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Nunca mejora su estado quién muda de lugar.

«Nunca mejora su estado quién muda de lugar, y no de vida y de costumbres».(Francisco de Quevedo)

Puedes mudarte cambiando sólo tu ubicación, pero si no mudas también la piel, para adaptarte a ese nuevo destino, el nuevo lugar, será para ti, una copia casi idéntica al anterior. En cambio, si cambiases de vida y de costumbres, en el lugar que habitas, sin necesidad de abandonarlo, te parecerá entonces, que te has mudado de lugar.
 
¿Qué dicen tu vida y tus costumbres de ti?

¿Cómo mejoran o empeoran el lugar que habitas?

¿De lo que sueles hacer, qué beneficia a tu lugar y qué lo perjudica?

¿Y cuánto de lo que no haces, podrías hacer, para mejorar tu lugar?

Y es que no hace falta mudarse de lugar, para empezar de cero o para cambiar de estado. Puedes empezar de cero, haciendo cosas diferentes, en el mismo lugar. Así, poco a poco, el lugar que ya no te convence, se convertirá en tu nuevo lugar.

¿Qué es lo que menos te gusta de tu vida?

¿Qué puedes hacer para cambiar eso?

Muchas veces los cambios que buscamos, no son acciones concretas. Si no cambios, simplemente de perspectivas o de forma de pensar. Asimismo, un cambio en tu manera de ver las cosas, puede ser suficiente, para mejorar tu estado, sin necesidad alguna, de hacer más cosas. Porque las cosas dejan de ser las mismas, cuando las miramos de manera diferente, lo mismo sucede con los lugares, que parece que cambian su ubicación, cuando cambiamos la mirada.

Coge lápiz y papel, para confeccionar una lista con todas tus costumbres. Las cosas que haces en tu día a día, todas ellas, las buenas y las menos buenas. Cuando la tengas hecha, tendrás que analizar muy bien, cuántos de esos hábitos son beneficiosos para tu día día y cuántos perjudiciales.

¿Te ayudan tus costumbres, o por el contrario te entorpecen?

Si en tus hábitos predominan las costumbres que te ayudan a ser mejor persona, a conseguir eso quieres, o aquellos que simplemente, te hacen sentir mejor, te felicito por ello. Además te animo a que no pierdas esas buenas costumbres, prémiate con algo, porque te lo mereces. 

En cambio, si al analizar la lista, compruebas que la mayor parte de tus costumbres, la componen prácticas nada constructivas, si no destructivas, te invito a que vayas modificando poco a poco esa lista. No hace falta que cambies todos tus «malos» hábitos de golpe, si no de manera gradual. Y si eliminas una costumbre perjudicial para ti, introduce otra, que te beneficie en algo. Porque no es sólo dejar de hacer eso que no te hace bien, es empezar a practicar lo que sí, para sentirte mejor.

Nunca mejora de estado quien muda solamente de lugar. Cambia algo para que pase algo. Mejora tus costumbres y mejorarás tu vida. Mejora tu vida y mejorará también tu entorno. No te adaptes a tus costumbres si estas ya no tienen nada bueno que aportarte. ¡Cámbialas!. La vida está en constante evolución, y tú formas parte de ella. Si no quieres pasear por ahí desactualizado, tendrás también, que permitirte evolucionar con la vida. Puede que te cueste un poquito al principio, pero en cuanto empieces a percibir los buenos resultados, no podrás hacer otra cosa, más que fluir con los cambios.

¿Sabes en quién te quieres convertir?

Porque muchas veces, ni si quiera sabemos lo que queremos. Sólo sabemos lo que no queremos. Y para empezar a construir nuestra nueva vida, hay que ser muy precisos con eso que queremos. Así que dedícate tiempo a pensar en quién te quieres convertir y cómo quieres que se desarrolle tu vida, antes de modificar tus costumbres. Las mejoras debes llevarlas a cabo, sólo cuando tengas claro lo que quieres. Ya que si no lo sabes, puede que modifiques cosas que no tenías que haber modificado. Y esto puede traerte peores consecuencias.

Asimismo, plantéate las siguientes cuestiones: 

¿Conoces a alguien que ya haya logrado, lo que tú aspiras?

¿Y cuáles son las costumbres que practica?

