Screenshot_20210502_191604

No busques fuera lo que te gratifica dentro.

«No busques fuera lo que te gratifica dentro, busca dentro lo que te gratifica dentro y fuera.»

No busques fuera lo que te gratifica dentro. Pues tú satisfacción interna, no la encontrarás afuera.
En esta entrada, me gustaría hablar de las necesidades y de los deseos. De cuáles son sus diferencias y el porqué es sumamente importante, distinguirlos bien.
Muchas veces, tendemos a convertir en necesidad un deseo, con lo peligroso que esto puede llegar a ser, dependiendo del tipo de deseo que tengamos en mente.

¿Y por qué, puede ser esto tan peligroso?

Pues porque cuando convertimos el deseo en necesidad, nos volvemos débiles y vulnerables, ya que depositamos todas nuestras esperanzas en conseguir eso que creemos necesitar. Entendiendo, que si no llegamos a conseguir eso que queremos, jamás podremos alcanzar la felicidad. Por este motivo, además de tener mucho cuidado con lo que se desea, hay que ser extremadamente meticuloso, en no convertir ciertos deseos, en necesidades imprescindibles.

¿Qué es el DESEO?

El deseo es algo que queremos.

¿Y qué es una NECESIDAD?

La NECESIDAD, es algo que creemos necesitar, más allá de quererlo.

La diferencia fundamental, entre deseo y necesidad, es por tanto, que uno, lo queremos, el deseo. Y la necesidad, la creemos necesitar, repito, la creemos necesitar, para ser felices.
Porque si hay algo en lo que siempre coincidimos todos los seres humanos de la faz de la tierra, es querer, y no tener la necesidad, cuidado con esto, de ser felices.

Buscamos la felicidad por todos lados, pensamos que está en cosechar logros, en acumular cosas, en estar rodeados de personas que nos aman. Sin darnos cuenta, que la felicidad es sólo un estado del Ser. Del ser que se siente feliz, ni por algo, ni por nadie, por sí mismo. Ya que la felicidad de uno mismo, nada tiene que ver con los demás, ni con las cosas o los logros acumulados. Esto es, la felicidad no se construye fuera, si no dentro de nosotros. Por eso es tan peligroso crear necesidades externas, que nos hacen creer, que sólo en ellas encontraremos la plena satisfacción de sentirnos felices.

Si conseguimos eso que deseamos, podemos ser felices, pero si no lo conseguimos, tampoco pasa nada, porque nuestra felicidad no depende de ello. Esto es desear. No tiene nada de malo, desear cosas. En cambio, cuando convertimos el deseo en necesidad, si no logramos alcanzar eso que necesitamos, creeremos que jamás podremos disfrutar de la tan ansiada felicidad. Es decir, que la necesidad no es más que un creencia ficticia, a la que nos aferramos, para sentirnos afortunados, si la conseguimos, o desgraciados, si no lo hacemos. Por eso, no busques fuera lo que te gratifica dentro. Satisfacer lo de dentro, con lo de fuera, te dejará vacío dentro y fuera.

Un ejemplo de deseo, que creo que todos alguna vez, hemos deseado, puede ser por ejemplo, que nos toque la lotería.
Si nos toca, obviamente nos sentiremos tremendamente bien por el premio, aunque si no nos toca, nos tendremos que resignar y seguir viviendo tan «ricamente». Porque nuestra felicidad no depende de que nos toque o no la lotería. Esto puede ser un plus, que mejore nuestra calidad de vida, aunque no un imprescindible, para seguir viviendo, feliz.

Pero, ¿Y qué pasa cuando convertimos este deseo de ganar la lotería en necesidad?

Pues lo primero que pensaremos es que si no nos toca, seremos unos desgraciados. Sintiéndonos tremendamente frustrados y vulnerables, ya que al colocar todas nuestras esperanzas, en una necesidad vital, que no llega, esto nos hace sentir vacíos y desesperanzados.

