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La película de tu vida.

La película de tu vida, no te cuenta toda la verdad al completo. Porque la mayor parte de las películas que montas en tu cabeza, no te dejan ver esa realidad. Las editas en base a una interpretación filtrada. A través de las opiniones y de los juicios que haces de lo que te pasa, en función a las creencias que hayas decidido comprar y que al final, son las que le dan sentido a tu realidad.

Aunque seas el protagonista de tu vida y de tu película personal, también formas parte del reparto en las películas de los demás, por eso nunca es la misma película la tuya y la del resto. Porque cada uno crea y monta su propia película, independientemente de quiénes sean los personajes que la interpretan. Cada film habla de una historia diferente, aunque sea la misma trama la que se acontece. Y es el significado de esa trama, la que hace, que para ti y para mí, no sea la misma película.

Imagina que entras en un Multicine con un montón de salas abiertas. En cada una de esas salas, se está proyectando una película diferente. Con tanta variedad y tantas opciones, no sabes cuál ver primero. Aunque tras dejarte llevar por tu intuición, decides entrar en la sala número uno. 

Al introducirte en la sala, tienes la sensación de que ya has visto esa película, o que por lo menos, te resulta tremendamente familiar. Conforme pasan las imágenes, te das cuenta, de que es la película de tu vida, la que se está emitiendo. Tú eres el protagonista. El resto de los actores secundarios, son todas aquellas personas que te acompañan en tu día a día. Son tu madre, tu padre, tus amigos, tus vecinos y conocidos, los compañeros de trabajo, tu enamorada o enamorado, tus hijos…

Miras a tu alrededor y te percatas, que no hay nadie más en sala, salvo una persona que permanece sentada y muy atenta, a lo que está sucediendo, en primera fila. Decides colocarte detrás de ella. Sientes intriga de quién pueda ser. Y te da mucha curiosidad conocer a ese espectador que parece estar disfrutando con la película de tu vida.
Tras fijarte bien en su pelo, en su silueta, en sus movimientos, e incluso en su risa, descubres que eres tú mismo el que está viendo esa película. No das crédito a lo que está pasando, incluso llegas a pensar que puedes estar soñando. Tras pellizcarte unas cuantas veces, renuncias a que pueda ser un sueño y sigues observando la película con suma atención.

Como ya sabes lo que te va a contar esa película, ya que es tu propia vida, la que se está proyectando. Piensas que quizás, sería bueno cambiar de sala, para comprobar que más películas se están emitiendo. Así que sales de la sala número uno y te introduces en la sala número dos.

Antes de atender a lo que se está proyectando en la pantalla principal, extiendes tu mirada, por la sala número dos. También está casi vacía, excepto por un espectador que está absorto en la película. En esta ocasión, decides sentarte a su lado. El espectador ni siquiera se inmuta, te fijas en él y te das cuenta de que es tu madre, esa espectadora que observa ensimismada lo que está pasando por la pantalla. Incluso llegas a hablarla, pero esta no te responde, así que empiezas a observar la nueva película. 

En esta ocasión, tú ya no eres el protagonista. Ya que la historia que se está proyectando es la de tu madre. Apareces en la trama, como personaje o actor secundario. Esta historia, aunque te sigue resultando familiar, no se corresponde del todo, con lo creías de ella. Hay escenas que ni si quiera pensaste que se podían haber producido, y otras conocidas para ti, no parecen tener el mismo significado que cuando tú las viviste, en primera persona. 

Al ver esta película, te das cuenta, de todo lo que ha sentido, siente o sintió tu madre. También compruebas la idea que tiene tu madre de ti, y que no coindice con la tuya. A través de ella, entiendes lo que realmente piensa y no lo que tú pensabas que pensaba. Sientes que te va a explotar la cabeza. No comprendes muy bien, lo que está sucediendo, así que decides salir de la sala número dos, para explorar el resto de salas.

En vez de adentrarte en la sala número tres, prefieres saltarte el orden establecido y apuestas por la número seis. Vuelves a verificar la audiencia de la sala, para observar que sólo hay una persona, sentada en la parte de atrás. A la que reconoces inmediatamente, es tu enamorado o enamorada. Le hablas, mientras sujetas su mano, pero no te hace ni caso. Te sientes invisible. Pero como te sucedió lo mismo, en sala número dos, cuando te intentaste comunicar con tu madre, decides atender a la película.

