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No busques fuera lo que te gratifica dentro.

«No busques fuera lo que te gratifica dentro, busca dentro lo que te gratifica dentro y fuera.»

No busques fuera lo que te gratifica dentro. Pues tú satisfacción interna, no la encontrarás afuera.
En esta entrada, me gustaría hablar de las necesidades y de los deseos. De cuáles son sus diferencias y el porqué es sumamente importante, distinguirlos bien.
Muchas veces, tendemos a convertir en necesidad un deseo, con lo peligroso que esto puede llegar a ser, dependiendo del tipo de deseo que tengamos en mente.

¿Y por qué, puede ser esto tan peligroso?

Pues porque cuando convertimos el deseo en necesidad, nos volvemos débiles y vulnerables, ya que depositamos todas nuestras esperanzas en conseguir eso que creemos necesitar. Entendiendo, que si no llegamos a conseguir eso que queremos, jamás podremos alcanzar la felicidad. Por este motivo, además de tener mucho cuidado con lo que se desea, hay que ser extremadamente meticuloso, en no convertir ciertos deseos, en necesidades imprescindibles.

¿Qué es el DESEO?

El deseo es algo que queremos.

¿Y qué es una NECESIDAD?

La NECESIDAD, es algo que creemos necesitar, más allá de quererlo.

La diferencia fundamental, entre deseo y necesidad, es por tanto, que uno, lo queremos, el deseo. Y la necesidad, la creemos necesitar, repito, la creemos necesitar, para ser felices.
Porque si hay algo en lo que siempre coincidimos todos los seres humanos de la faz de la tierra, es querer, y no tener la necesidad, cuidado con esto, de ser felices.

Buscamos la felicidad por todos lados, pensamos que está en cosechar logros, en acumular cosas, en estar rodeados de personas que nos aman. Sin darnos cuenta, que la felicidad es sólo un estado del Ser. Del ser que se siente feliz, ni por algo, ni por nadie, por sí mismo. Ya que la felicidad de uno mismo, nada tiene que ver con los demás, ni con las cosas o los logros acumulados. Esto es, la felicidad no se construye fuera, si no dentro de nosotros. Por eso es tan peligroso crear necesidades externas, que nos hacen creer, que sólo en ellas encontraremos la plena satisfacción de sentirnos felices.

Si conseguimos eso que deseamos, podemos ser felices, pero si no lo conseguimos, tampoco pasa nada, porque nuestra felicidad no depende de ello. Esto es desear. No tiene nada de malo, desear cosas. En cambio, cuando convertimos el deseo en necesidad, si no logramos alcanzar eso que necesitamos, creeremos que jamás podremos disfrutar de la tan ansiada felicidad. Es decir, que la necesidad no es más que un creencia ficticia, a la que nos aferramos, para sentirnos afortunados, si la conseguimos, o desgraciados, si no lo hacemos. Por eso, no busques fuera lo que te gratifica dentro. Satisfacer lo de dentro, con lo de fuera, te dejará vacío dentro y fuera.

Un ejemplo de deseo, que creo que todos alguna vez, hemos deseado, puede ser por ejemplo, que nos toque la lotería.
Si nos toca, obviamente nos sentiremos tremendamente bien por el premio, aunque si no nos toca, nos tendremos que resignar y seguir viviendo tan «ricamente». Porque nuestra felicidad no depende de que nos toque o no la lotería. Esto puede ser un plus, que mejore nuestra calidad de vida, aunque no un imprescindible, para seguir viviendo, feliz.

Pero, ¿Y qué pasa cuando convertimos este deseo de ganar la lotería en necesidad?

Pues lo primero que pensaremos es que si no nos toca, seremos unos desgraciados. Sintiéndonos tremendamente frustrados y vulnerables, ya que al colocar todas nuestras esperanzas, en una necesidad vital, que no llega, esto nos hace sentir vacíos y desesperanzados.

Por otro lado, si nos tocara, al pensar equivocadamente, que eso nos iba a traer la felicidad, podemos sentirnos desilusionados.

¿Pero cómo va ser esto, si eso era lo necesitábamos para ser felices?

¿Lo necesitábamos o creíamos necesitar?

Al no venir en pack la felicidad, junto con el premio, tarde o temprano, nos daremos cuenta, que el dinero, no era todo lo que esperábamos. Puesto que colocamos erróneamente nuestras expectativas de la felicidad, en un premio, que en realidad, sólo era eso, un premio monetario, que nada tenía que ver con nuestra propia satisfacción interior.

Por si esto fuera poco, como confundimos el deseo con necesidad, al obtener el premio, nos pueden empezar a surgir miedos de todo tipo, relacionados con la posibilidad de perderlo. Es decir, que como lo ganamos, también lo podemos perder, y esto nos causará intranquilidad inmediata, desasosiego y nos robará encima, la seguridad que creíamos haber alcanzado. Por eso, no busques fuera, lo que te gratifica dentro. Ni en la lotería, ni en nada que no provenga de ti o de tu interior.

Estas son sólo algunas consecuencias, de lo que sucede, cuando convertimos un deseo en necesidad. Cuando además de querer algo, lo creemos necesitar, como imprescindible, para poder ser felices, o para alcanzar nuestra felicidad.

Existen muchos ejemplos de necesidades ficticias que nos hacen creer, que son indispensables para hacer de nuestras vidas más felices. Necesidades como:

– Encontrar a alguien que nos ame y al que poder amar.
– Formar una familia, antes de que se nos pase el arroz.
– Tener algo en propiedad, un piso, un coche…ya que si no lo logramos, todos pensarán que somos unos muertos de hambre.
– Ser alguien en la vida. Con el fin de aprovechar bien nuestras capacidades y talentos, para así no sentirnos fracasados o inútiles.
– Vivir por mucho tiempo, cuanto más mejor.
– Tener una vida llena de aventuras y emocionante. Ya que si no es así, es porque somos aburridos y habremos desaprovechado nuestros días en la tierra.
– La creencia de que «más siempre, es mejor», o que el progreso es siempre bueno y consiste por tanto, en tener cada vez más cosas, cosechar más éxitos y tener más inteligencia.
– La necesidad de huir de la soledad. Porque los seres humanos somos seres sociales y tenemos que estar siempre acompañados.

Fíjate que cada una de las necesidades anteriores, son tan sólo creencias. Y algunas de ellas muy limitantes, porque si no se dan, te sentirás perdido.
Y es que tenemos la capacidad de convertir en necesidad cualquier cosa que se nos ocurra. Lo curioso aquí es que nos equivocamos a la hora de creer que necesitamos muchas cosas, o a muchas personas a nuestro alrededor, para ser felices. Porque la felicidad no va de eso, no va ni de tener, ni de lograr, la felicidad consiste en Ser feliz. Y al Ser feliz, no se necesita nada. No se necesita nada, mientras tengamos cubiertas nuestras necesidades básicas. Con poquito vamos y cuánto más ansiemos, más insatisfechos nos sentimos.

Por eso, no busques fuera lo que te gratifica dentro. Porque una cosa es desear hacer algo, y otra muy distinta es creer necesitarlo para ser feliz.

Te haré una pregunta:

¿Eres Feliz?

¿Y qué te falta para serlo?

