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Las mesas malditas.

Imagina que pensases que las mesas son malditas. Porque cuando eras pequeño, alguien te contó algo terrible a cerca de ellas. Fue un suceso que aún hoy, lo sigues recordando. Y durante toda tu vida, lo has ido justificando, a través de nuevas experiencias. Quien te contó la historia de las mesas malditas, fue una persona muy importante para ti, al que creías por encima de todo. Era tal tu confianza en él o ella, que no podías permitirte no tener Fe en su palabra. Así que compraste su historia, sin tan si quiera cuestionarla. 

Te hizo creer entonces, que las mesas eran objetos malignos que traían mala suerte. Asimismo, te advirtió que si hacías uso de ellas, te podías tú también contagiar de su maldad. Así que adaptaste toda tu vida, para no tener que hacer contacto con las temidas mesas malditas. Además, te diste cuenta, que el mundo estaba loco, porque estaba lleno de mesas por todas partes. Te encontrabas seguro y a salvo, en muy pocos sitios, ya que casi todos los lugares, tenían mesas malditas que te arrebataban la tranquilidad y atraían tu mala suerte.

Debido a esta creencia, tu vida no fue nada fácil. En tu niñez, tus padres tuvieron que deshacerse de todas las mesas de la casa, con todo lo que esto implicaba. Tampoco querías ir al colegio, ya que este estaba rodeado de mesas y pupitres. Así que cada día, luchabas con todas tus fuerzas, contra tus padres, para no tener que acudir al colegio. Algunos días, te salías con la tuya y conseguías convencerles de que te dejaran en casa. Pero no siempre era así, y cada vez que tenías que enfrentarte al cole y a las mesas malditas, no podías soportarlo. 

Si no conseguías convencer a tus padres, y finalmente tenías que ir al colegio en contra de tu voluntad, acababas todas las horas lectivas en el patio, al aire libre. Ya que era el único sitio en el que no había mesas o pupitres. Tu tutor y profesores ya estaban cansados de esta actitud tan atípica, y no tuvieron más remedio, que comunicárselo a tus padres,. Lo que causó que te cayera una gran reprimenda en casa. Te cambiaron tantas veces de colegio, que un buen día, se quedaron sin opciones, y tuvieron que optar por la educación a domicilio. 

Cuando tus padres y tus hermanos tenían alguna onomástica que celebrar, ya sabían que no podían contar contigo, si la celebración era fuera de casa. Puesto que era tal tu fobia a las mesas malditas, que preferías quedarte refugiado en tu habitación, por lo que pudiera pasar.

Conforme te hacías mayor, esa creencia se hizo cada vez más fuerte. Y con tan sólo ver una mesa en el televisor, en alguna revista, o a través de internet, provocaba que tu día se llenase de mala suerte.

Todos tus estudios, después del colegio, los llevaste a cabo, de manera telemática. Tus relaciones eran bastante limitadas, debido a que interactuabas con muy poca gente. Porque la gente seguía  adorando a las mesas, y tú las seguías viendo tremendamente malignas. Según tú, las mesas malditas eran las culpables de casi todos los males en el mundo, sólo que la gente, aún no se había dado cuenta de ello. Además que éstas, también tenían el poder de engañar y sugestionar a todo aquél que entrara en contacto con ellas, así que mejor, no acercarse a nadie que tuviera alguna relación con las mesas malditas.

También te costó bastante encontrar trabajo, ya que muchos de los empleos para los que te habías preparado, requerían que te sentases frente a una mesa, para desempeñar tu labor. Cosa a la que no estabas, en absoluto, dispuesto.

En realidad, tu vida se tornó muy complicada, debido a esta creencia inconsciente. La gente no solía comprender el porqué, de tu terca fobia a las mesas, y esto provocó que en más de una ocasión te tacharan de loco. Pero tú seguías creyendo firmemente en el poder maligno de las mesas malditas y los señalabas a ellos, como locos e inconscientes. 

¿Te parece loca e inconsciente esta creencia, o son los que no se la creen, los locos e inconscientes?

¿Quién hace loco a quién, la creencia al loco, o el loco a la creencia?

Quizás creas que a ti, nadie te podría convencer de que las mesas son malditas, y que jamás podrías adoptar una creencia tan absurda como esta, capaz de limitar tanto tu vida. Pero muchas veces, las creencias que adoptamos como verdades universales, no son tan evidentes, como para percatarnos de que están obstaculizando nuestra vida. Ya que existen creencias que ni si quiera sabemos que conviven entre nosotros, porque un buen día decidimos comprarlas, sin darnos cuenta.

Cómo aprendiste a caminar, a hablar, a leer, o a dibujar, de la misma manera, también aprendiste todas esas creencias que gobiernan tu vida. Y lo que estás viviendo hoy, es el resultado de muchos años de práctica y repetición. Lo has repetido tanto, que lo has convertido en automático. Todo lo bueno y lo menos bueno. Lo que te facilita la vida y lo que te limita dentro de ella.

Y es que la mayor parte de las veces, hay que desafiar a eso que llevamos creyendo desde siempre, para preguntarnos si es esa la auténtica realidad, o sólo una creencia más y muy limitante.

El protagonista de la historia, no se cuestionó en ningún momento su creencia de las mesas malditas, a pesar de que nadie de su entorno lo entendiera. Era su verdad y su realidad, y en base a ella, se comportaba. Sin darse cuenta, que sacrificó su libertad personal, para vivir según el punto de vista de otro. Se traicionó a si mismo, y se limitó durante toda su vida, por creerse algo que alguien le contó y que en su momento le convenció.