Ya que otra opción muy lícita y constructiva, es aprender de lo que funciona. Dicho de otra forma, modelar a las personas a las que nos gustaría parecernos. Bien por su forma de ser, o por sus buenas costumbres. Si tienes a alguien así en tu entorno, no dudes en preguntarle, qué que hace para estar tan bien. Quizá te de algo de vergüenza al principio, pero piensa que esta práctica, además de halagar a la persona en cuestión, te puede proporcionar muy buenas ideas. Las mejores ocurrencias, pueden venir de los lugares más insospechados, así que, no lo dudes y modela todo aquello que te pueda venir bien.

«El pasado tiene sus códigos y costumbres»(Sócrates)

El pasado tiene sus propios códigos y costumbres, y el presente también. No vivas tu presente con códigos o costumbres, ya obsoletos. Adapta tus costumbres al presente y no te adaptes a lo que ya no te funciona. No es el lugar que habitas lo que tienes que cambiar, es hacer de ese lugar, un nuevo lugar para habitar. Dicho de otra forma, no adaptarte al lugar, si no hacer que ese lugar, se adapte a ti.

Y recuerda siempre que nunca mejora su estado quién muda solamente de lugar, y no de vida y de costumbres. Por eso antes de moverte de lugar, quizás debas movilizarte para transformar lo que ya no te sirve, por lo que sí. 

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Conecta con la Vida.

Conecta con la vida. No desconectes para pensar de más. Haz contacto mientras disfrutas. Sal del sueño y entrégate al despertar.

¿O prefieres conectar sólo con tu pensamiento?

Porque la vida es mucho más.

¿Cuándo fue la última vez que te permitiste disfrutar, mientras veías volar a una mariposa?

¿Crees a caso, que la mariposa cuando vuela, lo hace preocupada, ansiosa o atormentada?

¿Qué te hace conectar y desconectar de la vida?

¿Cuándo dejas que tu mente te guíe, y cuándo eres tú, sin mente?

Imagina que fueses tú la mariposa. La que vuela entre jardines, mientras se deleita de los aromas y de los colores de las flores. Hace un día espléndido. El Sol brilla con toda su fuerza. Sin embargo, de repente, una densa nube se cierne sobre el jardín que tú transitas. Aún así, sigues disfrutando del paisaje y de las flores. Hasta que sientes, como pequeñas gotas de agua, golpean tus delicadas alas. En ese momento, decides ponerte a buen resguardo. Nunca te has llevado demasiado bien con el agua de la lluvia, aunque entiendas que es precisamente, ese agua, el que da la vida a esos jardines por los que tú paseas.

No obstante, ya sabes que tienes que resguardarte, para no estropear tus frágiles alas. Así que eliges cómo escondite cubierto, unas espesas hojas de un viejo árbol. Para descansar allí, pacientemente, mientras pasa la tormenta. Y a pesar de que hayas tenido que frenar tu vuelo, y ya no puedas saborear todo lo que un recargado jardín, le proporciona a tus sentidos. También sabes disfrutar en la quietud de tu calma.

Porque mientras esperas a que amaine el temporal, te contentas, con poder observar los cambios que acarrea la rabiosa tormenta. Sientes el descenso de la temperatura, el penetrar de la humedad, así como una luz más apagada, porque el sol se cubrió. Asimismo, conoces a nuevas mariposas, que como tú, también se han tenido que resguardar, dejándote entonces embelesar, por todo el ajetreo animado, de ese frondoso jardín.

Conecta con la vida y no desconectes para salir de ella.

¿Crees que mientras amaine la tormenta y vuelva a salir el sol, la mariposa seguirá conectada con la vida, o por el contrario se conectará con tu preocupación?

Porque es curioso, cuándo percibes a una mariposa, y cuándo ni si quiera la ves pasar, aunque esté. La percibes cuando te conectas a la vida. Cuando vives en el aquí y en el ahora. Cuando desconectas de tus pensamientos y te entregas al observar, mientras eres, sin pensar. Porque mientras estás pensando, la mariposa puede pasar revoloteando sobre tu cabeza, aunque puede que tus ojos no sean conscientes de su presencia. Y cuando la ves, vuelves a dejar de pensar, para conectar.

¿Son las mariposas conscientes de nuestra presencia?

¿Nos percibirán como mentes pensantes o como seres que están?

¿Quién es el sueño de quién?

¿O quién despierta a quién, la mariposa a ti, o tú a la mariposa?