Si contestas con algo externo, es decir, algo como, más dinero, más amigos, más bienes, una casa más grande, un trabajo mejor, un coche más potente, más planes emocionantes, lograr el éxito…es porque sigues pensando que la felicidad está ahí fuera. También puedes pensar que con otro cuerpo, o incluso con otra cara, te costaría menos ser feliz. Cuando en realidad, la felicidad se crea dentro. Por eso, no debes buscar fuera lo que te gratifica dentro. Ya que si consiguieras cualquiera de las cosas que crees que te faltan, tampoco te sentirías plenamente satisfecho. Si no cultivas antes y no atiendes a tu felicidad interna, tampoco podrás reconocerla ahí fuera.

En cambio, si contestases con algo como: sería más feliz si pensara de diferente manera, si adquiriese nuevas perspectivas, si no tuviese tanto miedo, si no fuera tan negativo, si me quisiera más, si no le diera tanta importancia a la parte material de mi existencia…todas estas cosas, no son precisamente externas, si no internas, están en ti, y dependen de ti. Si consiguieras mejorar alguno de estos aspectos, mejorarías tú y por ende, también tu felicidad. Y lo de fuera te importaría un comino, porque ya eres feliz por dentro.

¿Porque, qué pasa con lo de dentro?

Que se proyecta fuera. Si te sientes insatisfecho dentro, intentarás buscar tu satisfacción en lo de fuera, para compensar tu desdicha. Aunque ya sabes que lo de fuera no encaja dentro. En cambio cuando te sientes pleno y satisfecho con lo de dentro, lo de fuera ya no tiene importancia. Así que no inventes necesidades. No te hagas creer que encontrarás en ellas tu Felicidad. Porque tu felicidad parte de ti y depende ti, no de lo de fuera. No busques fuera lo que te gratifica dentro, busca dentro lo que te satisface, dentro y fuera.

Si sigues pensando que necesitas algo, o qué te falta algo, para alcanzar la felicidad, te haré más preguntas.

Primero usaré un argumento comparativo:

¿Existen otras personas que son felices en tu misma situación?

¿Qué crees que hacen diferente, para poder serlo?

Porque como explicaba antes, todos podemos crear necesidades ficticias que nos hagan creer, que necesitamos algo más, para ser felices. Aunque ya sabemos que esto es un engaño de nuestra mente. Con lo que tienes y con lo que ya cuentas, puedes ser feliz, sólo que se te ha olvidado cómo hacerlo. Y es que existen muchas personas que con mucho menos de lo que tú posees, han aprendido a ser felices, no porque se hayan resignado, si no porque han comprendido, la mayor lección de vida, y es que el Ser no necesita tener, para sentirse satisfecho. No eres lo que tienes, ni lo que tienes te define.

¿Qué pasaría entonces, si lo perdieras todo?

¿Que dejarías de Ser?

¡Qué tontería!. Eres con y sin posesiones. Esa es tu esencia.
La paradoja de todo esto, es que nunca puedes dejar de Ser, aunque te quedes sin nada, y aún sin nada, seguirás siendo.

¿A caso todos los ricos  o gente exitosa, son felices?

Y ya para ir acabando, me gustaría que imaginases, que de la noche a la mañana, pierdes todas tus pertenencias. Pierdes tu casa, tu coche, todos tus bienes…teniendo que enfrentarte al mundo sin nada, tan sólo contigo. Tienes la tranquilidad, que para comer, dormir y asearte, puedes acudir, a diferentes centros para la beneficencia que hay en tu cuidad.

¿Qué harías?

¿Cambiarías tu forma de vivir?

¿Cuáles serían tus objetivos en la vida, si no tuvieses nada que guardar, ni facturas que pagar, ni nada que poder comprar?

¿Podrías ser feliz sin nada, más que contigo?

Espero que esta reflexión te ayude a seguir entendiendo, que crear necesidades inventadas, es una trampa y que si caes en ella, te sentirás tremendamente insatisfecho.

«No busques fuera lo que te gratifica dentro, busca dentro, lo que te gratifica, dentro y fuera.»

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Piensas, luego creas.

Piensas, luego creas. Creas, luego piensas. Todos somos tanto seres pensantes, como seres creativos, ¡sí!, tú también lo eres. La creatividad es una capacidad inherente a todos los seres humanos. No es un don con el que algunos nacemos y otros no. Todos la tenemos y hacemos uso de ella. Lo que no todos, somos conscientes de cuándo la ponemos en práctica.

De hecho, el primer cerebro que desarrollamos, es el artístico, o el del lado derecho. Esto sucede en las etapas intrauterinas. Lo que demuestra, que antes de pensar o de razonar, disfrutamos ya de esta capacidad, la de crear, puesto que si no fuera así, nos sería imposible, crear el pensamiento. Por eso desde que nacemos ya estamos creando. No podemos no hacerlo. Es más, todos surgimos también de la creación. Nuestros padres nos hicieron, por así decirlo, «nos crearon», a través de si mismos y el resultado de su aportación y recombinación genética, somos nosotros.

Creamos entonces, pensamientos, sentimientos, estados de ánimo, creencias, obras de arte, ideas, conceptos… Lo creamos todo en realidad, a través de las asociaciones que hacemos. Todo el mundo es un creativo en potencia. En potencia y desde su origen. Porque antes de aprender a pensar, ya andábamos creando. Así que piensas, luego creas, pero también creas, para luego pensarlo.

¿Por qué entonces, aún muchos de nosotros, seguimos creyendo que no somos nada creativos?

Pues entre otras cosas, porque hemos adoptado la creencia equivocada. Y el no considerarse una persona creativa, es de las peores creencias que se pueden adoptar. Ya que es muy limitante. Si tu mente no se cree que tenga la capacidad para crear, no va a crear. Porque así funciona la mente, le da la razón siempre a tus creencias, sean cuales sean. Por eso es tan relevante, que sigas apostando por tu creatividad, ya que como apuntaba antes, es uno de los talentos comunes, que compartimos todos los seres humanos, sin excepción alguna.

«La creatividad es el poder de conectar, lo que aparentemente estaba desconectado.» (William Plomer)

¿Qué provoca que se bloquee tu creatividad?

El adulto creativo, es un niño que ha sobrevivido. Todos los niños son artistas potenciales. Creen en sus propios talentos y se dejan llevar por la creatividad. No les asusta cometer errores, o fracasar, y por supuesto, tampoco buscan la belleza o crear cosas hermosas. Ya que su objetivo primero, es el de disfrutar creando. Juegan y fluyen con las cosas, sin esperar ningún resultado concreto de ellas. Y sólo cuando dejan de disfrutar, es cuando dejan de crear. Si piensas, luego creas, que sea entonces, para divertirte.

Y es que es precisamente el esperar algo más que el disfrutar, lo que bloquea tu creatividad. Esto es, que es tu atención, la responsable del bloqueo. O dicho de otra forma, si te enfocas en crear algo bello, o en la posibilidad de que te puedes equivocar, creando, ya no disfrutas. Puesto que esta manera de pensar, te desenfoca automáticamente del disfrutar, ya que estas priorizando los resultados, antes que divertirte con el proceso.

¿En qué te ayuda la creatividad?

Entre otras cosas;

– Refuerza tu autoestima
– Te da autonomía.
– Incrementa tu seguridad.
– Te ayuda a tomar mejores decisiones.
– Innovas en tu realidad, a través de ajustes creativos, originales y únicos.
– Te divierte y te hace fluir.
– Te ayuda a encontrar más respuestas, frente a los inconvenientes que te encuentras en tu día a día.
– Y también, te ayuda a enfocarte en tus sueños, mientras los alineas con tus propósitos de vida, o logros personales.