¿En qué te sacrificas tú?

¿En qué te has traicionado? 

Es cierto, que quizás esta creencia, pueda parecer tremendamente exagerada y poco creíble, para muchos. Pero cuando tenemos la necesidad de creer en algo, porque no creemos lo suficiente en nosotros mismo, somos capaces de comprar lo que sea.

Durante nuestra niñez, somos muy vulnerables a este hecho. Aprendemos del mundo, creyéndonos las historias que nos cuentan los adultos. Ya que estos son los que conocen el mundo. Sin embargo, cualquier día puede ser un buen día, para revisar viejas creencias y mejorarlas. Y fíjate que digo revisar y mejorar, y no eliminar y cambiar. Ya que si hiciste tuya, alguna creencia limitante, es porque te aportaba algo o te beneficiaba en algo. Por esa razón, no es necesario destruirla del todo. Lo que sí sería bueno, es quedarte con lo que te guste de ella, para desechar lo que no.

Cuestiónate todo aquello que no te deja ser tú. Todo aquello que te limita y te bloquea hoy. Aprende a dudar, para reaprender lo que te queda por asimilar. ¡DUDA!, replantéate lo que siempre has creído, para que aprendas a creer, quién puedes llegar a ser. 

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No busques fuera lo que te gratifica dentro.

«No busques fuera lo que te gratifica dentro, busca dentro lo que te gratifica dentro y fuera.»

No busques fuera lo que te gratifica dentro. Pues tú satisfacción interna, no la encontrarás afuera.
En esta entrada, me gustaría hablar de las necesidades y de los deseos. De cuáles son sus diferencias y el porqué es sumamente importante, distinguirlos bien.
Muchas veces, tendemos a convertir en necesidad un deseo, con lo peligroso que esto puede llegar a ser, dependiendo del tipo de deseo que tengamos en mente.

¿Y por qué, puede ser esto tan peligroso?

Pues porque cuando convertimos el deseo en necesidad, nos volvemos débiles y vulnerables, ya que depositamos todas nuestras esperanzas en conseguir eso que creemos necesitar. Entendiendo, que si no llegamos a conseguir eso que queremos, jamás podremos alcanzar la felicidad. Por este motivo, además de tener mucho cuidado con lo que se desea, hay que ser extremadamente meticuloso, en no convertir ciertos deseos, en necesidades imprescindibles.

¿Qué es el DESEO?

El deseo es algo que queremos.

¿Y qué es una NECESIDAD?

La NECESIDAD, es algo que creemos necesitar, más allá de quererlo.

La diferencia fundamental, entre deseo y necesidad, es por tanto, que uno, lo queremos, el deseo. Y la necesidad, la creemos necesitar, repito, la creemos necesitar, para ser felices.
Porque si hay algo en lo que siempre coincidimos todos los seres humanos de la faz de la tierra, es querer, y no tener la necesidad, cuidado con esto, de ser felices.

Buscamos la felicidad por todos lados, pensamos que está en cosechar logros, en acumular cosas, en estar rodeados de personas que nos aman. Sin darnos cuenta, que la felicidad es sólo un estado del Ser. Del ser que se siente feliz, ni por algo, ni por nadie, por sí mismo. Ya que la felicidad de uno mismo, nada tiene que ver con los demás, ni con las cosas o los logros acumulados. Esto es, la felicidad no se construye fuera, si no dentro de nosotros. Por eso es tan peligroso crear necesidades externas, que nos hacen creer, que sólo en ellas encontraremos la plena satisfacción de sentirnos felices.

Si conseguimos eso que deseamos, podemos ser felices, pero si no lo conseguimos, tampoco pasa nada, porque nuestra felicidad no depende de ello. Esto es desear. No tiene nada de malo, desear cosas. En cambio, cuando convertimos el deseo en necesidad, si no logramos alcanzar eso que necesitamos, creeremos que jamás podremos disfrutar de la tan ansiada felicidad. Es decir, que la necesidad no es más que un creencia ficticia, a la que nos aferramos, para sentirnos afortunados, si la conseguimos, o desgraciados, si no lo hacemos. Por eso, no busques fuera lo que te gratifica dentro. Satisfacer lo de dentro, con lo de fuera, te dejará vacío dentro y fuera.

Un ejemplo de deseo, que creo que todos alguna vez, hemos deseado, puede ser por ejemplo, que nos toque la lotería.
Si nos toca, obviamente nos sentiremos tremendamente bien por el premio, aunque si no nos toca, nos tendremos que resignar y seguir viviendo tan «ricamente». Porque nuestra felicidad no depende de que nos toque o no la lotería. Esto puede ser un plus, que mejore nuestra calidad de vida, aunque no un imprescindible, para seguir viviendo, feliz.

Pero, ¿Y qué pasa cuando convertimos este deseo de ganar la lotería en necesidad?

Pues lo primero que pensaremos es que si no nos toca, seremos unos desgraciados. Sintiéndonos tremendamente frustrados y vulnerables, ya que al colocar todas nuestras esperanzas, en una necesidad vital, que no llega, esto nos hace sentir vacíos y desesperanzados.

Por otro lado, si nos tocara, al pensar equivocadamente, que eso nos iba a traer la felicidad, podemos sentirnos desilusionados.