Conecta con la vida. No desconectes para pensar de más. Los pensamientos te abstraen de lo que está pasando. Y lo que está pasando, eres tú por la vida. No te la pierdas. Distraerte con tus preocupaciones, tus culpas o tus lamentaciones, no te permitirán observar el vuelo de una mariposa y disfrutar con ella. Cómo tampoco le permitirán a ella, disfrutar de tu caminar.

Caminas libre, cuando conectas con la vida. Y no hace falta que te encuentres con una mariposa. Hay un sin fin de actividades que te hacen conectar con la vida, como muchas más, que te hacen descontar de ella. La vida pasa, y tú pasas a través de ella. Puedes pasar conectado, o desconectado. Puedes vivir la vida o pasar por ella, sin vivir en absoluto.

¿Y tú, qué eliges?

¿Conectar o desconectar?

Vuelve a la Naturaleza

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Haz que tu vida valga la pena.

Haz que tu vida valga la pena y no que tus penas, ni tus miedos, «te valgan». Porque así, es como se te escapa la vida. Tus miedos no te cuidan de la muerte, aunque sí que evitan que vivas plenamente. Y es que puede que creas, que si te cuidas de morir, vivirás mejor, o por más tiempo, pero cuanto más te sigas cuidando de la muerte, más te privarás de la vida. Mientras te enfocas en tu miedo, en tus penas, en tus preocupaciones o en tus carencias, no puedes atender a tu necesidad de vivir. Sólo puedes atender a una sola cosa al mismo tiempo. Así que, 

¿Eliges muerte, o eliges Vida?

Asimismo, el miedo a la muerte es algo biológico, adaptativo, necesario para preservar la vida. Es un miedo real, como también lo es, el miedo a las alturas, o a la picadura de ciertos animales venenosos. En cambio existen infinidad de miedos más, que no hablan en absoluto de adaptación y que no han sido creados, precisamente para cuidarte de la muerte, si no más bien, para robarte la vida.

Son aquellos miedos aprendidos, que te condicionan y te limitan, impidiéndote vivir plenamente en vida. El miedo a hablar en público, por ejemplo, el miedo al éxito, el miedo a lo social, miedo al amor, al sufrimiento, miedo a la soledad, miedo a lo desconocido, al compromiso, al fracaso…y es que en realidad, se le puede tener miedo a cualquier cosa, aunque no sea sano, que cualquier cosa, te de miedo. 

Imagina que al revisar las notificaciones de tu correo electrónico, encuentras un mensaje, escrito desde una dirección desconocida. La dirección en cuestión, no admite respuesta, ya que ha sido creada, sólo para enviar mensajes y no para recibirlos. La información que te proporciona, te hace levantarte inmediatamente, de dónde quiera que estuvieses sentado. El contenido del mensaje, lo compone un archivo adjunto, acompañado de una pregunta, nada convencional:

«¿Te gustaría saber la fecha de tu muerte?. ¡Pincha aquí!»

¿Qué harías?

¿Eliminarías automáticamente el mensaje, identificándolo como un spam malicioso, o por el contrario, pincharías en el vínculo?

Hagas lo que hagas, 

¿Comentarías lo acontecido con alguien, o intentarías borrar ese mensaje, también de tu memoria?

Desconozco si tu curiosidad, te llevaría a pinchar en el vínculo. Si así lo hicieras, se descargaría de inmediato, una aplicación con un cronómetro, indicándote la cuenta atrás, hasta tu final, aquí en la tierra. 

¿Cambiarían las cosas para ti, si te desvelaran la fecha de tu muerte?

¿Qué harías diferente?

Imagina, ahora, que tu escepticismo, te lleva a borrar ese mensaje. Sin embargo, recibes una llamada de alguien muy importante para ti. Esa persona, te comenta que no pudo contenerse y que por lo tanto, ella sí que pincho en el vínculo. Así es que, ahora sabe, cuándo será su final. La fecha de su muerte, es mucho más cercana de lo que te gustaría. Y es que a penas le quedan, unos pocos días de vida.

¿Cambiarías tu actitud y comportamiento con esa persona?

¿Qué harías diferente?

¡Haz que tu vida valga la pena!.

Y es que a pesar de que todo esto, sea una distopía, extraído de una película de ficción. No puedo dejar de pensar, qué sucedería, si con la fecha de nuestro nacimiento, también nos proporcionasen, la fecha exacta de nuestra muerte. 

¿Cambiaríamos, entonces, la forma de vivir?

¿Y la de morir?