Una vida creativa, es mucho más divertida, que una vida meramente mental y racional. El humor es arte, por ejemplo, y para hacer reír, hay que saber provocar la risa, a través de la creatividad. Los beneficios de la creatividad, son en realidad, incontables y muy enriquecedores, a nivel, personal, emocional, social, e incluso espiritual.

¿Qué hacer para fomentar tu parte creativa o artística?

1. Copiar o modelar a tus ídolos o creativos preferidos. No estoy hablando de plagiar, si no más bien, de nutrirte de diferentes ideas inspiradoras, para después darle tu toque, creando algo diferente.

2. Enfocarte en la creatividad. Y buscarla por las calles, en la gente de tu entorno, en las cosas que haces en tu día a día… Los genios creativos, están por todas partes, porque como ya dije antes, todos lo somos, aunque no siempre estamos pendientes de ellos. Atiende a la creatividad, hasta que ella te encuentre. Piensa en la creatividad. Porque si piensas, luego creas. Piénsala, luego créala.

3. Usar tu cuerpo. Muchas veces, hay que renunciar o aparcar por un rato el ordenador, o el resto de las pantallas que utilizamos en nuestro día a día. Un proceso creativo, aunque se pueda pensar, no es sólo mental. Si no que nos emociona, es decir, que en la parte creativa también están implicadas las emociones, y estas siempre se expresan en el cuerpo. Sería interesante que utilizases también tu cuerpo para crear. Tus manos, por ejemplo, o tus pies, o cualquier parte del cuerpo que se te ocurra, cualquiera, menos tu cerebro. Déjalo descansar, para que sea tu cuerpo el que también se comunique. Te sorprenderás.

4. Descartar lo obvio, o lo primero que se te pase por la cabeza. Porque lo primero que se te ocurre, se le puede ocurrir a cualquiera. Así que recopila varias ideas, para después asociarlas, a ver cuál es el resultado. Pero no te quedes sólo con una idea. Trabaja en varias a la vez, para después encontrar la correspondencia en ellas. Unir o conectar lo aparentemente desconectado.

5. Alejarse o tomar distancia de lo que estás haciendo. Ya que desde la distancia, se ve todo mucho mejor. Y si no mejor, de diferente manera. Esto te puede aportar nuevas visiones o perspectivas, con las que completar tus creaciones. Aunque no siempre es añadir, hay veces, en las que es mejor restar, o renunciar a lo que no es importante, para que lo necesario, hable por si sólo.

6. Aburrirte o cansarte. El cerebro cuando está cansado es una fuente inagotable de creatividad. ¿Por qué?, Porque si la parte consciente se agota, toma el mando tu inconsciente, donde reside tu parte creativa y artística. De esta manera, puedes dar rienda suelta a tu imaginación, sin que tu parte más racional interfiera en el proceso creativo. Esto es fantástico, ya que podrás fluir sin preguntarte cosas como: «si lo estarás haciendo bien, o si te estarás equivocando»…

«La creatividad es ver lo que todo el mundo ha visto, y pensar en lo que nadie ha pensado.» (Albert Einstein)

Así que mira lo que todos miran, pero piensa diferente. Aporta tu toque personal a lo que ves. Se original y no te dejes llevar por clichés o por ideas ya manidas. No temas equivocarte o fracasar, ya que la creatividad, no entiende de etiquetas. Tampoco te preocupes por el resultado, porque todas las obras de arte, tienen su público. Tú ya eres una obra de arte en potencia. Así que, ¡Exprésate!.

¿Y tú, piensas, luego creas, o creas, luego piensas?

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Todo está conectado.

Todo está conectado. Desde el punto más recóndito de la tierra, hasta la galaxia más remota. Desde la más ínfima y diminuta partícula, hasta lo más inconmensurable.  Pasando por supuesto, por los Seres Humanos. En tan sólo una gota de tu sangre, se encuentra registrada toda tu información. Y dentro de cada hombre, está manifestada la vastedad del universo. Cada uno de nosotros, somos pequeñas galaxias que forman parte, a su vez, de una galaxia superior.

Pequeños sistemas, formados por sistemas aún más diminutos, conectados unos con otros. Todo es sistémico, todo sistema no puede operar, sin un sistema superior que lo sostenga. La experiencia habitual, la que percibimos a través de nuestros cinco sentidos, nos hace creer, que existimos en el Universo. De que tú existes en algún lugar del vasto mundo. Aunque esto es tan sólo una sensación, una percepción engañosa. Porque tú no existes en el Universo, si no que el Universo al completo, existe dentro de ti. Como el cuerpo y la mente existen en ti. El cuerpo, la mente y el mundo, en toda su inmensidad, te ocurren.

Dispones de la mente, y a través de ella, proyectas en el cuerpo, y desde el cuerpo, manifiestas también el mundo. Es entonces, tu conciencia quién construye el mundo. No somos solos y aislados. Tú no estás sólo donde crees que estás, si no que estás en mi conciencia, y yo estoy en la tuya. Estamos conectados. El lugar en el que yo permanezco en tu conciencia, y el lugar en el que tú permaneces, en la mía, es por tanto, el mismo lugar.
No existes como un cuerpo físico, ahí fuera. Es tu cerebro el que te hace verlo así. Porque tu cerebro, no tiene una experiencia directa del mundo. Lo único que hace tu cerebro, es responder a la electricidad, a lo químico, a la energía… y todo eso, te construye a ti ahí fuera. Es decir, que yo te creo a ti, como tú me creas a mi. Somos la conciencia que experimenta con las formas y circunstancias. Porque todo, absolutamente todo está conectado.

Cuando veas, oigas o sientas algo, piensa lo siguiente, ¡todo esto está en mi!. Esos árboles que percibo, son mis pulmones. Si ellos no respirasen, yo tampoco respiraría y si yo no respirara, ellos tampoco podrían hacerlo. La totalidad de la tierra es tu cuerpo físico, y la atmósfera, tu respiración. Como el agua y los océanos, son tu circulación. La estrellas que iluminan el cielo, son tu propia luz, y las que te hacen brillar en él. El fuego que quema los campos, es tu propio fuego, y el mismo que te asfixia por dentro. Porque no es cierto eso, que tú estás aquí y el mundo ahí fuera. Disponemos tanto de un cuerpo físico, como de un cuerpo universal y superior. Y los dos son nuestros cuerpos, el mismo cuerpo. Somos Uno, con todo lo demás. 

Cuando logras entender que la totalidad del universo está dentro de ti, estableces una relación íntima con él. Asimismo, puedes reconocerte en la intimidad de este mundo, y a partir de este entendimiento, alcanzas la paz con el mundo. Y este estado, te revela que el universo, es entonces, un ser consciente, tu cuerpo extendido. Porque eres uno con él. Por tanto, cuando estableces contacto con tu cuerpo extendido, este te habla. Te puedes comunicar también con él y a través de él. Cuando estableces esa comunión íntima, como un único ser consciente, este te sorprende con habilidades en forma de sincronías y de casualidades con significado. Ya estás conectado. Todo está conectado.

Todo viene del mismo sitio, y va a parar al mismo lugar. Lo que ves, te mira, todo lo que oyes, te escucha, y todo lo que sientes, te siente. Vas y vienes al mismo tiempo. Vienes y vas, en diferentes planos. No eres solo y aislado, eres el Todo y la Nada a la vez, porque el Todo y la Nada, también habita en ti. Y como habitan en ti, tú habitas en ellos. Porque todo está conectado. Todo sobrevive, porque lo demás también lo hace. Las conexiones nos conectan y nosotros conectamos a través de esas conexiones. Así que conecta, ¡conéctate!. No te desconectes del Todo, o el Todo y la Nada, se desconectarán de ti.