Una vez más, descubres que lo que se está proyectando en la sala seis, a pesar de que pensabas que conocías su historia, no tiene nada que ver con lo que tú pensabas de ella. Porque su película es muy diferente a tu película. En este film, y como personaje secundario, entiendes muchas cosas, que no habrías podido entender desde tu propia película. 

Como ya has perdido la noción del tiempo y pese a que te sientes algo confundido, aunque más despierto. Exploras el resto de las salas que te quedan por explorar, que son muchas, para terminar sacando la misma conclusión de todas ellas. 

La película de tu vida, no es la misma película que ve tu hermano, o tu vecino, si quiera tu hijo. Son películas completamente diferentes, ya que no todos entendemos la realidad de la misma manera. Y aunque compartamos tramas, secuencias o escenas, lo que observamos en ellas, lo que aprendemos y lo que pensamos y sentimos, es bien distinto, por eso parecen también, diferentes las películas.

Te comparto esta reflexión, extraída del libro «El Quinto Acuerdo», para que a partir de ahora, tengas en consideración, todas las películas de los demás. Para que no te encierres en tu propia sala, y para que te permitas explorar el resto de salas y de películas. Ya que a través de ellas, podrás entender mucho mejor, la realidad de tu vecino, para así compararla con la tuya. Ambas realidades tienen mucho que contar. Los planos y los enfoques pueden parecer distintos, pero todos contienen la misma verdad, la misma historia, la tuya y la de los demás, la auténtica realidad.

La película de tu vida, es sólo una realidad relativa y está incompleta. La completas cuando añades secuelas de los diferentes personajes. Cuando dejas de atender a tu película y aprendes con la de los demás. No te abstraigas en tu propia película, explora el resto de salas, porque en ellas se encuentran las historias que te faltan, para darle el sentido real, a la película de tu vida.

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¿Crees en la gente o en sus creencias?

¿Crees en la gente o en sus creencias?

Creer en la gente, es creer en ella, independientemente de cuáles sean sus creencias. Aunque la mayor parte de las veces, tendemos a no creer en la persona, porque no nos identificamos con sus creencias. Dejamos de confiar, ya que sus convicciones no son las mismas que las nuestras. Sin olvidar que la persona, es mucho más, que eso en lo que cree. 

¿Qué te molesta más, que no le den la razón a tus creencias, o que no compartan tu misma perspectiva? 

A lo largo de los años, y tras muchos enfados, en vano, he aprendido una de mis mayores lecciones de vida. Que no es otra, mas que si te relacionas con gente que no tiene tu misma perspectiva, aprendes mucho más, que si sólo te relacionas con aquellos que comparten tu misma visión. Si sólo te relacionas con los que piensan y creen en las mismas cosas que tú, nada nuevo aprenderás de la vida. Porque tu visión en vez de ensancharse, mirará siempre hacia el mismo sitio, observando las mismas cosas. 

Sin embargo, para estar cómodo entre creencias contrarias a las tuyas, lo primero que hay que permitirse, es renunciar, a dos férreas necesidades. La primera de ellas es la «egoica» necesidad de que te den la razón; y la segunda, la susceptible necesidad de aprobación. Si eliminas de tu lista de requisitos, ambas necesidades, te puedo asegurar que comenzarás a disfrutar al cien por cien, de todas tus relaciones. Ya que si esperas a que todo el mundo apruebe tus creencias, por el motivo que sea, el control de tu vida, no lo llevas tú, si no tus creencias. Y es que tú además de creer, también Eres, por encima de todo. 

Adapta tus creencias, pero nunca te adaptes a ellas. 

«Si podéis amarme por lo que soy, seremos más felices.» 
(Ralph Waldo Emerson) 

Seguro que más de una vez te has enzarzado en más de una discusión, ocasionada por un conflicto de creencias. Con algún amigo, familiar, compañero de trabajo.

¿Recuerdas el último?
 
¿Qué pretendías conseguir? 

¿Hacerte entender, que te dieran la razón, que aprobaran tu opinión?
 
¿Y lo conseguiste? 

Desde el conflicto, no puedes solucionar o resolver el problema. Mientras te mantengas asociado y dentro de él, gastarás toda tu energía en el conflicto, sin embargo no lo resolverás, porque tu atención en realidad, no está enfocada en resolver el problema, si no en que el otro apruebe tu creencia. Sólo cuando te disocias de él y lo percibes desde fuera, y no como un problema, si no simplemente como lo que es, otra opinión. Podrás ampliar tu visión y con ella tu perspectiva de la situación. 

Las creencias de los demás no atacan a tus propias creencias. Aunque tú lo interpretes así. Simplemente te recuerdan que las infinitas posibilidades están por todos lados. De todas ellas, puedes aprender y descubrir algo, que ni si quiera te habías planteado. 

