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Tu aburrimiento es un mecanismo para…

Tu aburrimiento es un mecanismo para no hacer contacto. Cuando te aburres a solas o en compañía, es porque no logras conectar con lo que haces, contigo mismo, o con los demás. Algo te lo impide. Muchas veces, damos por hecho que son las situaciones o las conversaciones con los otros, las que nos hacen sentir ese aburrimiento y desconectar. Sin embargo, esas situaciones o las tediosas conversaciones, no son las responsables de mantener tu atención, ya que tu atención, la diriges tú y por tanto, eres el único responsable de atender o no.

¿Cuándo fue la última vez que sentiste aburrimiento?

¿Estabas a solas o en compañía?

¿Qué estabas pensando mientras te aburrías?

Tu atención sólo puede atender a una cosa a la vez. Y si te encuentras manteniendo una conversación con alguien y te aburres, es muy probable que estés atendiendo a otra cosa dentro de tu cabeza. Quizá haya algo que te ronda porque lo tienes pendiente por resolver, o tal vez sea, que mientras el otro habla tú también lo hablas, pero desde dentro y no hacia fuera, a modo de crítica o de juicio, que por lo que sea, no lo quieres compartir con él. De esta manera, es tu diálogo interno el que te hace perder el hilo de la conversación, porque te desconcentras. Dentro de ti, ya estás manteniendo una conversación, y si sigues escuchando lo de fuera, no puedes atenderte a ti y viceversa.

Puede ser también, que sientas aburrimiento al comenzar con una tarea determinada. Y como en los ejemplos anteriores, no es la tarea en si, lo que te causa ese aburrimiento, si no lo que estás pensando mientras tanto. Es cierto, que todas las actividades que tenemos que llevar a cabo en nuestro día a día, no tienen porqué ser de nuestro agrado, pero que no nos guste hacerlas es una cosa, y otra bien distinta, es que nos causen aburrimiento. Si te aburren es porque no quieres hacer contacto con ellas. Porque te enredas en tus pensamientos o diálogos internos, de todo lo que podrías estar haciendo, si no tuvieras que hacer esa labor que te desagrada. En cambio si no pensases en lo que podrías hacer, y te pusieses, sólo a hacer, la tarea sería bastante más llevadera.

Aunque también puedes sentir aburrimiento contigo a solas. No es necesario que haya alguien más para sentirte aburrido. Ni tan siquiera tienes que estar haciendo algo concreto para aburrirte. Si esto te sucede a menudo, que te aburres a solas, contigo, es muy probable, que los asuntos que tengas pendientes, sean en este caso, contigo mismo y que no quieras hacerte cargo de ellos.

No olvides que tu aburrimiento es un mecanismo para no hacer contacto. Y que cuando te sientes estupendamente bien y pleno del todo, es como que no hay cabida para el aburrimiento. Incluso se te escapa el tiempo y te gustaría poder crear más tiempo. En cambio, cuando el aburrimiento se adueña de tu tiempo, eres tú, el que quiere escapar de él.

«La conciencia del tiempo, bajo su forma más pura, es el aburrimiento, es decir la conciencia de un intervalo que nada atraviesa o que nada puede llenar.» (Louis Lavalle)

Cuando el tiempo se te hace largo y tedioso, es porque nada te atraviesa, porque nada hace contacto contigo, ni tú con ello. Y si no encuentras nada que te llene, ni siquiera tú mismo, es porque probablemente, estés lleno ya de cosas, que no te son de utilidad, y tendrás que vaciar, antes de poder llenarte con más. Vaciar los pensamientos, los juicios, las culpas y las preocupaciones, porque no te permiten disfrutar. En el momento en que te hagas consciente, de qué es eso que te hace aburrirte, de tanta repetición, ya haces contacto con ello, y esto provocará que desaparezca tu aburrimiento. Porque habrás conseguido contactar contigo y con tus temas pendientes, para ya más tarde, y si te apetece, hacer algo con ellos, o no.