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Toda reacción trae resonancia.

Toda reacción trae resonancia. Cuando reaccionas ante las personas, los sucesos, o incluso frente a las nuevas ideas, es porque algo ha resonado en ti. A lo único a lo que no puedes reaccionar, es a lo que te causa indiferencia. La indiferencia, no tiene el don de provocar, ya que cuando la sientes, no muestras ninguna actitud, ni positiva, ni negativa, manteniéndote en la neutralidad y en la impasibilidad.

El encuentro de dos personas, es como el contacto de dos sustancias químicas; si hay alguna reacción, ambos se transforman. (Carl Jung)

Tus reacciones son las respuestas a diferentes estímulos, tanto internos como externos. Porque esos estímulos pueden proceder de tu interior, como estimularte desde fuera. Tus relaciones con el entorno o con los demás, te hace reaccionar. Sin embargo, también puedes responder a tus propios estímulos internos. Ideas o pensamientos que te provocan y captan tu atención. Degenerando en reacciones proporcionadas o desproporcionadas. Por eso, toda reacción trae resonancia, ya que si no reaccionas, es porque no te importa lo suficiente, o porque esa acción, no es capaz de darle sentido a tu experiencia.

Esta resonancia se puede manifestar en tu cuerpo, en tus pensamientos o entre lo que sientes. Mientras la mente crea, el cuerpo lo expresa. Y todo lo que sientes, aunque se origine en tu cerebro, es tu cuerpo quién lo proyecta.

Tu manera de reaccionar es, por tanto, la manifestación de cómo interpretas lo que te pasa, de lo que te ocurre dentro, aunque la acción principal se haya dado fuera. Asimismo, puedes responder de muchas maneras. Existen reacciones inmediatas, como réplicas que pueden tardar en expresarse. Lo cierto es, que si algo hace contacto en ti y te hace reaccionar, es porque te ha resonado.

Existen muchos tipos de resonancias. Algunas te hacen tomar conciencia; otras pueden despertar tu ataque o tu necesidad de protegerte; incluso, existen resonancias, que pueden bloquearte y dejarte inmovilizado, impidiéndote salir de dónde estás. Y es que puedes reaccionar de muchas maneras, frente a diferentes acontecimientos, pero lo que no puedes, es no reaccionar si esos acontecimientos, te estimulan o provocan de algún modo. Y como toda acción, tiene una consecuencia, toda reacción trae resonancia.

Lo importante de todo esto, es que puedes aprender mucho de tus reacciones. Cada una de ellas, te trae un aprendizaje distinto. Lecciones, a modo de estímulo, que te estimulan para seguir aprendiendo. Si no reaccionases frente a las cosas y estas te dieran igual, no podrías descubrir nada nuevo. Y es que es a través de tus reacciones, como le das sentido a tu realidad. Como piensas, percibes y como reaccionas, así te sientes. Atacado, subestimado, herido, agradecido, satisfecho… Porque tus respuestas siempre hablan de cómo te hace sentir algo. Sin embargo, de ti depende, el sentido que le quieras dar, a eso que sientes.

Cuando te pinchas con una rosa, te duele. Puedes reaccionar soltando a la rosa, y así evitar pincharte de nuevo. O puedes agradecerle a la rosa, haber sentido ese dolor, porque esto te ha enseñado, que las rosas, a pesar de su delicadeza, también pueden hacerte daño. Y la próxima vez que sujetes una rosa, lo harás con mucho más cuidado.

Todo lo que te «pincha» en la vida, te trae el mismo aprendizaje, que la primera vez que te pinchaste con una rosa. Porque si no te llegara a pinchar, para así hacerte reaccionar, no conseguirías transcender a las experiencias y estas, no cesarán de repetirse, hasta que no aprendas debidamente la lección. Puede que ya no te pinches con las rosas, pero existen otras muchas cosas, que aún te siguen pinchando y «chinchando».

¿Qué crees que querrán decirte?

¿Para qué te sigue pinchando la vida?

Recuerda que toda reacción, trae resonancia. Y que toda resonancia te hace reconectar contigo y con lo que te pasa. Si no sabes lo que te ocurre, no podrás aliviar el dolor, cuando te duele algo. Ni si quiera, podrás mejorar muchos de tus comportamientos, cuando no sabes para qué haces, lo que haces. O tampoco podrás vivir en libertad, si te mantienes indiferente a tus reacciones. Reconecta contigo, atiende a tus reacciones.

La acción más fácil es reaccionar. La segunda más fácil es responder. Pero la más difícil es empezar. (Seth Godin)

¿Y si empiezas por la más difícil y comienzas a atender a tus reacciones?

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La vulnerabilidad no sabe ser deshonesta.

La vulnerabilidad no sabe ser deshonesta. Y yo me siento tremendamente honesta, cuando me reconozco en mi vulnerabilidad.

La palabra Vulnerable, proviene del latín, «vulnerabilis». Una palabra formada por «vulnus», que significa herida y el prefijo «abilis», que significa posibilidad. Es decir, que el adjetivo vulnerable, expresa la posibilidad de ser herido.

Expresa la posibilidad, la opción, la oportunidad. Pero es tan sólo eso, una probabilidad, y entre todas las posibilidades de sentirse herido, también existen todas las opciones, de hacer algo con ello.

¿Y qué, si soy vulnerable?

¿No habla eso también de mi?

Mi fortaleza también reside en poder mostrar esa fragilidad. Y no en esconderla por miedo a que me hieran.

Mi valentía despierta, cuando acepto mi debilidad. Cuando me rindo al ser, sabiendo que desde ahí, nada ni nadie puede hacerme daño.

Mis heridas comienzan a sanar, cuando asumo que a pesar de mi exoesqueleto, por dentro soy blandita y tierna.

Cuando me atreví a contar, una por una mis cicatrices, permitiéndome hablar de ellas, desplegué mi coraje y este me elevó hacia otro nivel.

¿Y qué más da si me siento vulnerable?

Si exhibo mis partes rotas y las comparto con el mundo.

Mis pedazos son también parte de este mundo. Trocitos de mi, que completan otros mundos.

Desnudo mi ego. Sus ropas, no me protegen, sólo me cubren. Y debajo de todos sus disfraces, me encuentro Yo.

La vulnerabilidad no sabe ser deshonesta, y yo me siento tremendamente honesta, cuando me reconozco en mi vulnerabilidad.

¿Y qué hay de malo entonces, en sentirse vulnerable?

La vulnerabilidad no sabe ser deshonesta, y es que mostrarse vulnerable, no tiene nada de malo, si no más bien, todo lo contrario. Es muy de humanos honestos, sentirse así. Y esconder las partes blandas, o protegerlas, no hará que desaparezca esa sensación. Toda sanación comienza en el momento en el que tomamos cartas en el asunto. Cuando nos hacemos responsables de lo que nos pasa.

Por tanto, cuando nos permitimos ser vulnerables y nos entregamos a la experiencia, aprendemos que esa vulnerabilidad también habla de nosotros y de nuestro carácter. Un carácter que se ha ido formando en base a nuestras experiencias de vida. Somos lo que somos, gracias a esas circunstancias.