¿Crees en la gente o en sus creencias?

«No desprecies a nadie, hasta un átomo hace sombra.» 
(Publio Siro) 

Enfrascarse en el conflicto, sólo te traerá más conflicto. En cambio, aprender de las opiniones de los demás, enriquecerá tus experiencias y te traerá la paz. 

Como antes apuntaba, las personas son mucho más que sus creencias. Que sus convicciones no se correspondan con las tuyas, no significa, que sus intenciones, sí lo hagan. Todos estamos aquí para ser felices y sentirnos en paz. 

Aunque te cueste creerlo, existen muchos más caminos que los que tú conoces, para alcanzar lo que todos anhelamos. Aceptar las creencias de los demás, al fin y al cabo, es permitir que avancen por el camino que ellos consideren. Aunque todos los caminos lleven a Roma, no todos quieren llegar a Roma, por el mismo camino. Asimismo, tampoco tienen porque hacerlo. No a todos nos gustan los mismos paisajes o las mismas temperaturas. Sin embargo lo que a todos nos gusta, es que nos acepten, por lo que somos y no por lo que creemos. 

¿Y tú, crees en la gente o en sus creencias? 

«Si juzgas a la gente, no tienes tiempo para amarla.» 
(Teresa de Calcuta) 

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Tu interpretación sobre el contenido.

Tu interpretación sobre el contenido, no está en la forma, si no en su significado en sí. Las formas, son las representaciones de los contenidos. Estas no son reales, en cambio los contenidos, sí que lo son.

Lo que creen ver tus ojos, no tiene importancia. El significado que le das a lo que ves, es lo que es importante. Aquello que crees oír en el exterior, ni si quiera se escucha dentro de ti. Lo que oyes dentro de ti, se escucha en todas partes. Lo que perciben tus sentidos, no es lo que tú sientes. Porque lo que tú sientes, no está en tus sentidos.

Imagina que alguien de tu entorno, te obsequia con un gran cuadro. Quien te lo regala, hace bastante hincapié, en que al verlo en el escaparate de una tienda de antigüedades, pensó inmediatamente en ti. Te explica, que el lienzo y su dibujo hablan de ti y de tu relación con el mundo. Algo que te desconcierta un poco, ya que no entiendes del todo, a qué se refiere. Aún así, te sientes muy agradecido con el detalle de tu amigo.

Al llegar a casa, le haces hueco enseguida, en una de las paredes de tu salón. Mientras lo contemplas, te percatas que te sientes más atraído por el marco del cuadro, que por el contenido del lienzo. Llaman tu atención, los delicados detalles del marco, así como su color dorado. Te parece un elección exquisita, ya que para tu gusto refinado, la forma del marco, combina a la perfección, con el contenido del lienzo. 

«La belleza es el acuerdo entre el contenido y la forma.»
(Henrik Ibsen)

Pasados unos días, recibes la llamada de tu amigo, quién se interesa, por tu interpretación sobre el dibujo del cuadro. Le confiesas que en realidad, no has reparado, apenas en el contenido, ya que sigues embelesado con la forma del marco.

Tu amigo queda sorprendido ante tu respuesta. Explicándote, brevemente y sin mucha insistencia, que si te lo regaló, no fue precisamente por el marco, que adornaba el lienzo. Si no por los detalles del cuadro y la historia que parecía contar. Que fue eso, lo que le recordaba a ti. De hecho el marco y su forma, ni siquiera lo eligió él, si no el encargado de la tienda de antigüedades. 

Asimismo, después de mantener una interesante conversación con tu amigo, ajena al cuadro, comenta que la semana que viene, te volverá a llamar, para comprobar si ya ha cambiado en algo, tu interpretación del contenido del cuadro, o si por el contrario, lo sigues percibiendo de la misma manera. 

Aún sin entender del todo a tu amigo. Su recurrente interés por tu interpretación sobre el contenido del dibujo, te hace reparar en él detenidamente. Para contemplar al detalle, lo que en apariencia, no había conseguido llamar tu atención. Al detenerte en su contenido, y no en la forma del marco, comienzas a apreciar ciertos fragmentos que comienzan a interesarte de una manera muy especial.

Las diferentes partes de su contenido, empiezan a mostrarte una nueva perspectiva del mismo, que captan al completo todo tu interés, dejándote ensimismado. No puedes dejar de observarlo y cuanto más lo miras, más detalles descubres, al respecto. El regalo se convirtió en toda una revelación para ti y lo que consiguió manifestar, cambió por completo tu perspectiva y por ende, tu vida.