«El aburrimiento es lo que queda de los pensamientos, cuando las pasiones son eliminadas de ellos.» (Alain)

Nunca he oído a nadie decir que la pasión es aburrida, tal vez intensa, pero no aburrida. Los pensamientos y sobre todo los más recurrentes, sí que pueden serlo, tremendamente aburridos. El pensar mal, puede llegar a ser agotador. La pasión en cambio, aunque nos agote, por su intensidad, siempre es bienvenida. Porque nos estimula, hace contacto con nosotros y nos recarga con más pasión. Vivir la vida con pasión, es justo lo contrario a vivir aburrido y con tedio por todo. Porque con lo que nos apasiona, hacemos contacto, y con lo que no, nos desconecta.

Tu aburrimiento es un mecanismo para no hacer contacto. Pero aunque no te lo parezca, todo en esta vida está concebido para hacer contacto, porque todo está conectado, de algún modo u otro, lo que no siempre nos permitimos conectar. O quizás conectamos con eso que no tenemos que conectar.

Y para hacer contacto, en esos momentos en los que sientas que el aburrimiento te perturba, te propongo tan sólo dos cosas:

1. PRESENCIA: Para que tomes conciencia de eso que te hace sentir aburrimiento. Tendrás que analizar cuáles son los pensamientos o diálogos internos que te hacen desconectar. Una vez detectados, podrás hacer algo nuevo con ellos, o no, permitiéndote así volver a conectar sin tener así que huir del presente y aburrirte.

2. ATENCIÓN: Redirigirla, en el caso de que esté deambulando por ambientes «aburridos». Y hacerte cargo también de ella, para permitirte conectar de nuevo, con la pasión y no con la distracción.

¿Si tu aburrimiento es un mecanismo para no hacer contacto, cuál es entonces, el mecanismo que utilizas para conectar?

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No te daña lo que te pasa.

No te daña lo que te pasa, te daña cómo interpretas eso que te pasa. Lo que sucede, en realidad, no tiene el suficiente poder cómo para afectarte ni positiva, ni negativamente. Sin embargo, cuando te afecta, es porque permites que así sea.

Las personas solemos tener la impresión, de que los hechos externos, o lo que es lo mismo, lo que nos pasa, impactan en nuestras vidas, de tal manera, que provocan en nuestro ser, todo tipo de emociones. Emociones como rabia, satisfacción, placer, enfado, tristeza… Es decir, que asociamos directamente lo que pasa fuera y es totalmente ajeno a nosotros, con lo que nos pasa dentro. Dicho de otra forma, vinculamos los sucesos externos con nuestras emociones internas.

Por tanto, si esto fuera así, lo que te pasa, sería la causa de tu malestar; y el cómo te sientes, la consecuencia de lo que se ha acontecido, sin que tú tuvieras nada que ver al respecto. Tú lo sientes, pero no has sido tú, quién lo ha provocado, si no que ha sido el hecho en cuestión, el que te ha provocado a ti. Esto es, tú no eres el responsable de lo que sientes, ni cómo te sientes, si no que le cedes esa responsabilidad a lo que pasó.

¿Es correcto esto?

¿Que una circunstancia concreta pueda cambiar tu estado de ánimo, por si sola, o en realidad sí que tienes algo que ver con el cambio de estado?

Imagina que vas caminando por la calle, sujetando con las dos manos, una docena de huevos, recién adquiridos. De repente, alguien se choca contigo e inmediatamente, la docena de huevos se cae al suelo y se rompen casi todos ellos.

¿Cómo reaccionarias?

¿Por qué crees, que se cayó la docena de huevos al suelo?

¿Porque alguien se chocó contigo?

¿Tal vez, porque no estuviste lo suficientemente atento, como para predecir que alguien se aproximaba?

¿O quizás, porque la gente anda muy despistada?

Y es que la docena de huevos se cayó al suelo, porque sujetabas una docena de huevos. Si hubieses sujetado una coliflor o un pack de leche, se habría precipitado al suelo, la coliflor o el pack de leche. Quizás esta respuesta no te convenza así de primeras, tal vez sea, porque sigues prefiriendo hacer responsable a las circunstancias externas, o a los demás, de cómo te sientes y de cómo te comportas.

Porque no te daña lo que te pasa, lo que te daña, es cómo interpretas eso que te pasa.

¿Sigues pensando que si no te hubieras chocado con el despistado, te podrías haber ahorrado el disgusto?

