Screenshot_20210607_144749

Tu aburrimiento es un mecanismo para…

Tu aburrimiento es un mecanismo para no hacer contacto. Cuando te aburres a solas o en compañía, es porque no logras conectar con lo que haces, contigo mismo, o con los demás. Algo te lo impide. Muchas veces, damos por hecho que son las situaciones o las conversaciones con los otros, las que nos hacen sentir ese aburrimiento y desconectar. Sin embargo, esas situaciones o las tediosas conversaciones, no son las responsables de mantener tu atención, ya que tu atención, la diriges tú y por tanto, eres el único responsable de atender o no.

¿Cuándo fue la última vez que sentiste aburrimiento?

¿Estabas a solas o en compañía?

¿Qué estabas pensando mientras te aburrías?

Tu atención sólo puede atender a una cosa a la vez. Y si te encuentras manteniendo una conversación con alguien y te aburres, es muy probable que estés atendiendo a otra cosa dentro de tu cabeza. Quizá haya algo que te ronda porque lo tienes pendiente por resolver, o tal vez sea, que mientras el otro habla tú también lo hablas, pero desde dentro y no hacia fuera, a modo de crítica o de juicio, que por lo que sea, no lo quieres compartir con él. De esta manera, es tu diálogo interno el que te hace perder el hilo de la conversación, porque te desconcentras. Dentro de ti, ya estás manteniendo una conversación, y si sigues escuchando lo de fuera, no puedes atenderte a ti y viceversa.

Puede ser también, que sientas aburrimiento al comenzar con una tarea determinada. Y como en los ejemplos anteriores, no es la tarea en si, lo que te causa ese aburrimiento, si no lo que estás pensando mientras tanto. Es cierto, que todas las actividades que tenemos que llevar a cabo en nuestro día a día, no tienen porqué ser de nuestro agrado, pero que no nos guste hacerlas es una cosa, y otra bien distinta, es que nos causen aburrimiento. Si te aburren es porque no quieres hacer contacto con ellas. Porque te enredas en tus pensamientos o diálogos internos, de todo lo que podrías estar haciendo, si no tuvieras que hacer esa labor que te desagrada. En cambio si no pensases en lo que podrías hacer, y te pusieses, sólo a hacer, la tarea sería bastante más llevadera.

Aunque también puedes sentir aburrimiento contigo a solas. No es necesario que haya alguien más para sentirte aburrido. Ni tan siquiera tienes que estar haciendo algo concreto para aburrirte. Si esto te sucede a menudo, que te aburres a solas, contigo, es muy probable, que los asuntos que tengas pendientes, sean en este caso, contigo mismo y que no quieras hacerte cargo de ellos.

No olvides que tu aburrimiento es un mecanismo para no hacer contacto. Y que cuando te sientes estupendamente bien y pleno del todo, es como que no hay cabida para el aburrimiento. Incluso se te escapa el tiempo y te gustaría poder crear más tiempo. En cambio, cuando el aburrimiento se adueña de tu tiempo, eres tú, el que quiere escapar de él.

«La conciencia del tiempo, bajo su forma más pura, es el aburrimiento, es decir la conciencia de un intervalo que nada atraviesa o que nada puede llenar.» (Louis Lavalle)

Cuando el tiempo se te hace largo y tedioso, es porque nada te atraviesa, porque nada hace contacto contigo, ni tú con ello. Y si no encuentras nada que te llene, ni siquiera tú mismo, es porque probablemente, estés lleno ya de cosas, que no te son de utilidad, y tendrás que vaciar, antes de poder llenarte con más. Vaciar los pensamientos, los juicios, las culpas y las preocupaciones, porque no te permiten disfrutar. En el momento en que te hagas consciente, de qué es eso que te hace aburrirte, de tanta repetición, ya haces contacto con ello, y esto provocará que desaparezca tu aburrimiento. Porque habrás conseguido contactar contigo y con tus temas pendientes, para ya más tarde, y si te apetece, hacer algo con ellos, o no.

«El aburrimiento es lo que queda de los pensamientos, cuando las pasiones son eliminadas de ellos.» (Alain)

Nunca he oído a nadie decir que la pasión es aburrida, tal vez intensa, pero no aburrida. Los pensamientos y sobre todo los más recurrentes, sí que pueden serlo, tremendamente aburridos. El pensar mal, puede llegar a ser agotador. La pasión en cambio, aunque nos agote, por su intensidad, siempre es bienvenida. Porque nos estimula, hace contacto con nosotros y nos recarga con más pasión. Vivir la vida con pasión, es justo lo contrario a vivir aburrido y con tedio por todo. Porque con lo que nos apasiona, hacemos contacto, y con lo que no, nos desconecta.

Tu aburrimiento es un mecanismo para no hacer contacto. Pero aunque no te lo parezca, todo en esta vida está concebido para hacer contacto, porque todo está conectado, de algún modo u otro, lo que no siempre nos permitimos conectar. O quizás conectamos con eso que no tenemos que conectar.

Y para hacer contacto, en esos momentos en los que sientas que el aburrimiento te perturba, te propongo tan sólo dos cosas:

1. PRESENCIA: Para que tomes conciencia de eso que te hace sentir aburrimiento. Tendrás que analizar cuáles son los pensamientos o diálogos internos que te hacen desconectar. Una vez detectados, podrás hacer algo nuevo con ellos, o no, permitiéndote así volver a conectar sin tener así que huir del presente y aburrirte.