¿Pero cómo va ser esto, si eso era lo necesitábamos para ser felices?

¿Lo necesitábamos o creíamos necesitar?

Al no venir en pack la felicidad, junto con el premio, tarde o temprano, nos daremos cuenta, que el dinero, no era todo lo que esperábamos. Puesto que colocamos erróneamente nuestras expectativas de la felicidad, en un premio, que en realidad, sólo era eso, un premio monetario, que nada tenía que ver con nuestra propia satisfacción interior.

Por si esto fuera poco, como confundimos el deseo con necesidad, al obtener el premio, nos pueden empezar a surgir miedos de todo tipo, relacionados con la posibilidad de perderlo. Es decir, que como lo ganamos, también lo podemos perder, y esto nos causará intranquilidad inmediata, desasosiego y nos robará encima, la seguridad que creíamos haber alcanzado. Por eso, no busques fuera, lo que te gratifica dentro. Ni en la lotería, ni en nada que no provenga de ti o de tu interior.

Estas son sólo algunas consecuencias, de lo que sucede, cuando convertimos un deseo en necesidad. Cuando además de querer algo, lo creemos necesitar, como imprescindible, para poder ser felices, o para alcanzar nuestra felicidad.

Existen muchos ejemplos de necesidades ficticias que nos hacen creer, que son indispensables para hacer de nuestras vidas más felices. Necesidades como:

– Encontrar a alguien que nos ame y al que poder amar.
– Formar una familia, antes de que se nos pase el arroz.
– Tener algo en propiedad, un piso, un coche…ya que si no lo logramos, todos pensarán que somos unos muertos de hambre.
– Ser alguien en la vida. Con el fin de aprovechar bien nuestras capacidades y talentos, para así no sentirnos fracasados o inútiles.
– Vivir por mucho tiempo, cuanto más mejor.
– Tener una vida llena de aventuras y emocionante. Ya que si no es así, es porque somos aburridos y habremos desaprovechado nuestros días en la tierra.
– La creencia de que «más siempre, es mejor», o que el progreso es siempre bueno y consiste por tanto, en tener cada vez más cosas, cosechar más éxitos y tener más inteligencia.
– La necesidad de huir de la soledad. Porque los seres humanos somos seres sociales y tenemos que estar siempre acompañados.

Fíjate que cada una de las necesidades anteriores, son tan sólo creencias. Y algunas de ellas muy limitantes, porque si no se dan, te sentirás perdido.
Y es que tenemos la capacidad de convertir en necesidad cualquier cosa que se nos ocurra. Lo curioso aquí es que nos equivocamos a la hora de creer que necesitamos muchas cosas, o a muchas personas a nuestro alrededor, para ser felices. Porque la felicidad no va de eso, no va ni de tener, ni de lograr, la felicidad consiste en Ser feliz. Y al Ser feliz, no se necesita nada. No se necesita nada, mientras tengamos cubiertas nuestras necesidades básicas. Con poquito vamos y cuánto más ansiemos, más insatisfechos nos sentimos.

Por eso, no busques fuera lo que te gratifica dentro. Porque una cosa es desear hacer algo, y otra muy distinta es creer necesitarlo para ser feliz.

Te haré una pregunta:

¿Eres Feliz?

¿Y qué te falta para serlo?

Si contestas con algo externo, es decir, algo como, más dinero, más amigos, más bienes, una casa más grande, un trabajo mejor, un coche más potente, más planes emocionantes, lograr el éxito…es porque sigues pensando que la felicidad está ahí fuera. También puedes pensar que con otro cuerpo, o incluso con otra cara, te costaría menos ser feliz. Cuando en realidad, la felicidad se crea dentro. Por eso, no debes buscar fuera lo que te gratifica dentro. Ya que si consiguieras cualquiera de las cosas que crees que te faltan, tampoco te sentirías plenamente satisfecho. Si no cultivas antes y no atiendes a tu felicidad interna, tampoco podrás reconocerla ahí fuera.

En cambio, si contestases con algo como: sería más feliz si pensara de diferente manera, si adquiriese nuevas perspectivas, si no tuviese tanto miedo, si no fuera tan negativo, si me quisiera más, si no le diera tanta importancia a la parte material de mi existencia…todas estas cosas, no son precisamente externas, si no internas, están en ti, y dependen de ti. Si consiguieras mejorar alguno de estos aspectos, mejorarías tú y por ende, también tu felicidad. Y lo de fuera te importaría un comino, porque ya eres feliz por dentro.

¿Porque, qué pasa con lo de dentro?

Que se proyecta fuera. Si te sientes insatisfecho dentro, intentarás buscar tu satisfacción en lo de fuera, para compensar tu desdicha. Aunque ya sabes que lo de fuera no encaja dentro. En cambio cuando te sientes pleno y satisfecho con lo de dentro, lo de fuera ya no tiene importancia. Así que no inventes necesidades. No te hagas creer que encontrarás en ellas tu Felicidad. Porque tu felicidad parte de ti y depende ti, no de lo de fuera. No busques fuera lo que te gratifica dentro, busca dentro lo que te satisface, dentro y fuera.

Si sigues pensando que necesitas algo, o qué te falta algo, para alcanzar la felicidad, te haré más preguntas.

Primero usaré un argumento comparativo:

¿Existen otras personas que son felices en tu misma situación?

¿Qué crees que hacen diferente, para poder serlo?

