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Nunca mejora su estado quién muda de lugar.

«Nunca mejora su estado quién muda de lugar, y no de vida y de costumbres».(Francisco de Quevedo)

Puedes mudarte cambiando sólo tu ubicación, pero si no mudas también la piel, para adaptarte a ese nuevo destino, el nuevo lugar, será para ti, una copia casi idéntica al anterior. En cambio, si cambiases de vida y de costumbres, en el lugar que habitas, sin necesidad de abandonarlo, te parecerá entonces, que te has mudado de lugar.
 
¿Qué dicen tu vida y tus costumbres de ti?

¿Cómo mejoran o empeoran el lugar que habitas?

¿De lo que sueles hacer, qué beneficia a tu lugar y qué lo perjudica?

¿Y cuánto de lo que no haces, podrías hacer, para mejorar tu lugar?

Y es que no hace falta mudarse de lugar, para empezar de cero o para cambiar de estado. Puedes empezar de cero, haciendo cosas diferentes, en el mismo lugar. Así, poco a poco, el lugar que ya no te convence, se convertirá en tu nuevo lugar.

¿Qué es lo que menos te gusta de tu vida?

¿Qué puedes hacer para cambiar eso?

Muchas veces los cambios que buscamos, no son acciones concretas. Si no cambios, simplemente de perspectivas o de forma de pensar. Asimismo, un cambio en tu manera de ver las cosas, puede ser suficiente, para mejorar tu estado, sin necesidad alguna, de hacer más cosas. Porque las cosas dejan de ser las mismas, cuando las miramos de manera diferente, lo mismo sucede con los lugares, que parece que cambian su ubicación, cuando cambiamos la mirada.

Coge lápiz y papel, para confeccionar una lista con todas tus costumbres. Las cosas que haces en tu día a día, todas ellas, las buenas y las menos buenas. Cuando la tengas hecha, tendrás que analizar muy bien, cuántos de esos hábitos son beneficiosos para tu día día y cuántos perjudiciales.

¿Te ayudan tus costumbres, o por el contrario te entorpecen?

Si en tus hábitos predominan las costumbres que te ayudan a ser mejor persona, a conseguir eso quieres, o aquellos que simplemente, te hacen sentir mejor, te felicito por ello. Además te animo a que no pierdas esas buenas costumbres, prémiate con algo, porque te lo mereces. 

En cambio, si al analizar la lista, compruebas que la mayor parte de tus costumbres, la componen prácticas nada constructivas, si no destructivas, te invito a que vayas modificando poco a poco esa lista. No hace falta que cambies todos tus «malos» hábitos de golpe, si no de manera gradual. Y si eliminas una costumbre perjudicial para ti, introduce otra, que te beneficie en algo. Porque no es sólo dejar de hacer eso que no te hace bien, es empezar a practicar lo que sí, para sentirte mejor.

Nunca mejora de estado quien muda solamente de lugar. Cambia algo para que pase algo. Mejora tus costumbres y mejorarás tu vida. Mejora tu vida y mejorará también tu entorno. No te adaptes a tus costumbres si estas ya no tienen nada bueno que aportarte. ¡Cámbialas!. La vida está en constante evolución, y tú formas parte de ella. Si no quieres pasear por ahí desactualizado, tendrás también, que permitirte evolucionar con la vida. Puede que te cueste un poquito al principio, pero en cuanto empieces a percibir los buenos resultados, no podrás hacer otra cosa, más que fluir con los cambios.

¿Sabes en quién te quieres convertir?

Porque muchas veces, ni si quiera sabemos lo que queremos. Sólo sabemos lo que no queremos. Y para empezar a construir nuestra nueva vida, hay que ser muy precisos con eso que queremos. Así que dedícate tiempo a pensar en quién te quieres convertir y cómo quieres que se desarrolle tu vida, antes de modificar tus costumbres. Las mejoras debes llevarlas a cabo, sólo cuando tengas claro lo que quieres. Ya que si no lo sabes, puede que modifiques cosas que no tenías que haber modificado. Y esto puede traerte peores consecuencias.

Asimismo, plantéate las siguientes cuestiones: 

¿Conoces a alguien que ya haya logrado, lo que tú aspiras?

¿Y cuáles son las costumbres que practica?

Ya que otra opción muy lícita y constructiva, es aprender de lo que funciona. Dicho de otra forma, modelar a las personas a las que nos gustaría parecernos. Bien por su forma de ser, o por sus buenas costumbres. Si tienes a alguien así en tu entorno, no dudes en preguntarle, qué que hace para estar tan bien. Quizá te de algo de vergüenza al principio, pero piensa que esta práctica, además de halagar a la persona en cuestión, te puede proporcionar muy buenas ideas. Las mejores ocurrencias, pueden venir de los lugares más insospechados, así que, no lo dudes y modela todo aquello que te pueda venir bien.

«El pasado tiene sus códigos y costumbres»(Sócrates)

El pasado tiene sus propios códigos y costumbres, y el presente también. No vivas tu presente con códigos o costumbres, ya obsoletos. Adapta tus costumbres al presente y no te adaptes a lo que ya no te funciona. No es el lugar que habitas lo que tienes que cambiar, es hacer de ese lugar, un nuevo lugar para habitar. Dicho de otra forma, no adaptarte al lugar, si no hacer que ese lugar, se adapte a ti.

Y recuerda siempre que nunca mejora su estado quién muda solamente de lugar, y no de vida y de costumbres. Por eso antes de moverte de lugar, quizás debas movilizarte para transformar lo que ya no te sirve, por lo que sí. 