2. ATENCIÓN: Redirigirla, en el caso de que esté deambulando por ambientes «aburridos». Y hacerte cargo también de ella, para permitirte conectar de nuevo, con la pasión y no con la distracción.

¿Si tu aburrimiento es un mecanismo para no hacer contacto, cuál es entonces, el mecanismo que utilizas para conectar?

Screenshot_20210523_145808

La película de tu vida.

La película de tu vida, no te cuenta toda la verdad al completo. Porque la mayor parte de las películas que montas en tu cabeza, no te dejan ver esa realidad. Las editas en base a una interpretación filtrada. A través de las opiniones y de los juicios que haces de lo que te pasa, en función a las creencias que hayas decidido comprar y que al final, son las que le dan sentido a tu realidad.

Aunque seas el protagonista de tu vida y de tu película personal, también formas parte del reparto en las películas de los demás, por eso nunca es la misma película la tuya y la del resto. Porque cada uno crea y monta su propia película, independientemente de quiénes sean los personajes que la interpretan. Cada film habla de una historia diferente, aunque sea la misma trama la que se acontece. Y es el significado de esa trama, la que hace, que para ti y para mí, no sea la misma película.

Imagina que entras en un Multicine con un montón de salas abiertas. En cada una de esas salas, se está proyectando una película diferente. Con tanta variedad y tantas opciones, no sabes cuál ver primero. Aunque tras dejarte llevar por tu intuición, decides entrar en la sala número uno. 

Al introducirte en la sala, tienes la sensación de que ya has visto esa película, o que por lo menos, te resulta tremendamente familiar. Conforme pasan las imágenes, te das cuenta, de que es la película de tu vida, la que se está emitiendo. Tú eres el protagonista. El resto de los actores secundarios, son todas aquellas personas que te acompañan en tu día a día. Son tu madre, tu padre, tus amigos, tus vecinos y conocidos, los compañeros de trabajo, tu enamorada o enamorado, tus hijos…

Miras a tu alrededor y te percatas, que no hay nadie más en sala, salvo una persona que permanece sentada y muy atenta, a lo que está sucediendo, en primera fila. Decides colocarte detrás de ella. Sientes intriga de quién pueda ser. Y te da mucha curiosidad conocer a ese espectador que parece estar disfrutando con la película de tu vida.
Tras fijarte bien en su pelo, en su silueta, en sus movimientos, e incluso en su risa, descubres que eres tú mismo el que está viendo esa película. No das crédito a lo que está pasando, incluso llegas a pensar que puedes estar soñando. Tras pellizcarte unas cuantas veces, renuncias a que pueda ser un sueño y sigues observando la película con suma atención.

Como ya sabes lo que te va a contar esa película, ya que es tu propia vida, la que se está proyectando. Piensas que quizás, sería bueno cambiar de sala, para comprobar que más películas se están emitiendo. Así que sales de la sala número uno y te introduces en la sala número dos.

Antes de atender a lo que se está proyectando en la pantalla principal, extiendes tu mirada, por la sala número dos. También está casi vacía, excepto por un espectador que está absorto en la película. En esta ocasión, decides sentarte a su lado. El espectador ni siquiera se inmuta, te fijas en él y te das cuenta de que es tu madre, esa espectadora que observa ensimismada lo que está pasando por la pantalla. Incluso llegas a hablarla, pero esta no te responde, así que empiezas a observar la nueva película. 

En esta ocasión, tú ya no eres el protagonista. Ya que la historia que se está proyectando es la de tu madre. Apareces en la trama, como personaje o actor secundario. Esta historia, aunque te sigue resultando familiar, no se corresponde del todo, con lo creías de ella. Hay escenas que ni si quiera pensaste que se podían haber producido, y otras conocidas para ti, no parecen tener el mismo significado que cuando tú las viviste, en primera persona. 

Al ver esta película, te das cuenta, de todo lo que ha sentido, siente o sintió tu madre. También compruebas la idea que tiene tu madre de ti, y que no coindice con la tuya. A través de ella, entiendes lo que realmente piensa y no lo que tú pensabas que pensaba. Sientes que te va a explotar la cabeza. No comprendes muy bien, lo que está sucediendo, así que decides salir de la sala número dos, para explorar el resto de salas.

En vez de adentrarte en la sala número tres, prefieres saltarte el orden establecido y apuestas por la número seis. Vuelves a verificar la audiencia de la sala, para observar que sólo hay una persona, sentada en la parte de atrás. A la que reconoces inmediatamente, es tu enamorado o enamorada. Le hablas, mientras sujetas su mano, pero no te hace ni caso. Te sientes invisible. Pero como te sucedió lo mismo, en sala número dos, cuando te intentaste comunicar con tu madre, decides atender a la película.

Una vez más, descubres que lo que se está proyectando en la sala seis, a pesar de que pensabas que conocías su historia, no tiene nada que ver con lo que tú pensabas de ella. Porque su película es muy diferente a tu película. En este film, y como personaje secundario, entiendes muchas cosas, que no habrías podido entender desde tu propia película. 

Como ya has perdido la noción del tiempo y pese a que te sientes algo confundido, aunque más despierto. Exploras el resto de las salas que te quedan por explorar, que son muchas, para terminar sacando la misma conclusión de todas ellas. 

La película de tu vida, no es la misma película que ve tu hermano, o tu vecino, si quiera tu hijo. Son películas completamente diferentes, ya que no todos entendemos la realidad de la misma manera. Y aunque compartamos tramas, secuencias o escenas, lo que observamos en ellas, lo que aprendemos y lo que pensamos y sentimos, es bien distinto, por eso parecen también, diferentes las películas.