Porque como explicaba antes, todos podemos crear necesidades ficticias que nos hagan creer, que necesitamos algo más, para ser felices. Aunque ya sabemos que esto es un engaño de nuestra mente. Con lo que tienes y con lo que ya cuentas, puedes ser feliz, sólo que se te ha olvidado cómo hacerlo. Y es que existen muchas personas que con mucho menos de lo que tú posees, han aprendido a ser felices, no porque se hayan resignado, si no porque han comprendido, la mayor lección de vida, y es que el Ser no necesita tener, para sentirse satisfecho. No eres lo que tienes, ni lo que tienes te define.

¿Qué pasaría entonces, si lo perdieras todo?

¿Que dejarías de Ser?

¡Qué tontería!. Eres con y sin posesiones. Esa es tu esencia.
La paradoja de todo esto, es que nunca puedes dejar de Ser, aunque te quedes sin nada, y aún sin nada, seguirás siendo.

¿A caso todos los ricos  o gente exitosa, son felices?

Y ya para ir acabando, me gustaría que imaginases, que de la noche a la mañana, pierdes todas tus pertenencias. Pierdes tu casa, tu coche, todos tus bienes…teniendo que enfrentarte al mundo sin nada, tan sólo contigo. Tienes la tranquilidad, que para comer, dormir y asearte, puedes acudir, a diferentes centros para la beneficencia que hay en tu cuidad.

¿Qué harías?

¿Cambiarías tu forma de vivir?

¿Cuáles serían tus objetivos en la vida, si no tuvieses nada que guardar, ni facturas que pagar, ni nada que poder comprar?

¿Podrías ser feliz sin nada, más que contigo?

Espero que esta reflexión te ayude a seguir entendiendo, que crear necesidades inventadas, es una trampa y que si caes en ella, te sentirás tremendamente insatisfecho.

«No busques fuera lo que te gratifica dentro, busca dentro, lo que te gratifica, dentro y fuera.»

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Cuestiona también tus dudas.

Cuestiona también tus dudas si no quieres que sean ellas, las que te cuestionen a ti. La verdad no necesita de tu atención, en cambio tus dudas sí. Y si atiendes a tus dudas, desatendiendo la verdad, te perderás en la realidad. 

«Las dudas son nuestros traidores.»(Shakespeare)

Parafraseando a Shakespeare, si las dudas son nuestros traidores, ¡destierra a los judas!. No contestes sus preguntas. Ignora lo que te cuestionan, porque cuanto más los atiendas, más querrán saber, y más cosas te cuestionarán. Si alimentas las dudas, estas se harán más grandes que tu verdad. Mientras que tú verdad, si es desatendida, se morirá de hambre. Alimenta la parte que quieres que florezca, no la que te traiciona. Porque si abogas por la traición, disculpas la deslealtad y si defiendes la deslealtad, no podrás ser fiel a ti mismo. Así que cuestiona también tus dudas. Tus dudas hacia ti mismo, y hacia los demás, que al fin y al cabo, no dejan de ser tuyas también esas dudas. 

¿Existen las dudas mientras sueñas?

¿Te cuestionas en tus sueños, por ejemplo, si puedes volar?

En los sueños careces de limitaciones. Todo es posible en ellos. Ya que no te cuestionas nada. Ni si quiera te lo llegas a plantear. Y cuando quieres hacer algo, lo haces. Como por ejemplo, volar. Alzas el vuelo sin poner en duda si sabrás hacerlo, simplemente, lo haces. En cambio durante la vigilia, sí que te lo planteas. A través de este planteamiento, aparecen tus primeras dudas. Al cuestionarte si podrás hacer, o no lo que quieres, dejas de permitírtelo, y es entonces cuando no lo haces. Es tu parte consciente la que duda, tu mente. La que porta todo el conocimiento que has ido adquiriendo a lo largo de los años. No tu inconsciente, que es el que crea y sueña. Por eso no aparecen las dudas en tus sueños.

No quiero decir con esto, que debas hacer las cosas a la loco y sin analizar la situación, primero. Sin embargo si analizas la situación, a fondo, es para renunciar a tus vacilaciones. Ya que si después del análisis, sientes más dudas que al principio, es porque ese análisis, no lo has confeccionado tú, si no tus dudas. 

¿Eres capaz de distinguir entre lo que sabes y lo que crees?

Aunque te puedan comunicar un saber o un conocimiento, en realidad, no te lo pueden llegar transmitir o transferir, del todo, hasta que no lo integres en tu experiencia. Necesitas experimentarlo por ti mismo, para poder convertirlo en tu verdad. Cuando esto sucede, cuando lo experimentas en ti y ya pasa a formar parte de tu verdad, desaparecen las dudas.

Por ejemplo, una vez que hayas aprendido a nadar, nadie podrá demostrarte que es imposible hacerlo. Por eso, experimentarlo por ti mismo, es la única forma de integrar ese conocimiento. Quizás antes de probar la natación, tuvieras la creencia, de que era imposible flotar. Pero una vez, superada esa creencia, te diste cuenta de que estabas equivocado, en el preciso momento, en el que te dejaste llevar por la experiencia.

«De nuestros miedos, nacen nuestros corajes, y en nuestras dudas, viven nuestras certezas.»
(Eduardo Galiano)

Las creencias siempre van acompañadas de dudas, que son las que te limitan y las que traicionan, engañándote. En cambio los conocimientos te dan poder, para convertir la verdad, en tu experiencia. Y una vez, convertidas tus dudas en verdad, o tus creencias en conocimiento, te percatas, que como las creencias son transitorias, el saber es eterno.