Si aún sigues pensando así, es porque crees que el suceso, fue el que empeoró, tu estado de ánimo. Ya que aún tienes la percepción de que existe una relación directa entre los hechos externos, con tus emociones internas.

¿No crees que se te olvida algo?

¿Qué crees que puede haber en medio, de esa relación que has establecido, entre los hechos y tu estado?

¿Dónde queda tu interpretación, entonces?

Puesto que tu interpretación, sí que tiene una relación directa con cómo te sientes. Son tus pensamientos los encargados de interpretar el suceso en sí. Así que dependiendo de los pensamientos que elijas en ese momento, te sentirás de una manera o de otra.

Volvamos al ejemplo anterior. El hecho de pensar, que el que se chocó contigo, iba despistado, ya es una interpretación. Probablemente pensaste eso, porque tu diálogo interno tampoco te ayudó mucho. Seguro, que te dijiste algo así como: «¡Vaya!, la gente va como loca por la calle. Y ahora por su culpa, tendré que volver a la tienda, a comprar otra docena. ¡Maldita sea!». O algo similar.
Es decir, que tu interpretación de lo que estabas pensando, te hizo reaccionar de una manera determinada. En cambio, si tu diálogo interno, te hubiese tranquilizado, con algo como: «Tranquilo, que son sólo unos huevos. Y los dos parece que estamos bien, a pesar del susto.» Tú reacción y por supuesto, cómo te sientes después del encontronazo, hubiese sido bien diferente. Por este motivo, no te daña lo que te pasa, si no cómo interpretas eso que te pasa.

Imagina ahora que tú reacción, fue maleducada y nada comprensiva. Lo hiciste sin pensar. Y tras coger aire, te percatas que ese alguien despistado, sujeta un bastón en su mano derecha. Tras fijarte un poquito mejor, te das cuenta, que quien se chocó contigo era una invidente. Entonces,

¿Quién se chocó con quién?

¿Qué harías ahora, para deshacer el desaguisado?

Y es que no hay necesidad de deshacer entuertos, si no los provocamos. Si hubieses pensado «correctamente» antes de actuar, nada de esto te habría pasado. Por eso tus pensamientos, tu diálogo interno y tu interpretación de los hechos, son los únicos responsables de cómo te sientes, pase lo que pase, en el mundo exterior. En tu mundo interno, sólo habitas tú. Y lo exterior, no tiene porqué dañar lo interior, si tú no lo permites. Aunque si andas dañado internamente, es muy probable, que también te afecte lo de fuera. Pero no porque esto pueda hacerte daño, si no porque el daño, ya está hecho, y viene de dentro.

Así que,

¿Qué puedes hacer para que lo de fuera no te afecte tanto?

– Lo primero que tienes que hacer es cuestionar, si eso que piensas, es decir, lo que oyes dentro de tu cabeza y cómo lo interpretas, es verdad de buena, o simplemente es un pensamiento catastrófico y exagerado.

– Lo segundo, deberás plantearte si pensar así, te es útil para algo y si te ayuda a resolver el conflicto.

– Y ya por último, para descartar malos pensamientos, a la vez que los identificas, es tener muy en cuenta, como te hacen sentir, mientras los estás pensando.

¿Eso que piensas y dialogas contigo mismo, te produce bienestar o malestar emocional?

No te daña lo que te pasa, te daña, la interpretación que les das, a eso que te pasa. Los sucesos no son los que te hacen reaccionar, es la manera que tienes de ver esos sucesos, la que provoca tu reacción. Tu estado interno, está totalmente implicado en tu manera de interpretar, pensar y también en tu diálogo interno. Cuida tu estado, cuida de ti y así no tendrás que cuidarte de lo externo.

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Invierte en lo que te hace bien.

Invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace gastar el dinero. Aunque existen muchos tipos de inversiones, todas ellas tienen algo en común. Y es que a pesar de que se agoten algunos de nuestros recursos, para realizarlas a priori, el objetivo final, de una óptima inversión, siempre es obtener algún tipo beneficio.