Ahora imagina, que ese cuadro y su contenido, representa en su dibujo, el significado de la vida.

Como protagonista de la historia, tardaste en fijarte en él, ya que te dejaste llevar por la forma del marco, no por su dibujo. El dibujo del lienzo siempre estuvo ahí, frente a tus ojos. Sin embargo, la forma del marco, o lo superficial de la vida, entorpeció, tu visión. Prestaste atención sólo a la forma de las cosas, obviando su significado real. Anteponiendo la forma, al contenido. Desatendiendo el contenido, para perderte entre las formas de lo aparente. Y lo aparente, cegó tu visión. 

¿Ciega lo aparente tu visión?

¿Entiendes el significado real de las cosas, su contenido, o por el contrario, te dejas sólo llevar por la forma?

La vida no es forma, si no contenido. A pesar de sus múltiples formas y representaciones, el contenido siempre es el mismo. La forma no da sentido al contenido de nada. Es el contenido, el que le aporta a la forma, su significado real. Si sólo atiendes a las formas, te perderás el significado de estas. Se te escapará el propósito real de la vida. Las formas las perciben tus sentidos. El significado, tu alma, que no necesita de filtros, que despisten su visión. El alma no filtra para ver. Ni repara, para entender. Porque el alma es el filtro.

Mientras tus sentidos crean la forma, el contenido, se lo das tú. 

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No escondas quién eres bajo lo que aparentas.

No escondas quién eres, bajo lo que aparentas ser. Porque entre lo que aparentas y lo que quieres ser, estás tú. Tu verdadero yo. El que se debate entre si aparentar, ser mejor persona, o seguir siendo el mismo, tanto a solas, como en grupo.

¿Cuántos «yo» escondes, y cuál es el real?

¿Con cuál te sientes como en casa?

¿A quién se lo muestras?

Si tuvieses que hacer una lista con las cualidades que mejor te definen, seguro que la completas, tanto con tus mejores características, como con las singularidades menos buenas de ti. De todos esos rasgos elegidos para definirte, dispondrás de algunos que te gustaría transformar, sin embargo tendrás otros muchos, que te enorgullecen, y por tanto no querrás cambiar. Te invito a que confecciones las listas. Ya que para mejorar lo que eres, tendrás que conocer primero, quién crees que eres.

La primera de las listas, la tendrás que completar con lo que aparentas ser. Es decir con la fachada o máscara que muestras al exterior. La identidad que proyectas hacia tu entorno. Lo que quieres que vean y digan de ti. Tu «Yo» ideal para el mundo.

¿La tienes?

En contraposición, la segunda lista estará compuesta por tus rasgos personales y más íntimos. Precisamente esos que continuamente, escondes a tu entorno. En ella anotarás cómo te sientes, quién eres en realidad, cómo eres por dentro y Tu «Yo» ideal para ti, que no para el mundo.

Ahora me gustaría que comparases ambas listas.

¿Qué has descubierto?

Si ahora te preguntase, que entre tanta característica,

¿Quién te gustaría ser?

¿Cuál sería tu elección?

Es probable que selecciones los rasgos que mejor te hacen sentir, de ambas listas. Y que la nueva lista esté compuesta tanto por cualidades de la primera lista, como de la segunda. También puede pasar, que no quieras prescindir de tu máscara social y prefieras, seguir ocultando tu ser, entre apariencias.

¿Qué dicen tus listas de ti?

¿Qué dices tú, de tus listas?

«Somos engañados por la apariencia de la verdad.»
(Horacio)

Decidas lo que decidas ser, ten en cuenta, que eres tú, quién convives contigo, todo el tiempo. Como cuando estás a solas, no ocultas nada, tampoco tienes porqué ocultarlo cuando estás rodeado de gente. Mentirse a sí mismo y a los demás, promueve demasiada incomodidad y muy pocas satisfacciones. No escondas quién eres, bajo lo que aparentas ser. Lo que aparentas, no es tu yo real. Es una ilusión vana, de alguien que no eres. De ese alguien que crees, que te gustaría ser, aunque si no lo eres, o no has hecho nada aún por ser, es que en realidad, ni si quiera, lo quieres aspirar.

Revisa las listas, las veces que haga falta. Confecciona a partir de ellas, tu «yo» ideal para ti, que no para el mundo. El mundo no pinta nada en tu ser. Las máscaras pesan y no permiten respirar bien. No prives al mundo de tu ser, tan sólo por creer que no eres lo suficientemente bueno para el mundo. Si todos fuésemos apariencia,

¿Qué sería del mundo?