En realidad, aunque no dispongamos con exactitud, de la fecha de nuestra muerte, y la podamos marcar en nuestro calendario personal. No podemos olvidar, que sí que existe. Esté cercana o lejana, esto se nos acabará. Dejando atrás y para los demás, el legado que hayamos querido construir con nuestros pasos. Si esta idea, se hiciera realidad y todos pudiésemos conocer la fecha de nuestro final. Probablemente, las vidas más longevas, no se esforzaran mucho en cambiar su manera de vivir el presente. Sin embargo, las más cercanas a su «fecha de caducidad», tal vez, sí que vivirían con mucho más esmero, o de diferente manera, lo que hoy sólo observan, como el transcurrir de sus días, de sus Vidas. 

Haz que tu vida valga la pena, y no que tus penas, ni tus miedos, «te valgan». Porque así, es como se te escapa la vida.

Para ello, tienes que permitirte tener miedo, pero no darle la importancia que le das, ni cederle el protagonismo de tu vida. Si dejas que tu miedo te condicione o te limite, dejas que sea él, el que viva tu vida y no tú.

¿Porque cuántas veces por miedo, has dejado de hacer algo que deseabas hacer, permitiendo que tu miedo decidiera por ti?

¿Cómo de diferente sería tu vida ni no le dieras relevancia a tu miedo?

¿Quién te permites ser, cuando no sientes miedo?

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¿Construyes muros o abres puertas?

¿Construyes muros o abres puertas?

La puerta antes de ser una puerta, fue muro. Que alguien derribó para construir una puerta.

El muro te hace sentir pequeño, la puerta, inmenso.
La puerta escribe, el muro borra.
El muro te oculta. La puerta destapa. 
La puerta te lleva a descubrir nuevos lugares, el muro te mantiene en el mismo lugar.

El muro te encierra, la puerta te expande.
La puerta alimenta, el muro te mata de hambre. 
El muro no te deja ver. La puerta, te abre los ojos.
La puerta se abre, el muro te cierra. 

El muro te incapacita. La puerta, te lo permite.
La puerta es el sueño del muro. El muro, la pesadilla de la puerta.
Mientras el muro sueña, la puerta crea. 
El muro te mantiene estático, la puerta propicia que te muevas.

La puerta te enseña lo nuevo. El muro te esconde en lo viejo.
El muro aunque esté cerca, te mantiene lejos. La puerta aunque esté lejos, te mantiene cerca.
La puerta es llegar, el muro, quedarse.
El muro se calla, la puerta te habla.

La puerta te conduce, el muro te para. 
El muro te axfisia. Con la puerta abierta, respiras.
El muro separa, la puerta une.
La puerta te acerca a la luz, el muro te la quita.

El muro es rígido y compacto. La puerta, libre.
El muro es apego. La puerta te salva.
El muro es miedo. La puerta, vida.
Cuando derribas el muro del miedo, la puerta de la vida se abre.

¿A qué esperas para traspasarla y vivir? 

¿Y tú, construyes muros o abres puertas? 

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Tu incredulidad no es falta de Fe.

Tu Incredulidad no es falta de Fe, es que has puesto tu Fe en otro sitio. No se puede no creer en nada en absoluto. Tus creencias son las lentes con las que ves la realidad, y que no creas en algo en concreto, no quiere decir que no creas, en otra cosa.

«Tus creencias no están hechas de realidades, es tu realidad, la que está hecha de creencias.»
(Richar Bandler)

Por ejemplo, que no creas en ti, no es falta de Fe, si no más bien, falta de Fe, en ti. Ya que puede que no confíes en ti, sin embargo,

¿En qué sí crees, que te impide confiar en ti?

¿Dónde has depositado tu creencia, si no es en ti?

Las convicciones que tienes a cerca de la vida y de ti mismo, las has ido construyendo, casi sin darte cuenta. Algunas han sido impuestas por la sociedad o la cultura en la que vives, otras influidas por la educación y las demás, las has comprado tú, en base a tus experiencias de vida.
Y como no se puede no creer en nada, hay que creer en algo. Por tanto, lo que decides creer, anula a todo lo demás, que no se corresponda con esa creencia. Porque no se puede creer en opuestos. Esto es, si por ejemplo, no confías en ti, no puedes a la misma vez, creer en ti. O crees, o no crees. Y si no crees en ti, hay algo en lo que sí crees, que es lo que precisamente, no te permite creer en ti mismo. Por eso tu Incredulidad no es falta de Fe, si no falta de Fe, en ti.