Te comparto esta reflexión, extraída del libro «El Quinto Acuerdo», para que a partir de ahora, tengas en consideración, todas las películas de los demás. Para que no te encierres en tu propia sala, y para que te permitas explorar el resto de salas y de películas. Ya que a través de ellas, podrás entender mucho mejor, la realidad de tu vecino, para así compararla con la tuya. Ambas realidades tienen mucho que contar. Los planos y los enfoques pueden parecer distintos, pero todos contienen la misma verdad, la misma historia, la tuya y la de los demás, la auténtica realidad.

La película de tu vida, es sólo una realidad relativa y está incompleta. La completas cuando añades secuelas de los diferentes personajes. Cuando dejas de atender a tu película y aprendes con la de los demás. No te abstraigas en tu propia película, explora el resto de salas, porque en ellas se encuentran las historias que te faltan, para darle el sentido real, a la película de tu vida.

Screenshot_20210109_185632

Tu eres el deseo que te impulsa.

Tú eres el deseo que te impulsa.
Tal y como es tu deseo, es tu voluntad.
Tal y como es tu voluntad, son tus actos.
Tal y como son tus actos, será tu destino.
(Brihadaranyaka Upanishad IV 4.5)

Tú eres el deseo que te impulsa. El deseo que te eleva y el que te hace levantarte cada mañana, dibujando una sonrisa en tu cara. También eres la ilusión, que hace posible que se cumpla ese deseo. Mientras sueñas, tejes con pasión, tus más ansiadas aspiraciones, y estas se manifiestan a través de ti.

El deseo te empuja a alcanzar tus propósitos. Porque es el estímulo que te recuerda lo que puedes conseguir. Cuando deseas, recargas tu fuerza. Tu energía se multiplica. Tu atención te da la razón, encontrando infinitos motivos, por los que no puedes dejar pasar tu sueño. No obstante, el deseo también te harta de esperanza. Lo alimentas con la confianza de que todo saldrá bien. Tus creencias te amparan, expresando en tu mundo, la idea en la que crees. La idea, fue la semilla, el deseo, su alimento y tu yo florecido, la manifestación constatada.

¿Te reconoces con tu deseo?

¿Te identificas con la expresión de ese deseo?

¿Tu deseo te impulsa y te eleva?

Tú eres el deseo que te impulsa.
Tal y como es tu deseo, es tu voluntad.
La voluntad es la intención que le pones al deseo. El para qué, quieres lo que deseas. La finalidad de tu sueño. El objeto final, que precisamente, no es un objeto, si no un propósito mucho mayor.

La voluntad es tu misión contenida. Es la visión con la pintas el fin. Tu motivación, te señala el camino. Puesto que el camino, es tu reafirmación. El proyecto que habla de ti, aunque no es para ti. Lo que sientes que tiene que ser, y que te aporta la certeza, de que vas a poder. Quizás no seas consciente, pero tu voluntad, es quién despierta tu conciencia. La que te hace responsable, de que estás en el camino correcto y la que guía tus pasos.

¿Cuánto trabaja tu voluntad, para conseguir eso que quieres?

¿Tienes clara tu intención, el fin primero, de para qué quieres eso que deseas?

¿Te acompaña tu motivación y te acerca a conseguirlo, o te aleja y te desgasta?

Tú eres el deseo que te impulsa.
Tal y como es tu deseo, es tu voluntad.
Tal y como es tu voluntad, son tus actos.
Tus acciones están marcadas por tus ganas, ya que estas se construyen en tu cabeza, mientras las sientes en el corazón. Cuando creas armonía entre lo que piensas y sientes, es cuando tus actos encuentran la congruencia, manifestando eso que quieres.

Cuando tu mente y tu cuerpo trabajan en equipo, entendiendo como mente, a tus pensamientos, y al cuerpo, como a las emociones que sientes, manifestadas en él, nada podrá resistirsete. Porque tus acciones, tomarán la coherencia del equipo, uniéndose a él. Tus comportamientos encontrarán la consonancia con eso que piensas y sientes, enfocándose en una misma dirección. No obstante, para encontrar esa coherencia, deberás renunciar a tus dudas y por supuesto, también a tus miedos. Y es que si encuentras dudas o miedos, no hay congruencia. La certeza es la única que puede devolverte la coherencia de tus actos.

¿Son tus actos disciplinados o indisciplinados?

¿Lo que haces está libre de miedos y dudas?

¿Dudas de lo que sientes y piensas?

Si sólo son dudas, te animo a que permanezcas en ese estado del «no saber» hasta que encuentres en él tu comodidad, ya que a su lado se acomoda pacientemente tu certeza. La seguridad no la encontrarás en lo que ya sabes, si no en lo que desconoces. Esa es la auténtica seguridad y la que te vuelve inquebrantable. El poder que te aporta la incertidumbre es ilimitado. Las dudas son generadas por tus expectativas, que siempre esperan la evidencia de algo.

Aprende a no esperar nada, ya que eso, en realidad, te hace poder esperarlo todo. Cuando te enfocas en una única opción, renuncias a todas las demás posibilidades, apegándote sólo a un resultado. En cambio cuando te desapegas de los resultados, le abres la puerta a las posibilidades infinitas. El «no saber», puede crear lo que sea, mientras que las evidencias de tu mente, son sólo conjeturas limitadas, que no tienen porqué convertirse en tu realidad.