Por otro lado, si nos tocara, al pensar equivocadamente, que eso nos iba a traer la felicidad, podemos sentirnos desilusionados.

¿Pero cómo va ser esto, si eso era lo necesitábamos para ser felices?

¿Lo necesitábamos o creíamos necesitar?

Al no venir en pack la felicidad, junto con el premio, tarde o temprano, nos daremos cuenta, que el dinero, no era todo lo que esperábamos. Puesto que colocamos erróneamente nuestras expectativas de la felicidad, en un premio, que en realidad, sólo era eso, un premio monetario, que nada tenía que ver con nuestra propia satisfacción interior.

Por si esto fuera poco, como confundimos el deseo con necesidad, al obtener el premio, nos pueden empezar a surgir miedos de todo tipo, relacionados con la posibilidad de perderlo. Es decir, que como lo ganamos, también lo podemos perder, y esto nos causará intranquilidad inmediata, desasosiego y nos robará encima, la seguridad que creíamos haber alcanzado. Por eso, no busques fuera, lo que te gratifica dentro. Ni en la lotería, ni en nada que no provenga de ti o de tu interior.

Estas son sólo algunas consecuencias, de lo que sucede, cuando convertimos un deseo en necesidad. Cuando además de querer algo, lo creemos necesitar, como imprescindible, para poder ser felices, o para alcanzar nuestra felicidad.

Existen muchos ejemplos de necesidades ficticias que nos hacen creer, que son indispensables para hacer de nuestras vidas más felices. Necesidades como:

– Encontrar a alguien que nos ame y al que poder amar.
– Formar una familia, antes de que se nos pase el arroz.
– Tener algo en propiedad, un piso, un coche…ya que si no lo logramos, todos pensarán que somos unos muertos de hambre.
– Ser alguien en la vida. Con el fin de aprovechar bien nuestras capacidades y talentos, para así no sentirnos fracasados o inútiles.
– Vivir por mucho tiempo, cuanto más mejor.
– Tener una vida llena de aventuras y emocionante. Ya que si no es así, es porque somos aburridos y habremos desaprovechado nuestros días en la tierra.
– La creencia de que «más siempre, es mejor», o que el progreso es siempre bueno y consiste por tanto, en tener cada vez más cosas, cosechar más éxitos y tener más inteligencia.
– La necesidad de huir de la soledad. Porque los seres humanos somos seres sociales y tenemos que estar siempre acompañados.

Fíjate que cada una de las necesidades anteriores, son tan sólo creencias. Y algunas de ellas muy limitantes, porque si no se dan, te sentirás perdido.
Y es que tenemos la capacidad de convertir en necesidad cualquier cosa que se nos ocurra. Lo curioso aquí es que nos equivocamos a la hora de creer que necesitamos muchas cosas, o a muchas personas a nuestro alrededor, para ser felices. Porque la felicidad no va de eso, no va ni de tener, ni de lograr, la felicidad consiste en Ser feliz. Y al Ser feliz, no se necesita nada. No se necesita nada, mientras tengamos cubiertas nuestras necesidades básicas. Con poquito vamos y cuánto más ansiemos, más insatisfechos nos sentimos.

Por eso, no busques fuera lo que te gratifica dentro. Porque una cosa es desear hacer algo, y otra muy distinta es creer necesitarlo para ser feliz.

Te haré una pregunta:

¿Eres Feliz?

¿Y qué te falta para serlo?

Si contestas con algo externo, es decir, algo como, más dinero, más amigos, más bienes, una casa más grande, un trabajo mejor, un coche más potente, más planes emocionantes, lograr el éxito…es porque sigues pensando que la felicidad está ahí fuera. También puedes pensar que con otro cuerpo, o incluso con otra cara, te costaría menos ser feliz. Cuando en realidad, la felicidad se crea dentro. Por eso, no debes buscar fuera lo que te gratifica dentro. Ya que si consiguieras cualquiera de las cosas que crees que te faltan, tampoco te sentirías plenamente satisfecho. Si no cultivas antes y no atiendes a tu felicidad interna, tampoco podrás reconocerla ahí fuera.

