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Toda reacción trae resonancia.

Toda reacción trae resonancia. Cuando reaccionas ante las personas, los sucesos, o incluso frente a las nuevas ideas, es porque algo ha resonado en ti. A lo único a lo que no puedes reaccionar, es a lo que te causa indiferencia. La indiferencia, no tiene el don de provocar, ya que cuando la sientes, no muestras ninguna actitud, ni positiva, ni negativa, manteniéndote en la neutralidad y en la impasibilidad.

El encuentro de dos personas, es como el contacto de dos sustancias químicas; si hay alguna reacción, ambos se transforman. (Carl Jung)

Tus reacciones son las respuestas a diferentes estímulos, tanto internos como externos. Porque esos estímulos pueden proceder de tu interior, como estimularte desde fuera. Tus relaciones con el entorno o con los demás, te hace reaccionar. Sin embargo, también puedes responder a tus propios estímulos internos. Ideas o pensamientos que te provocan y captan tu atención. Degenerando en reacciones proporcionadas o desproporcionadas. Por eso, toda reacción trae resonancia, ya que si no reaccionas, es porque no te importa lo suficiente, o porque esa acción, no es capaz de darle sentido a tu experiencia.

Esta resonancia se puede manifestar en tu cuerpo, en tus pensamientos o entre lo que sientes. Mientras la mente crea, el cuerpo lo expresa. Y todo lo que sientes, aunque se origine en tu cerebro, es tu cuerpo quién lo proyecta.

Tu manera de reaccionar es, por tanto, la manifestación de cómo interpretas lo que te pasa, de lo que te ocurre dentro, aunque la acción principal se haya dado fuera. Asimismo, puedes responder de muchas maneras. Existen reacciones inmediatas, como réplicas que pueden tardar en expresarse. Lo cierto es, que si algo hace contacto en ti y te hace reaccionar, es porque te ha resonado.

Existen muchos tipos de resonancias. Algunas te hacen tomar conciencia; otras pueden despertar tu ataque o tu necesidad de protegerte; incluso, existen resonancias, que pueden bloquearte y dejarte inmovilizado, impidiéndote salir de dónde estás. Y es que puedes reaccionar de muchas maneras, frente a diferentes acontecimientos, pero lo que no puedes, es no reaccionar si esos acontecimientos, te estimulan o provocan de algún modo. Y como toda acción, tiene una consecuencia, toda reacción trae resonancia.

Lo importante de todo esto, es que puedes aprender mucho de tus reacciones. Cada una de ellas, te trae un aprendizaje distinto. Lecciones, a modo de estímulo, que te estimulan para seguir aprendiendo. Si no reaccionases frente a las cosas y estas te dieran igual, no podrías descubrir nada nuevo. Y es que es a través de tus reacciones, como le das sentido a tu realidad. Como piensas, percibes y como reaccionas, así te sientes. Atacado, subestimado, herido, agradecido, satisfecho… Porque tus respuestas siempre hablan de cómo te hace sentir algo. Sin embargo, de ti depende, el sentido que le quieras dar, a eso que sientes.

Cuando te pinchas con una rosa, te duele. Puedes reaccionar soltando a la rosa, y así evitar pincharte de nuevo. O puedes agradecerle a la rosa, haber sentido ese dolor, porque esto te ha enseñado, que las rosas, a pesar de su delicadeza, también pueden hacerte daño. Y la próxima vez que sujetes una rosa, lo harás con mucho más cuidado.

Todo lo que te «pincha» en la vida, te trae el mismo aprendizaje, que la primera vez que te pinchaste con una rosa. Porque si no te llegara a pinchar, para así hacerte reaccionar, no conseguirías transcender a las experiencias y estas, no cesarán de repetirse, hasta que no aprendas debidamente la lección. Puede que ya no te pinches con las rosas, pero existen otras muchas cosas, que aún te siguen pinchando y «chinchando».

¿Qué crees que querrán decirte?

¿Para qué te sigue pinchando la vida?

Recuerda que toda reacción, trae resonancia. Y que toda resonancia te hace reconectar contigo y con lo que te pasa. Si no sabes lo que te ocurre, no podrás aliviar el dolor, cuando te duele algo. Ni si quiera, podrás mejorar muchos de tus comportamientos, cuando no sabes para qué haces, lo que haces. O tampoco podrás vivir en libertad, si te mantienes indiferente a tus reacciones. Reconecta contigo, atiende a tus reacciones.

La acción más fácil es reaccionar. La segunda más fácil es responder. Pero la más difícil es empezar. (Seth Godin)

¿Y si empiezas por la más difícil y comienzas a atender a tus reacciones?

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La vulnerabilidad no sabe ser deshonesta.

La vulnerabilidad no sabe ser deshonesta. Y yo me siento tremendamente honesta, cuando me reconozco en mi vulnerabilidad.

La palabra Vulnerable, proviene del latín, «vulnerabilis». Una palabra formada por «vulnus», que significa herida y el prefijo «abilis», que significa posibilidad. Es decir, que el adjetivo vulnerable, expresa la posibilidad de ser herido.

Expresa la posibilidad, la opción, la oportunidad. Pero es tan sólo eso, una probabilidad, y entre todas las posibilidades de sentirse herido, también existen todas las opciones, de hacer algo con ello.

¿Y qué, si soy vulnerable?

¿No habla eso también de mi?

Mi fortaleza también reside en poder mostrar esa fragilidad. Y no en esconderla por miedo a que me hieran.

Mi valentía despierta, cuando acepto mi debilidad. Cuando me rindo al ser, sabiendo que desde ahí, nada ni nadie puede hacerme daño.

Mis heridas comienzan a sanar, cuando asumo que a pesar de mi exoesqueleto, por dentro soy blandita y tierna.

Cuando me atreví a contar, una por una mis cicatrices, permitiéndome hablar de ellas, desplegué mi coraje y este me elevó hacia otro nivel.

¿Y qué más da si me siento vulnerable?

Si exhibo mis partes rotas y las comparto con el mundo.

Mis pedazos son también parte de este mundo. Trocitos de mi, que completan otros mundos.

Desnudo mi ego. Sus ropas, no me protegen, sólo me cubren. Y debajo de todos sus disfraces, me encuentro Yo.

La vulnerabilidad no sabe ser deshonesta, y yo me siento tremendamente honesta, cuando me reconozco en mi vulnerabilidad.

¿Y qué hay de malo entonces, en sentirse vulnerable?

