides en todo momento, lo que quieres hacer con tu vida y, por ende, como vivirla. Esto tan sólo, es una práctica que te puede a ayudar a entender, que quizás mucho de lo que haces no te hace feliz, y que lo que realmente te hace feliz, no lo haces, por no convertirte en un chiflado.

Según la RAE, chiflado es aquel, que tiene algo perturbada la razón. Otra acepción que contempla, es aquella persona que siente atracción exagerada por alguien o por algo.

Y es que hay veces, que nos volvemos auténticos chiflados, cuando por no perturbar nuestra razón, hacemos lo que no nos sale del corazón. O que por aparentar cuerdos y correctos, se nos olvida ser felices. Incluso, hay momentos, en los que rechazamos lo que verdaderamente nos atrae «sanamente», por miedo a ser rechazos por los demás.

«Tú eres loco, chiflado…
Pero déjame decirte un secreto:
Algunas de las mejores personas, lo son»
(Alicia en el País de las Maravillas)

¿Y tú, qué harías si fueses alguien que no eres?

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No busques fuera lo que te gratifica dentro.

«No busques fuera lo que te gratifica dentro, busca dentro lo que te gratifica dentro y fuera.»

No busques fuera lo que te gratifica dentro. Pues tú satisfacción interna, no la encontrarás afuera.
En esta entrada, me gustaría hablar de las necesidades y de los deseos. De cuáles son sus diferencias y el porqué es sumamente importante, distinguirlos bien.
Muchas veces, tendemos a convertir en necesidad un deseo, con lo peligroso que esto puede llegar a ser, dependiendo del tipo de deseo que tengamos en mente.

¿Y por qué, puede ser esto tan peligroso?

Pues porque cuando convertimos el deseo en necesidad, nos volvemos débiles y vulnerables, ya que depositamos todas nuestras esperanzas en conseguir eso que creemos necesitar. Entendiendo, que si no llegamos a conseguir eso que queremos, jamás podremos alcanzar la felicidad. Por este motivo, además de tener mucho cuidado con lo que se desea, hay que ser extremadamente meticuloso, en no convertir ciertos deseos, en necesidades imprescindibles.

¿Qué es el DESEO?

El deseo es algo que queremos.

¿Y qué es una NECESIDAD?

La NECESIDAD, es algo que creemos necesitar, más allá de quererlo.

La diferencia fundamental, entre deseo y necesidad, es por tanto, que uno, lo queremos, el deseo. Y la necesidad, la creemos necesitar, repito, la creemos necesitar, para ser felices.
Porque si hay algo en lo que siempre coincidimos todos los seres humanos de la faz de la tierra, es querer, y no tener la necesidad, cuidado con esto, de ser felices.

Buscamos la felicidad por todos lados, pensamos que está en cosechar logros, en acumular cosas, en estar rodeados de personas que nos aman. Sin darnos cuenta, que la felicidad es sólo un estado del Ser. Del ser que se siente feliz, ni por algo, ni por nadie, por sí mismo. Ya que la felicidad de uno mismo, nada tiene que ver con los demás, ni con las cosas o los logros acumulados. Esto es, la felicidad no se construye fuera, si no dentro de nosotros. Por eso es tan peligroso crear necesidades externas, que nos hacen creer, que sólo en ellas encontraremos la plena satisfacción de sentirnos felices.

Si conseguimos eso que deseamos, podemos ser felices, pero si no lo conseguimos, tampoco pasa nada, porque nuestra felicidad no depende de ello. Esto es desear. No tiene nada de malo, desear cosas. En cambio, cuando convertimos el deseo en necesidad, si no logramos alcanzar eso que necesitamos, creeremos que jamás podremos disfrutar de la tan ansiada felicidad. Es decir, que la necesidad no es más que un creencia ficticia, a la que nos aferramos, para sentirnos afortunados, si la conseguimos, o desgraciados, si no lo hacemos. Por eso, no busques fuera lo que te gratifica dentro. Satisfacer lo de dentro, con lo de fuera, te dejará vacío dentro y fuera.