¿Qué necesitas para creer en ti, completamente?

¿Qué tienes que demostrarte a ti mismo, para así confiar?

Hay veces en las que tendemos a depositar nuestra confianza, en circunstancias externas a nosotros. La suerte, la incertidumbre, el miedo. Muchas veces confiamos más, en estos supuestos o interpretaciones de la realidad, que en nosotros mismos. Por este motivo, no te permites creer en ti. Si te subes al tren del miedo o de la incertidumbre, no podrás coger, a la misma vez, el tren de la confianza en ti mismo. Tendrás que elegir, uno u otro. Ambos trenes tienen distintos recorridos y te llevarán a lugares diferentes. De ti depende en qué tren, prefieres montarte.

Lo interesante de todo esto, es que existen muchas paradas y estaciones. Y que hayas elegido el tren equivocado, o la creencia equivocada, no significa que tengas que permanecer en ese tren, hasta finalizar su recorrido. Puedes bajarte del vagón, o cambiar de creencia, siempre que quieras, y coger otro tren. Cambiando así de viaje y de destino. Muchas veces, hasta que no recorres algunos kilómetros en el tren equivocado, no te percatas, que ese no era el viaje que querías hacer.

«Nunca moriría por mis creencias porque podría estar equivocado.»
(Bertrand Russell)

La vida es un viaje, en tren, en avión, en coche, caminando. Durante su transcurso, te encontrarás con un sin fin de caminos que podrás recorrer, y con diferentes destinos que podrás alcanzar. Todos los transportes te podrán llevar al mismo sitio, aunque no todos ellos, te enseñarán lo mismo. Puede ser que caminando, el recorrido se haga más largo que en avión. Aunque desde el avión no podrás acercarte y conocer muchas cosas. Asimismo, hay destinos, en los que sólo podrás llegar en avión.

Desconozco qué es eso que quieres conseguir o construir. Sin embargo la creencia que elijas para lograrlo, determinará tu resultado y el tiempo que emplees en conseguirlo. Las creencias limitantes, o las que te impiden creer en ti, no propiciarán que tu viaje sea apacible y tranquilo, si no todo lo contrario. Sólo las creencias constructivas te facilitarán las cosas. Permitiéndote así, disfrutar del viaje.

«No te creas todo lo que piensas.»
(Byron Katie)

Así que piensa muy bien, en eso en lo que quieres creer. No te conformes con creencias obsoletas o de tu pasado. Cambia de tren siempre que quieras. Adapta tus creencias y nunca te adaptes a creencias manidas. Se tú, quién marque el camino, para que no sean tus creencias, las que te frenen por el camino.

Porque tú Incredulidad no es falta de Fe, si no que has puesto tu Fe en otra cosa.

«Una creencia no es simplemente una idea que la mente posee, es una idea que posee a la mente.»
(Robert Bolt)

¿Y a ti, te poseen tu creencias o eres tú quien las posees?

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Tu interpretación sobre el contenido.

Tu interpretación sobre el contenido, no está en la forma, si no en su significado en sí. Las formas, son las representaciones de los contenidos. Estas no son reales, en cambio los contenidos, sí que lo son.

Lo que creen ver tus ojos, no tiene importancia. El significado que le das a lo que ves, es lo que es importante. Aquello que crees oír en el exterior, ni si quiera se escucha dentro de ti. Lo que oyes dentro de ti, se escucha en todas partes. Lo que perciben tus sentidos, no es lo que tú sientes. Porque lo que tú sientes, no está en tus sentidos.

Imagina que alguien de tu entorno, te obsequia con un gran cuadro. Quien te lo regala, hace bastante hincapié, en que al verlo en el escaparate de una tienda de antigüedades, pensó inmediatamente en ti. Te explica, que el lienzo y su dibujo hablan de ti y de tu relación con el mundo. Algo que te desconcierta un poco, ya que no entiendes del todo, a qué se refiere. Aún así, te sientes muy agradecido con el detalle de tu amigo.

Al llegar a casa, le haces hueco enseguida, en una de las paredes de tu salón. Mientras lo contemplas, te percatas que te sientes más atraído por el marco del cuadro, que por el contenido del lienzo. Llaman tu atención, los delicados detalles del marco, así como su color dorado. Te parece un elección exquisita, ya que para tu gusto refinado, la forma del marco, combina a la perfección, con el contenido del lienzo. 