La vulnerabilidad no sabe ser deshonesta, y es que mostrarse vulnerable, no tiene nada de malo, si no más bien, todo lo contrario. Es muy de humanos honestos, sentirse así. Y esconder las partes blandas, o protegerlas, no hará que desaparezca esa sensación. Toda sanación comienza en el momento en el que tomamos cartas en el asunto. Cuando nos hacemos responsables de lo que nos pasa.

Por tanto, cuando nos permitimos ser vulnerables y nos entregamos a la experiencia, aprendemos que esa vulnerabilidad también habla de nosotros y de nuestro carácter. Un carácter que se ha ido formando en base a nuestras experiencias de vida. Somos lo que somos, gracias a esas circunstancias.

Es normal querer vivir tranquilo y sin incidencias. Aunque ya sabemos que la vida, está llena de incidencias. Cuando una herida se abre, duele, sin embargo si no se abriera y no nos doliera, de vez en cuando, no aprenderíamos nada de nosotros mismos. Estamos aquí para aprender de la vida y trascender. Esas heridas que a veces nos lastiman tanto, expresan mucho más de nosotros que aquello que nos hace feliz. Y es que la auténtica felicidad, se alcanza aceptando también lo que nos lastima. Ya que si no lo reconocíesemos, no podríamos reparar las partes rotas. Reparar, pegar, cuidar, enlazar, unir, remendar. Son estos procesos los que de verdad nos enseñan.

Cuando se nos cae un jarrón al piso y se hace añicos, podemos hacer tres cosas. La primera de ellas, sería recoger esos pedazos, para volver a juntarlos. La segunda opción, sería barrerlos y atraparlos con el recogedor, para tirarlos a la basura. Y la tercera posibilidad sería, no recoger los pedazos y dejarlos en el suelo. Esto supone un riesgo, ya que si los dejamos en el suelo nos podremos cortar y hacer daño de nuevo.

Si tiramos a la basura, los pedazos, desaparecerá nuestro jarrón. Y puede que ese jarrón, tenga un significado especial para nosotros. En cambio si recogemos los pedazos y los pegamos de nuevo, ese jarrón, no volverá a ser el mismo. Aunque seguirá siendo nuestro jarrón. Seguirá luciendo hermoso, pese a sus cicatrices. Quizás, hasta más hermoso, y seguro que a raíz de ese percance, lo cuidemos más, o lo coloquemos en otro sitio, para protegerlo mejor. Si dejamos sus partes rotas esparcidas por ahí, puede que nos lastimemos sin darnos cuenta. Además que algunas de esas piezas se podrían perder, o esconder bajo el sofá.

¿Si tú fueras un jarrón y te rompieses, que te gustaría que hicieran contigo?

¿Esparcir tus partes rotas, pegarlas, o tirarlas a la basura?

¿Qué es lo que haces tú cuándo te rompes?

¿Recoger y pegar, barrer y tirar, o esparcir y dejar?

Porque todos podemos ser tan vulnerables como un jarrón. Caer y romperse, no es lo peor que nos puede pasar. Es lo que hacemos después de la caída, lo que habla de nosotros. Puede que esa caída nos duela y nos divida en partes, pero esas partes tienen mucho que contarte. Si te permites escucharlas, seguro que descubres cosas, que ni siquiera imaginabas que estuvieran ahí. Y esto es vivir la experiencia. No tires a la basura tus experiencias, no desaparezcas a la primera caída, aprende a caer y a cuidarte mejor. Se honesto contigo y con los demás. Aprende de ti y de tu vulnerabilidad.

La vulnerabilidad no sabe ser deshonesta. Y yo me siento tremendamente honesta cuando me reconozco en mi vulnerabilidad

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Lo blando y lo flexible se adapta sin romperse.

Lo blando y lo flexible se adapta sin romperse. Lo duro y lo rígido se rompe, con gran facilidad. La flexibilidad es una característica de la vida y de la tolerancia. La rigidez, una cualidad del rechazo y de la muerte.

¿Consideras que tu actitud frente a la vida es flexible o rígida?

¿Te adaptas con facilidad a las circunstancias que se te presentan, o por el contrario, te cuesta adaptarte a las nuevas ideas?

«El hombre al nacer es blando y flexible y al morir queda duro y rígido. Las plantas al nacer son tiernas y flexibles y al morir quedan duras y secas. Lo duro y lo rígido son propiedades de la muerte. Lo blando y flexible son propiedades de la vida.»(Lao Tse)

La flexibilidad es la capacidad para adaptarse a nuevas ideas o circunstancias, sin presentar oposición. Es aceptar y tolerar lo que viene con suma curiosidad y sin apenas resistencia. En contraposición a la flexibilidad, se encuentra la rigidez en el pensamiento o hacia las desconocidas situaciones que se acontecen. La rigidez no admite adaptación, no posee esa cualidad. El cambio para la rigidez, es un trastorno indeseado. Por tanto, no acepta ni tolera, lo nuevo. Se apega a lo viejo con extrema dureza.

¿Qué característica crees, que es más práctica para tu vida?

¿La rigidez o la flexibilidad?

Recuerda que lo blando y lo flexible se adapta sin romperse. Ya que la adaptación es firme en cuanto a sus fines. Si se mantuviera rígida frente a los cambios, y se acomodara a lo inmutable, dejaría de ser adaptación para convertirse en costumbre. Las costumbres y los hábitos tienen poca o nula capacidad de adaptación, por si mismos. Además, carecen de flexibilidad y son bastante más obstinados en cuanto a las acciones, que blandos.

Asimismo, la rigidez también es conservadora, ya que conserva lo conocido, sin exponerse a lo desconocido. Encuentra la seguridad en lo que ya conoce y no se lleva demasiado bien con la incertidumbre. La certeza para lo rígido, está en la repetición. En repetir patrones, creencias, actitudes o comportamientos obsoletos. No coopera ni hace alianzas con las nuevas ideas. Se cierra en banda, sin permitir que tu mente se expanda.

¿Toleras las opiniones de los demás, a pesar de que no haya coincidencias con las tuyas?

¿Cómo sueles adaptarte a una situación inesperada?

Una cosa siempre lleva a la otra. Lo blando y lo flexible se adapta sin romperse. Lo rígido y lo firme, al no adaptarse, se rompe. Las piedras del desierto son extremadamente rígidas. Tanto, que son incapaces de aclimatarse al cambio de temperatura entre el día y la noche, y por eso se rompen. Tú no eres una piedra, así que no te comportes como tal. No te quiebres por los cambios, adáptate a ellos.