En cambio, si contestases con algo como: sería más feliz si pensara de diferente manera, si adquiriese nuevas perspectivas, si no tuviese tanto miedo, si no fuera tan negativo, si me quisiera más, si no le diera tanta importancia a la parte material de mi existencia…todas estas cosas, no son precisamente externas, si no internas, están en ti, y dependen de ti. Si consiguieras mejorar alguno de estos aspectos, mejorarías tú y por ende, también tu felicidad. Y lo de fuera te importaría un comino, porque ya eres feliz por dentro.

¿Porque, qué pasa con lo de dentro?

Que se proyecta fuera. Si te sientes insatisfecho dentro, intentarás buscar tu satisfacción en lo de fuera, para compensar tu desdicha. Aunque ya sabes que lo de fuera no encaja dentro. En cambio cuando te sientes pleno y satisfecho con lo de dentro, lo de fuera ya no tiene importancia. Así que no inventes necesidades. No te hagas creer que encontrarás en ellas tu Felicidad. Porque tu felicidad parte de ti y depende ti, no de lo de fuera. No busques fuera lo que te gratifica dentro, busca dentro lo que te satisface, dentro y fuera.

Si sigues pensando que necesitas algo, o qué te falta algo, para alcanzar la felicidad, te haré más preguntas.

Primero usaré un argumento comparativo:

¿Existen otras personas que son felices en tu misma situación?

¿Qué crees que hacen diferente, para poder serlo?

Porque como explicaba antes, todos podemos crear necesidades ficticias que nos hagan creer, que necesitamos algo más, para ser felices. Aunque ya sabemos que esto es un engaño de nuestra mente. Con lo que tienes y con lo que ya cuentas, puedes ser feliz, sólo que se te ha olvidado cómo hacerlo. Y es que existen muchas personas que con mucho menos de lo que tú posees, han aprendido a ser felices, no porque se hayan resignado, si no porque han comprendido, la mayor lección de vida, y es que el Ser no necesita tener, para sentirse satisfecho. No eres lo que tienes, ni lo que tienes te define.

¿Qué pasaría entonces, si lo perdieras todo?

¿Que dejarías de Ser?

¡Qué tontería!. Eres con y sin posesiones. Esa es tu esencia.
La paradoja de todo esto, es que nunca puedes dejar de Ser, aunque te quedes sin nada, y aún sin nada, seguirás siendo.

¿A caso todos los ricos  o gente exitosa, son felices?

Y ya para ir acabando, me gustaría que imaginases, que de la noche a la mañana, pierdes todas tus pertenencias. Pierdes tu casa, tu coche, todos tus bienes…teniendo que enfrentarte al mundo sin nada, tan sólo contigo. Tienes la tranquilidad, que para comer, dormir y asearte, puedes acudir, a diferentes centros para la beneficencia que hay en tu cuidad.

¿Qué harías?

¿Cambiarías tu forma de vivir?

¿Cuáles serían tus objetivos en la vida, si no tuvieses nada que guardar, ni facturas que pagar, ni nada que poder comprar?

¿Podrías ser feliz sin nada, más que contigo?

Espero que esta reflexión te ayude a seguir entendiendo, que crear necesidades inventadas, es una trampa y que si caes en ella, te sentirás tremendamente insatisfecho.

«No busques fuera lo que te gratifica dentro, busca dentro, lo que te gratifica, dentro y fuera.»

Screenshot_20201220_204650

Lo que buscas fuera ya está dentro.

Lo que buscas fuera, ya está dentro. Dentro de ti. Contigo. Esperando pacientemente a que repares en ello. Mirándote de reojo, mientras tú, desvías la mirada.