Es normal querer vivir tranquilo y sin incidencias. Aunque ya sabemos que la vida, está llena de incidencias. Cuando una herida se abre, duele, sin embargo si no se abriera y no nos doliera, de vez en cuando, no aprenderíamos nada de nosotros mismos. Estamos aquí para aprender de la vida y trascender. Esas heridas que a veces nos lastiman tanto, expresan mucho más de nosotros que aquello que nos hace feliz. Y es que la auténtica felicidad, se alcanza aceptando también lo que nos lastima. Ya que si no lo reconocíesemos, no podríamos reparar las partes rotas. Reparar, pegar, cuidar, enlazar, unir, remendar. Son estos procesos los que de verdad nos enseñan.

Cuando se nos cae un jarrón al piso y se hace añicos, podemos hacer tres cosas. La primera de ellas, sería recoger esos pedazos, para volver a juntarlos. La segunda opción, sería barrerlos y atraparlos con el recogedor, para tirarlos a la basura. Y la tercera posibilidad sería, no recoger los pedazos y dejarlos en el suelo. Esto supone un riesgo, ya que si los dejamos en el suelo nos podremos cortar y hacer daño de nuevo.

Si tiramos a la basura, los pedazos, desaparecerá nuestro jarrón. Y puede que ese jarrón, tenga un significado especial para nosotros. En cambio si recogemos los pedazos y los pegamos de nuevo, ese jarrón, no volverá a ser el mismo. Aunque seguirá siendo nuestro jarrón. Seguirá luciendo hermoso, pese a sus cicatrices. Quizás, hasta más hermoso, y seguro que a raíz de ese percance, lo cuidemos más, o lo coloquemos en otro sitio, para protegerlo mejor. Si dejamos sus partes rotas esparcidas por ahí, puede que nos lastimemos sin darnos cuenta. Además que algunas de esas piezas se podrían perder, o esconder bajo el sofá.

¿Si tú fueras un jarrón y te rompieses, que te gustaría que hicieran contigo?

¿Esparcir tus partes rotas, pegarlas, o tirarlas a la basura?

¿Qué es lo que haces tú cuándo te rompes?

¿Recoger y pegar, barrer y tirar, o esparcir y dejar?

Porque todos podemos ser tan vulnerables como un jarrón. Caer y romperse, no es lo peor que nos puede pasar. Es lo que hacemos después de la caída, lo que habla de nosotros. Puede que esa caída nos duela y nos divida en partes, pero esas partes tienen mucho que contarte. Si te permites escucharlas, seguro que descubres cosas, que ni siquiera imaginabas que estuvieran ahí. Y esto es vivir la experiencia. No tires a la basura tus experiencias, no desaparezcas a la primera caída, aprende a caer y a cuidarte mejor. Se honesto contigo y con los demás. Aprende de ti y de tu vulnerabilidad.

La vulnerabilidad no sabe ser deshonesta. Y yo me siento tremendamente honesta cuando me reconozco en mi vulnerabilidad

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Lo blando y lo flexible se adapta sin romperse.

Lo blando y lo flexible se adapta sin romperse. Lo duro y lo rígido se rompe, con gran facilidad. La flexibilidad es una característica de la vida y de la tolerancia. La rigidez, una cualidad del rechazo y de la muerte.

¿Consideras que tu actitud frente a la vida es flexible o rígida?

¿Te adaptas con facilidad a las circunstancias que se te presentan, o por el contrario, te cuesta adaptarte a las nuevas ideas?

«El hombre al nacer es blando y flexible y al morir queda duro y rígido. Las plantas al nacer son tiernas y flexibles y al morir quedan duras y secas. Lo duro y lo rígido son propiedades de la muerte. Lo blando y flexible son propiedades de la vida.»(Lao Tse)

La flexibilidad es la capacidad para adaptarse a nuevas ideas o circunstancias, sin presentar oposición. Es aceptar y tolerar lo que viene con suma curiosidad y sin apenas resistencia. En contraposición a la flexibilidad, se encuentra la rigidez en el pensamiento o hacia las desconocidas situaciones que se acontecen. La rigidez no admite adaptación, no posee esa cualidad. El cambio para la rigidez, es un trastorno indeseado. Por tanto, no acepta ni tolera, lo nuevo. Se apega a lo viejo con extrema dureza.

¿Qué característica crees, que es más práctica para tu vida?

¿La rigidez o la flexibilidad?

Recuerda que lo blando y lo flexible se adapta sin romperse. Ya que la adaptación es firme en cuanto a sus fines. Si se mantuviera rígida frente a los cambios, y se acomodara a lo inmutable, dejaría de ser adaptación para convertirse en costumbre. Las costumbres y los hábitos tienen poca o nula capacidad de adaptación, por si mismos. Además, carecen de flexibilidad y son bastante más obstinados en cuanto a las acciones, que blandos.

Asimismo, la rigidez también es conservadora, ya que conserva lo conocido, sin exponerse a lo desconocido. Encuentra la seguridad en lo que ya conoce y no se lleva demasiado bien con la incertidumbre. La certeza para lo rígido, está en la repetición. En repetir patrones, creencias, actitudes o comportamientos obsoletos. No coopera ni hace alianzas con las nuevas ideas. Se cierra en banda, sin permitir que tu mente se expanda.

¿Toleras las opiniones de los demás, a pesar de que no haya coincidencias con las tuyas?

¿Cómo sueles adaptarte a una situación inesperada?

Una cosa siempre lleva a la otra. Lo blando y lo flexible se adapta sin romperse. Lo rígido y lo firme, al no adaptarse, se rompe. Las piedras del desierto son extremadamente rígidas. Tanto, que son incapaces de aclimatarse al cambio de temperatura entre el día y la noche, y por eso se rompen. Tú no eres una piedra, así que no te comportes como tal. No te quiebres por los cambios, adáptate a ellos.

Las crisis, siempre son momentos fértiles, en los que se siembran nuevas oportunidades. Oportunidades elásticas y flexibles, que surgen de lo que ya no funciona. Y si algo ya no te funciona, o simplemente, es incapaz de aportarte nada nuevo, tendrás que deshacerte de tus viejas costumbres, para comenzar a construir algo que sí que lo haga. Abandona tu rigidez y abraza a la flexibilidad.

¿Has oído hablar de la plasticidad cerebral?

La plasticidad cerebral es la capacidad que posee tu cerebro para crear nuevas conexiones neuronales. ¡Y es que tú cerebro es tremendamente flexible!. No es rígido como las piedras del desierto. Ni se quiebra ante los cambios. Y trabaja tremendamente rápido para adaptarse a una nueva circunstancia. Es una cualidad fantástica y precisamente, una de las más relevantes para mantenerte con vida. Si no fuera así, tu supervivencia prendería de un hilo.

Me gustaría que probases algo. Cruza los brazos, como lo haces habitualmente. Ahora, intenta hacerlo al revés. Si tu costumbre te lleva a hacerlo, poniendo el brazo derecho, debajo del izquierdo, pon ahora el brazo izquierdo debajo del derecho.

¿Eres capaz?

Probablemente, sientas cierta incomodidad al hacerlo al revés de cómo estás acostumbrado. Pero cuantas más veces lo repitas más cómodo te sentirás. Fomentando de esta manera, que se creen nuevas conexiones neuronales, con el fin de aprovechar, al máximo, la plasticidad cerebral de tu cerebro. También puedes crear nuevas conexiones, cepillándote los dientes con la mano izquierda si eres diestro, o con la derecha, si eres zurdo. O si siempre eliges las mismas rutas con las que salir o volver a casa, puedes cambiarlas de vez en cuando.