Las crisis, siempre son momentos fértiles, en los que se siembran nuevas oportunidades. Oportunidades elásticas y flexibles, que surgen de lo que ya no funciona. Y si algo ya no te funciona, o simplemente, es incapaz de aportarte nada nuevo, tendrás que deshacerte de tus viejas costumbres, para comenzar a construir algo que sí que lo haga. Abandona tu rigidez y abraza a la flexibilidad.

¿Has oído hablar de la plasticidad cerebral?

La plasticidad cerebral es la capacidad que posee tu cerebro para crear nuevas conexiones neuronales. ¡Y es que tú cerebro es tremendamente flexible!. No es rígido como las piedras del desierto. Ni se quiebra ante los cambios. Y trabaja tremendamente rápido para adaptarse a una nueva circunstancia. Es una cualidad fantástica y precisamente, una de las más relevantes para mantenerte con vida. Si no fuera así, tu supervivencia prendería de un hilo.

Me gustaría que probases algo. Cruza los brazos, como lo haces habitualmente. Ahora, intenta hacerlo al revés. Si tu costumbre te lleva a hacerlo, poniendo el brazo derecho, debajo del izquierdo, pon ahora el brazo izquierdo debajo del derecho.

¿Eres capaz?

Probablemente, sientas cierta incomodidad al hacerlo al revés de cómo estás acostumbrado. Pero cuantas más veces lo repitas más cómodo te sentirás. Fomentando de esta manera, que se creen nuevas conexiones neuronales, con el fin de aprovechar, al máximo, la plasticidad cerebral de tu cerebro. También puedes crear nuevas conexiones, cepillándote los dientes con la mano izquierda si eres diestro, o con la derecha, si eres zurdo. O si siempre eliges las mismas rutas con las que salir o volver a casa, puedes cambiarlas de vez en cuando.

Existen muchas maneras de aprovechar la flexibilidad de tu cerebro para que aprendas de él, a no ser tan rígido. Ya que esto lo puedes extrapolar a cualquier experiencia de tu vida. Por ejemplo: en conversaciones en las que las ideas expuestas choquen con las tuyas; en situaciones en las que las circunstancias no te permitan hacer, lo que siempre haces; o incluso, en esos momentos en los que tienes que abandonar ciertas verdades, para acoger nuevas certezas.

Porque si tu cerebro es flexible y elástico,

¿Para qué sigues eligiendo la rigidez como actitud?

No hay nada de malo en abrir la mente. Porque tu cerebro no sabe volar.
Lo blando y lo flexible se adapta sin romperse. Lo duro y lo rígido se rompe, con demasiada facilidad.

¿Dispuesto entonces, a romper con tu rigidez?

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Aprende a valorar desde el corazón.

Aprende a valorar(te) desde el corazón. Porque puede que te cueste reconocerlo, a bote pronto, pero los complejos te abrazan, te completan y te enlazan. Te cuento porqué:

Según la etimología, la palabra complejo viene del latín, complexus, participio del verbo complecti, cuyo significado es abarcar, rodear, enlazar completamente. Por eso los complejos se unen a ti, mientras te conectan contigo.

¿Cuáles son entonces, tus complejos?

Cuando nos sentimos acomplejados, solemos sentimos también, inferior al resto. Y si nos sentimos inferior o peor a los demás, es porque tendemos a compararnos con ellos. Al emplear la comparación, tendemos a etiquetar las cosas que comparamos, como mejores o peores, otorgándoles un valor, meramente subjetivo, ya que no todos valoramos las cosas de la misma manera. Lo que es mejor para unos, no tiene porqué serlo para el resto, y viceversa.

Sin embargo, muchas veces se nos olvida que también es posible comparar, sin catalogar. Las comparaciones constructivas son aquellas, capaces de apreciar lo característico de alguien o de algo, sin necesidad de clasificarlo como mejor o peor. Simplemente se ciñen en captar la esencia de las personas y de las cosas. En analizar, para entender mejor las partes, pero sin examinar, para calificar. Ya que las calificaciones no dejan de ser juicios personales, basados únicamente en el mapa mental del que pone la nota.

«Querer ser otra persona, es malgastar la persona que ya eres.»(Marilyn Monroe)

Querer ser otra persona es renunciar a ti. Tener la necesidad de no parecer cómo eres, es negar tu verdadera esencia. Desaprovechar tu Ser. Sin mentar el esfuerzo que esto supone, ya que Ser tú, es lo más fácil de mundo, en cambio, ocultar lo que eres para ser de otra forma, requiere mucho trabajo y sacrificio. Renunciar a ti, es el mayor de los sacrificios que puedes hacer, en detrimento de ti mismo. Porque no existe mayor acto de honestidad, que permitirte Ser, cómo realmente eres. Así que aprende a valorar(te) desde el corazón.

Imagina que fueses el último superviviente «humano» de la faz de la tierra. La raza humana se extinguió tras largas décadas de lucha, pandemias y conflictos. Pero sin saber muy bien porqué, tú conseguiste resistir y aún te mantienes en pie, junto con el resto de especies.

Se que es una distopía difícil de imaginar, o quizá demasiado dolorosa, pero sin centrarnos en las pérdidas que supondría ser el último superviviente, me gustaría que te planteases algo:

¿Te sentirías acomplejado por tu físico humano, en relación con el resto de especies?

¿Pensarías que tus kilitos de más o de menos, te harían ser inferior al resto?

¿O que tu nariz prominente, puede ser ridiculizada por los que aún te acompañan en la tierra?

Probablemente, en ese momento, los complejos que hoy te azoran, no tendrían ningún valor para ti. Ya que tendrías que centrarte en adaptarte al nuevo entorno para sobrevivir. Porque los complejos no te ayudarían a sobrevivir, en cambio, lo que sí te ayudaría, sería ser consciente de todas tus capacidades y virtudes, para así enfrentarte al nuevo y desolado mundo.

¿Y en tu presente actual, te ayudan esos complejos a sobrevivir, o por el contrario, no te dejan vivir plenamente, sintiéndote orgulloso de Ser quién eres?

Sentirte acomplejado te arrebata la paz, y no te permite disfrutar de una vida plena. Ya que le das importancia a algo, que en realidad, nada tiene que ver con tu supervivencia, ni siquiera con tu felicidad.

Si valoras sólo las «cualidades trampa», como la belleza o la inteligencia, te perderás todas las demás. Y ser bello o tremendamente inteligente, no te asegura esa felicidad o bienestar interior. El bienestar, la paz y la felicidad, te llegará, cuando seas capaz de aceptarte tal cual eres, sin compararte con nadie más. La auténtica belleza se encuentra en el interior de las personas, que nada tiene que ver, con los estándares sociales de la moda. El Amor, por ejemplo, no se encuentra sólo en los cuerpos perfectos o en las mentes inteligentes. El Amor está en todos los cuerpos y en todas las mentes, porque no tiene necesidad de lucir perfecto, ya que su única finalidad, es la de amar.