«La belleza es el acuerdo entre el contenido y la forma.»
(Henrik Ibsen)

Pasados unos días, recibes la llamada de tu amigo, quién se interesa, por tu interpretación sobre el dibujo del cuadro. Le confiesas que en realidad, no has reparado, apenas en el contenido, ya que sigues embelesado con la forma del marco.

Tu amigo queda sorprendido ante tu respuesta. Explicándote, brevemente y sin mucha insistencia, que si te lo regaló, no fue precisamente por el marco, que adornaba el lienzo. Si no por los detalles del cuadro y la historia que parecía contar. Que fue eso, lo que le recordaba a ti. De hecho el marco y su forma, ni siquiera lo eligió él, si no el encargado de la tienda de antigüedades. 

Asimismo, después de mantener una interesante conversación con tu amigo, ajena al cuadro, comenta que la semana que viene, te volverá a llamar, para comprobar si ya ha cambiado en algo, tu interpretación del contenido del cuadro, o si por el contrario, lo sigues percibiendo de la misma manera. 

Aún sin entender del todo a tu amigo. Su recurrente interés por tu interpretación sobre el contenido del dibujo, te hace reparar en él detenidamente. Para contemplar al detalle, lo que en apariencia, no había conseguido llamar tu atención. Al detenerte en su contenido, y no en la forma del marco, comienzas a apreciar ciertos fragmentos que comienzan a interesarte de una manera muy especial.

Las diferentes partes de su contenido, empiezan a mostrarte una nueva perspectiva del mismo, que captan al completo todo tu interés, dejándote ensimismado. No puedes dejar de observarlo y cuanto más lo miras, más detalles descubres, al respecto. El regalo se convirtió en toda una revelación para ti y lo que consiguió manifestar, cambió por completo tu perspectiva y por ende, tu vida.

Ahora imagina, que ese cuadro y su contenido, representa en su dibujo, el significado de la vida.

Como protagonista de la historia, tardaste en fijarte en él, ya que te dejaste llevar por la forma del marco, no por su dibujo. El dibujo del lienzo siempre estuvo ahí, frente a tus ojos. Sin embargo, la forma del marco, o lo superficial de la vida, entorpeció, tu visión. Prestaste atención sólo a la forma de las cosas, obviando su significado real. Anteponiendo la forma, al contenido. Desatendiendo el contenido, para perderte entre las formas de lo aparente. Y lo aparente, cegó tu visión. 

¿Ciega lo aparente tu visión?

¿Entiendes el significado real de las cosas, su contenido, o por el contrario, te dejas sólo llevar por la forma?

La vida no es forma, si no contenido. A pesar de sus múltiples formas y representaciones, el contenido siempre es el mismo. La forma no da sentido al contenido de nada. Es el contenido, el que le aporta a la forma, su significado real. Si sólo atiendes a las formas, te perderás el significado de estas. Se te escapará el propósito real de la vida. Las formas las perciben tus sentidos. El significado, tu alma, que no necesita de filtros, que despisten su visión. El alma no filtra para ver. Ni repara, para entender. Porque el alma es el filtro.

Mientras tus sentidos crean la forma, el contenido, se lo das tú. 

Vivir la Vida

Aprende a Vivir la Vida. No luchas contra ella.

El empleo de la expresión, «Vivir la Vida», tal vez, pueda resultar algo redundante, a bote pronto. Ya que la Vida, se vive, es obvio. Aunque tal es su extensión, que dentro de la Vida, también se pueden experimentar, un sin fin de cosas. Hay quién prefiere, vivir en las penas, en el miedo, en la frustración, en el odio, en la lucha… Lugares, nada óptimos, que nos hacen olvidar para qué, estamos aquí. Y es que a pesar de que nos empeñemos en vivir otras cosas, lo único que deberíamos Vivir, es la Vida.

¿Cuándo fue la última vez que recuerdas haber estado «Viviendo la Vida?

Entendiendo, como tal, disfrutar del momento presente. Sin interferencias externas o internas, capaces de arruinar la plenitud de ese instante. Porque eso es «Vivir la Vida». No poder atender más que al Ahora. Concentrarte sólo en Vivir. Perder la conciencia de ti mismo. Ser lo que estás haciendo y no, quién crees ser. Esas situaciones en las que tus preocupaciones, desaparecen. Se esfuman con tu percepción del tiempo. Dónde los pensamientos pierden importancia, mientras se escapan junto con tus miedos e inquietudes. Cuando te olvidas, que estás viviendo.