Por ejemplo, puedes invertir en valores de bolsa o apostar por algún fondo de inversión. Para evitar riesgos y no perder todo lo que inviertes, antes deberás realizar un estudio exhaustivo de cuáles son los valores más seguros, teniendo muy en cuenta, las sensibles fluctuaciones del mercado. Si prefieres no arriesgarte tanto, quizás, seas de los que te decantes por asegurar tu futuro, depositando parte de tus ahorros, en un plan de pensiones o similar. También puedes invertir tu dinero en los juegos de azar o en las apuestas. Otra forma de invertir, es emprenderse en un nuevo negocio. Incluso, puedes invertir en ladrillo y adquirir inmuebles para más tarde sacar partido de ellos.

Todos los ejemplos, anteriormente descritos, hablan de beneficios económicos. De las ganancias financieras que te reportan ciertos tipos de inversiones. Y es que se puede invertir sólo para ganar dinero, fomentando así que crezca tu fortuna, pero,

¿Cuánto hace que no inviertes en ti, para crecer tú?

Aumentando tu capital, lo único que consigues es hacer que crezca tu patrimonio, pero no tú cómo persona. Quizá, cuando ganas algo de dinero extra, te sientas en lo más alto y muy orgulloso de tu logro, pero si te fijas bien, eres el mismo que antes, aunque con más dinero.

Para crecer como persona tendrás que volver a invertir parte de lo ganado, en otra serie de actividades o servicios, que te reporten otro tipo de beneficios. Beneficios internos y que perduren en el tiempo. Porque lo material y lo externo, como viene, se va. El dinero como se gana, también se puede perder, y normalmente, cuesta mucho menos gastarlo, que ganarlo. En cambio, todo lo que se produce a nivel interno, si se integra de la manera correcta, no tiene porqué abandonarte nunca, y esto puede que no aumente tus riquezas, pero sí que te enriquecerá mucho más.

No quiero decir con esto, que el dinero no sea necesario, porque sí que lo es. La vida cuesta dinero, pero priorizar la necesidad de ganar dinero, en detrimento a sacrificar otras necesidades, puede también costarte la vida. Enfocarse sólo en el éxito material, no te hará una persona exitosa. Te hará más rico, pero no más feliz. Y es que tu felicidad no depende de lo tienes, si no de quién eres y de lo que haces con eso que tienes, ya sea mucho o poco. Por eso, invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace gastar el dinero.

Imagina que abren una nueva tienda en tu vecindario. Ofreciendo algo totalmente innovador. Porque no venden ropa, ni alimentos. Tampoco venden muebles, ni electrónica, ni accesorios o complementos. Lo que venden son pensamientos. Pensamientos potenciadores que tú mismo puedes adquirir para ti, o para regalar. Los servicios de este nuevo establecimiento son bastante similares a los servicios que ofrecen otros establecimientos. Se permiten las devoluciones y ofrecen una garantía de dos años. En el caso de que en esos dos años, el pensamiento, se estropee o no funcione de la manera esperada, podrás llamar a los técnicos especialistas en pensamientos, para reparar lo que no ande bien.

¿Entrarías en ese establecimiento?

¿Comprarías en él?

¿Qué demandarías primero?

Y quizás te parezca algo rocambolesco o de ciencia ficción que pueda existir una tienda de estas características, pero si lo piensas bien, ya existen, este tipo de establecimientos.

¿Qué es una librería, si no un acumulador de nuevos pensamientos, contenidos en sus diferentes libros?

¿Qué hacen los profesionales, que trabajan en el campo del bienestar, físico, emocional, mental o espiritual?

No hay excusas para que demores más el invertir en ti. Invertir en ti, para que crezca tu bienestar y no tu cartera. De hecho es muy probable que si creces por dentro y sanas eso que tienes que sanar, te será mucho más fácil hacer crecer también tus ingresos. Porque cuando tú te estancas, todo se estanca. Mientras que si tú fluyes, todo fluye también, a través de ti.

Así que invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace perder dinero.

¿En qué inviertes que te hace ganar?

¿En qué inviertes que te hace perder?

Repito: invierte en lo que te hace bien y no sólo en lo que te hace gastar el dinero. No te pierdas sólo en tus ganancias económicas. Gana en tu propia evolución y todo lo demás, crecerá contigo.

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Eso que interpretas como problema.

Eso que interpretas como problema, casi nunca, es el verdadero problema. Tu interpretación de las circunstancias, te hace creer que sí que lo es. Sin embargo, si te permitieras indagar un poco más en esa dificultad, sin dejarte llevar por lo meramente superficial, encontrarás el auténtico motivo que te hace pensar así.