Aprende a valorar(te) desde el corazón. Para ello, sería interesante, revisar tu sistema de valores, ya que la mayoría de los complejos, emergen por tener un sistema de valores equivocado. No caigas en la trampa de valorar la belleza o la inteligencia por encima de lo que de verdad importa.

Piensa en las mascotas,

¿Les importa a ellos, que seamos bellos o inteligentes, o lo que realmente valoran de nosotros, es el amor y los cuidados que les damos?

¿Y tú, qué valoras de ellos o de los demás?

Aprende a valorar(te) desde el corazón. Aprende que lo importante no está fuera, si no en tu interior.

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Tu cuerpo vive en el presente.

Tu cuerpo vive en el presente, ¿Y tu mente?. El poder de la mente es infinito y tremendamente rápido. Es capaz de retroceder en el tiempo, como adelantarse a él. En cuestión de segundos, podemos recordar alguna experiencia pasada, como imaginar nuevos acontecimientos futuros. Sin embargo, no tenemos en cuenta, que cuando nos dejamos llevar por los pensamientos, sin controlarlos, abandonamos el cuerpo, para vivir en otro sitio, que no es el presente. Aislando a la mente del cuerpo y al cuerpo de la mente, con todo lo que esto supone.

Vivir en el pasado, nos suele traer nostalgia o tristeza, si lo que recordamos, nos hace añorar tiempos mejores. Cuando el único tiempo que existe, es el presente, y por lo tanto, es el mejor tiempo. Porque esos momentos pasados, también formaron parte, una vez, de un presente, pero que ya pasó. Asimismo, si seleccionamos experiencias desagradables de nuestro pasado para recordarlas, es muy probable, que nos azote la culpa, ya que nos sentiremos culpables, por una situación que ya no es de este tiempo. El cuerpo sigue aquí, en el presente, pero tu mente viajó hacia otro momento distinto. O lo que es lo mismo, tú sigues aquí, pero tu mente no.

Cuando esto sucede,

¿Quién vive en tu presente?

Sólo tu cuerpo, esperando pacientemente a que regreses a él. Por eso tu cuerpo vive en el presente, pero tu mente, no siempre lo acompaña.

También podemos elegir vivir en el futuro. Mientras imaginamos situaciones futuras. Si las situaciones imaginadas son agradables, nos pueden ayudar a co-crear o a visualizar lo que queremos que nos pase. En cambio, si lo que imaginamos al adelantarnos en el tiempo, no es de nuestro agrado, estaremos haciendo un llamamiento inconsciente a la ansiedad, ya que nos anticipamos, al preocuparnos por algo, que aún no ha tenido lugar. Esta ansiedad anticipada, es creada por tu mente, y también puede ser tremendamente rápida a la hora de manifestarse en tu cuerpo. Tu cuerpo, que vive en el presente, pero ataviado por la calidad de tus pensamientos, se contamina entonces, con lo que estás pensando.

Tanto si decides vivir en el pasado, como en el futuro, abandonas el cuerpo y por ende, el presente, para rendirte al control de tu mente. Y como controlas tu cuerpo, a la hora de decidir que movimientos hacer, también puedes controlar tu mente, para decidir conscientemente, qué pensamientos pensar.

Imagina que estás sentado en tu sofá y te entran ganas de ir al baño. Piensas en levantarte, pero no puedes hacerlo. Tu cuerpo está paralizado y no te responde. Sientes que tu mente rige bien, pero aún así, no es capaz de ordenarle a tu cuerpo que se ponga en pie.

¿Qué harías?

¿Qué pasaría por tu mente si esto te sucediera?

Probablemente lo primero que sentirías sería un profundo desconcierto y mucha confusión. Pensarías que tu cuerpo te ha abandonado, o que ya no te hace caso, porque no sigue tus órdenes. Te frustrarías, te asustarías, te desesperarías.

¿Y qué crees que le pasa a tu cuerpo, cuando te enfrascas en tu mente y no encuentras la manera de regresar a él, al momento presente?

¿Que también se frustra, se asusta o se desespera?

Mientras tu mente piensa, tu cuerpo lo siente. Y cuando abandonas tu cuerpo para rendirte a los pensamientos de tu mente, tu cuerpo también lo siente, se resiente. Siente el abandono, en tu pérdida de control. Manifiesta y expresa lo que piensas, en forma de emociones, sentimientos o sensaciones. Y sentirse abandonado por tu mente, no parece que sea una buena sensación.

Si tu cuerpo vive en el presente, no puedes dejar que tu mente deambule en otro tiempo. Abandonar al cuerpo, significa, abandonar el momento presente. Y aunque tu mente no esté aquí, si no allí, tu cuerpo seguirá estando aquí. Este no puede habitar en otro sitio. Desconectarte del cuerpo, es desconectarte del único tiempo que existe. Deja que tu cuerpo y tu mente, se encuentren. Aislados, no pueden operar de manera óptima. Ambos tienen necesidades que cumplir y si los separas, no podrán cubrir esas necesidades, que al fin y al cabo, no dejan de ser tus propias necesidades.

No puedes aquietar a tu mente con más mente. Aunque sí con el cuerpo. Regresa a casa, a tu casa. Vuelve al cuerpo, al tiempo presente.

Tu cuerpo vive en el presente,

¿Y tú?

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Energía que vibra, la que tú vibras.

Energía que vibra, la que tú vibras.
Te comparto este vídeo, en el que hablo muy por encima de la energía y de su poder.

Cómo es un tema que da para mucho, porque como no me cansaré de repetir, todo es energía en movimiento. Hoy me gustaría hablar de esa energía que rodea nuestros cuerpos. Recibe el nombre de CUERPO MENTAL. Y es la energía o campo electromagnético que rodea nuestro cuerpo físico. Recibe este nombre, en primer lugar, porque rodea el cuerpo y en segundo lugar, porque se nutre de los pensamientos conscientes e inconscientes que se generan en nuestro interior. Dependiendo de lo que estés pensando o «vibrando», esa energía será de una frecuencia más elevada o más bajita. Energía que vibra, la que tú vibras.

Está energía es captada por el resto de seres vivos que cohabitan en nuestro entorno. Cada cosa y cada Ser posee su propio campo electromagnético. Una roca, una planta, un animal, o incluso los objetos cotidianos con los que convivimos, también tienen una energía que les rodea. Entre mezclándose los campos de unos, con las energías de los otros.