Existen muchas maneras de aprovechar la flexibilidad de tu cerebro para que aprendas de él, a no ser tan rígido. Ya que esto lo puedes extrapolar a cualquier experiencia de tu vida. Por ejemplo: en conversaciones en las que las ideas expuestas choquen con las tuyas; en situaciones en las que las circunstancias no te permitan hacer, lo que siempre haces; o incluso, en esos momentos en los que tienes que abandonar ciertas verdades, para acoger nuevas certezas.

Porque si tu cerebro es flexible y elástico,

¿Para qué sigues eligiendo la rigidez como actitud?

No hay nada de malo en abrir la mente. Porque tu cerebro no sabe volar.
Lo blando y lo flexible se adapta sin romperse. Lo duro y lo rígido se rompe, con demasiada facilidad.

¿Dispuesto entonces, a romper con tu rigidez?

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Aprende a valorar desde el corazón.

Aprende a valorar(te) desde el corazón. Porque puede que te cueste reconocerlo, a bote pronto, pero los complejos te abrazan, te completan y te enlazan. Te cuento porqué:

Según la etimología, la palabra complejo viene del latín, complexus, participio del verbo complecti, cuyo significado es abarcar, rodear, enlazar completamente. Por eso los complejos se unen a ti, mientras te conectan contigo.

¿Cuáles son entonces, tus complejos?

Cuando nos sentimos acomplejados, solemos sentimos también, inferior al resto. Y si nos sentimos inferior o peor a los demás, es porque tendemos a compararnos con ellos. Al emplear la comparación, tendemos a etiquetar las cosas que comparamos, como mejores o peores, otorgándoles un valor, meramente subjetivo, ya que no todos valoramos las cosas de la misma manera. Lo que es mejor para unos, no tiene porqué serlo para el resto, y viceversa.

Sin embargo, muchas veces se nos olvida que también es posible comparar, sin catalogar. Las comparaciones constructivas son aquellas, capaces de apreciar lo característico de alguien o de algo, sin necesidad de clasificarlo como mejor o peor. Simplemente se ciñen en captar la esencia de las personas y de las cosas. En analizar, para entender mejor las partes, pero sin examinar, para calificar. Ya que las calificaciones no dejan de ser juicios personales, basados únicamente en el mapa mental del que pone la nota.

«Querer ser otra persona, es malgastar la persona que ya eres.»(Marilyn Monroe)

Querer ser otra persona es renunciar a ti. Tener la necesidad de no parecer cómo eres, es negar tu verdadera esencia. Desaprovechar tu Ser. Sin mentar el esfuerzo que esto supone, ya que Ser tú, es lo más fácil de mundo, en cambio, ocultar lo que eres para ser de otra forma, requiere mucho trabajo y sacrificio. Renunciar a ti, es el mayor de los sacrificios que puedes hacer, en detrimento de ti mismo. Porque no existe mayor acto de honestidad, que permitirte Ser, cómo realmente eres. Así que aprende a valorar(te) desde el corazón.

Imagina que fueses el último superviviente «humano» de la faz de la tierra. La raza humana se extinguió tras largas décadas de lucha, pandemias y conflictos. Pero sin saber muy bien porqué, tú conseguiste resistir y aún te mantienes en pie, junto con el resto de especies.

Se que es una distopía difícil de imaginar, o quizá demasiado dolorosa, pero sin centrarnos en las pérdidas que supondría ser el último superviviente, me gustaría que te planteases algo:

¿Te sentirías acomplejado por tu físico humano, en relación con el resto de especies?

¿Pensarías que tus kilitos de más o de menos, te harían ser inferior al resto?

¿O que tu nariz prominente, puede ser ridiculizada por los que aún te acompañan en la tierra?

Probablemente, en ese momento, los complejos que hoy te azoran, no tendrían ningún valor para ti. Ya que tendrías que centrarte en adaptarte al nuevo entorno para sobrevivir. Porque los complejos no te ayudarían a sobrevivir, en cambio, lo que sí te ayudaría, sería ser consciente de todas tus capacidades y virtudes, para así enfrentarte al nuevo y desolado mundo.

¿Y en tu presente actual, te ayudan esos complejos a sobrevivir, o por el contrario, no te dejan vivir plenamente, sintiéndote orgulloso de Ser quién eres?

Sentirte acomplejado te arrebata la paz, y no te permite disfrutar de una vida plena. Ya que le das importancia a algo, que en realidad, nada tiene que ver con tu supervivencia, ni siquiera con tu felicidad.

Si valoras sólo las «cualidades trampa», como la belleza o la inteligencia, te perderás todas las demás. Y ser bello o tremendamente inteligente, no te asegura esa felicidad o bienestar interior. El bienestar, la paz y la felicidad, te llegará, cuando seas capaz de aceptarte tal cual eres, sin compararte con nadie más. La auténtica belleza se encuentra en el interior de las personas, que nada tiene que ver, con los estándares sociales de la moda. El Amor, por ejemplo, no se encuentra sólo en los cuerpos perfectos o en las mentes inteligentes. El Amor está en todos los cuerpos y en todas las mentes, porque no tiene necesidad de lucir perfecto, ya que su única finalidad, es la de amar.

Aprende a valorar(te) desde el corazón. Para ello, sería interesante, revisar tu sistema de valores, ya que la mayoría de los complejos, emergen por tener un sistema de valores equivocado. No caigas en la trampa de valorar la belleza o la inteligencia por encima de lo que de verdad importa.

Piensa en las mascotas,

¿Les importa a ellos, que seamos bellos o inteligentes, o lo que realmente valoran de nosotros, es el amor y los cuidados que les damos?

¿Y tú, qué valoras de ellos o de los demás?

Aprende a valorar(te) desde el corazón. Aprende que lo importante no está fuera, si no en tu interior.

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Tu cuerpo vive en el presente.

Tu cuerpo vive en el presente, ¿Y tu mente?. El poder de la mente es infinito y tremendamente rápido. Es capaz de retroceder en el tiempo, como adelantarse a él. En cuestión de segundos, podemos recordar alguna experiencia pasada, como imaginar nuevos acontecimientos futuros. Sin embargo, no tenemos en cuenta, que cuando nos dejamos llevar por los pensamientos, sin controlarlos, abandonamos el cuerpo, para vivir en otro sitio, que no es el presente. Aislando a la mente del cuerpo y al cuerpo de la mente, con todo lo que esto supone.

Vivir en el pasado, nos suele traer nostalgia o tristeza, si lo que recordamos, nos hace añorar tiempos mejores. Cuando el único tiempo que existe, es el presente, y por lo tanto, es el mejor tiempo. Porque esos momentos pasados, también formaron parte, una vez, de un presente, pero que ya pasó. Asimismo, si seleccionamos experiencias desagradables de nuestro pasado para recordarlas, es muy probable, que nos azote la culpa, ya que nos sentiremos culpables, por una situación que ya no es de este tiempo. El cuerpo sigue aquí, en el presente, pero tu mente viajó hacia otro momento distinto. O lo que es lo mismo, tú sigues aquí, pero tu mente no.

Cuando esto sucede,

¿Quién vive en tu presente?

Sólo tu cuerpo, esperando pacientemente a que regreses a él. Por eso tu cuerpo vive en el presente, pero tu mente, no siempre lo acompaña.

También podemos elegir vivir en el futuro. Mientras imaginamos situaciones futuras. Si las situaciones imaginadas son agradables, nos pueden ayudar a co-crear o a visualizar lo que queremos que nos pase. En cambio, si lo que imaginamos al adelantarnos en el tiempo, no es de nuestro agrado, estaremos haciendo un llamamiento inconsciente a la ansiedad, ya que nos anticipamos, al preocuparnos por algo, que aún no ha tenido lugar. Esta ansiedad anticipada, es creada por tu mente, y también puede ser tremendamente rápida a la hora de manifestarse en tu cuerpo. Tu cuerpo, que vive en el presente, pero ataviado por la calidad de tus pensamientos, se contamina entonces, con lo que estás pensando.