Tú eres el deseo que te impulsa.
Tal y como es tu deseo es tu voluntad.
Tal y como es tu voluntad, son tus actos.
Y tal como son tus actos, será tu destino.

Disfruta del viaje, sin pensar en el destino. No te aferres a los resultados. Disfruta de lo que haces y cómo lo haces. No fuerces, ni te esfuerces. Actúa siempre con coherencia. Cada acción, tiene una respuesta, y cada respuesta se vuelve a convertir en acción, para volver a reaccionar. Debes de hacerte responsable de las consecuencias que tienen tus actos, ya que cada uno de los efectos, crearán nuevas reacciones, que tendrás que saber manejar, si quieres continuar caminando.

Camina atento, confiado, y con determinación. Camina siendo plenamente consciente de que estás caminando. No pienses aún los pasos que te faltan por caminar. Disfruta del contacto que hacen tus pies en el suelo por el que transitas. Disfruta del viaje, ya que es tu viaje. El destino no tiene nada que enseñarte. Y si llegas a él, sin aprender nada por el camino, no te gustará, ni reconocerás ese destino. Y todos tus paseos, no te habrán servido para nada.

¿Disfrutas del viaje, o sigues pensando en el destino?

¿Caminas atento o con prisa?

¿Coleccionas lecciones o aprendes y olvidas?

El deseo sin voluntad, poco difiere de un pensamiento sin completar. Y es que el pensamiento sin emoción no puede convertir tu deseo en realidad. Sólo cuando añadas eso que sientes a lo que piensas, tus actos se multiplicarán solos. Desea con conciencia, trabaja con voluntad y deja que tus actos se adelanten a tu destino.

¿Y tú, qué piensas, sientes y haces, por lo que deseas?

Screenshot_20201226_172306

La mejor vitamina para recuperar tu Autoestima.

La mejor vitamina para recuperar tu autoestima, está en tu memoria. El mejor analgésico, consiste en redirigir tu atención. Recordar quién eras con autoestima, mientras te reconoces con todos los recursos y virtudes con los que te identificabas en tu pasado, puede ayudarte a reconciliarte contigo. Enfocarte en lo que ya tienes y con lo que cuentas, es el mejor calmante, para paliar el dolor, por no quererte lo suficiente.

La autoestima es la estima o el aprecio que tienes hacia tu propia persona.

¿Te quieres?

¿Cuánto te quieres?

¿Lo suficiente como para soportar que los demás no te quieran, o lo justo, para no soportar que los demás tampoco te quieran?

El amor hacia uno mismo es un referente imprescindible que determina el cómo te relacionas con tu entorno. Si tu autoestima es lo suficientemente alta, poco te importará lo que tu entorno piense a cerca de ti. En cambio si sufres de baja autoestima, las críticas y los juicios que recibas de ese entorno, no los recibirás favorablemente, además que influirán negativamente en tu propia persona. Es decir, que dependiendo de cómo interpretes, lo que tu entorno tenga que decir de ti, esto decretará, si te quieres lo suficiente o no.

Asimismo, es evidente, que el cómo te relacionas con los demás, tiene mucho que ver, con el cómo te relacionas, tú, contigo. Los pensamientos que tengas a cerca de tu propia persona o lo que pienses a cerca de tus aptitudes, determinarán también, la clase de relación que mantienes con el resto.

¿Si tuvieras que definirte en breves palabras, qué dirías de ti?

Antes de contestar, recuerda que la mejor vitamina para recuperar tu autoestima está en tu memoria. Así que repasa tranquilamente tu vida y con ella tus experiencias más representativas. No te centres sólo en lo que sientes hoy, porque no siempre, te has sentido como te sientes hoy.

Por tanto, piensa primero en tu entorno físico, esto es, tu cuerpo y tu persona el general, para más tarde pensar en cuáles son las cualidades o aptitudes que te hacen tan especial.

Puedes hacer dos listas, cuanto más largas mejor. Una para definirte como persona, tanto en lo externo, como en lo interno y la otra para definir tus aptitudes más representativas.

¿Qué prima en ambas listas?

¿Lo bueno o lo malo?

¿Crees que están centradas en tus defectos o en tus virtudes?

¿En tus talentos o en tus carencias?

Así pues, puede que haya un compendio de ambas, o lo que es lo mismo, que haya tanto defectos, como virtudes, o tanto talentos como carencias. Pero si en ambas listas priman los defectos, o tus carencias, cuanto antes empieces a trabajar en tu autoestima, mejor que mejor.

Cuando tienes alta autoestima, referida a tu persona:

– Aprecias tu cuerpo.
– Te gustan tus cualidades.
– No necesitas compararte con los demás.
– Aceptas tu originalidad.
– Te consideras querido por tu entorno.
– Haces observaciones positivas a cerca de tu propia persona.
– Aceptas las críticas de los demás y aprendes de ellas.
– Te consuelas a ti mismo cuando es necesario.
– Rechazas las falsas identificaciones que otros te atribuyen.
– Te mantienes firme y seguro de ti mismo.
– Asumes tus emociones, permitiéndote expresarlas.
– Sabes tomar decisiones.