¿Qué función tiene el CUERPO MENTAL, además que rodear nuestro cuerpo físico?

Una de las cualidades principales de la energía, es que posee información. Por tanto el campo electromagnético que nos rodea, además de estar repleto de contenido, recibe información del plano espiritual, e intenta integrarlo con nuestra razón. Es decir, que la función principal de nuestro CUERPO MENTAL, es hacer que tanto nuestra mente racional, como nuestra mente intuitiva, trabajen en equipo con esa energía que vibra, como si fueran una sola. Podríamos decir entonces,  que «la energía que vibra, la que tú vibras, también vibra con la de tu entorno.

¿Qué pasa si somos extremadamente racionales?

Pues en realidad, no pasa nada malo. Lo único que sucede es que percibimos nuestro entorno, sólo a través de nuestros sentidos, sin tener en cuenta, toda la información que se esconde, entre la energía que nos rodea. Cuando nos enfocamos sólo en la razón, tendemos a analizar, a discriminar, y sacar conclusiones en base a lo que percibimos. Y para percibir, se necesita interpretar. Algunas de las percepciones que realicemos a través de nuestra razón, pueden ser las correctas, sin embargo otras, como nos falta parte de esa información, ya que esta se encuentra en nuestra energía, no lo serán tanto.

¿Qué afecta a nuestro CUERPO MENTAL?

Los pensamientos negativos y por tanto, las emociones generadas a través de estos pensamientos, dañan tremendamente nuestro CUERPO MENTAL. Por eso es primordial hacer un trabajo interno para eliminar heridas pasadas y no crear sentimientos destructivos que dañen nuestro campo electromagnético y con él, a nuestra intuición, o a esa energía que vibra, la que tú vibras.

Los síntomas principales, de que la energía que nos rodea, se está deteriorando, es que la mente se vuelve torpe y lenta. Se produce cierta confusión mental, y se experimenta la tendencia a tener pensamientos negativos.

Aunque nuestro Ser, siempre está ahí para advertirnos que no vamos por el mejor de los caminos. Aún así, siempre nos manda señales que no siempre somos capaces de interpretar.

Algunas de las conductas que bloquean nuestra conexión con el plano espiritual, dándole mayor poder al ego son:

– Adicciones / Lujuria
– Ira / Rabia / Venganza
– Codicia / Avaricia
– Envidia / Celos
– Glotonería / Desperdicio
– Pereza / Desánimo
– Orgullo / Excesiva o baja Autoestima

¿Y qué necesita o cuáles son las necesidades de tu CUERPO MENTAL?

Son seis las necesidades básicas de tu CUERPO MENTAL.

1. LA VERDAD. Entendiendo como tal, a ser sincero contigo mismo y con los demás. Es muy probable, que si no eres capaz de ser sincero contigo, tampoco puedas practicar tu sinceridad con la gente de tu entorno. Y es que la verdad, es uno de los caminos más rápidos, que te conducen hacia tu liberación. La justicia, es una de las cualidades de la verdad. Y si eres justo contigo, te será mucho más fácil serlo con los demás. No mientas, ni te mientas. Porque de lo que das, recibes y recibir mentiras, no te acercará a la verdad.

2. LA INDIVIDUALIDAD. O lo que es lo mismo, ser tú mismo y estar orgulloso de tu originalidad. Dejarse llevar «por el qué dirán o por lo que pensarán»  los demás, no te permite ser libre, porque no te permite ser tú. Y es que en realidad, no puedes cambiar lo que los demás piensan de ti. En cambio, lo que sí puedes cambiar, es lo que tú piensas de eso. Todas tus partes son las que enriquecen a tu conjunto. Las rotas, las reparadas, las que más te enorgullecen, las que menos. Todo eso, eres tú. Así que no ocultes lo que eres, bajo lo que aparentas ser.

3. EL RESPETO. ¿Te molesta que no te respeten o que te falten al respeto?. ¿Y tú respetas?. La libertad de uno, acaba dónde empieza la del otro. El respeto es fundamental para que todos podamos convivir en armonía. Si no respetas, tampoco lo harán contigo. Las faltas de respeto o el no respetar, no sólo desatan la ira y la rabia del que no ha sido respetado, si no también, su sed de venganza. Por ejemplo, si insultas a alguien, es muy posible que ese insulto te venga de vuelta. Absolutamente todo el mundo, tiene el derecho y el deber, de poder ser respetado y de respetar.

4. LA SEGURIDAD. Muchos relacionan la seguridad con tener una holgada cuenta en el banco, un trabajo fijo, una bonita casa…sin embargo, esto no es más que una falsa sensación de seguridad. Lo material, aunque así te lo parezca, no te da seguridad. En realidad te la quita, y más si temes perderlo. El tener no te hace estar seguro. Ni si quiera te hace Ser. Porque tú no eres lo que tienes. Sólo tienes, lo que crees que eres. Porque la verdadera seguridad se consigue, cuando sientes la certeza, de que no tienes nada que temer.

5. LA INTEGRIDAD O LA HONRADEZ. La honradez es la cualidad del decente, del decoroso y del razonable, según la etimología. En cambio la integridad, habla etimológicamente, de la pureza, de lo virginal de la robustez. De aquello que no ha sido tocado por ningún mal. Es decir que habla del bien y de la bondad. Del amor puro y sincero, sin intenciones contaminadas. De ser honesto contigo y con los demás. En tu integridad, encontrarás la paz. En la corrupción, tu intranquilidad.

6. RAZÓN DE SER. Encontrar tu camino de vida o propósito, es muy importante. La falta de una razón de ser, puede acabar con tu energía. Porque como ya he mencionado en más de una ocasión: Es tu motivación la que enciende tu energía. Encontrar un motivo evidente por el qué estar vivo, es fundamental para seguir vivo. Las ganas de vivir o las ganas por las cuales vives, no las puedes comprar en ninguna tienda. Las tienes o no las tienes. Siempre existen razones por las que vivir y por las que estar agradecidos. El querer Vivir, ya es una buena razón.

¿Dirías que tienes cubiertas estas necesidades?

Si es así, tu CUERPO MENTAL y tu energía fluirán a pleno rendimiento. Te será muy fácil conectar con el plano espiritual. Y gozarás de toda la información, sin que se pierda entre percepciones. Aunque tampoco pretendas ser perfecto. Sí feliz. Permítete equivocarte de vez en cuando, no pasa nada, mientras aprendas la lección.