¿Y qué es el mundo?

«Ser honesto del todo consigo mismo es el mejor esfuerzo que un ser humano puede realizar.»
(Sigmund Freud)

Ser honesto con uno mismo, es el mejor esfuerzo que un ser humano puede realizar, ya no sólo por uno mismo, si no por el mundo en si. Si quieres honestidad para el mundo, empieza por ti. No puedes recibir lo que tú no das. Da honestidad y las apariencias, desaparecerán. Da apariencias y lo que desaparecerá, será la honesta realidad.

«No vemos las cosas como son. Las vemos como nosotros somos.»
(Anaïs Nin)

Si aparentas ser, percibirás sólo el mundo de las apariencias. Si eres real, percibirás el mundo real.

Por eso no escondas quién eres, bajo lo que aparentas ser, o te perderás la realidad.

¿Y tú, qué percibes?

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¿De qué está compuesta tu Realidad?

¿Cómo es tu realidad?, ¿De qué está compuesta?, ¿Te gusta lo que ves?.

Durante mucho tiempo hemos afirmado que la realidad que percibimos, es la que es, porque así la captan nuestros sentidos sensoriales. No sería coherente entonces que estos nos engañasen y no se percatasen correctamente de lo que hay ahí fuera. La realidad que vemos, escuchamos, olemos, degustamos y sentimos tiene que ser la única.

En cambio, los físicos cuánticos argumentan otra cosa bien distinta. Entienden la realidad como espacio vacío y no como materia. Como una longitud de onda que existe y se convierte en materia sólo cuando es «observada» por un observador. Si esa energía fuese obviada, no existiría, no como materia. Cada observador elige o no, transformarla y hacerla real. Cada observador es creador de su única y particular realidad. La realidad depende del observador.

¿Qué realidad te convence más, la realidad de los sentidos o la de los físicos cuánticos?.

El primer argumento describe la realidad que desde siempre hemos conocido porque así la hemos estudiado a través de la biología y la física tradicional. El segundo argumento aún con la incertidumbre que se presenta, aunque con mucha curiosidad, nos otorga un gran poder, en esto de crear nuestra propia realidad.

La ignorancia es muy atrevida y quizás la mía lo sea, pero no puedo negar mi inquietante atracción hacia lo cuántico. Comprendo mucho menos de lo que leo, aunque no deja de ser fascinante. Reconozco que todavía sólo percibo materia y poco de espacio vacío. Pero también me permito dudar de mis ojos, de mis oídos, de lo que huelo, de lo que se sabe, de lo que toco y de lo que siento. Me permito dudar porque me apetece más crear.

¿Y a ti, que te apetece crear?

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¿Me prestas tu mapa para ampliar el mio?.

El mapa no es el territorio. Todos andamos por un mismo territorio pero con diferentes mapas. Nuestro mapa es lo que nos hace únicos. Está compuesto de nuestras experiencias, nuestras emociones y nuestros conocimientos del mundo. El mapa refleja nuestra esencia y cómo exploramos ese territorio. 

Que mi mapa me sea útil, no quiere decir que para otra persona sí lo sea. Puede no entender nada, al no ser creación suya. Y tampoco quiere decir que aunque conozca mi mapa a la perfección y me desenvuelva bien en el territorio, no existan otros mapas mucho mas enriquecedores que puedan ampliar el mio.»En cuestión de mapas no hay nada escrito». 

No somos dueños de una realidad o de una verdad absoluta, sólo somos creadores de la nuestra. Sólo podremos asegurar con total certeza lo que ocurre en nuestro mapa, no en el del vecino. El vecino tiene su propio mapa que le puede mostrar otra realidad muy diferente pero igual de verdadera, según sus coordenadas.

¿Y cómo se puede ampliar el mapa?. Compartir realidades con el del al lado por muy dispares que parezcan puede ser una buena opción. Entender el mapa del vecino. Su intención positiva. ¿Lo hace todo mal nuestro vecino?, seguro que hay algo que podamos admirar y aprender de ello. Aunque para eso debemos cerrar nuestro mapa y dejarnos guiar con el suyo. Actividades como viajar y conocer nuevas culturas, compartir puntos de vista, aprender idiomas, cambiar hábitos, la música…son también bastante efectivas para ampliarlo.

A mi me apetece seguir ampliando el mio, ¿me prestas el tuyo?.


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Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

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