Si no cumples todos los requisitos de la lista anterior, tampoco pasa nada. Muchas veces, lo único que hay que hacer, antes de lamentarse y flagelarse por no dar la talla, es hacerse las preguntas adecuadas:

¿Qué es lo que más aprecias de tu cuerpo?
¿Cuáles son las cualidades que te hacen sentirte orgulloso?
¿Qué es lo que más te gusta de tu originalidad?
¿Quién te quiere más de tu entorno?
¿Qué es lo más positivo que tienes que decirte?
¿Con qué crítica o con qué juicio recibido, has aprendido más?
¿Si tuvieras que consolar o aliviar a alguien que estuviera en tu misma situación, que le dirías?
¿En qué te sientes seguro y en qué tienes confianza?
¿Qué emociones o sentimientos no te importa expresar?
¿Cuál ha sido la decisión que más te ha costado tomar y que más te ha reportado?

Es casi imposible hacerlo todo mal, o no quererse en absoluto. Hay muchas cosas que haces bien, por las cuales puedes quererte con locura por ello. Recuerda que no tienes que ser perfecto, si no completo y feliz. Tu atención lo es todo, y si sólo te centras en lo que haces mal, seguirás haciéndolo mal. En cambio si te centras en lo que haces bien y en que puedes hacerlo mejor, sólo podrás mejorar.

Por otro lado, existe otra clase de autoestima, la referida a tus propias aptitudes. Y cuando tienes alta autoestima, en cuanto a tus aptitudes se refiere:

– Confías en tu capacidad y habilidades.
– Adoptas una visión positiva de tus proyectos.
– Perseveras a pesar de los obstáculos y de los fracasos.
– Confías en tu éxito.
– Asumes riesgos.
– Recuerdas logros o triunfos pasados.
– Aceptas felicitaciones o cumplidos ajenos.
– Te estimulan las nuevas experiencias.
– Confías en estar a la altura de las circunstancias.
– Pides ayuda cuando la necesitas y esperas recibirla.
– Te marcas desafíos o te desafías.
– Te sientes animado, después de tus éxitos.

Como apuntaba antes, tras la lista anterior, quizás no te sientas identificado ahora, con todas las características de esta nueva lista referida a tus aptitudes. Para ello, te facilitaré ciertas preguntas para ayudarte a cambiar tu perspectiva.

¿Cuál de todas tus capacidades, son en las que más confías?
¿En qué has sido tremendamente perseverante y eso te ha llevado al éxito?
¿Cuál es tu visión más positiva a cerca de lo que tienes entre manos?
¿En qué has arriesgado, que ha excedido tus expectativas?
¿De qué logro o triunfo te sientes más orgulloso?
¿Cuál ha sido la felicitación o el cumplido que más te ha llegado, de todos los recibidos?
¿Cuándo fue la última vez que te entregaste a una nueva experiencia y esta te sorprendió gratamente?
¿Cuántas veces te has demostrado ya, que sí que estabas a la altura de las circunstancias?
¿Cuando pides ayuda, y te permites que los demás te ayuden, a quién más ayudas?
¿Cuál fue tu último desafío que llegó a buen puerto?
¿El éxito que más orgulloso y animado te ha hecho sentir, cuál ha sido?

La memoria, muchas veces, te juega malas pasadas. Y es que la memoria, siempre está influenciada por tu atención o por lo que decidas atender. Enfocarte en lo que no tienes, o en lo que te falta, no te facilitará conseguirlo. Por el contrario, si atiendes a lo que ya has conseguido y cómo lo has hecho, esto te puede dar ideas, de cómo alcanzar tus nuevas metas y propósitos. Enfócate en lo que ya tienes, y en qué te hizo lograrlo. Porque esos recursos, son las aptitudes con las que ya cuentas, y las que de verdad, hablan de ti. Por consiguiente, la mejor vitamina para recuperar tu autoestima está en tu memoria. Como el mejor analgésico consiste en redirigir tu atención.

¿Cuántas veces en tu niñez, te planteaste si te querías lo suficiente o no?

¿Cuántas veces desconfiaste de tus capacidades?

¿Si lo hubieses hecho, habrías llegado hasta donde has llegado hoy?

¿Crees que si un niño renunciase a caminar, por su primera caída, aprendería a caminar?

Fueron muchas las caídas, antes de que pudieras perfeccionar el arte de caminar. Pero lo recuerdes o no, en aquel entonces, no dudabas de ti, ni de tus capacidades. Sabías y confiabas que podías hacerlo. Tampoco le dabas importancia a tu físico, ni te comparabas con los demás niños. Sentías tus emociones y las expresadas al momento. Vivías en el aquí y en el ahora, sin preguntarte qué pasó antes, ni qué pasará después. Te amabas por encima de todo. Y lucías espléndido y lleno de vida.

¿Y hoy, qué ha cambiado?

¿En qué has cambiado?

Recuerda quién fuiste, y enfócate en quién quieres ser. Ama al niño que fuiste y recuerda lo que quería ser.

Ámate para amar y recuerda para sanar. Porque la mejor vitamina para recuperar tu Autoestima, siempre eres tú.

Screenshot_20200726_194153

No construyas los efectos antes que la causa.

No construyas los efectos antes que la causa. Desvincúlate de los efectos de tus acciones, si no quieres que tus pensamientos contaminen el resultado. 

«Una causa futura aún no tiene efectos.»
(Un Curso de Milagros)

Porque si te empeñas en pensar cuál será el resultado de tus acciones, aún sin haberlas llevado a cabo, te distraerás de la causa. Enfocar sólo hacia el resultado, no te permitirá sacar todo tu potencial en la acción que tienes entre manos. Ya que tu foco está en otro sitio, en el efecto de tus acciones. Desatender la causa, por adelantarse al resultado, puede llevarte incluso a renunciar a ella. Si los pensamientos que empleas para predecir las consecuencias, son positivos, puede que te animes a emprender acción, en cambio, si no lo son, desestimarás la causa, sin tan si quiera haberlo intentado.