Cuestiona también tus dudas, para acceder a la verdad. Porque hasta que no la experimentes por tu mismo, no podrás sustituir tus creencias por el conocimiento eterno. No te dejes limitar por tus dudas, limítate a dudar de ellas. Libérate de las dudas cómo lo hacen tus sueños. Así que sueña más y duda menos. 

«Me liberé de mis dudas, recordando que hay una razón válida, para todo lo que sucede.» (Wayne Dyer)

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¿Crees en la gente o en sus creencias?

¿Crees en la gente o en sus creencias?

Creer en la gente, es creer en ella, independientemente de cuáles sean sus creencias. Aunque la mayor parte de las veces, tendemos a no creer en la persona, porque no nos identificamos con sus creencias. Dejamos de confiar, ya que sus convicciones no son las mismas que las nuestras. Sin olvidar que la persona, es mucho más, que eso en lo que cree. 

¿Qué te molesta más, que no le den la razón a tus creencias, o que no compartan tu misma perspectiva? 

A lo largo de los años, y tras muchos enfados, en vano, he aprendido una de mis mayores lecciones de vida. Que no es otra, mas que si te relacionas con gente que no tiene tu misma perspectiva, aprendes mucho más, que si sólo te relacionas con aquellos que comparten tu misma visión. Si sólo te relacionas con los que piensan y creen en las mismas cosas que tú, nada nuevo aprenderás de la vida. Porque tu visión en vez de ensancharse, mirará siempre hacia el mismo sitio, observando las mismas cosas. 

Sin embargo, para estar cómodo entre creencias contrarias a las tuyas, lo primero que hay que permitirse, es renunciar, a dos férreas necesidades. La primera de ellas es la «egoica» necesidad de que te den la razón; y la segunda, la susceptible necesidad de aprobación. Si eliminas de tu lista de requisitos, ambas necesidades, te puedo asegurar que comenzarás a disfrutar al cien por cien, de todas tus relaciones. Ya que si esperas a que todo el mundo apruebe tus creencias, por el motivo que sea, el control de tu vida, no lo llevas tú, si no tus creencias. Y es que tú además de creer, también Eres, por encima de todo. 

Adapta tus creencias, pero nunca te adaptes a ellas. 

«Si podéis amarme por lo que soy, seremos más felices.» 
(Ralph Waldo Emerson) 

Seguro que más de una vez te has enzarzado en más de una discusión, ocasionada por un conflicto de creencias. Con algún amigo, familiar, compañero de trabajo.

¿Recuerdas el último?
 
¿Qué pretendías conseguir? 

¿Hacerte entender, que te dieran la razón, que aprobaran tu opinión?
 
¿Y lo conseguiste? 

Desde el conflicto, no puedes solucionar o resolver el problema. Mientras te mantengas asociado y dentro de él, gastarás toda tu energía en el conflicto, sin embargo no lo resolverás, porque tu atención en realidad, no está enfocada en resolver el problema, si no en que el otro apruebe tu creencia. Sólo cuando te disocias de él y lo percibes desde fuera, y no como un problema, si no simplemente como lo que es, otra opinión. Podrás ampliar tu visión y con ella tu perspectiva de la situación. 

Las creencias de los demás no atacan a tus propias creencias. Aunque tú lo interpretes así. Simplemente te recuerdan que las infinitas posibilidades están por todos lados. De todas ellas, puedes aprender y descubrir algo, que ni si quiera te habías planteado. 

¿Crees en la gente o en sus creencias?

«No desprecies a nadie, hasta un átomo hace sombra.» 
(Publio Siro) 

Enfrascarse en el conflicto, sólo te traerá más conflicto. En cambio, aprender de las opiniones de los demás, enriquecerá tus experiencias y te traerá la paz. 

Como antes apuntaba, las personas son mucho más que sus creencias. Que sus convicciones no se correspondan con las tuyas, no significa, que sus intenciones, sí lo hagan. Todos estamos aquí para ser felices y sentirnos en paz. 

Aunque te cueste creerlo, existen muchos más caminos que los que tú conoces, para alcanzar lo que todos anhelamos. Aceptar las creencias de los demás, al fin y al cabo, es permitir que avancen por el camino que ellos consideren. Aunque todos los caminos lleven a Roma, no todos quieren llegar a Roma, por el mismo camino. Asimismo, tampoco tienen porque hacerlo. No a todos nos gustan los mismos paisajes o las mismas temperaturas. Sin embargo lo que a todos nos gusta, es que nos acepten, por lo que somos y no por lo que creemos. 

¿Y tú, crees en la gente o en sus creencias? 

«Si juzgas a la gente, no tienes tiempo para amarla.» 
(Teresa de Calcuta) 

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Te tratan como tú te tratas.

Te tratan como tú te tratas. Actúan contigo como tú actúas contigo. Si tú te tratas bien, te tratarán bien. En cambio si te tratas mal, así te tratarán. Con tus actitudes, le enseñas a los demás cómo deben tratarte. Si operas desde la debilidad, los demás entenderán tu debilidad, como la mejor manera para relacionarse contigo. Aunque si operas de desde la fortaleza, se relacionarán con tu fortaleza.