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El Todo es distinto de la suma de las partes.

El todo es distinto de la suma de las partes. Ya que empleando las mismas piezas de un todo, puedes construir, más de un todo diferente. El todo no es sólo la suma. Es también el orden, el lugar, el momento, la disposición, la sinergia, el contexto. El todo algunas veces suma, otras resta o multiplica, incluso puede llegar a dividirse, o realizar varias operaciones a la vez. El todo más que hablar de sus piezas, habla de su conjugación. De cómo combinan unas con otras, de como chocan entre sí, de la manera que tienen de repelerse y atraerse, de cómo destruyen y se construyen. 

La forma que es el todo, adquiere valor, mientras que el contenido, que son las piezas, se desvaloriza. El todo aunque contiene, no es sólo lo que tiene. Las piezas sujetan al todo, pero este no sólo se sujeta a través de sus piezas. Si un todo prescinde de una parte, puede alterar al conjunto, o quizás, no. De la misma manera que si añade alguna parte nueva, puede cambiar la totalidad, o mantenerla como está.
 
Imagina un conjunto de piezas Lego. Primero, me gustaría que las imaginases desordenadas y esparcidas por ahí. A pesar del desorden y del sin-sentido de su disposición, esto formará el primer todo independiente. A continuación, con esas mismas piezas, formas una nueva construcción, una casa de colores, por ejemplo. Esas mismas partes, que en principio parecían desordenadas, han formado un nuevo todo, también independiente. Y ya por último, vuelves a coger las mismas piezas, para construir otra cosa, un cofre del tesoro, por ejemplo. De esta manera, podías estar hasta el infinito. Porque el todo es distinto de la suma de las partes. Estos ejemplos, demuestran que empleando las mismas partes de un todo, se puede construir más de un todo diferente.

¿No sucede esto mismo, contigo?

Tú también eres un conjunto de piezas. Y según como ordenes esas partes, puedes construir una cosa u otra. Tus partes son como las piezas Lego, por tanto, la manera que tienes de unirlas todas, determinará tu conjunto final. Esto es de suma importancia, ya que tú decides el orden y la distribución de las piezas. También tendrás que tener muy en cuenta, el lugar y el momento en el que las colocas o des-colocas, y esto puede ser crucial para el sentido de tu totalidad. Y es que tu todo, también se comporta como el todo que es distinto de la suma de las partes.

Muchas veces te desordenas sin darte cuenta. Dejando tus pedazos esparcidos por ahí. Es como si de repente, tu todo se quebrara, permitiéndote así, hacer contacto con tus diferentes piezas. Esta es una gran oportunidad para reencontrarse. Romperse es de los mejores momentos, para volver a empezar y reconstruirse. Cuando tu todo se rompe, un amplio abanico de posibilidades, se abre.

Puedes volver a colocar las mismas piezas, exactamente igual, a como estaban pegadas. Y aunque esto te parezca que te traerá más de lo mismo, no tiene porqué ser así. Ya que en realidad, tú no eres el mismo. Al romperte, ya cambiaste. Antes de recoger tus pedazos, ni si quiera sabías de qué estabas compuesto. Ahora tienes una nueva perspectiva de tu todo y de ti.  Asimismo, también puedes ir probando y cambiar, el orden, el lugar, el momento, la distribución de algunas, o de todas tus piezas. Jugar con los mismos pedazos de manera diferente, para así crear nuevas jugadas. O incluso, cambiar de juego, para construir con lo viejo, algo nuevo.

Después de recoger tus pedazos, 

¿Qué todo construirías?

¿Una casa de colores, dónde poder habitar en paz? 

Puede pasar, que tras recoger todos tus pedazos. No sepas por dónde empezar a construir. Y es que no tienes porque saberlo. Tampoco tienes que hacer nada, si no quieres. Con tan sólo contemplar lo roto, ya estás construyendo. Y esto, aunque parezca sencillo, no lo es. Contemplarse roto, duele, pero no aceptar tu dolor, duele más. Negar lo que te hace daño, es rechazar, y rechazar, no es amar, ni amarte. Tómate tu tiempo. Ama también lo que te lastima, lo que te rompe. Abraza tu vulnerabilidad, ella también necesita de tu cariño. Porque si el todo es distinto de la suma de las partes, debes abrazar tanto al todo al completo, como a cada una de sus partes por separado.

El que es capaz de admitir sus debilidades, mientras se ve reflejado en ellas, no es el débil, si no el fuerte. Se requiere de una gran fortaleza interior, para poder hacerlo. El débil siempre mira hacia otro lado, mientras que el fuerte, siempre sabe hacia donde tiene que mirar. A pesar, de que no le guste todo lo que contempla, y es que es ahí, donde reside su mayor fortaleza. 

No te apresures por ordenar. Encuentra primero el orden entre tu desorden. Lo que te rompió, habla más de ti, que todo eso que te esforzabas por mantener pegado. Lo que hizo que te quebraras, es lo que debes guardar en tu cofre del tesoro. Porque fueron precisamente tus partes rotas, las que hicieron que te volvieras a encontrar.

El todo es distinto de la suma de las partes. El todo eres tú y tus partes, lo que dan consistencia a ese todo. Y es que eres mucho más que la suma de tus pedazos. Tus pedazos definen tan sólo una parte de ti, la otra parte no depende de ellos, si no de cómo tú, te encuentras con ellos.

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Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

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