No construyas los efectos antes que la causa, ni desperdicies energía antes de tiempo. La energía que gastas en pensar cómo será el resultado de tus acciones, la deberías redirigir en planear meticulosamente esas acciones.

«La persona que persigue dos conejos, no atrapará ninguno.»
(Confucio)

Imagina que eres tú, esa persona que persigue a dos conejos. Uno de los conejos representará a la acción que quieres emprender para conseguir algo. El segundo conejo, representará al resultado de tu acción. O dicho de otra forma, al efecto de tu causa. 

Para no contradecir a Confucio y a su sabio consejo. 

¿A qué conejo crees que deberías perseguir primero?

Piensa que tu atención sólo la podrás dirigir hacia uno de los dos conejos. A no ser que no quieras atrapar ninguno. Si prestas atención sólo a los resultados, desatenderás a la acción y si prestas atención sólo a la acción,

¿Desatenderás a los resultados?

Cuando emprendes cualquier acción importante en tu vida, es evidente que tienes una intención clara, de porqué y el para qué lo haces. En cierto modo, la intención habla entre líneas de los resultados. Y es que una cosa es hablar entre líneas y otra muy distinta, es desatender la acción que te puede llevar a conseguir esos resultados. Porque desatender es no atender y si no atiendes al medio que te ayuda a conseguir el fin, el fin no se dejará atrapar así como así. 

Vuelvo al ejemplo de los conejos de Confucio. Si el medio que empleas para atrapar a uno de los dos conejos, o a uno de esos dos fines, fuese una zanahoria. 

¿Crees que una zanahoria en mal estado, sería lo suficientemente atractiva para atrapar a ese conejo?

¿Crees que una acción mal planificada, sería un buen medio para alcanzar un buen resultado?

Todo a su debido tiempo. No te adelantes al resultado, sin haber planificado debidamente la causa. No construyas los efectos antes que la causa. Porque eso te puede llevar hacia otros resultados, bien distintos a los esperados. Si sólo te preocupas por el cebo del conejo que representa a los resultados y dejas que el otro conejo se quede sin comer, habrás cambiado sin querer, la intención principal de la causa. Y convirtiendo el efecto en causa, también cambiarás el resultado.

«No se puede desatar un nudo, sin saber cómo está hecho.»
(Aristóteles)

Si no planificas antes de desatar(causa) y sólo te obcecas en quitar el nudo(efecto). Aunque consigas deshacer el nudo, es muy probable que se vuelva a anudar.

Screenshot_20200719_202454

Cuestiona también tus dudas.

Cuestiona también tus dudas si no quieres que sean ellas, las que te cuestionen a ti. La verdad no necesita de tu atención, en cambio tus dudas sí. Y si atiendes a tus dudas, desatendiendo la verdad, te perderás en la realidad. 

«Las dudas son nuestros traidores.»(Shakespeare)

Parafraseando a Shakespeare, si las dudas son nuestros traidores, ¡destierra a los judas!. No contestes sus preguntas. Ignora lo que te cuestionan, porque cuanto más los atiendas, más querrán saber, y más cosas te cuestionarán. Si alimentas las dudas, estas se harán más grandes que tu verdad. Mientras que tú verdad, si es desatendida, se morirá de hambre. Alimenta la parte que quieres que florezca, no la que te traiciona. Porque si abogas por la traición, disculpas la deslealtad y si defiendes la deslealtad, no podrás ser fiel a ti mismo. Así que cuestiona también tus dudas. Tus dudas hacia ti mismo, y hacia los demás, que al fin y al cabo, no dejan de ser tuyas también esas dudas. 

¿Existen las dudas mientras sueñas?

¿Te cuestionas en tus sueños, por ejemplo, si puedes volar?

En los sueños careces de limitaciones. Todo es posible en ellos. Ya que no te cuestionas nada. Ni si quiera te lo llegas a plantear. Y cuando quieres hacer algo, lo haces. Como por ejemplo, volar. Alzas el vuelo sin poner en duda si sabrás hacerlo, simplemente, lo haces. En cambio durante la vigilia, sí que te lo planteas. A través de este planteamiento, aparecen tus primeras dudas. Al cuestionarte si podrás hacer, o no lo que quieres, dejas de permitírtelo, y es entonces cuando no lo haces. Es tu parte consciente la que duda, tu mente. La que porta todo el conocimiento que has ido adquiriendo a lo largo de los años. No tu inconsciente, que es el que crea y sueña. Por eso no aparecen las dudas en tus sueños.

No quiero decir con esto, que debas hacer las cosas a la loco y sin analizar la situación, primero. Sin embargo si analizas la situación, a fondo, es para renunciar a tus vacilaciones. Ya que si después del análisis, sientes más dudas que al principio, es porque ese análisis, no lo has confeccionado tú, si no tus dudas. 

¿Eres capaz de distinguir entre lo que sabes y lo que crees?

Aunque te puedan comunicar un saber o un conocimiento, en realidad, no te lo pueden llegar transmitir o transferir, del todo, hasta que no lo integres en tu experiencia. Necesitas experimentarlo por ti mismo, para poder convertirlo en tu verdad. Cuando esto sucede, cuando lo experimentas en ti y ya pasa a formar parte de tu verdad, desaparecen las dudas.