¿Cuál fue el primer recuerdo que pasó por tu cabeza?

Existen diversas actividades, capaces de transportarte a la intensidad de ese estado tan placentero. Tal vez, seas de los que prefieren leer un buen libro para acercarte a él. Mientras sus palabras te conducen hacia mundos desconocidos y te descubren el encanto de sus personajes. Quizás prefieras las reuniones sociales o entre amigos. O puede que escojas la danza, el canto, pintar un cuadro, escribir poesía… No es relevante la tarea en cuestión, si no lo que te trasmite. En quién te convierte.

¿Te gustan los juegos?

Cualquier labor, que sea capaz de transformar, la manera que tienes de percibir la realidad, puede hacerte disfrutar. Convirtiendo de inmediato y sin apenas esfuerzo, esa sensación de hastío, en descubrimiento. Te expande más allá de tu propio Ser. Trasladándote hacia nuevos lugares de tu existencia. Te funde con el Todo. Dejas de Ser tú, para Ser, lo que estás viviendo.

Antes te cuestionaba si te gustaban los juegos, por una sencilla razón. Porque la Vida, no es más que un juego, que espera impaciente a que muevas ficha. El origen etimológico del verbo competir, viene del latín, «competere», que significa, «ir al encuentro de una cosa», «buscar juntos», «encontrarse con», «coincidir»…Es curioso que el término se haya transformado tanto. Lo que se entiende hoy por competición, nada tiene que ver con sus raíces latinas. Ha degenerado para convertirse en otra cosa bien distinta. Acercándose más al combate o a la contienda, que al propio encuentro.

¿O quizás, no?

Siempre digo, que como el inconsciente, sabe idiomas, también sabe de etimología. A pesar de que se haya intentado tergiversar su significado real, este siempre prevalece sobre el superficial. El juego es de esas actividades, que desde la más tierna infancia, hasta los últimos días de nuestra de vejez, gusta a todo el mundo.

Hay juegos de todo tipo. Los que necesitan tablero, los que no. Los compuestos por piezas, como los puzzles o rompecabezas. Los que se sirven de una baraja o varias. Los juegos de palabras. Los mentales. Los juegos de azar. Las adivinanzas o acertijos. Los juegos o «competiciones» deportivas. Los de estrategia. Los juegos eróticos o entre sábanas…los videojuegos. Infinitos tipos de juego, para infinitos tipo de vida. Y es que sea cuál sea la vida que lleves, o el tipo de juego que prefieras, el jugar, siempre busca, una única finalidad. La de hacerte disfrutar. Y si la Vida es un juego,

¿Como es que no la disfrutas?

Como comprenderás, entre tantas opciones, es más fácil hacerlo que no hacerlo. Así que te invito a que «Vivas la Vida», jugando. Disfrutando de cada minuto. Dejando que tu imaginación y tu creatividad tomen el control. Es la única forma de que tú, lo sueltes. Olvídate de competir con nadie. Los adversarios, sólo existen en tu cabeza, no en la Vida real. La Vida está llena de gente que se encuentra y que busca junta. Que coincide, mientras se pierde. Que canta y que baila. Llena de gente que se Ama. Juega con la Vida, no luches contra ella. Ama.

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Si Nada es Seguro, Todo es Posible.

¿Qué sería de la Naturaleza sin transformación?

¿Podría resistir?

¿PODRÍAS resistir?

¿O prefieres «resistirte»?

El Mundo es cambio y su transformación, inminente. Uno de sus principios naturales. La ley que probablemente, más relevancia tenga sobre todas las demás. El resto de normas parten de esa primera ley.

Como ya apuntaba Heráclito, lo único que no cambia, es que todo cambia. Por lo tanto, lo que permanece, se trasmuta y lo que no, DESAPARECE. Resistirte al cambio te condena. Impidiendo tu evolución. Mantenerte igual, detiene tu camino, privándote de trascender. 

Imagina que quieres llegar hacia algún lugar. Para ello, sabes que tendrás que caminar ligero y constante. Sin embargo, a medio camino, decides hacer una parada. Ya que te encuentras cansado y abatido. Durante tu detención, te distraes y olvidas todos esos pasitos que te quedan por caminar. Cuando te quieres dar cuenta de tu bloqueo, vuelves a mirar al frente, y te percatas que el camino cambió tanto de forma, como de contenido. Convirtiéndose en un extraño para ti.