Tanto si decides vivir en el pasado, como en el futuro, abandonas el cuerpo y por ende, el presente, para rendirte al control de tu mente. Y como controlas tu cuerpo, a la hora de decidir que movimientos hacer, también puedes controlar tu mente, para decidir conscientemente, qué pensamientos pensar.

Imagina que estás sentado en tu sofá y te entran ganas de ir al baño. Piensas en levantarte, pero no puedes hacerlo. Tu cuerpo está paralizado y no te responde. Sientes que tu mente rige bien, pero aún así, no es capaz de ordenarle a tu cuerpo que se ponga en pie.

¿Qué harías?

¿Qué pasaría por tu mente si esto te sucediera?

Probablemente lo primero que sentirías sería un profundo desconcierto y mucha confusión. Pensarías que tu cuerpo te ha abandonado, o que ya no te hace caso, porque no sigue tus órdenes. Te frustrarías, te asustarías, te desesperarías.

¿Y qué crees que le pasa a tu cuerpo, cuando te enfrascas en tu mente y no encuentras la manera de regresar a él, al momento presente?

¿Que también se frustra, se asusta o se desespera?

Mientras tu mente piensa, tu cuerpo lo siente. Y cuando abandonas tu cuerpo para rendirte a los pensamientos de tu mente, tu cuerpo también lo siente, se resiente. Siente el abandono, en tu pérdida de control. Manifiesta y expresa lo que piensas, en forma de emociones, sentimientos o sensaciones. Y sentirse abandonado por tu mente, no parece que sea una buena sensación.

Si tu cuerpo vive en el presente, no puedes dejar que tu mente deambule en otro tiempo. Abandonar al cuerpo, significa, abandonar el momento presente. Y aunque tu mente no esté aquí, si no allí, tu cuerpo seguirá estando aquí. Este no puede habitar en otro sitio. Desconectarte del cuerpo, es desconectarte del único tiempo que existe. Deja que tu cuerpo y tu mente, se encuentren. Aislados, no pueden operar de manera óptima. Ambos tienen necesidades que cumplir y si los separas, no podrán cubrir esas necesidades, que al fin y al cabo, no dejan de ser tus propias necesidades.

No puedes aquietar a tu mente con más mente. Aunque sí con el cuerpo. Regresa a casa, a tu casa. Vuelve al cuerpo, al tiempo presente.

Tu cuerpo vive en el presente,

¿Y tú?

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Energía que vibra, la que tú vibras.

Energía que vibra, la que tú vibras.
Te comparto este vídeo, en el que hablo muy por encima de la energía y de su poder.

Cómo es un tema que da para mucho, porque como no me cansaré de repetir, todo es energía en movimiento. Hoy me gustaría hablar de esa energía que rodea nuestros cuerpos. Recibe el nombre de CUERPO MENTAL. Y es la energía o campo electromagnético que rodea nuestro cuerpo físico. Recibe este nombre, en primer lugar, porque rodea el cuerpo y en segundo lugar, porque se nutre de los pensamientos conscientes e inconscientes que se generan en nuestro interior. Dependiendo de lo que estés pensando o «vibrando», esa energía será de una frecuencia más elevada o más bajita. Energía que vibra, la que tú vibras.

Está energía es captada por el resto de seres vivos que cohabitan en nuestro entorno. Cada cosa y cada Ser posee su propio campo electromagnético. Una roca, una planta, un animal, o incluso los objetos cotidianos con los que convivimos, también tienen una energía que les rodea. Entre mezclándose los campos de unos, con las energías de los otros.

¿Qué función tiene el CUERPO MENTAL, además que rodear nuestro cuerpo físico?

Una de las cualidades principales de la energía, es que posee información. Por tanto el campo electromagnético que nos rodea, además de estar repleto de contenido, recibe información del plano espiritual, e intenta integrarlo con nuestra razón. Es decir, que la función principal de nuestro CUERPO MENTAL, es hacer que tanto nuestra mente racional, como nuestra mente intuitiva, trabajen en equipo con esa energía que vibra, como si fueran una sola. Podríamos decir entonces,  que «la energía que vibra, la que tú vibras, también vibra con la de tu entorno.

¿Qué pasa si somos extremadamente racionales?

Pues en realidad, no pasa nada malo. Lo único que sucede es que percibimos nuestro entorno, sólo a través de nuestros sentidos, sin tener en cuenta, toda la información que se esconde, entre la energía que nos rodea. Cuando nos enfocamos sólo en la razón, tendemos a analizar, a discriminar, y sacar conclusiones en base a lo que percibimos. Y para percibir, se necesita interpretar. Algunas de las percepciones que realicemos a través de nuestra razón, pueden ser las correctas, sin embargo otras, como nos falta parte de esa información, ya que esta se encuentra en nuestra energía, no lo serán tanto.

¿Qué afecta a nuestro CUERPO MENTAL?

Los pensamientos negativos y por tanto, las emociones generadas a través de estos pensamientos, dañan tremendamente nuestro CUERPO MENTAL. Por eso es primordial hacer un trabajo interno para eliminar heridas pasadas y no crear sentimientos destructivos que dañen nuestro campo electromagnético y con él, a nuestra intuición, o a esa energía que vibra, la que tú vibras.

Los síntomas principales, de que la energía que nos rodea, se está deteriorando, es que la mente se vuelve torpe y lenta. Se produce cierta confusión mental, y se experimenta la tendencia a tener pensamientos negativos.

Aunque nuestro Ser, siempre está ahí para advertirnos que no vamos por el mejor de los caminos. Aún así, siempre nos manda señales que no siempre somos capaces de interpretar.

Algunas de las conductas que bloquean nuestra conexión con el plano espiritual, dándole mayor poder al ego son:

– Adicciones / Lujuria
– Ira / Rabia / Venganza
– Codicia / Avaricia
– Envidia / Celos
– Glotonería / Desperdicio
– Pereza / Desánimo
– Orgullo / Excesiva o baja Autoestima

¿Y qué necesita o cuáles son las necesidades de tu CUERPO MENTAL?

Son seis las necesidades básicas de tu CUERPO MENTAL.

1. LA VERDAD. Entendiendo como tal, a ser sincero contigo mismo y con los demás. Es muy probable, que si no eres capaz de ser sincero contigo, tampoco puedas practicar tu sinceridad con la gente de tu entorno. Y es que la verdad, es uno de los caminos más rápidos, que te conducen hacia tu liberación. La justicia, es una de las cualidades de la verdad. Y si eres justo contigo, te será mucho más fácil serlo con los demás. No mientas, ni te mientas. Porque de lo que das, recibes y recibir mentiras, no te acercará a la verdad.

2. LA INDIVIDUALIDAD. O lo que es lo mismo, ser tú mismo y estar orgulloso de tu originalidad. Dejarse llevar «por el qué dirán o por lo que pensarán»  los demás, no te permite ser libre, porque no te permite ser tú. Y es que en realidad, no puedes cambiar lo que los demás piensan de ti. En cambio, lo que sí puedes cambiar, es lo que tú piensas de eso. Todas tus partes son las que enriquecen a tu conjunto. Las rotas, las reparadas, las que más te enorgullecen, las que menos. Todo eso, eres tú. Así que no ocultes lo que eres, bajo lo que aparentas ser.