Por ejemplo, una vez que hayas aprendido a nadar, nadie podrá demostrarte que es imposible hacerlo. Por eso, experimentarlo por ti mismo, es la única forma de integrar ese conocimiento. Quizás antes de probar la natación, tuvieras la creencia, de que era imposible flotar. Pero una vez, superada esa creencia, te diste cuenta de que estabas equivocado, en el preciso momento, en el que te dejaste llevar por la experiencia.

«De nuestros miedos, nacen nuestros corajes, y en nuestras dudas, viven nuestras certezas.»
(Eduardo Galiano)

Las creencias siempre van acompañadas de dudas, que son las que te limitan y las que traicionan, engañándote. En cambio los conocimientos te dan poder, para convertir la verdad, en tu experiencia. Y una vez, convertidas tus dudas en verdad, o tus creencias en conocimiento, te percatas, que como las creencias son transitorias, el saber es eterno.

Cuestiona también tus dudas, para acceder a la verdad. Porque hasta que no la experimentes por tu mismo, no podrás sustituir tus creencias por el conocimiento eterno. No te dejes limitar por tus dudas, limítate a dudar de ellas. Libérate de las dudas cómo lo hacen tus sueños. Así que sueña más y duda menos. 

«Me liberé de mis dudas, recordando que hay una razón válida, para todo lo que sucede.» (Wayne Dyer)

Screenshot_20200628_190128

No puedes no creer en lo que ves.

Como no puedes no creer en lo que ves, tampoco puedes creer en lo que no ves. Es decir, que si tus ojos no alcanzan a verlo, tus oídos a escucharlo, o alguno de tus otros sentidos a sentirlo, no te lo podrás creer.

¿O sí?

Disponemos de cinco sentidos principales, con los que procesamos la información que nos rodea. Esta información está compuesta por estímulos tanto externos, como internos. Los cuales nos permiten percibir la realidad. En este proceso de recepción de información, son tus sentidos los que filtran lo que ves, escuchas, hueles, saboreas o sientes.

Tu razón y tus capacidades cognitivas, no participan en este proceso. Estas intervendrán sólo en la interpretación de lo recogido por tus sentidos. Por tanto, lo sensorial no colabora de manera activa con tu razón y con tu lógica para recoger la información. Porque cada uno, tiene una labor específica de la que hacerse cargo.

Así que podríamos decir, que el proceso de percepción de tu realidad, es como si fuera una carrera de relevos. Tus sentidos son los primeros en salir y los que recogen el testigo(la información), para más tarde ofrecérselo a tu razón, que será quién se encargue de darle forma a esa información. Dicho de otra manera, son tus sentidos los que informan a tu razón de lo que han visto, oído, olido, degustado o sentido. Y más tarde será tu razón la que interprete esa información.

¿Se puede interpretar lo que no se capta o recoge?

A pesar del fabuloso trabajo que lleva a cabo, tu sistema sensorial, tu atención es bastante limitada. Y es que no puedes atender a todos los estímulos que te rodean. Tu atención elige qué atender, por eso filtra los estímulos y decide qué información aportar a tu razón. Así pues, todo aquello que tu atención decide no atender, no puede ser interpretado, tampoco, por tu razón. Y toda esa información desatendida y no procesada, se te escapa.
Por eso, como no puedes no creer en lo que ves, tampoco puedes creer en lo que no ves.

¿Tiene alguna preferencia tu atención, a la hora de atender?

Tu atención siempre se apoya en tus creencias. Lo que no se corresponda con ellas, será desatendido y no lo podrás procesar. Por ejemplo, si crees que eres una persona con poca suerte. Atenderás sólo a aquello que le de la razón a lo que crees, y no se contradiga con tu creencia de mala fortuna. Desatendiendo todo lo demás. Esto lo puedes extrapolar a cualquier experiencia de tu vida. Atiendes sólo a lo que crees. Observas lo que crees que existe, y crees que existe, porque quieres que así sea. Lo que no crees, no podrá ser atendido por tus sentidos, ni tampoco procesado por tu razón.

Despréndete de tus creencias, antes de atender. Desvincula tu atención de lo que crees, si quieres aprender cosas nuevas. Permite que tus sentidos, sean libres de percibir.

Como no puedes no creer en lo que ves, tampoco puedes creer en lo que no ves.

¿Y entonces qué se te escapa?

Te pierdes y se te escapa, todo aquello en lo que no crees, y por lo tanto no ves.

Así es que atiende mejor, sin creer en lo que sueles creer. Porque si eres de los que sólo creen en la oscuridad, tus sentidos no podrán enseñarte la luz.

leyes-de-la-gestalt-thumb

Nada es lo que parece.

¿Qué imagen percibiste primero en la fotografía?

¿Qué hiciste para percibir lo que en realidad esconde?

¿Ampliar la imagen, cambiar la mirada, atender mejor…?

Y es que nada es lo que parece a simple vista. Lo que ves y lo que sientes, es sólo tu realidad incompleta. Esa parte de realidad, a la que decides prestar atención. Por lo tanto, todo aquello que no consigas ver o sentir, como no lo atiendes, no existirá para ti. La realidad completa es el conjunto de todas las miradas. Tu perspectiva habla sólo de tu contexto. Y son el resto de perspectivas, las que completan la realidad.

