Screenshot_20210207_193120

Aprovecha las cualidades de los demás.

Aprovecha las cualidades de los demás sin atender a sus defectos.

A lo largo de nuestra vida, establecemos todo tipo de relaciones. Vivir en sociedad, implica precisamente eso, relacionarse con las diferentes personas que componen nuestro entorno. Con cada relación con la que interactuamos, se produce un intercambio, de comunicación, de información, de aprendizajes, de historias, de amor…

¿Podrías vivir acaso, sin las relaciones de tu vida?

Como seres sociales, es inevitable tener que relacionarse todos los días. Sin embargo, en cuestión de relaciones poco importa la cantidad, si no más bien, la calidad de las mismas. Porque puedes establecer contacto con mucha gente, pero si ese contacto no te aporta algo positivo en tu vida, igual es preferible, que te relacionases menos, aunque sí mejor.

¿Cómo calificarías tus relaciones, crees que son de calidad o por el contrario te desgastan y agotan?

Cada persona con la que te relacionas, tiene algo que contarte. Algo que contarte y muchas cosas que aportarte. Aunque no siempre lo entiendas así. Muchas veces, no estamos dispuestos a escuchar proactivamente, ya que el ruido interno, nos tapa los oídos y nubla los ojos. Existen ocasiones en las que incluso, nos empeñamos en buscar las diferencias y no las correspondencias. De esta manera, si sólo atendemos a lo que nos hace diferentes y no parecidos, no podremos descubrir las similitudes que en realidad, tenemos. Cuando esto sucede, el contacto que establecemos, nos aleja de la persona en cuestión, sin permitirnos que se propicie un acercamiento sincero.

¿Cuáles son tus cualidades más representativas?

Ya que como tú tienes habilidades y talentos, también los demás los tienen. No podemos ser malos en todo, tampoco buenos o excelentes. Entre todas las habilidades y talentos que existen, hemos tenido que especializarnos en sólo algunos de ellos. A través de la práctica y de las costumbres, hemos priorizado, alimentar ciertas cualidades, en detrimento de otras. Y es que para eso están los demás, para compensar lo que a nosotros nos falta. Como tú estás en la vida de los demás, para complementar sus ausencias.

Todos formamos parte del mismo sistema, y este sistema, se nutre de todas las partes por igual. No existe ninguna parte más valiosa que otra, porque todas esas partes, son las que hacen posible, que ese sistema, llamado mundo, funcione.

¿Te quejas mucho de los demás?

¿Se quejan mucho de ti, los demás?

Pon en jaque a la queja. Sugiere siempre, pero nunca condenes. Los demás no están aquí para cumplir con tus expectativas. Porque de tus expectativas, te encargas tú, como los demás de cumplir con las suyas propias. Aprovecha las cualidades de los demás, en tu propio beneficio. Pero no te quejes o condenes sus defectos. Ya que defectos tenemos todos, incluido tú. Si te enfocas en el defecto o en la diferencia, no podrás apreciar ni las cualidades, ni las correspondencias.

Y es que hay veces, que nos empeñamos en demandar ciertas cosas a las personas equivocadas, por ejemplo;

¿Le pedirías dinero a algún indigente de tu barrio para desayunar?

¿Y por qué te empeñas en demandar a alguien de tu entorno, algo que ya sabes de antemano, que no te puede dar?

Aprovecha las cualidades de los demás sin atender a sus defectos. La clave para hacerlo, es pedir a cada persona, sólo lo que sabes con certeza, que te puede ofrecer sin esfuerzo, y no lo que no te puede dar, sin que esto implique un gran esfuerzo por su parte. Ya que una única persona no puede reunir todo lo que tú requieres, en cambio un conjunto de personas, es más fácil que te complementen.

Es decir, no pedirle por ejemplo a alguien impuntual, que esté antes que tú en un sitio determinado, o no solicitar dinero, a alguien que por norma general, es algo tacaño. El impuntual, tiene otras cualidades que no estás aprovechando, quizá sea tremendamente creativo a la hora de resolver dificultades.

¿Qué más da entonces, que sea impuntual, si siempre «llega», aunque no sea a tiempo, o siempre da en el clavo, con la solución que más te conviene?

Y el tacaño puede que sólo lo sea con el dinero. Tal vez le encante escucharte y acompañarte en tus peores momentos. Y es que el dinero se puede recuperar, pero el tiempo no.

Tampoco es recomendable que esperes de alguien con cierta apatía hacia los deportes, que te acompañe a hacer senderismo, porque quizás prefiera salir a tomarse contigo, mientras comparten risas juntos. Por este motivo: ¡Aprovecha las cualidades de los demás!, desatendiendo a sus defectos. Ya que esta es la única manera de decepcionarte menos y disfrutar más, de todas tus relaciones.

Screenshot_20200726_194153

No construyas los efectos antes que la causa.

