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Aprovecha las cualidades de los demás.

Aprovecha las cualidades de los demás sin atender a sus defectos.

A lo largo de nuestra vida, establecemos todo tipo de relaciones. Vivir en sociedad, implica precisamente eso, relacionarse con las diferentes personas que componen nuestro entorno. Con cada relación con la que interactuamos, se produce un intercambio, de comunicación, de información, de aprendizajes, de historias, de amor…

¿Podrías vivir acaso, sin las relaciones de tu vida?

Como seres sociales, es inevitable tener que relacionarse todos los días. Sin embargo, en cuestión de relaciones poco importa la cantidad, si no más bien, la calidad de las mismas. Porque puedes establecer contacto con mucha gente, pero si ese contacto no te aporta algo positivo en tu vida, igual es preferible, que te relacionases menos, aunque sí mejor.

¿Cómo calificarías tus relaciones, crees que son de calidad o por el contrario te desgastan y agotan?

Cada persona con la que te relacionas, tiene algo que contarte. Algo que contarte y muchas cosas que aportarte. Aunque no siempre lo entiendas así. Muchas veces, no estamos dispuestos a escuchar proactivamente, ya que el ruido interno, nos tapa los oídos y nubla los ojos. Existen ocasiones en las que incluso, nos empeñamos en buscar las diferencias y no las correspondencias. De esta manera, si sólo atendemos a lo que nos hace diferentes y no parecidos, no podremos descubrir las similitudes que en realidad, tenemos. Cuando esto sucede, el contacto que establecemos, nos aleja de la persona en cuestión, sin permitirnos que se propicie un acercamiento sincero.

¿Cuáles son tus cualidades más representativas?

Ya que como tú tienes habilidades y talentos, también los demás los tienen. No podemos ser malos en todo, tampoco buenos o excelentes. Entre todas las habilidades y talentos que existen, hemos tenido que especializarnos en sólo algunos de ellos. A través de la práctica y de las costumbres, hemos priorizado, alimentar ciertas cualidades, en detrimento de otras. Y es que para eso están los demás, para compensar lo que a nosotros nos falta. Como tú estás en la vida de los demás, para complementar sus ausencias.

Todos formamos parte del mismo sistema, y este sistema, se nutre de todas las partes por igual. No existe ninguna parte más valiosa que otra, porque todas esas partes, son las que hacen posible, que ese sistema, llamado mundo, funcione.

¿Te quejas mucho de los demás?

¿Se quejan mucho de ti, los demás?

Pon en jaque a la queja. Sugiere siempre, pero nunca condenes. Los demás no están aquí para cumplir con tus expectativas. Porque de tus expectativas, te encargas tú, como los demás de cumplir con las suyas propias. Aprovecha las cualidades de los demás, en tu propio beneficio. Pero no te quejes o condenes sus defectos. Ya que defectos tenemos todos, incluido tú. Si te enfocas en el defecto o en la diferencia, no podrás apreciar ni las cualidades, ni las correspondencias.

Y es que hay veces, que nos empeñamos en demandar ciertas cosas a las personas equivocadas, por ejemplo;

¿Le pedirías dinero a algún indigente de tu barrio para desayunar?

¿Y por qué te empeñas en demandar a alguien de tu entorno, algo que ya sabes de antemano, que no te puede dar?

Aprovecha las cualidades de los demás sin atender a sus defectos. La clave para hacerlo, es pedir a cada persona, sólo lo que sabes con certeza, que te puede ofrecer sin esfuerzo, y no lo que no te puede dar, sin que esto implique un gran esfuerzo por su parte. Ya que una única persona no puede reunir todo lo que tú requieres, en cambio un conjunto de personas, es más fácil que te complementen.

Es decir, no pedirle por ejemplo a alguien impuntual, que esté antes que tú en un sitio determinado, o no solicitar dinero, a alguien que por norma general, es algo tacaño. El impuntual, tiene otras cualidades que no estás aprovechando, quizá sea tremendamente creativo a la hora de resolver dificultades.

¿Qué más da entonces, que sea impuntual, si siempre «llega», aunque no sea a tiempo, o siempre da en el clavo, con la solución que más te conviene?

Y el tacaño puede que sólo lo sea con el dinero. Tal vez le encante escucharte y acompañarte en tus peores momentos. Y es que el dinero se puede recuperar, pero el tiempo no.