3. EL RESPETO. ¿Te molesta que no te respeten o que te falten al respeto?. ¿Y tú respetas?. La libertad de uno, acaba dónde empieza la del otro. El respeto es fundamental para que todos podamos convivir en armonía. Si no respetas, tampoco lo harán contigo. Las faltas de respeto o el no respetar, no sólo desatan la ira y la rabia del que no ha sido respetado, si no también, su sed de venganza. Por ejemplo, si insultas a alguien, es muy posible que ese insulto te venga de vuelta. Absolutamente todo el mundo, tiene el derecho y el deber, de poder ser respetado y de respetar.

4. LA SEGURIDAD. Muchos relacionan la seguridad con tener una holgada cuenta en el banco, un trabajo fijo, una bonita casa…sin embargo, esto no es más que una falsa sensación de seguridad. Lo material, aunque así te lo parezca, no te da seguridad. En realidad te la quita, y más si temes perderlo. El tener no te hace estar seguro. Ni si quiera te hace Ser. Porque tú no eres lo que tienes. Sólo tienes, lo que crees que eres. Porque la verdadera seguridad se consigue, cuando sientes la certeza, de que no tienes nada que temer.

5. LA INTEGRIDAD O LA HONRADEZ. La honradez es la cualidad del decente, del decoroso y del razonable, según la etimología. En cambio la integridad, habla etimológicamente, de la pureza, de lo virginal de la robustez. De aquello que no ha sido tocado por ningún mal. Es decir que habla del bien y de la bondad. Del amor puro y sincero, sin intenciones contaminadas. De ser honesto contigo y con los demás. En tu integridad, encontrarás la paz. En la corrupción, tu intranquilidad.

6. RAZÓN DE SER. Encontrar tu camino de vida o propósito, es muy importante. La falta de una razón de ser, puede acabar con tu energía. Porque como ya he mencionado en más de una ocasión: Es tu motivación la que enciende tu energía. Encontrar un motivo evidente por el qué estar vivo, es fundamental para seguir vivo. Las ganas de vivir o las ganas por las cuales vives, no las puedes comprar en ninguna tienda. Las tienes o no las tienes. Siempre existen razones por las que vivir y por las que estar agradecidos. El querer Vivir, ya es una buena razón.

¿Dirías que tienes cubiertas estas necesidades?

Si es así, tu CUERPO MENTAL y tu energía fluirán a pleno rendimiento. Te será muy fácil conectar con el plano espiritual. Y gozarás de toda la información, sin que se pierda entre percepciones. Aunque tampoco pretendas ser perfecto. Sí feliz. Permítete equivocarte de vez en cuando, no pasa nada, mientras aprendas la lección.

Acepta la verdad y tu verdad. Abraza tu individualidad. Respeta siempre, para que te respeten. Siente la seguridad de que no tienes nada que temer. Se íntegro y honrado, fiel a ti mismo. Esta es tu razón de Ser. Esto eres tú. Energía que vibra, la que tú vibras.

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El Auto-conocimiento es el transmisor.

El Auto-conocimiento es el transmisor de conocimiento. El vehículo que te acerca al Todo. Porque como parte de ese todo, tú también transmites y conduces tu sabiduría.

¿Qué es para ti el Auto-Conocimiento?

¿Conocerte a ti mismo?

Las definiciones oficiales, cuentan algo así, como que el Auto-Conocimiento es el entendimiento de uno mismo. O dicho de otra forma, es la capacidad de introspección, que nos hace reconocernos como individuos, separados del medio y del resto de sujetos, del mismo medio. 

¿Estás de acuerdo al cien por cien, con estas definiciones?

Reconozco desde mi atrevida ignorancia, que yo no lo estoy, en absoluto. Estás descripciones formales, que hablan de diferenciarse del resto de los individuos y del medio, no me convencen del todo. Explico porqué:

Creo que la mente se auto-engaña, cuando intenta disociarse o separarse, para auto-conocerse. No creo que sea la forma más apropiada para entenderse a uno mismo. Ya que todos somos también, nuestro contexto y nuestro medio. Sin estos detalles principales, la descripción de nosotros mismos, se quedaría incompleta. No somos solos y aislados. Somos lo que somos, en base, siempre, a nuestras propias circunstancias. Además de cómo y dónde, se produzcan esas circunstancias. José Ortega y Gasset, lo expresaba de la siguiente manera: «Yo soy yo, y mis circunstancias».
 
La palabra «Auto», en la lengua española, además de referirse a algo propio o de uno mismo, también significa: vehículo, carro, automóvil. Es decir, un medio de transporte. Y esto me hizo pensar. Como medio de transporte o vehículo,  

¿Qué transporta o transmite?

¿Conocimiento?

Si dejamos de identificar la palabra «auto» con lo propio y lo relacionamos con el vehículo que transmite conocimiento, la diferenciación o la separación de lo «propio» o de «uno mismo», con el medio y las circunstancias, desaparecería de inmediato. Transformando así el Auto-conocimiento, en un vehículo o transmisor de conocimiento, que te conduce y te acerca. Sin alejarte, ni de los demás, ni del medio. 

Siguiendo con la reflexión, y eliminando así, lo que nos separa de los demás, y del Todo, se me ocurre lo siguiente:

¿Hacia dónde nos transporta, ese vehículo de conocimiento?

¿Tal vez, a la Sabiduría Universal, la que únicamente tiene sentido o se completa, con el conocimiento de todos?

No podemos olvidar que el Lenguaje, como las palabras, además de conocimiento, también tienen su «propia» intención o «Auto-Intención». Y como tal, hay que tratarlas con sumo cuidado. Elegirlas con mucha cautela, para evitar malos entendidos o falsas intenciones. Las palabras también son vehículos o transmisores de conocimiento. Son capaces de transportarnos y de construir cosas hermosas. O por el contrario, si las elegimos de manera inadecuada, o las interpretamos mal, nos pueden dejar estancados en el mismo sitio, sin posibilidad de avanzar.

Imagina ahora, que conduces un carruaje de caballos. El carruaje representaría a tu cuerpo, los caballos, a tus sentidos, con los que sueles percibir la realidad. El conductor del carruaje, sería tu intelecto, y las riendas, tu mente. 

Cuando el conductor(tu intelecto) está en consonancia con las riendas(tu mente) y con los caballos(tus sentidos), el carruaje(tu cuerpo), podrá llegar hacia dónde se proponga, sin apenas esfuerzo. En cambio si esas riendas, no están bien sujetas, el conductor no podrá dominar con maestría a los caballos. Lo mismo sucede, si el conductor es inexperto o se desconoce, que tampoco podrá manejar ni a las riendas, ni a los caballos.
(Metáfora extraída de «Katha Upanishad»)

Así que ya va siendo hora, de que sujetes bien esas riendas, para que tus caballos, no tiren hacia ninguna parte. El conductor conoce perfectamente, el camino que te lleva a casa. No dejes que tu carruaje se desvíe, porque eres tú el conductor de ese conocimiento.

Móntate en tu vehículo. Conduce para acercar al medio, tu conocimiento. No te desvíes, ni te disocies de lo que sucede mientras avanzas. Porque eres tú junto con ese medio, quien avanza. Sólo cuando están cerca se definen, desde lejos, se pierden los contextos y buena parte del conocimiento. Y recuerda, que el Auto-conocimiento es el transmisor que te trasmite, mientras te conduce al Todo.

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