No construyas los efectos antes que la causa. Desvincúlate de los efectos de tus acciones, si no quieres que tus pensamientos contaminen el resultado. 

«Una causa futura aún no tiene efectos.»
(Un Curso de Milagros)

Porque si te empeñas en pensar cuál será el resultado de tus acciones, aún sin haberlas llevado a cabo, te distraerás de la causa. Enfocar sólo hacia el resultado, no te permitirá sacar todo tu potencial en la acción que tienes entre manos. Ya que tu foco está en otro sitio, en el efecto de tus acciones. Desatender la causa, por adelantarse al resultado, puede llevarte incluso a renunciar a ella. Si los pensamientos que empleas para predecir las consecuencias, son positivos, puede que te animes a emprender acción, en cambio, si no lo son, desestimarás la causa, sin tan si quiera haberlo intentado.

No construyas los efectos antes que la causa, ni desperdicies energía antes de tiempo. La energía que gastas en pensar cómo será el resultado de tus acciones, la deberías redirigir en planear meticulosamente esas acciones.

«La persona que persigue dos conejos, no atrapará ninguno.»
(Confucio)

Imagina que eres tú, esa persona que persigue a dos conejos. Uno de los conejos representará a la acción que quieres emprender para conseguir algo. El segundo conejo, representará al resultado de tu acción. O dicho de otra forma, al efecto de tu causa. 

Para no contradecir a Confucio y a su sabio consejo. 

¿A qué conejo crees que deberías perseguir primero?

Piensa que tu atención sólo la podrás dirigir hacia uno de los dos conejos. A no ser que no quieras atrapar ninguno. Si prestas atención sólo a los resultados, desatenderás a la acción y si prestas atención sólo a la acción,

¿Desatenderás a los resultados?

Cuando emprendes cualquier acción importante en tu vida, es evidente que tienes una intención clara, de porqué y el para qué lo haces. En cierto modo, la intención habla entre líneas de los resultados. Y es que una cosa es hablar entre líneas y otra muy distinta, es desatender la acción que te puede llevar a conseguir esos resultados. Porque desatender es no atender y si no atiendes al medio que te ayuda a conseguir el fin, el fin no se dejará atrapar así como así. 

Vuelvo al ejemplo de los conejos de Confucio. Si el medio que empleas para atrapar a uno de los dos conejos, o a uno de esos dos fines, fuese una zanahoria. 

¿Crees que una zanahoria en mal estado, sería lo suficientemente atractiva para atrapar a ese conejo?

¿Crees que una acción mal planificada, sería un buen medio para alcanzar un buen resultado?

Todo a su debido tiempo. No te adelantes al resultado, sin haber planificado debidamente la causa. No construyas los efectos antes que la causa. Porque eso te puede llevar hacia otros resultados, bien distintos a los esperados. Si sólo te preocupas por el cebo del conejo que representa a los resultados y dejas que el otro conejo se quede sin comer, habrás cambiado sin querer, la intención principal de la causa. Y convirtiendo el efecto en causa, también cambiarás el resultado.

«No se puede desatar un nudo, sin saber cómo está hecho.»
(Aristóteles)

Si no planificas antes de desatar(causa) y sólo te obcecas en quitar el nudo(efecto). Aunque consigas deshacer el nudo, es muy probable que se vuelva a anudar.

7244a52bc9ccb094c0aba123b110d964--sadness-model

Tú decides cómo sentirte.

Lo que hacen los otros puede ser el estímulo de nuestros sentimientos pero no la causa. En nuestro entorno seguro que tenemos el gusto de conocer a más de uno que tiene ese don tan particular para sacarnos de nuestras casillas. Personas que sorprendentemente siempre saben qué decir o qué aportar para hacernos entrar en un estado de malestar. 

¿Quién les ha dado ese poder?

Porque para poder perturbar el estado del otro, ese otro también tiene que estar de acuerdo. Aceptamos entonces nuestra vulnerabilidad porque cambiamos de estado, pero la culpa es del que incordia. Si esas personas tóxicas no existieran, nosotros irradiaríamos sólo felicidad desde un estado de bienestar…¿no?. Porque nuestros estados no los provocamos nosotros mismos si no los demás que siempre han sido muy despiadados…

¿Y si no estuvieran?, ¿nos haríamos responsables de nuestros propios estados?, ¿o señalaríamos a un nuevo culpable, porque la responsabilidad pesa demasiado?

El darse por aludido, tomárselo por el lado personal, sólo reparando en la autointerpretación. No es algo que dependa de la persona que posee tan curiosa habilidad para fastidiar. Él único que puede autorizarlo es el fastidiado. Y aunque suene a fastidio, tuya es la elección. 

¿Y tú, qué decides?


Contacta conmigo!

Contacto

Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

¿Te apuntas?
logo-laura-fernandez

Laura Fernádez ©
Todos los derechos reservados