Tampoco es recomendable que esperes de alguien con cierta apatía hacia los deportes, que te acompañe a hacer senderismo, porque quizás prefiera salir a tomarse contigo, mientras comparten risas juntos. Por este motivo: ¡Aprovecha las cualidades de los demás!, desatendiendo a sus defectos. Ya que esta es la única manera de decepcionarte menos y disfrutar más, de todas tus relaciones.

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La mejor vitamina para recuperar tu Autoestima.

La mejor vitamina para recuperar tu autoestima, está en tu memoria. El mejor analgésico, consiste en redirigir tu atención. Recordar quién eras con autoestima, mientras te reconoces con todos los recursos y virtudes con los que te identificabas en tu pasado, puede ayudarte a reconciliarte contigo. Enfocarte en lo que ya tienes y con lo que cuentas, es el mejor calmante, para paliar el dolor, por no quererte lo suficiente.

La autoestima es la estima o el aprecio que tienes hacia tu propia persona.

¿Te quieres?

¿Cuánto te quieres?

¿Lo suficiente como para soportar que los demás no te quieran, o lo justo, para no soportar que los demás tampoco te quieran?

El amor hacia uno mismo es un referente imprescindible que determina el cómo te relacionas con tu entorno. Si tu autoestima es lo suficientemente alta, poco te importará lo que tu entorno piense a cerca de ti. En cambio si sufres de baja autoestima, las críticas y los juicios que recibas de ese entorno, no los recibirás favorablemente, además que influirán negativamente en tu propia persona. Es decir, que dependiendo de cómo interpretes, lo que tu entorno tenga que decir de ti, esto decretará, si te quieres lo suficiente o no.

Asimismo, es evidente, que el cómo te relacionas con los demás, tiene mucho que ver, con el cómo te relacionas, tú, contigo. Los pensamientos que tengas a cerca de tu propia persona o lo que pienses a cerca de tus aptitudes, determinarán también, la clase de relación que mantienes con el resto.

¿Si tuvieras que definirte en breves palabras, qué dirías de ti?

Antes de contestar, recuerda que la mejor vitamina para recuperar tu autoestima está en tu memoria. Así que repasa tranquilamente tu vida y con ella tus experiencias más representativas. No te centres sólo en lo que sientes hoy, porque no siempre, te has sentido como te sientes hoy.

Por tanto, piensa primero en tu entorno físico, esto es, tu cuerpo y tu persona el general, para más tarde pensar en cuáles son las cualidades o aptitudes que te hacen tan especial.

Puedes hacer dos listas, cuanto más largas mejor. Una para definirte como persona, tanto en lo externo, como en lo interno y la otra para definir tus aptitudes más representativas.

¿Qué prima en ambas listas?

¿Lo bueno o lo malo?

¿Crees que están centradas en tus defectos o en tus virtudes?

¿En tus talentos o en tus carencias?

Así pues, puede que haya un compendio de ambas, o lo que es lo mismo, que haya tanto defectos, como virtudes, o tanto talentos como carencias. Pero si en ambas listas priman los defectos, o tus carencias, cuanto antes empieces a trabajar en tu autoestima, mejor que mejor.

Cuando tienes alta autoestima, referida a tu persona:

– Aprecias tu cuerpo.
– Te gustan tus cualidades.
– No necesitas compararte con los demás.
– Aceptas tu originalidad.
– Te consideras querido por tu entorno.
– Haces observaciones positivas a cerca de tu propia persona.
– Aceptas las críticas de los demás y aprendes de ellas.
– Te consuelas a ti mismo cuando es necesario.
– Rechazas las falsas identificaciones que otros te atribuyen.
– Te mantienes firme y seguro de ti mismo.
– Asumes tus emociones, permitiéndote expresarlas.
– Sabes tomar decisiones.

Si no cumples todos los requisitos de la lista anterior, tampoco pasa nada. Muchas veces, lo único que hay que hacer, antes de lamentarse y flagelarse por no dar la talla, es hacerse las preguntas adecuadas:

¿Qué es lo que más aprecias de tu cuerpo?
¿Cuáles son las cualidades que te hacen sentirte orgulloso?
¿Qué es lo que más te gusta de tu originalidad?
¿Quién te quiere más de tu entorno?
¿Qué es lo más positivo que tienes que decirte?
¿Con qué crítica o con qué juicio recibido, has aprendido más?
¿Si tuvieras que consolar o aliviar a alguien que estuviera en tu misma situación, que le dirías?
¿En qué te sientes seguro y en qué tienes confianza?
¿Qué emociones o sentimientos no te importa expresar?
¿Cuál ha sido la decisión que más te ha costado tomar y que más te ha reportado?