Como tú, la vida también se viste por capas. Se parece bastante a una cebolla. La capa exterior, es la que perciben los sentidos. Es la capa más dura, porque es la que más expuesta está. Se enfrenta a las inclemencias del tiempo, a las miradas y juicios de los demás, también actúa como protectora, ya que se encarga de esconder el resto de capas. Asimismo, está construida por esas creencias y esas convicciones que se esconden en las capas más profundas. Aunque sea la más tosca y la más dura, es la que menos se parece a ti. Es sólo la apariencia que quieres proyectar en el exterior. Y esa apariencia, o esa última capa, la utilizas para aparentar, algo que no eres, porque no te quieres mostrar.

Lo mismo sucede con los problemas. Su capa exterior sólo habla de tu interpretación hacia ellos. Te muestra lo superficial, no el contenido importante. La información real, siempre está debajo de esa última capa. Por este motivo, eso que interpretas como problema, no es el verdadero problema.

Imagina que en el trabajo, te ascienden a un puesto superior. Pero lo que en principio te alegra y te empondera, más tarde se convierte en un problema para ti. Ya que comienzas a sentir estrés, por las nuevas responsabilidades que tienes que gestionar. Te empiezas a encontrar agobiado y sobrecargado de trabajo. Piensas que el ascenso, te queda grande, y que en realidad, no estás lo suficientemente preparado como para demostrar, lo que vales en ese nuevo puesto. Lo único que te preocupa ahora, es acabar con todo ese estrés que te ronda. 

Esa última capa te alerta y te habla de tu estrés, pero, 

¿Qué esconde debajo?

¿Crees que es el estrés, tu verdadero problema?

El estrés, es la manera que tiene tu cuerpo de comunicarse contigo. De llamar tu atención para que entiendas que algo no va bien. Por eso interpretas el estrés como tu nuevo problema. Pero eso que interpretas como problema, casi nunca, es el verdadero problema.
Numerosos estudios indican que cuando sientes estrés, aumenta tu Cortisol. El Cortisol es la hormona del estrés y cuando este se dispara, el cuerpo se resiente tremendamente. El Cortisol es el responsable de infinidad de enfermedades, ya que debilita tu sistema inmune, permitiendo que enfermes con mucha más facilidad.

Sin ir más lejos, la situación que estamos viviendo en este momento, con el tema de la pandemia, ha disparado el cortisol de muchos de nosotros, haciéndonos entrar en un estado constante de pánico y de «hipervigilancia». 

¿Qué esconde tu estrés?

¿Qué hay debajo de esa última capa, cubierta de Cortisol?

El estrés no es más que temor o miedo disfrazado. Es la reacción de tu cuerpo frente a los continuos cambios de la vida. Podríamos decir, incluso, que es la excusa que te pones, para no hacerte responsable de ser el precursor de tus propias emociones. El miedo es una emoción primaria. Todos sentimos miedo. Sin embargo, no siempre lo reconocemos. Sentir miedo, es algo natural, pero cuando adoptas al miedo, como compañero de vida, este se convierte en tu peor enemigo. Porque vivir con miedo, no es vivir, si no sobrevivir.

Sentir estrés, te muestra tu carencia de armonía interior. No estás en paz contigo, ni con la vida. Porque la paz, es la consecuencia de tu confianza. Alguien que no confía en si mismo o en la vida, está en guerra o en lucha continua. Y si luchas contra ti, el perdedor siempre serás tu, ya que no hay nadie más en la contienda. Así que no luches, si no quieres terminar derrotado. Cooperar contigo y con la vida, es lo único que puede atraer tu victoria.

Así que la próxima vez que sientas estrés o utilices frases como: «esto me estresa», «tengo mucho estrés»…hazte la siguiente pregunta:

¿Qué es lo que me da miedo?

¿Qué temo que pase, que me hace sentir tan estresado?