Un ejemplo de deseo, que creo que todos alguna vez, hemos deseado, puede ser por ejemplo, que nos toque la lotería.
Si nos toca, obviamente nos sentiremos tremendamente bien por el premio, aunque si no nos toca, nos tendremos que resignar y seguir viviendo tan «ricamente». Porque nuestra felicidad no depende de que nos toque o no la lotería. Esto puede ser un plus, que mejore nuestra calidad de vida, aunque no un imprescindible, para seguir viviendo, feliz.

Pero, ¿Y qué pasa cuando convertimos este deseo de ganar la lotería en necesidad?

Pues lo primero que pensaremos es que si no nos toca, seremos unos desgraciados. Sintiéndonos tremendamente frustrados y vulnerables, ya que al colocar todas nuestras esperanzas, en una necesidad vital, que no llega, esto nos hace sentir vacíos y desesperanzados.

Por otro lado, si nos tocara, al pensar equivocadamente, que eso nos iba a traer la felicidad, podemos sentirnos desilusionados.

¿Pero cómo va ser esto, si eso era lo necesitábamos para ser felices?

¿Lo necesitábamos o creíamos necesitar?

Al no venir en pack la felicidad, junto con el premio, tarde o temprano, nos daremos cuenta, que el dinero, no era todo lo que esperábamos. Puesto que colocamos erróneamente nuestras expectativas de la felicidad, en un premio, que en realidad, sólo era eso, un premio monetario, que nada tenía que ver con nuestra propia satisfacción interior.

Por si esto fuera poco, como confundimos el deseo con necesidad, al obtener el premio, nos pueden empezar a surgir miedos de todo tipo, relacionados con la posibilidad de perderlo. Es decir, que como lo ganamos, también lo podemos perder, y esto nos causará intranquilidad inmediata, desasosiego y nos robará encima, la seguridad que creíamos haber alcanzado. Por eso, no busques fuera, lo que te gratifica dentro. Ni en la lotería, ni en nada que no provenga de ti o de tu interior.

Estas son sólo algunas consecuencias, de lo que sucede, cuando convertimos un deseo en necesidad. Cuando además de querer algo, lo creemos necesitar, como imprescindible, para poder ser felices, o para alcanzar nuestra felicidad.

Existen muchos ejemplos de necesidades ficticias que nos hacen creer, que son indispensables para hacer de nuestras vidas más felices. Necesidades como:

– Encontrar a alguien que nos ame y al que poder amar.
– Formar una familia, antes de que se nos pase el arroz.
– Tener algo en propiedad, un piso, un coche…ya que si no lo logramos, todos pensarán que somos unos muertos de hambre.
– Ser alguien en la vida. Con el fin de aprovechar bien nuestras capacidades y talentos, para así no sentirnos fracasados o inútiles.
– Vivir por mucho tiempo, cuanto más mejor.
– Tener una vida llena de aventuras y emocionante. Ya que si no es así, es porque somos aburridos y habremos desaprovechado nuestros días en la tierra.
– La creencia de que «más siempre, es mejor», o que el progreso es siempre bueno y consiste por tanto, en tener cada vez más cosas, cosechar más éxitos y tener más inteligencia.
– La necesidad de huir de la soledad. Porque los seres humanos somos seres sociales y tenemos que estar siempre acompañados.

Fíjate que cada una de las necesidades anteriores, son tan sólo creencias. Y algunas de ellas muy limitantes, porque si no se dan, te sentirás perdido.
Y es que tenemos la capacidad de convertir en necesidad cualquier cosa que se nos ocurra. Lo curioso aquí es que nos equivocamos a la hora de creer que necesitamos muchas cosas, o a muchas personas a nuestro alrededor, para ser felices. Porque la felicidad no va de eso, no va ni de tener, ni de lograr, la felicidad consiste en Ser feliz. Y al Ser feliz, no se necesita nada. No se necesita nada, mientras tengamos cubiertas nuestras necesidades básicas. Con poquito vamos y cuánto más ansiemos, más insatisfechos nos sentimos.

Por eso, no busques fuera lo que te gratifica dentro. Porque una cosa es desear hacer algo, y otra muy distinta es creer necesitarlo para ser feliz.

Te haré una pregunta:

¿Eres Feliz?

¿Y qué te falta para serlo?