Tus creencias determinan tus acciones y por ende, tus resultados. Si crees que eres débil o poco merecedor, es porque ya te has convencido de ello. Si colocas tus expectativas en tu incapacidad y en tu falta de merecimiento, no tendrás más remedio, que actuar en consonancia, es decir, como alguien débil, que no se lo merece. Todo lo que crees a cerca de ti mismo, te hace comportarte, en base a lo que crees. Por ejemplo, si crees que eres un tonto, actuarás como tal. Y los demás, también se lo creerán. Porque te tratan como tú te tratas. 

La fortaleza, no significa tener fuerza o hacerlo por la fuerza. Significa ser fuerte internamente, independientemente de tu fuerza física y de lo que suceda a tu alrededor. Si crees que eres fuerte, también creerás que eres valioso y eficiente. En cambio si crees que eres débil, te etiquetas automáticamente como víctima de la circunstancias, renunciando también a tu valía. Y es que no se puede ser fuerte y débil al mismo tiempo. La fortaleza anula la debilidad y tu debilidad, anula tu fortaleza. Una creencia anula a la otra. Por eso es tan importante la creencia con la que te identificas. 

La experiencia es siempre el mejor antídoto, para hacerte cambiar de opinión. Enfrentarte a tu creencia limitante con nuevas herramientas o recursos, es la única manera, de cambiar esa convicción destructiva, por otra más constructiva. Como nadie te enseñó a tener miedo, nadie podrá enseñarte a no tenerlo. Tú aprendiste la lección del miedo y te convenciste de ello. Así que tendrás que ser tú también, el que aprendas, a no tener miedo.

¿Cómo? 

Enfrentándote al miedo. Hasta que te demuestres y te vuelvas a convencer de que ya no lo tienes. 

«Me lo contaron y lo olvidé. Lo vi y lo entendí. Lo hice y lo aprendí.» 
(Confucio) 

Hasta que no te enfrentes a la experiencia y aprendas de ella por ti mismo, no habrá cambiado nada. Ya que la experiencia y lo que crees a cerca de ella, seguirá intacta, porque tú no la has cambiado. Te corresponde a ti, hacer el cambio. Nadie puede hacerlo, mas que tú. Por eso, hasta que no adoptes nuevas creencias y las practiques, no cambiará tu experiencia.

«El coraje cambia el aspecto de todo.»
(Ralph Waldo Emerson) 

Y será en ese momento, en el que cambies tu experiencia, a través de tus nuevas creencias, cuando comienzas a tratarte, como mereces. Provocando así, que también los demás, te traten como tú te tratas.

«No es porque las cosas sean difíciles, que no nos atrevemos. Mas bien las hacemos difíciles, cuando no nos atrevemos.»
(Séneca)

No busques la excusa, encuentra la oportunidad y cambia tus creencias, a través de tus experiencias. Porque siempre te tratan como tú te tratas. 

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Tu incredulidad no es falta de Fe.

Tu Incredulidad no es falta de Fe, es que has puesto tu Fe en otro sitio. No se puede no creer en nada en absoluto. Tus creencias son las lentes con las que ves la realidad, y que no creas en algo en concreto, no quiere decir que no creas, en otra cosa.

«Tus creencias no están hechas de realidades, es tu realidad, la que está hecha de creencias.»
(Richar Bandler)

Por ejemplo, que no creas en ti, no es falta de Fe, si no más bien, falta de Fe, en ti. Ya que puede que no confíes en ti, sin embargo,

¿En qué sí crees, que te impide confiar en ti?

¿Dónde has depositado tu creencia, si no es en ti?

Las convicciones que tienes a cerca de la vida y de ti mismo, las has ido construyendo, casi sin darte cuenta. Algunas han sido impuestas por la sociedad o la cultura en la que vives, otras influidas por la educación y las demás, las has comprado tú, en base a tus experiencias de vida.
Y como no se puede no creer en nada, hay que creer en algo. Por tanto, lo que decides creer, anula a todo lo demás, que no se corresponda con esa creencia. Porque no se puede creer en opuestos. Esto es, si por ejemplo, no confías en ti, no puedes a la misma vez, creer en ti. O crees, o no crees. Y si no crees en ti, hay algo en lo que sí crees, que es lo que precisamente, no te permite creer en ti mismo. Por eso tu Incredulidad no es falta de Fe, si no falta de Fe, en ti.

¿Qué necesitas para creer en ti, completamente?

¿Qué tienes que demostrarte a ti mismo, para así confiar?

Hay veces en las que tendemos a depositar nuestra confianza, en circunstancias externas a nosotros. La suerte, la incertidumbre, el miedo. Muchas veces confiamos más, en estos supuestos o interpretaciones de la realidad, que en nosotros mismos. Por este motivo, no te permites creer en ti. Si te subes al tren del miedo o de la incertidumbre, no podrás coger, a la misma vez, el tren de la confianza en ti mismo. Tendrás que elegir, uno u otro. Ambos trenes tienen distintos recorridos y te llevarán a lugares diferentes. De ti depende en qué tren, prefieres montarte.

Lo interesante de todo esto, es que existen muchas paradas y estaciones. Y que hayas elegido el tren equivocado, o la creencia equivocada, no significa que tengas que permanecer en ese tren, hasta finalizar su recorrido. Puedes bajarte del vagón, o cambiar de creencia, siempre que quieras, y coger otro tren. Cambiando así de viaje y de destino. Muchas veces, hasta que no recorres algunos kilómetros en el tren equivocado, no te percatas, que ese no era el viaje que querías hacer.