Antes comentaba que tanto tú, como la vida, se visten por capas, igual que una cebolla. Cuando sujetas una cebolla sin haberle quitado la primera capa, no sientes nada. En cambio cuando se la arrancas y vas quitando capas, comienzas a llorar. Lo mismo sucede contigo. Tu primera capa, la más externa, no dice nada de ti, ni te hace sentir nada. Lo que habla de ti, siempre es lo de dentro. Y es que eso que interpretas como problema, casi nunca es el problema. Tienes que quitar las capas más superficiales para sentir algo y así sentir el verdadero problema. 

Cuando duele, ahí es. La emoción te dice que estás en el sitio correcto. Y para cambiar, sólo tienes que empezar a pensar, más allá de cómo te sientes. El pensamiento fue el que hizo sentirte así, ahora sólo tienes que seleccionar otro pensamiento, que te haga sentir diferente y poder así, cambiar de emoción.

El miedo y el estrés que sientes, frente a lo que te sucede, ya te han demostrado muchas veces, que el 99% de todo lo que piensas, que te pasará, nunca pasa. Que es tan sólo, un producto de tu imaginación, por no saber elegir el pensamiento correcto. El miedo te hace imaginar cosas horribles, si se lo permites. Permítete ahora imaginar para bien y no para angustiante. Elige cuidadosamente tus pensamientos. No dejes que sea tu miedo o tu estrés, el que decida por ti. 

Esos pensamientos que te generan estrés y que por ende, destapan tu miedo, 

¿Por que tipo de pensamientos te gustaría cambiarlos?

¿En qué tendrías que pensar, que no es miedo?

Se concreto, y empieza a practicar Ahora. Piensa para bien y no para boicotearte. Haz que tus pensamientos construyan y no que te destruyan. Con los mismos ladrillos se puede construir un puente o un muro. Si en tu pasado, te decidiste por el muro. Ahora, puedes destruirlo y emplear esos mismos ladrillos para construir tu puente.

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No le temes a las cosas. Temes lo que piensas.

¿Qué es lo que más temes, en este momento?

¿A una «corona vírica», convertida en «enfermedad epidémica»?

¿Y es ella la que te da miedo, o lo que piensas de ella?

Las cosas por sí solas, no son las que causan tu miedo, tu angustia, tu frustración o tu descontento. Son los pensamientos que decides emplear, los que dan forma a ese malestar. Todo lo que te sucede, depende de la interpretación que haces de lo que te pasa. Como percibes lo de fuera, te percibes por dentro. Si atiendes a la destrucción de fuera, ya sabes, como te vas a sentir en tu interior. Esta experiencia, la estamos viviendo todos, y es que no todos, la vivimos de la misma manera.

¿Tú cómo la estás viviendo?

¿Y en qué estás pensando?

Me atrevo a decir, que habrá días, en los que ni te apetece hacer el esfuerzo, para mejorar la experiencia. Y es que no tienes que hacer nada, si no quieres. Sin embargo es importante que entiendas, que cuando las circunstancias exteriores no se pueden cambiar, es hora de cambiar lo de dentro. Tu interior depende sólo de ti, como tu transformación. Y es que nadie puede hacerte cambiar, si tú no quieres hacerlo. Asimismo, si nadie puede, tampoco nada, de lo que esté fuera. A no ser, que le cedas tu poder, a los acontecimientos, que de ti no dependen.

¿Por qué te empeñas en controlar antes lo de fuera, que lo dentro?

¿Sabes que es así, como te descontrolas?

Aunque no te lo parezca, el origen o la raíz del descontento, siempre es interna. Independientemente de lo que suceda fuera. Si estás feliz contigo, en cualquier espacio, hasta en el más nefasto, encontrarás tu propia dicha. Sin embargo, si sigues cargando con tu infelicidad, está te acompañará fielmente, hacia dónde decidas dirigirte. El júbilo o la plenitud, también son fieles compañeros, aunque si no los atiendes, tampoco ellos a ti. Presta atención a lo que te hace feliz. Disfruta de ti, contigo. Son los mejores momentos. No esperes a que sean los demás, lo que te regalen esos momentos. Los demás son responsables de sí mismos, no de ti.

¿Aceptas tu responsabilidad?

Tu armonía, no la vas a encontrar nunca fuera, porque su origen está en tu interior. Si tú estás en paz, las guerras de fuera, no te podrán lastimar lo más mínimo. En cambio si no lo estás, no cesarás de batallar contigo y con los demás, en las más absurdas contiendas. Hasta que no te reconcilies contiguo, seguirás viendo villanos, dónde no los hay. Tu peor enemigo, no es el que está fuera, si no dentro de ti.