Si contestas con algo externo, es decir, algo como, más dinero, más amigos, más bienes, una casa más grande, un trabajo mejor, un coche más potente, más planes emocionantes, lograr el éxito…es porque sigues pensando que la felicidad está ahí fuera. También puedes pensar que con otro cuerpo, o incluso con otra cara, te costaría menos ser feliz. Cuando en realidad, la felicidad se crea dentro. Por eso, no debes buscar fuera lo que te gratifica dentro. Ya que si consiguieras cualquiera de las cosas que crees que te faltan, tampoco te sentirías plenamente satisfecho. Si no cultivas antes y no atiendes a tu felicidad interna, tampoco podrás reconocerla ahí fuera.

En cambio, si contestases con algo como: sería más feliz si pensara de diferente manera, si adquiriese nuevas perspectivas, si no tuviese tanto miedo, si no fuera tan negativo, si me quisiera más, si no le diera tanta importancia a la parte material de mi existencia…todas estas cosas, no son precisamente externas, si no internas, están en ti, y dependen de ti. Si consiguieras mejorar alguno de estos aspectos, mejorarías tú y por ende, también tu felicidad. Y lo de fuera te importaría un comino, porque ya eres feliz por dentro.

¿Porque, qué pasa con lo de dentro?

Que se proyecta fuera. Si te sientes insatisfecho dentro, intentarás buscar tu satisfacción en lo de fuera, para compensar tu desdicha. Aunque ya sabes que lo de fuera no encaja dentro. En cambio cuando te sientes pleno y satisfecho con lo de dentro, lo de fuera ya no tiene importancia. Así que no inventes necesidades. No te hagas creer que encontrarás en ellas tu Felicidad. Porque tu felicidad parte de ti y depende ti, no de lo de fuera. No busques fuera lo que te gratifica dentro, busca dentro lo que te satisface, dentro y fuera.

Si sigues pensando que necesitas algo, o qué te falta algo, para alcanzar la felicidad, te haré más preguntas.

Primero usaré un argumento comparativo:

¿Existen otras personas que son felices en tu misma situación?

¿Qué crees que hacen diferente, para poder serlo?

Porque como explicaba antes, todos podemos crear necesidades ficticias que nos hagan creer, que necesitamos algo más, para ser felices. Aunque ya sabemos que esto es un engaño de nuestra mente. Con lo que tienes y con lo que ya cuentas, puedes ser feliz, sólo que se te ha olvidado cómo hacerlo. Y es que existen muchas personas que con mucho menos de lo que tú posees, han aprendido a ser felices, no porque se hayan resignado, si no porque han comprendido, la mayor lección de vida, y es que el Ser no necesita tener, para sentirse satisfecho. No eres lo que tienes, ni lo que tienes te define.

¿Qué pasaría entonces, si lo perdieras todo?

¿Que dejarías de Ser?

¡Qué tontería!. Eres con y sin posesiones. Esa es tu esencia.
La paradoja de todo esto, es que nunca puedes dejar de Ser, aunque te quedes sin nada, y aún sin nada, seguirás siendo.

¿A caso todos los ricos  o gente exitosa, son felices?

Y ya para ir acabando, me gustaría que imaginases, que de la noche a la mañana, pierdes todas tus pertenencias. Pierdes tu casa, tu coche, todos tus bienes…teniendo que enfrentarte al mundo sin nada, tan sólo contigo. Tienes la tranquilidad, que para comer, dormir y asearte, puedes acudir, a diferentes centros para la beneficencia que hay en tu cuidad.

¿Qué harías?

¿Cambiarías tu forma de vivir?

¿Cuáles serían tus objetivos en la vida, si no tuvieses nada que guardar, ni facturas que pagar, ni nada que poder comprar?

¿Podrías ser feliz sin nada, más que contigo?

Espero que esta reflexión te ayude a seguir entendiendo, que crear necesidades inventadas, es una trampa y que si caes en ella, te sentirás tremendamente insatisfecho.

«No busques fuera lo que te gratifica dentro, busca dentro, lo que te gratifica, dentro y fuera.»

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Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

¿Te apuntas?
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Laura Fernádez ©
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