Fuimos construidos con los sentidos vueltos hacia fuera. Por eso miramos, oímos y sentimos el exterior. Aunque lo importante no está ahí fuera, si no dentro. Lo de fuera nos despista, haciéndonos creer que lo que necesitamos procede de lo externo, cuando en realidad, ya lo portamos dentro. Porque lo que buscas fuera, ya está dentro. 

«Aquel día en que abrió el loto, mi pensamiento andaba vagabundo, y no supe que florecía. Mi canasto estaba vacío y no vi la flor.
Sólo de vez en cuando, no sé qué tristeza caía sobre mi; y me levantaba sobresaltado de mi sueño y olía un rastro dulce de una extraña fragancia, que erraba en el viento del sur.
Su vaga ternura traspasaba de dolor nostálgico mi corazón. Me parecía que era el aliento vehemente del verano que anhelaba completarse. ¡Yo no sabía entonces que el loto estaba tan cerca de mi, que era mío, que su dulzura perfecta, había florecido en el fondo de mi propio corazón.»
(Rabindranath Tagore) 

Buscar en lo externo, sólo te refugia del dolor. Asimismo te hace perder el tiempo porque buscar fuera, es buscar en la ilusión. Aunque creas que es lo externo, lo que puede proporcionarte eso que necesitas. Muy dentro de ti, sabes que estás equivocado. Sin embargo, nunca cesas de buscar. Porque eso ha sido lo que has aprendido a hacer. Nada te llena, pero sigues enfocando tu mirada hacia el mismo sitio, sin percatarte que tú eres el mejor sitio y el mejor lugar. Buscas en la gente, en tus vicios, en tus experiencias vacías, buscas encontrar, sin saber si quiera, qué es lo que tienes que encontrar. Y aquel que busca, sin saber lo que tiene que encontrar, no encuentra nada.

Quizás sueñes con el éxito, con el dinero, con cosas materiales. Esto tan sólo te despistará de tu propósito real. Te mantendrá entretenido, durante breves momentos y acabados estos, tendrás que volver a buscar. Lo que buscas fuera, ya está dentro. Sólo que sigues mirando hacia fuera. Dentro de ti, lo material, no tiene importancia, te sobra, en realidad, porque ya estás completo, siendo quién eres.

La palabra éxito, proviene del latín «exitus», que significa salida. Salida hacia dentro. No hacia fuera. Fuera no encontrarás la salida. Sólo encontrarás formas y apariencias, no contenidos. Fuera tampoco no te encontrarás a ti. Encontrarás tus reflejos y proyecciones, pero el reflejo real, tú, no se encuentra fuera, si no dentro.

Mientras el ruido de fuera te aturde, el silencio de dentro, te calma. Cuando la luz de fuera deslumbra, la luz de dentro ilumina. Y cuando lo que sientes fuera, te daña, lo de dentro es una caricia para el alma. Lo de dentro eres tú, lo de fuera, tus ilusiones. Ilusiones que no hablan de ti, mas sólo lo aparentan. Y es que es lo que hacen las ilusiones, aparentar algo que no son. Aparentar partes de ti y tú eres mucho más que las apariencias de las diferentes partes. Eres el conjunto de todas esas partes que no aparentan, si no son.

Tú ya tienes las respuestas, sólo que no te escuchas. En ti también están las visiones, sólo que no las ves. Y por supuesto que también dispones del significado, sólo que no lo sientes. No percibes lo que eres, porque sólo percibes, lo que aparentas ser.

«No corras, vete despacio, que dónde tienes que llegar es a ti mismo.»
(Juan Ramón Jiménez)

Vas corriendo a todas partes, no descansas en ti. Tienes prisa de encontrar, aunque desconoces dónde buscar. Cuando te acercas a ti, te distrae lo de fuera, volviéndote a perder. No te apures, sólo cuando llegues a casa, lo sabrás.

«Todos tomamos los límites de nuestra visión, como los límites de nuestro mundo.»
(Arthur Schopenhauer) 

Screenshot_20201115_190926

Invierte en lo que te hace bien.

Invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace gastar el dinero. Aunque existen muchos tipos de inversiones, todas ellas tienen algo en común. Y es que a pesar de que se agoten algunos de nuestros recursos, para realizarlas a priori, el objetivo final, de una óptima inversión, siempre es obtener algún tipo beneficio.

Por ejemplo, puedes invertir en valores de bolsa o apostar por algún fondo de inversión. Para evitar riesgos y no perder todo lo que inviertes, antes deberás realizar un estudio exhaustivo de cuáles son los valores más seguros, teniendo muy en cuenta, las sensibles fluctuaciones del mercado. Si prefieres no arriesgarte tanto, quizás, seas de los que te decantes por asegurar tu futuro, depositando parte de tus ahorros, en un plan de pensiones o similar. También puedes invertir tu dinero en los juegos de azar o en las apuestas. Otra forma de invertir, es emprenderse en un nuevo negocio. Incluso, puedes invertir en ladrillo y adquirir inmuebles para más tarde sacar partido de ellos.

Todos los ejemplos, anteriormente descritos, hablan de beneficios económicos. De las ganancias financieras que te reportan ciertos tipos de inversiones. Y es que se puede invertir sólo para ganar dinero, fomentando así que crezca tu fortuna, pero,

¿Cuánto hace que no inviertes en ti, para crecer tú?

Aumentando tu capital, lo único que consigues es hacer que crezca tu patrimonio, pero no tú cómo persona. Quizá, cuando ganas algo de dinero extra, te sientas en lo más alto y muy orgulloso de tu logro, pero si te fijas bien, eres el mismo que antes, aunque con más dinero.

Para crecer como persona tendrás que volver a invertir parte de lo ganado, en otra serie de actividades o servicios, que te reporten otro tipo de beneficios. Beneficios internos y que perduren en el tiempo. Porque lo material y lo externo, como viene, se va. El dinero como se gana, también se puede perder, y normalmente, cuesta mucho menos gastarlo, que ganarlo. En cambio, todo lo que se produce a nivel interno, si se integra de la manera correcta, no tiene porqué abandonarte nunca, y esto puede que no aumente tus riquezas, pero sí que te enriquecerá mucho más.

No quiero decir con esto, que el dinero no sea necesario, porque sí que lo es. La vida cuesta dinero, pero priorizar la necesidad de ganar dinero, en detrimento a sacrificar otras necesidades, puede también costarte la vida. Enfocarse sólo en el éxito material, no te hará una persona exitosa. Te hará más rico, pero no más feliz. Y es que tu felicidad no depende de lo tienes, si no de quién eres y de lo que haces con eso que tienes, ya sea mucho o poco. Por eso, invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace gastar el dinero.

Imagina que abren una nueva tienda en tu vecindario. Ofreciendo algo totalmente innovador. Porque no venden ropa, ni alimentos. Tampoco venden muebles, ni electrónica, ni accesorios o complementos. Lo que venden son pensamientos. Pensamientos potenciadores que tú mismo puedes adquirir para ti, o para regalar. Los servicios de este nuevo establecimiento son bastante similares a los servicios que ofrecen otros establecimientos. Se permiten las devoluciones y ofrecen una garantía de dos años. En el caso de que en esos dos años, el pensamiento, se estropee o no funcione de la manera esperada, podrás llamar a los técnicos especialistas en pensamientos, para reparar lo que no ande bien.

¿Entrarías en ese establecimiento?

¿Comprarías en él?

¿Qué demandarías primero?

Y quizás te parezca algo rocambolesco o de ciencia ficción que pueda existir una tienda de estas características, pero si lo piensas bien, ya existen, este tipo de establecimientos.

¿Qué es una librería, si no un acumulador de nuevos pensamientos, contenidos en sus diferentes libros?

¿Qué hacen los profesionales, que trabajan en el campo del bienestar, físico, emocional, mental o espiritual?