Acepta la verdad y tu verdad. Abraza tu individualidad. Respeta siempre, para que te respeten. Siente la seguridad de que no tienes nada que temer. Se íntegro y honrado, fiel a ti mismo. Esta es tu razón de Ser. Esto eres tú. Energía que vibra, la que tú vibras.

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El Auto-conocimiento es el transmisor.

El Auto-conocimiento es el transmisor de conocimiento. El vehículo que te acerca al Todo. Porque como parte de ese todo, tú también transmites y conduces tu sabiduría.

¿Qué es para ti el Auto-Conocimiento?

¿Conocerte a ti mismo?

Las definiciones oficiales, cuentan algo así, como que el Auto-Conocimiento es el entendimiento de uno mismo. O dicho de otra forma, es la capacidad de introspección, que nos hace reconocernos como individuos, separados del medio y del resto de sujetos, del mismo medio. 

¿Estás de acuerdo al cien por cien, con estas definiciones?

Reconozco desde mi atrevida ignorancia, que yo no lo estoy, en absoluto. Estás descripciones formales, que hablan de diferenciarse del resto de los individuos y del medio, no me convencen del todo. Explico porqué:

Creo que la mente se auto-engaña, cuando intenta disociarse o separarse, para auto-conocerse. No creo que sea la forma más apropiada para entenderse a uno mismo. Ya que todos somos también, nuestro contexto y nuestro medio. Sin estos detalles principales, la descripción de nosotros mismos, se quedaría incompleta. No somos solos y aislados. Somos lo que somos, en base, siempre, a nuestras propias circunstancias. Además de cómo y dónde, se produzcan esas circunstancias. José Ortega y Gasset, lo expresaba de la siguiente manera: «Yo soy yo, y mis circunstancias».
 
La palabra «Auto», en la lengua española, además de referirse a algo propio o de uno mismo, también significa: vehículo, carro, automóvil. Es decir, un medio de transporte. Y esto me hizo pensar. Como medio de transporte o vehículo,  

¿Qué transporta o transmite?

¿Conocimiento?

Si dejamos de identificar la palabra «auto» con lo propio y lo relacionamos con el vehículo que transmite conocimiento, la diferenciación o la separación de lo «propio» o de «uno mismo», con el medio y las circunstancias, desaparecería de inmediato. Transformando así el Auto-conocimiento, en un vehículo o transmisor de conocimiento, que te conduce y te acerca. Sin alejarte, ni de los demás, ni del medio. 

Siguiendo con la reflexión, y eliminando así, lo que nos separa de los demás, y del Todo, se me ocurre lo siguiente:

¿Hacia dónde nos transporta, ese vehículo de conocimiento?

¿Tal vez, a la Sabiduría Universal, la que únicamente tiene sentido o se completa, con el conocimiento de todos?

No podemos olvidar que el Lenguaje, como las palabras, además de conocimiento, también tienen su «propia» intención o «Auto-Intención». Y como tal, hay que tratarlas con sumo cuidado. Elegirlas con mucha cautela, para evitar malos entendidos o falsas intenciones. Las palabras también son vehículos o transmisores de conocimiento. Son capaces de transportarnos y de construir cosas hermosas. O por el contrario, si las elegimos de manera inadecuada, o las interpretamos mal, nos pueden dejar estancados en el mismo sitio, sin posibilidad de avanzar.

Imagina ahora, que conduces un carruaje de caballos. El carruaje representaría a tu cuerpo, los caballos, a tus sentidos, con los que sueles percibir la realidad. El conductor del carruaje, sería tu intelecto, y las riendas, tu mente. 

Cuando el conductor(tu intelecto) está en consonancia con las riendas(tu mente) y con los caballos(tus sentidos), el carruaje(tu cuerpo), podrá llegar hacia dónde se proponga, sin apenas esfuerzo. En cambio si esas riendas, no están bien sujetas, el conductor no podrá dominar con maestría a los caballos. Lo mismo sucede, si el conductor es inexperto o se desconoce, que tampoco podrá manejar ni a las riendas, ni a los caballos.
(Metáfora extraída de «Katha Upanishad»)

Así que ya va siendo hora, de que sujetes bien esas riendas, para que tus caballos, no tiren hacia ninguna parte. El conductor conoce perfectamente, el camino que te lleva a casa. No dejes que tu carruaje se desvíe, porque eres tú el conductor de ese conocimiento.

Móntate en tu vehículo. Conduce para acercar al medio, tu conocimiento. No te desvíes, ni te disocies de lo que sucede mientras avanzas. Porque eres tú junto con ese medio, quien avanza. Sólo cuando están cerca se definen, desde lejos, se pierden los contextos y buena parte del conocimiento. Y recuerda, que el Auto-conocimiento es el transmisor que te trasmite, mientras te conduce al Todo.

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Incluye en tus planes lo inesperado.

Incluye en tus planes lo inesperado, para que tus planes, sean todo lo que esperas.

«Espera lo mejor, planea para lo peor y prepárate para sorprenderte.» (Denis Waitley)
 
¿Cuándo fue la última vez que te esforzaste en planear algo con suma ilusión?

¿Y los resultados fueron como esperabas, o surgieron algunos imprevistos inesperados?

A pesar de tus esfuerzos por planificarlo todo, si no cuentas con lo inesperado, como parte también del plan, tu planificación no te habrá servido de nada. Porque los imprevistos por pequeños que sean, pueden cambiarlo todo. Pueden cambiar los acontecimientos, tu actitud, tu estado de ánimo, incluso el plan al completo.

Recuerdo una ocasión, en la que con mucha ilusión, planeé junto con un amigo, un viaje que desde hacía tiempo, queríamos hacer. Lo planeamos absolutamente todo. Las rutas por las que caminaríamos, los lugares que queríamos visitar, las actividades que llevaríamos a cabo en ese país extraño, lo que comeríamos y beberíamos todos los días.

¿Y al final que pasó?

Pues que casi nada de lo planeado, lo pudimos hacer. El segundo día tras haber llegado, decidimos pasear por una de esas rutas programadas con antelación. Desconocíamos que para acceder a ella, había que pasar por ciertos caminos muy resbaladizos, con tan «mala suerte», que me caí y me rompí la pierna. Este acontecimiento truncó el plan al completo. Tras lo sucedido, lloré, no por el dolor físico precisamente, me frustré, me enfadé conmigo, con el plan y con mi amigo. Una situación totalmente inesperada y por supuesto, no planificada. 