Tu atención juega un papel decisivo, en cómo interpretas la realidad que percibes. Ya sabes que el cerebro, siempre es muy precavido, en cuanto a su reserva de energía se refiere. No le gusta gastar más energía de la necesaria. Por eso siempre opta por elegir conductas ya aprendidas, para no tener que esforzarse en crear nuevas pautas de comportamiento. Lo que atiendes es por tanto, lo que ves y lo que sientes. Aunque todo lo demás, a lo que no prestas atención, se te escapa. Porque sólo puedes atender a una cosa a la vez.

¿Y a qué atiendes?

¿Percibes lo «bueno» que te pasa, o sólo lo «negativo»?

¿Cuál dirías que es tu Actitud frente a la vida?

Dependiendo de lo que hayas contestado, ya sabes a lo estás atendiendo. Si percibes lo «positivo» de lo que te pasa, podríamos decir, que estás bien enfocado. Si por el contrario, percibes sólo, lo «negativo» que te sucede, únicamente puedo aconsejarte una cosa, y es que sustituyas ese foco.

Piensa en Ayer, si tuvieras que confeccionar una lista con todas esas cosas «buenas», que tuvieron lugar ayer,

¿Cuántas y cuáles dirías que fueron?

Eso es domesticar a tu cerebro. Decidir por ti mismo y no por la inercia, a lo que quieres que atienda. Para reprogramar patrones manidos, que ya no te resultan, es necesario crear nuevos programas más beneficiosos para ti. Así le demostrarás a tu cerebro que ya no tiene que preocuparse por el desgaste de energía, ni por llevar el control. Que tú te encargas ahora. Tú dominas y diriges tu atención.

¿Qué pasaría si no intentases clasificar las cosas en «buenas» o «malas», o en «positivas» y «negativas»?

¿Podrías observarlas sólo como hechos concretos, sin decidir, si son «buenos» o «malos»?

¡Libérate de tus decisiones y de la inercia!. No elijas la repetición, sólo porque te es más cómodo. No etiquetes lo que te pasa en «bueno» o «malo». Haz con lo que te sucede, algo que merezca la pena y te ayude a eliminar viejos patrones. No permitas que tu atención te prive de ver la realidad completa. Es demasiado bella, como para que te la pierdas. Y elije siempre como si fueras a elegir, por primera vez.

marcin_stawiarz1

No repitas. Usa tus recursos.

No cesamos de repetir conductas y patrones, una y otra vez. Esos comportamientos no son en absoluto, lo mejor que podemos dar. Sin embargo no conocemos otros. Existen, sólo que no logramos integrarlos en todas nuestras circunstancias. Si los continuamos repitiendo es porque en algún otro momento nos fueron útiles, indeseables o no, todas nuestras acciones tienen una intención positiva.

Si quieres tener algo que nunca tuviste haz lo que siempre haces…¿Es coherente?. Si quieres tener algo que nunca tuviste, haz algo que nunca hiciste. Reincidir en lo que no funciona no parece muy congruente si tu objetivo es conseguir resultados distintos. En cambio si quieres conseguir lo de siempre, haz lo mismo.

La teoría parece razonable, fácil de entender. ¿Y la práctica?. En la práctica ni lo pensamos. Quizás por nuestras cabezas se paseen los por qués de esos instantes pero sin más reparo. Lo seguimos haciendo. Tropezando de nuevo con la misma piedra y culpando a la piedra por seguir ahí.

¿Te apetecería salir del bucle?.

En vez de pensar en lo que no tienes o en lo que te falta. Piensa detenidamente en lo que sí posees y te puede ayudar a conseguir tus objetivos. Si lo que quieres es no repetirte. Abstente, pasa de la mano, hay veces que así también se gana. Valora todos esos recursos y habilidades que ya sabes que tienes. Son tuyos porque así los has cultivado. Ahora recoge los que más te convengan y empléalos para lograr tus metas.

Imagina cuál sería la situación ideal a esa conducta tuya que tanto repites y tanto te molesta.

¿Seguro que no tienes recursos para cambiarla?

¿Te ayudo?

c3h9d74o49hocco2e5h8

El para qué de tus cosas.

Imagina que llevas semanas con dolor de espalda. Has ido posponiendo concertar la cita con tu médico, porque intuías que en cualquier momento, podría desaparecer esa molestia. Sin embargo ya no lo soportas más. ¿Vas al medico porque te duele mucho o para que te deje de doler?

Aunque a simple vista pueda parecer imperceptible, existe una importante diferencia entre el uso del ¿Por qué? y el ¿Para qué?. En las frases utilizadas de ejemplo; tú no vas al médico porque te duele la espalda. Vas al médico para que te deje de doler. Él por qué siempre tiende a atraparse en el problema y en el pasado. En cambio el para qué se enfoca en el futuro y en las posibles soluciones.

No quiero decir con esto que destierres el por qué de tus dudas, si no que lo trates con sumo cuidado. Cuando seas consciente de que lo estás cuestionando, puedes probar a sustituirlo por el para qué y comprobar de inmediato, cómo cambia tu perspectiva.

Emplearé otro ejemplo. Imagina que olvidas antes de salir de casa, coger las llaves. Cuando regresas a tu hogar te percatas de lo ocurrido. Decides contactar con un cerrajero no porque te hayas olvidado las llaves dentro, si no para volver a entrar.

El problema es lo primero que se plantea y lo último que se va. Regocijarse en el por qué, no ayuda a salir de él. Cambiar la perspectiva hacia las soluciones o infinitas posibilidades, derrumbará tus muros, permitiéndote resolver mejor.

Contacta conmigo!

Contacto

Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

¿Te apuntas?
logo-laura-fernandez

Laura Fernádez ©
Todos los derechos reservados