«Nunca moriría por mis creencias porque podría estar equivocado.»
(Bertrand Russell)

La vida es un viaje, en tren, en avión, en coche, caminando. Durante su transcurso, te encontrarás con un sin fin de caminos que podrás recorrer, y con diferentes destinos que podrás alcanzar. Todos los transportes te podrán llevar al mismo sitio, aunque no todos ellos, te enseñarán lo mismo. Puede ser que caminando, el recorrido se haga más largo que en avión. Aunque desde el avión no podrás acercarte y conocer muchas cosas. Asimismo, hay destinos, en los que sólo podrás llegar en avión.

Desconozco qué es eso que quieres conseguir o construir. Sin embargo la creencia que elijas para lograrlo, determinará tu resultado y el tiempo que emplees en conseguirlo. Las creencias limitantes, o las que te impiden creer en ti, no propiciarán que tu viaje sea apacible y tranquilo, si no todo lo contrario. Sólo las creencias constructivas te facilitarán las cosas. Permitiéndote así, disfrutar del viaje.

«No te creas todo lo que piensas.»
(Byron Katie)

Así que piensa muy bien, en eso en lo que quieres creer. No te conformes con creencias obsoletas o de tu pasado. Cambia de tren siempre que quieras. Adapta tus creencias y nunca te adaptes a creencias manidas. Se tú, quién marque el camino, para que no sean tus creencias, las que te frenen por el camino.

Porque tú Incredulidad no es falta de Fe, si no que has puesto tu Fe en otra cosa.

«Una creencia no es simplemente una idea que la mente posee, es una idea que posee a la mente.»
(Robert Bolt)

¿Y a ti, te poseen tu creencias o eres tú quien las posees?

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Despliega Tus superpoderes.

Imagina que eres un superhéroe. Tu superpoder consistiría en convertir en realidad, todo tipo de pensamientos. Lo que pensases se consumaría tarde o temprano, a través de situaciones, personas u objetos, que te serían de gran utilidad para tu misión en el mundo.

¿Te resulta familiar, la historia?

¿Entiendes que ese superpoder, esconde en sí, todos los poderes?

¿Somos superhéroes ignorantes de serlo?

Las creencias que tienes a cerca de ti mismo, definen tu camino y por ende, tu vida. Convicciones que vas adquiriendo a lo largo de los años, basadas en tus experiencias de vida, controlan por así decirlo, tus decisiones, ya que fijas en ellas, tu punto de referencia. Si lo crees primero, lograrás verlo después. En todo este tiempo, tendrás tanto creencias que te facilitarán las cosas, acercándote al éxito y también creencias limitantes que te impedirán conseguirlo. Lo interesante de todo esto es que se pueden cambiar y con ellas, los programas mentales que ya no te son útiles. Aunque para poder cambiarlas hay que identificarlas primero.

El efecto placebo y nocebo(su opuesto)han demostrado el poder del cerebro cuando cree o no, firmemente en algo. Es capaz por si solo, con sólo creer, de generar analgésicos propios, mucho más potentes, que los que te puede recetar tu médico. El cerebro sabe lo qué necesitas y cómo aliviarte, sólo hay que convencerle de que crees en él o en su defecto, en algo. Curioso que sea la creencia quién controle a la máquina.

Durante demasiado tiempo se ha tenido la creencia generalizada de que la vida, está controlada por los genes. Poco a poco se fue reconociendo que no sólo los genes, si no el entorno, también influyen en lo biológico. Asumir ahora que los pensamientos y las creencias también afectan a lo biológico, no es fácil de concebir.

Primero nos cuentan una cosa que muchos compramos, porque había evidencias científicas que lo demostraban. Más tarde apareció un nuevo factor, el entorno y nos volvieron a convencer, con los consiguientes estudios y demostraciones. Y en la actualidad ya hay nuevos estudios y evidencias científicas que afirman, que también las creencias y los pensamientos que las rondan, tienen el poder de modificar lo biológico. Bruce H. Lipton, en Biología de la creencia o Biología de la transformación lo explica con un lenguaje claro, numerosas explicaciones y ejemplos actuales.

¡Qué manera de cambiar de creencias!

Esto es una prueba de que se pueden cambiar, que necesitamos algo que nos convenza o que nos la confirme y eche por tierra la vieja creencia, para adaptar la nueva, pero se puede.

Parafraseando a Henry Ford, Tanto si crees que puedes, como si no, tienes razón. El poder de tus creencias es el que te acerca o aleja del éxito. Elige cuidadosamente en lo que sí quieres creer.

Podemos aceptar o rechazar que las creencias tengan tanto poder. Cada uno elige la creencia que más encaje con su sistema de convicciones. Somos dueños de creer en lo que queramos creer.

Y es que reconocer que tenemos tanto poder y que en nuestras manos está cambiar. Entraña tremenda responsabilidad. Igual preferimos seguir creyendo que somos incapaces y que no tenemos tales superpoderes. Pensemos lo que pensemos, tendremos razón.

¿Y tú, qué crees?.

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Saca a pasear a tu Esencia.

Imagina que pierdes la memoria y eres incapaz de recordar nada en absoluto.

¿Qué sería lo primero que te gustaría recordar?

¿Quién eres?

¿Todo lo que sabes?

¿En todo lo que crees?

¿A quién amas?

¿Quién te ama?

¿Qué pasó para que perdieses tu memoria?

¿Qué sería?

¿Qué necesitarías recordar para volver a ser?