Para mi suerte, siempre suelo rodearme de gente maravillosa. Y mi amigo, además de gozar de una gran paciencia, me hizo entender, sabiamente, que tenía que aprender a ser más tolerante con la frustración, para no desilusionarme, con tanta facilidad por lo que me pasaba, pero que no me esperaba.

Me hizo la siguiente pregunta: 

– ¿Qué es lo único que te puede pasar, ahora mismo, que no podrías superar?

– Romperme la otra pierna, le dije yo. 

– ¿No podrías superar eso?, piénsalo bien.

– Bueno en realidad sí que podría, pero eso me haría cabrearme aún más, con la vida.

– Hay veces que es necesario cabrearse, para superar las cosas. Piénsalo mejor.

– ¿La muerte?

– Exactamente, la muerte es lo único que te podría suceder y que obviamente no podrías superar. ¿Y no estás muerta no?. Así que, ¿por qué no empiezas a hacer cosas de viva?.
Y es que puedes enfadarte en vida, pero eso no te hará disfrutar de ella. La vida se disfruta de verdad, cuándo dejas de luchar contra ella y contra lo que te pasa. Aún con la pierna rota podemos seguir disfrutando del viaje, de otra forma, pero tu pierna herida no te puede quitar las ganas de hacerlo.

«Lo inevitable rara vez sucede, es lo inesperado lo que suele ocurrir.» (John Maynard Keynes) 

Y esta historia, aún sin ser real, bien podría serlo. Quizás haya tenido cabida en otro plano, o tal vez en otra vida. Aunque lo importante de esta historia, no está en si tuvo lugar o no, la moraleja de esta historia, es que si no cuentas con lo inesperado, como parte también del plan, tu planificación no te habrá servido del todo. Por eso, incluye en tus planes lo inesperado.

A la hora de planificar algo, no sólo planees lo que quieres hacer, planea también lo que puede suceder. Planifica los imprevistos, para que estos no te cojan por sorpresa, cógelos tú por sorpresa. Que no te esperes lo inesperado, no quiere decir que no te suceda. En cambio si lo planificas e incluyes en tus planes, lo inesperado no te sorprenderá tanto, y lo mejor de todo, es que se puede convertir en todo lo que esperas.

Los imprevistos dejan de ser imprevistos, cuando te los esperas. No hace falta que sepas con precisión lo que sucederá, porque por el simple el hecho, de prever que puede suceder algo diferente, lo que sea que pase, ya no podrá cogerte desprevenido.

Según lo descrito, para realizar una buena planificación:

1. Acepta la incomodidad e inclúyela en tus planes.

2. Entiende que esos pequeños inconvenientes no son relevantes para tu felicidad.

3. Focaliza tu atención en las muchas maravillas que aún tienes a tu alcance y con las que puedes disfrutar. 

Incluye en tus planes lo inesperado, para que tus planes, sean todo lo que esperas.

«Esperar lo inesperado, aceptar lo inaceptable.» (Confucio) 

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Nunca mejora su estado quién muda de lugar.

«Nunca mejora su estado quién muda de lugar, y no de vida y de costumbres».(Francisco de Quevedo)

Puedes mudarte cambiando sólo tu ubicación, pero si no mudas también la piel, para adaptarte a ese nuevo destino, el nuevo lugar, será para ti, una copia casi idéntica al anterior. En cambio, si cambiases de vida y de costumbres, en el lugar que habitas, sin necesidad de abandonarlo, te parecerá entonces, que te has mudado de lugar.
 
¿Qué dicen tu vida y tus costumbres de ti?

¿Cómo mejoran o empeoran el lugar que habitas?

¿De lo que sueles hacer, qué beneficia a tu lugar y qué lo perjudica?

¿Y cuánto de lo que no haces, podrías hacer, para mejorar tu lugar?

Y es que no hace falta mudarse de lugar, para empezar de cero o para cambiar de estado. Puedes empezar de cero, haciendo cosas diferentes, en el mismo lugar. Así, poco a poco, el lugar que ya no te convence, se convertirá en tu nuevo lugar.

¿Qué es lo que menos te gusta de tu vida?

¿Qué puedes hacer para cambiar eso?

Muchas veces los cambios que buscamos, no son acciones concretas. Si no cambios, simplemente de perspectivas o de forma de pensar. Asimismo, un cambio en tu manera de ver las cosas, puede ser suficiente, para mejorar tu estado, sin necesidad alguna, de hacer más cosas. Porque las cosas dejan de ser las mismas, cuando las miramos de manera diferente, lo mismo sucede con los lugares, que parece que cambian su ubicación, cuando cambiamos la mirada.

Coge lápiz y papel, para confeccionar una lista con todas tus costumbres. Las cosas que haces en tu día a día, todas ellas, las buenas y las menos buenas. Cuando la tengas hecha, tendrás que analizar muy bien, cuántos de esos hábitos son beneficiosos para tu día día y cuántos perjudiciales.

¿Te ayudan tus costumbres, o por el contrario te entorpecen?

Si en tus hábitos predominan las costumbres que te ayudan a ser mejor persona, a conseguir eso quieres, o aquellos que simplemente, te hacen sentir mejor, te felicito por ello. Además te animo a que no pierdas esas buenas costumbres, prémiate con algo, porque te lo mereces. 

En cambio, si al analizar la lista, compruebas que la mayor parte de tus costumbres, la componen prácticas nada constructivas, si no destructivas, te invito a que vayas modificando poco a poco esa lista. No hace falta que cambies todos tus «malos» hábitos de golpe, si no de manera gradual. Y si eliminas una costumbre perjudicial para ti, introduce otra, que te beneficie en algo. Porque no es sólo dejar de hacer eso que no te hace bien, es empezar a practicar lo que sí, para sentirte mejor.

Nunca mejora de estado quien muda solamente de lugar. Cambia algo para que pase algo. Mejora tus costumbres y mejorarás tu vida. Mejora tu vida y mejorará también tu entorno. No te adaptes a tus costumbres si estas ya no tienen nada bueno que aportarte. ¡Cámbialas!. La vida está en constante evolución, y tú formas parte de ella. Si no quieres pasear por ahí desactualizado, tendrás también, que permitirte evolucionar con la vida. Puede que te cueste un poquito al principio, pero en cuanto empieces a percibir los buenos resultados, no podrás hacer otra cosa, más que fluir con los cambios.

¿Sabes en quién te quieres convertir?