No hay excusas para que demores más el invertir en ti. Invertir en ti, para que crezca tu bienestar y no tu cartera. De hecho es muy probable que si creces por dentro y sanas eso que tienes que sanar, te será mucho más fácil hacer crecer también tus ingresos. Porque cuando tú te estancas, todo se estanca. Mientras que si tú fluyes, todo fluye también, a través de ti.

Así que invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace perder dinero.

¿En qué inviertes que te hace ganar?

¿En qué inviertes que te hace perder?

Repito: invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace gastar el dinero. No te pierdas sólo en tus ganancias económicas. Gana en tu propia evolución y todo lo demás, crecerá contigo.

Screenshot_20201108_185438

Cambia de dieta.

Cambia de dieta. Aliméntate tú y no dejes que tus emociones se alimenten de ti.

No me cansaré de repetir, que todos los cambios que intentes establecer en tu vida, han de ser de dentro a fuera. Por tanto, si cambias lo de fuera, manteniendo intacto lo de dentro, ese cambio que esperas, estará incompleto. Es muy probable además, que regreses al estado de partida, ya que cambiar la forma, sin alterar el contenido, no puede transformar el todo al completo.

Piensa en un edificio en ruinas. Su fachada principal está dañada, y lo de dentro, se cae a pedazos, aunque no se aprecie desde fuera. Observas desde abajo, como un equipo de albañiles trabaja todos los días, en reformar el inmueble. Tras meses de duro trabajo, la fachada ha mejorado mucho. No parece el mismo edificio. Así que tu curiosidad te lleva a concertar una cita con la inmobiliaria, para visitar el interior. Ya que quizás, alguno de sus pisos, pueda encajar con lo que andas buscando.

Nada más entrar en el edificio, compruebas que ese exterior que tanto te gustó reformado, no se corresponde en absoluto, con el interior. Y es que su interior sigue en ruinas. Los operarios de la obra no han modificado nada de él, ya que sólo tenían órdenes de centrarse en la fachada del edificio. Te decepciona lo que ves. Y es que por mucho que te guste la fachada, su interior, no te agrada lo más mínimo.

¿Te interesarías por el precio?

¿Cuántas veces has intentado cambiar la dieta, con la intención, de cambiar el aspecto físico de tu cuerpo?

¿Mejora esto, tu estado interno?

¿Lo de fuera tiene el poder de mejorar lo de dentro, o es lo dentro, el que tiene el poder de mejorar lo de fuera?

Tu cuerpo, sería la fachada de ese edificio y tu interior, su interior en ruinas. Si sólo te preocupas por tu fachada, obviando lo de dentro, tu transformación se quedará a medias. Es cierto que tu apariencia también habla de ti y que debes cuidarla, pero si no mejoras también lo de dentro, lo de fuera, se quedará tan sólo en eso, en una apariencia vacía y sin contenido.

¿Tú dónde vives, fuera o dentro del edificio?

Si tuvieras que elegir,

¿Qué preferirías reformar el interior del edificio o su fachada?

Y para reformar lo de dentro, puedes empezar por cambiar de dieta. Y no me refiero sólo a lo que comes, si no con lo que te alimentas. No sólo te nutres a través de los alimentos. Disfrutar de una experiencia agradable, por ejemplo, te nutre de muchas maneras. Seleccionar los pensamientos adecuados, te ayuda a alimentar eso que quieres construir y por tanto, sentir. Ser creativo y menos analítico, te proporciona uno de los mejores nutrientes, que ningún super alimento puede darte. Relacionarte con las personas adecuadas, puede cambiar tu vida. Así que te animo a cambiar de dieta.

Te propongo:

1. Ponte a dieta de pensamientos limitantes. Siembra en tu jardín de las ideas, las semillas adecuadas. De este modo, las cosechas que recojas, serán tu mejor alimento.