Es casi imposible hacerlo todo mal, o no quererse en absoluto. Hay muchas cosas que haces bien, por las cuales puedes quererte con locura por ello. Recuerda que no tienes que ser perfecto, si no completo y feliz. Tu atención lo es todo, y si sólo te centras en lo que haces mal, seguirás haciéndolo mal. En cambio si te centras en lo que haces bien y en que puedes hacerlo mejor, sólo podrás mejorar.

Por otro lado, existe otra clase de autoestima, la referida a tus propias aptitudes. Y cuando tienes alta autoestima, en cuanto a tus aptitudes se refiere:

– Confías en tu capacidad y habilidades.
– Adoptas una visión positiva de tus proyectos.
– Perseveras a pesar de los obstáculos y de los fracasos.
– Confías en tu éxito.
– Asumes riesgos.
– Recuerdas logros o triunfos pasados.
– Aceptas felicitaciones o cumplidos ajenos.
– Te estimulan las nuevas experiencias.
– Confías en estar a la altura de las circunstancias.
– Pides ayuda cuando la necesitas y esperas recibirla.
– Te marcas desafíos o te desafías.
– Te sientes animado, después de tus éxitos.

Como apuntaba antes, tras la lista anterior, quizás no te sientas identificado ahora, con todas las características de esta nueva lista referida a tus aptitudes. Para ello, te facilitaré ciertas preguntas para ayudarte a cambiar tu perspectiva.

¿Cuál de todas tus capacidades, son en las que más confías?
¿En qué has sido tremendamente perseverante y eso te ha llevado al éxito?
¿Cuál es tu visión más positiva a cerca de lo que tienes entre manos?
¿En qué has arriesgado, que ha excedido tus expectativas?
¿De qué logro o triunfo te sientes más orgulloso?
¿Cuál ha sido la felicitación o el cumplido que más te ha llegado, de todos los recibidos?
¿Cuándo fue la última vez que te entregaste a una nueva experiencia y esta te sorprendió gratamente?
¿Cuántas veces te has demostrado ya, que sí que estabas a la altura de las circunstancias?
¿Cuando pides ayuda, y te permites que los demás te ayuden, a quién más ayudas?
¿Cuál fue tu último desafío que llegó a buen puerto?
¿El éxito que más orgulloso y animado te ha hecho sentir, cuál ha sido?

La memoria, muchas veces, te juega malas pasadas. Y es que la memoria, siempre está influenciada por tu atención o por lo que decidas atender. Enfocarte en lo que no tienes, o en lo que te falta, no te facilitará conseguirlo. Por el contrario, si atiendes a lo que ya has conseguido y cómo lo has hecho, esto te puede dar ideas, de cómo alcanzar tus nuevas metas y propósitos. Enfócate en lo que ya tienes, y en qué te hizo lograrlo. Porque esos recursos, son las aptitudes con las que ya cuentas, y las que de verdad, hablan de ti. Por consiguiente, la mejor vitamina para recuperar tu autoestima está en tu memoria. Como el mejor analgésico consiste en redirigir tu atención.

¿Cuántas veces en tu niñez, te planteaste si te querías lo suficiente o no?

¿Cuántas veces desconfiaste de tus capacidades?

¿Si lo hubieses hecho, habrías llegado hasta donde has llegado hoy?

¿Crees que si un niño renunciase a caminar, por su primera caída, aprendería a caminar?

Fueron muchas las caídas, antes de que pudieras perfeccionar el arte de caminar. Pero lo recuerdes o no, en aquel entonces, no dudabas de ti, ni de tus capacidades. Sabías y confiabas que podías hacerlo. Tampoco le dabas importancia a tu físico, ni te comparabas con los demás niños. Sentías tus emociones y las expresadas al momento. Vivías en el aquí y en el ahora, sin preguntarte qué pasó antes, ni qué pasará después. Te amabas por encima de todo. Y lucías espléndido y lleno de vida.

¿Y hoy, qué ha cambiado?

¿En qué has cambiado?

Recuerda quién fuiste, y enfócate en quién quieres ser. Ama al niño que fuiste y recuerda lo que quería ser.

Ámate para amar y recuerda para sanar. Porque la mejor vitamina para recuperar tu Autoestima, siempre eres tú.

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Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

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