Sigues queriendo llegar a la meta, pero te asusta lo que ves, porque desconoces lo que ahora se te presenta. Sabes que alcanzar esa meta, significa todo para ti. Aunque la incertidumbre y el desconcierto, te mantienen pegado al suelo. 

Echas la vista atrás, y adviertes, que no es la primera vez que te pasa. Reconoces que no es tu primer «stop» en el camino. Entonces respiras, te deshaces de los zapatos adheridos al piso y continúas con tu camino. La sensación de andar descalzo, es nueva para ti, aunque te reconforta.

El zapato te impedía hacer contacto directo con el suelo. Te evitaba heridas, sin embargo, no podías aprender de esas heridas. No todas las superficies por las que pisas, son agradables al tacto de tus pies. Aunque sí necesarias para completar ese camino.

¿Caminas cargado de expectativas o descalzo y ligero?

Lo que esperas que pase, te pesa y te carga. Así que descárgate, para liberarte de eso que tanto te pesa. Las expectativas son tan solo, las probabilidades que has decidido introducir en tu mochila. Olvidándote de todas las demás. Y que las obvies, no significa que no sigan ahí, tan sólo que no las quieres atender, porque las rechazas.

No luches contra lo que no quieres que pase. Deja de resistirte. Deshazte de tus expectativas. Acoge y abraza lo que venga, sin esperar recoger NADA en concreto. Ya que esa es la única manera, de poder recoger, TODO lo demás.

¿Y tú, qué esperas? 

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La vida sin mi, continúa conmigo.

Formamos parte de un Sistema Mayor compuesto por un sin fin de estructuras independientes. Para qué ese sistema se retroalimente, sólo se necesita que cada una de esas estructuras colaboren por y para el conjunto del grupo. El Sistema Mayor sería el todo y todo lo que se nos escapa casi hasta de la comprensión. El conjunto de todos los conjuntos. Las estructuras independientes son los grupos y sistemas menores que se adaptan por sobrevivir. Tú formas parte de uno o de varios grupos o sistemas menores, a pesar de ello también posees una estructura personal e independiente, tu propio sistema.

La característica fundamental de todas esas estructuras es que tienen la poderosa habilidad de funcionar tanto dentro de un sistema, como fuera de él y de manera independiente. Cuando alguna de las piezas de estos sistemas mayores o menores se estropea, el Sistema Mayor siempre sabe cómo proceder. Todo continúa y reajustará todo lo que tenga que ajustar para no afectar a su rendimiento. 

¿Te has preguntado alguna vez qué pasaría con esos sistemas menores a los que perteneces cuando ya no estés?

¿Crees qué el Sistema Mayor sería capaz de cubrir la necesidad de los tuyos cuando faltes?

No es demasiado agradable, el pensar qué pasará cuando ya no estemos. Pensar en cómo seguirán funcionando las cosas aún sin nosotros. Aunque puede ser un beneficioso ejercicio para aprender a no sentirse tan imprescindible. Sólo eres una mínima parte de un sistema infinitamente mayor que no te necesita para seguir funcionando. Hay veces que se pierden piezas, otras se reemplazan y otras se mejoran, pero el sistema siempre continuará con su labor, te encuentres físicamente en él, o no. 

Cuando una pieza desaparece de cualquier sistema, eso no quiere decir que ya no influya a los muchos o pocos sistemas que también perteneció. Los seguirá alimentando sin estar. Todos dejamos huella en la vida de muchos más de los que nos imaginamos. Todos aparecemos y desaparecemos en diferentes grupos y entornos por una buena razón. Aunque no nos demos cuenta no necesitamos estar para que el resto de nuestros sistemas, nos olviden. No lo harán, ya dejaste impresa tu huella en ellos.

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Te propongo hacer un viaje juntos.Tú te encargas de elegir el destino y el tiempo que quieres emplear en el viaje y yo pongo la guía. Junto a ella, iremos explorando los diferentes mapas de ese territorio.Tu territorio. Compartiremos emociones y romperemos esas barreras que te impiden volver a creer en ti y en todas tus capacidades. Bajo esa capa que conforma tu apariencia, habita lo mejor de ti, no lo ignores y despliega todo tu potencial.

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Laura Fernádez ©
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