2. Acepta tus emociones y no las engullas sin más. Un buen masticado, siempre favorece la digestión.

3. Llénate de Vida y no con comida. La comida indigesta, mientras que disfrutar de la Vida, te da la Vida.

Estos son tan sólo algunos ejemplos, por los que puedes comenzar, para cambiar de dieta.

Aunque las dietas son muy personales. Puedes también analizar,

¿Con qué sobrealimentas tu vida y con qué la malnutres?

Obviamente, cuando te digo: «Cambia de dieta», no estoy hablando exclusivamente de alimentos. Porque no sólo nos nutrimos a partir de ellos. Me refiero a que intentes identificar cuáles son los excesos más recurrentes en tu vida y cuáles las carencias. Ya que encontrar el equilibrio entre tus defectos y tus excesos, también te puede ayudar a cambiar de dieta. Así es que,

¿En qué te excedes en tu vida?

¿Y en qué te contienes?

Haz balance. Y cuando lo tengas claro, igual debes empezar a reducir eso con lo que te excedes y aumentar las raciones de eso que te contienes o reprimes.

No te obsesiones con tu cuerpo, ya que este sólo expresa la respuesta a cómo te sientes. Siéntate contigo, y escucha eso que sientes. Porque si te nutres bien por dentro, no tendrás que sobrealimentarte, ni malnutrirte con lo de fuera. Para alimentarte bien, no tienes que cambiar todos los alimentos de tu dieta. Sólo aquellos que tragas por costumbre o por vacío. Así que cambia de dieta, para no tener que cambiar toda tu dieta.

Continente y Contenido

ea83aed7-62ea-4418-9e98-ce5297c3f43b

Se tú el Cambio

Imagínate que a partir de ahora mismo, alguien te otorga el superpoder, de cambiar a la gente, cuando no te guste algo de ella. Serías el único en el mundo que disfrutaría de tales poderes. Nadie más conocería tus dones y además podrías transformar a la gente, sin necesidad de tenerla cerca, porque tú superpoder, se despliegaría también en la distancia.

¿Te lo imaginas?

¿Qué crees que sucedería?

¿Usarías mucho ese superpoder?

¿Con quién lo probarías primero?

Seguro que más de una vez, has pensado que todo sería mucho más fácil, si pudieras cambiar la forma de actuar o de pensar de alguna persona de tu entorno próximo. Sin embargo, ese dominio, de poder transformar a los demás a nuestro antojo, es más propio de cualquier película de ficción, que de la vida real. 

Imagina ahora, que tras pasar largos años disfrutando de ese superpoder de cambiar a la gente. Debes entregar tu don, a otra persona. Cediendo tu poder, te expones a que alguien quiera cambiarte y lo haga. 

¿Te dejarías cambiar sin rechistar o te resistirías hasta el final?

¿Y los demás, no pueden pensar igual que tú?

El hecho de tener la necesidad de cambiar a los demás. No te deja opción a cambio. Si tuvieras ese superpoder y lo emplearas con frecuencia, tú no evolucionarías. Te mantendrías cómodamante en tu zona de confort. Cambiarías las perspectivas de los demás, para que coincidan con la tuya. No para aprender de todas las demás perspectivas, si no para que te den la razón. Y eso te aleja de tu evolución. Amplia el mapa y si pides cambio, se tú el cambio, no esperes que los demás te lo traigan. La transformación de los demás, no tiene porqué coincidir con la tuya. No esperes a que cambien los demás, para cambiar las cosas. Empieza tú, por ti. Cambia y ya verás como todo lo demás, también lo hace. Sólo cuando el cambio viene de dentro, se proyecta fuera. Ese es tu poder.

Y es que no necesitas de más Superpoderes para promover el cambio. Ya posees todo lo que necesitas para hacerlo. El cambio es lo único que no cambia y tú, estás a sólo un pensamiento de poder conseguirlo.

¿Lo cambias?

Contacta conmigo!

Contacto

Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

¿Te apuntas?
logo-laura-fernandez

Laura Fernádez ©
Todos los derechos reservados