Porque muchas veces, ni si quiera sabemos lo que queremos. Sólo sabemos lo que no queremos. Y para empezar a construir nuestra nueva vida, hay que ser muy precisos con eso que queremos. Así que dedícate tiempo a pensar en quién te quieres convertir y cómo quieres que se desarrolle tu vida, antes de modificar tus costumbres. Las mejoras debes llevarlas a cabo, sólo cuando tengas claro lo que quieres. Ya que si no lo sabes, puede que modifiques cosas que no tenías que haber modificado. Y esto puede traerte peores consecuencias.

Asimismo, plantéate las siguientes cuestiones: 

¿Conoces a alguien que ya haya logrado, lo que tú aspiras?

¿Y cuáles son las costumbres que practica?

Ya que otra opción muy lícita y constructiva, es aprender de lo que funciona. Dicho de otra forma, modelar a las personas a las que nos gustaría parecernos. Bien por su forma de ser, o por sus buenas costumbres. Si tienes a alguien así en tu entorno, no dudes en preguntarle, qué que hace para estar tan bien. Quizá te de algo de vergüenza al principio, pero piensa que esta práctica, además de halagar a la persona en cuestión, te puede proporcionar muy buenas ideas. Las mejores ocurrencias, pueden venir de los lugares más insospechados, así que, no lo dudes y modela todo aquello que te pueda venir bien.

«El pasado tiene sus códigos y costumbres»(Sócrates)

El pasado tiene sus propios códigos y costumbres, y el presente también. No vivas tu presente con códigos o costumbres, ya obsoletos. Adapta tus costumbres al presente y no te adaptes a lo que ya no te funciona. No es el lugar que habitas lo que tienes que cambiar, es hacer de ese lugar, un nuevo lugar para habitar. Dicho de otra forma, no adaptarte al lugar, si no hacer que ese lugar, se adapte a ti.

Y recuerda siempre que nunca mejora su estado quién muda solamente de lugar, y no de vida y de costumbres. Por eso antes de moverte de lugar, quizás debas movilizarte para transformar lo que ya no te sirve, por lo que sí. 

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Aprovecha las cualidades de los demás.

Aprovecha las cualidades de los demás sin atender a sus defectos.

A lo largo de nuestra vida, establecemos todo tipo de relaciones. Vivir en sociedad, implica precisamente eso, relacionarse con las diferentes personas que componen nuestro entorno. Con cada relación con la que interactuamos, se produce un intercambio, de comunicación, de información, de aprendizajes, de historias, de amor…

¿Podrías vivir acaso, sin las relaciones de tu vida?

Como seres sociales, es inevitable tener que relacionarse todos los días. Sin embargo, en cuestión de relaciones poco importa la cantidad, si no más bien, la calidad de las mismas. Porque puedes establecer contacto con mucha gente, pero si ese contacto no te aporta algo positivo en tu vida, igual es preferible, que te relacionases menos, aunque sí mejor.

¿Cómo calificarías tus relaciones, crees que son de calidad o por el contrario te desgastan y agotan?

Cada persona con la que te relacionas, tiene algo que contarte. Algo que contarte y muchas cosas que aportarte. Aunque no siempre lo entiendas así. Muchas veces, no estamos dispuestos a escuchar proactivamente, ya que el ruido interno, nos tapa los oídos y nubla los ojos. Existen ocasiones en las que incluso, nos empeñamos en buscar las diferencias y no las correspondencias. De esta manera, si sólo atendemos a lo que nos hace diferentes y no parecidos, no podremos descubrir las similitudes que en realidad, tenemos. Cuando esto sucede, el contacto que establecemos, nos aleja de la persona en cuestión, sin permitirnos que se propicie un acercamiento sincero.

¿Cuáles son tus cualidades más representativas?

Ya que como tú tienes habilidades y talentos, también los demás los tienen. No podemos ser malos en todo, tampoco buenos o excelentes. Entre todas las habilidades y talentos que existen, hemos tenido que especializarnos en sólo algunos de ellos. A través de la práctica y de las costumbres, hemos priorizado, alimentar ciertas cualidades, en detrimento de otras. Y es que para eso están los demás, para compensar lo que a nosotros nos falta. Como tú estás en la vida de los demás, para complementar sus ausencias.

Todos formamos parte del mismo sistema, y este sistema, se nutre de todas las partes por igual. No existe ninguna parte más valiosa que otra, porque todas esas partes, son las que hacen posible, que ese sistema, llamado mundo, funcione.

¿Te quejas mucho de los demás?

¿Se quejan mucho de ti, los demás?

Pon en jaque a la queja. Sugiere siempre, pero nunca condenes. Los demás no están aquí para cumplir con tus expectativas. Porque de tus expectativas, te encargas tú, como los demás de cumplir con las suyas propias. Aprovecha las cualidades de los demás, en tu propio beneficio. Pero no te quejes o condenes sus defectos. Ya que defectos tenemos todos, incluido tú. Si te enfocas en el defecto o en la diferencia, no podrás apreciar ni las cualidades, ni las correspondencias.

Y es que hay veces, que nos empeñamos en demandar ciertas cosas a las personas equivocadas, por ejemplo;

¿Le pedirías dinero a algún indigente de tu barrio para desayunar?

¿Y por qué te empeñas en demandar a alguien de tu entorno, algo que ya sabes de antemano, que no te puede dar?

Aprovecha las cualidades de los demás sin atender a sus defectos. La clave para hacerlo, es pedir a cada persona, sólo lo que sabes con certeza, que te puede ofrecer sin esfuerzo, y no lo que no te puede dar, sin que esto implique un gran esfuerzo por su parte. Ya que una única persona no puede reunir todo lo que tú requieres, en cambio un conjunto de personas, es más fácil que te complementen.

Es decir, no pedirle por ejemplo a alguien impuntual, que esté antes que tú en un sitio determinado, o no solicitar dinero, a alguien que por norma general, es algo tacaño. El impuntual, tiene otras cualidades que no estás aprovechando, quizá sea tremendamente creativo a la hora de resolver dificultades.

¿Qué más da entonces, que sea impuntual, si siempre «llega», aunque no sea a tiempo, o siempre da en el clavo, con la solución que más te conviene?

Y el tacaño puede que sólo lo sea con el dinero. Tal vez le encante escucharte y acompañarte en tus peores momentos. Y es que el dinero se puede recuperar, pero el tiempo no.

Tampoco es recomendable que esperes de alguien con cierta apatía hacia los deportes, que te acompañe a hacer senderismo, porque quizás prefiera salir a tomarse contigo, mientras comparten risas juntos. Por este motivo: ¡Aprovecha las cualidades de los demás!, desatendiendo a sus defectos. Ya que esta es la única manera de decepcionarte menos y disfrutar más, de todas tus relaciones.

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