Pese a tus malos ratos, en relación con lo que percibes de fuera. Seguro que también disfrutas de momentos de más claridad, aunque sean breves. No puedes olvidar, que hay infinidad de colores con los que pintar tus días. No tienes porqué elegir siempre la misma escala de grises. Combina los colores. Cambia de luz. Ilumina tu experiencia con otros pensamientos, más coloridos y acordes con lo que quieras sentir, en ese momento. O deja tu lienzo en blanco. En el blanco, se esconden todas las tonalidades. Aprende a controlar primero lo de dentro, y ya verás como lo de fuera se va ordenando solo.

¿Has probado a cambiar de actitud, a cambiar tu foco?

¿O prefieres seguir alimentando eso, que tanto daño te hace?

Existen dos estrategias para mejorar tu experiencia de lo que está pasando, y así ganar en calidad de vida. La primera de ellas, consiste en adaptar tu exterior, para que se corresponda con tus metas. Es decir, hacer pequeños cambios en tu entorno, que te hagan sentirte mejor. Imagina, por ejemplo, que quieres ganar seguridad, ya que te sientes inseguro en tu ambiente próximo. Para ello puedes optar por cambiar la cerradura de tu puerta principal, colocar rejas en las ventanas de tu casa, cambiar de barrio, o incluso, si todo esto no te convence, puedes hasta conseguir un arma de fuego para preservar esa seguridad, que crees que te falta.

¿Qué te parecen estás opciones?

¿Favorecerían a tu seguridad física, o por el contrario, sólo te recordarían tu incapacidad, para sentirte más protegido en tu entorno?

Puede que no temas por tu seguridad física, aunque sí, por tu seguridad económica. Imagina ahora, que como al Rey Midas, los Dioses, se ponen en contacto contigo, y te comunican que les apetece concederte un deseo. Tú como el Rey, les pides que te gustaría ser el hombre o la mujer, más rica del mundo, para no tener que preocuparte más, por ese tipo de seguridad. Y que para ello, tu deseo consistiría, en que todo lo que tocases, se convirtiera en oro puro.

¿Recuerdas cuál fue el desenlace de este Rey, tan ambicioso y tan poco perspicaz?

Que murió siendo el hombre más rico del mundo, pero sin nada que poder llevarse a la boca para comer, ni beber. También murió solo, sin gente a su alrededor, porque tocara, lo que tocara, todo se convertía en oro puro.

¿Te gustaría este tipo de desenlace para ti?

El hecho de buscar tu Seguridad, en lo de fuera, puede que refuerce, algo tu seguridad interna. Pero nunca conseguirá mejorarla del todo. Si no trabajas directamente en ella, siempre habrá algo nuevo que modificar en el exterior. Da igual si ansías, la fama, el dinero, el éxito, el poder, la belleza…todo esto lo único que te proporcionará será pequeñas recompensas. Y las recompensas son efímeras y muy superficiales. Estas no te harán alcanzar la felicidad, sólo te proporcionarán placer vano y fútil.

¿Crees que las recompensas pueden atraer tu felicidad?

¿O que tu Felicidad es la recompensa, que más te compensa?

Ya que cambiar lo externo, no transforma por completo tu interior. Creo que ya te puedes ir imaginando, cuál es la segunda estrategia. No es otra cosa, más que cambiar la calidad de tu experiencia. Esto es, cambiar lo que piensas de ella. Modificar tus pensamientos, para que estos se adapten a lo de fuera. Así podrás trabajar en equipo junto con tus pensamientos y alcanzar definitivamente, lo que de veras, quieres conseguir; que no es otra cosa, más que tu propia felicidad.

«Cuando la situación es buena, disfrútala. Cuando la situación es mala, transfórmala. Cuando la situación no puede ser transformada, transfórmate». (Viktor Frankl).

«Nosotros siempre estamos luchando por vivir, pero nunca vivimos». (Raph Waldo Emerson)

¿Contra quién luchas, cuando te resistes?

¿Contra la Vida?

¿Y quién gana a la Vida, si no la vives?

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Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

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