¿O quizás no necesitarías recordar nada, porque prefieres crear nuevos recuerdos?

¿Podrías funcionar sin tu memoria?

¿Cómo le afecta a tu yo actual, esa memoria?

Tendemos a aferrarnos a lo material, como también a nuestros recuerdos. Tememos dejar de ser, sin ellos. Sin embargo para seguir siendo no se necesita la memoria anterior. De hecho, si la perdiésemos, quizás fuera la mejor manera de reconocer nuestra propia esencia. Lo profundo de nuestro ser, sin que se sienta contaminado por ningún conocimiento, creencia o recuerdo antiguo. Tendríamos la oportunidad de empezar de nuevo y crear lo que quisiéramos.

¿Crees que si no consiguieras recordar nada, no podrías ser como eres hoy?

¿Quieres ser como eres hoy?

¿Qué temes del olvido?

Deshacernos de todo lo que conocemos, sabemos y creemos no parece ser, a voz de pronto, la posibilidad más acertada para empezar a ser, apelando a nuestra esencia. Sin embargo, no hay otro camino. Tu ser no es el que ha ido adoptando toda ese aprendizaje basado en convicciones y estados emocionales. Tu esencia es lo que se mantiene imperturbable, a pesar de todo lo que ya sabes y crees. Es lo más puro de ti. No necesita saber y acepta su desconocimiento. Tampoco necesita creer en nada más que en sí mismo porque con eso le es suficiente. Tu esencia es la que te espera y observa curiosa, mientras tú te enredas en creencias y aprendizajes utópicos.

¿Eres capaz de reconocer tu esencia?

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¿Qué mereces?

¿Te mereces lo qué te pasa?, ¿Y lo qué no te pasa?, ¿Qué es lo que te mereces?

Si rápidamente tuvieras que hacer un breve resumen de tus últimos cinco años, e incluir los logros más importantes. ¿Crees que los merecías?

El hecho de merecer está estrechamente relacionado con la autoestima. No siempre nos permitimos recibir lo bueno, sin más. Si creemos que estamos recibiendo más de lo debido, enseguida entra el juego el desconcierto, acompañado a veces, de la culpa. Apareciendo problemas con el merecimiento. <!–more–>

¿Cómo sabes lo qué te mereces y lo que no?, ¿Cómo lo mides?, ¿En base a qué?, ¿Te comparas con alguien?

Las personas con autoestima sana no suelen tener dificultades con el merecer y el recibir. Si reciben más de lo esperado, entienden que hay veces que la realidad puede superar las expectativas. Lo aceptan y agradecen sin culpa. Fomentando que la abundancia y la prosperidad frecuente sus vidas. 

En cambio las personas con la autoestima dañada, les pesa la culpa. La culpa de recibir algo que creen no merecer. Normalmente en todo problema de merecimiento, capacidad o posibilidad, siempre hay alguna creencia, arraigada a ti, que te limita para convertirte en quién realmente eres. Las creencias las adoptamos según las experiencias vividas. En algún momento nos serían de utilidad, pero ya que todo cambia, también debemos renovar viejas creencias.

Es cierto que para merecer y recibir, también hay que dar en la misma proporción. No funcionarían de la misma manera, si nos olvidásemos del dar. Recibir sin dar o dar sin recibir, en pocos casos se contempla. Hay veces que el que más da, es el que menos cree merecer. Otras veces el que menos da, cree merecérselo todo.

Revisa tus creencias en relación con el hecho de merecértelo o no. Revisa también lo que das y recibes. Valora lo que te gustaría atraer y porqué no lo consigues. Acepta y agradece lo que ya tienes. Acéptate y permítete merecer. Cuándo lo consigas,  atraerás todo aquello que necesitas.

¿Te lo permites?


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Si no lo creo, no lo veo.

¿A qué nos referimos cuándo hablamos de creencias?. ¿Son todas ellas limitantes?. ¿Se pueden cambiar?.

Las creencias son todos los juicios y opiniones que componen nuestro mapa. Férreas convicciones formuladas en base a experiencias pasadas. Percepciones y valoraciones personales que describen quiénes estamos siendo.

Hace días, colgué una entrada en la que hablaba de los mapas y de la importancia que tiene ampliarlos. Las creencias son las que los componen: nuestras visiones del mundo, nuestros valores y también nuestras etiquetas. Se encuentran remarcadas y las utilizamos cual indicaciones para andar por el territorio.

Las creencias no tienen porqué ser únicas como los mapas. Las convicciones se comparten entre grupos, entre géneros o en solitario. Los expertos afirman que antes de los siete años ya habremos recogido la mayor parte de las creencias que nos acompañarán a lo largo e nuestra vida.

Son muy útiles en cuanto a la rapidez de reacción. Sería extremadamente cansino tener que evaluar cada situación, cada momento como nuevo, antes de tomar una decisión. Nos facilitan mucho las cosas si nos funcionan y emponderan nuestro comportamiento.

¿Pero y si no nos funcionan?. Muchas de las creencias que recitamos como si de un mantra se tratase, limitan nuestros pasos y no nos dejan disfrutar del territorio, de nuestra realidad, con plenas facultades. 

Con el tiempo he aprendido que pocas son las cosas imperturbables al cambio. Las creencias como el resto son vulnerables a la transformación.Tú las has elegido, tuya también es la decisión de cambiar aquellas que ya no te sirven.

¿Revisamos creencias?

 

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Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

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